Mostrando las entradas con la etiqueta dracomaquia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta dracomaquia. Mostrar todas las entradas

Dracomaquia: el primer régimen del mercurio de los sabios

La inusitada palabra harnelmiatznel en la enroscada semántica del prestigioso calvo enmostachado, podría convertirse en una útil brújula para el Obrero del Arte dado que esconde el arcano proceder que potencialmente le conducirá hacia la exoneración de la realidad entrópica. Puede que durante los primeros lavados ígneos que templan la superficie del atanor, los neófitos tengan permitido algún que otro titubeo en las proporciones del suministro y mixtura del compuesto hermético, pero llegado el momento de finalización del primer régimen del mercurio, será la noctívaga ebullición del húmedo radical el mecanismo urobórico que disciplinará cualquier opaca indulgencia en el moroso camino del adepto.

Aunque con cierta ironía, las crípticas bodas químicas de los rosacruces permitirán esclarecer entonces al pomposo término harnelmiatznel, esto es, “lo que está arriba se conecta con lo que está abajo y se une en el medio.” Si nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad interpretan con cuidado, observarán que existe una fuente en la raíz misma de la vida que encierra nuestro oro filosófico —sin duda empobrecido por costras inmundas de abajados impulsos que usualmente conmoverán a su naturaleza inferior— pero capaz de, una vez atemperado y sublimado el fuego, participar en la unión alquímica con el invisible pero pervasivo agente celestial. ¿Ahora bien, cuál es este elemento externo requerido en la agricultura celeste? Gurdjieff en Relatos de Belcebú a su Nieto concluye:
En la actualidad existen muchos de esos monasterios, y los innumerables monjes que a ellos se retiran se abstienen rigurosamente de expulsar de la manera habitual la sustancia de los “Exioëharys eserales” o “esperma” que se forma en ellos, pero su continencia no da ningún resultado notorio y ello ocurre porque a esos desdichados monjes contemporáneos ni siquiera se les ha ocurrido pensar que si el perfeccionamiento de sí puede hacerse mediante esa sustancia, es con la condición inevitable de absorber intencional y conscientemente el segundo y el tercer alimento eserales y digerirlos en uno mismo, lo cual es posible sólo para quien previamente haya sabido habituar a todas las partes de su presencia a cumplir conscientemente con los dos sagrados “deberes eserales de Partkdolg,” que son el “trabajo consciente,” y el “sufrimiento voluntario.”
Rueda de la Fortuna en Duomo di Siena
dedicada a Nuestra Señora de la Asunción:
nótese bajo el estilo gótico, las dos columnas
de estilo masónico en su frontispicio (siglo XIII)
Este segundo elemento eseral corresponde en el taoísmo al agente alquímico microcósmico externo; es así que la comunión de lo terrestre con lo celeste logra un nuevo compuesto, más refinado y sutil, el cual debe ser almacenado y protegido. De no mediar esta unión, el individuo queda expuesto a la Rueda de la Fortuna: a los altos y bajos de la suerte o, de acuerdo a las explicaciones ufológicas modernas, a la extracción compulsiva de sus emociones; es decir, la reactividad incipiente en las vicisitudes terrenales generan sobre la humanidad dormida una distorsión energética por la falta de homeóstasis emocional, que sirve de alimento a las fuerzas arcónticas: aquellas garras ocultas que diseñan y desencadenan estos vaivenes a través del sistema de control hiperdimensional. La fluctuación e inestabilidad en los hechos cotidianos, actualmente conocida como manipulación hiperdimensional, puede oscilar de un régimen estacionario hacia un cambio abrupto en lo que se conoce como cosecha de loosh, fomentado a través de cataclismos o acontecimientos catastróficos, la mayoría de las veces provocados, aunque también son aprovechados los eventos apocalípticos naturales.

El secreto para exonerarse de la Rueda de la Ley o Sistema de Control es dar inicio a la primer boda química, consistente en la circulación del principio vital que se extrae desde la Fuerza Generativa (el jing de los taoístas o los hidrógenos sutiles del sufismo: Si H12) durante la mitad de la órbita microcósmica —denominada etapa solve— para su matrimonio con el segundo elemento eseral (qi/ch’i taoísta o prana del hinduismo) en la otra mitad de la órbita —conocida como etapa coagula— de manera de acumular dentro del campo del cinabrio el nuevo componente resultante: el agente alquímico microcósmico interno.

También conocido como Primer Régimen del Mercurio de los Sabios, este proceso fue un secreto bien guardado en las órdenes monásticas y herméticas; tal es así que en la alquimia medieval estaba relacionado con los velados términos “verbum dimissum” o “custodiat arcanum,” pues únicamente era brindado oralmente de maestro a discípulo en lo que se conocía como una ininterrumpida “catena aurea.” Las concisas palabras de nuestro muy estimado Fulcanelli en su obra Las Moradas Filosofales nos avala sin velos: “Y la diferenciación de estos dos mercurios, uno agente de renovación y el otro de procreación, constituye el estudio más ingrato que la ciencia haya reservado al neófito.” (1) El timón que ha guiado nuestra enconada investigación nos ha orientado en este aspecto, a través del cual hemos rastreado la existencia de dos escuelas de pensamiento originales en la alquimia interna que esclarecen los esotéricos procedimientos que coadyuvan en el régimen del solve et coagula y, aunque entendemos que bien puede haber una tercera, el procedimiento en la circulación del qi debiera esencialmente coincidir.

Este régimen, descripto también como la órbita microcósmica o pequeña revolución celeste, inicia su circulación en la región del abdomen inferior a través del trabajo interno de la “bomba del sacro,” de manera de extraer el orgón del húmedo radical en un trayecto levógiro, contrario al movimiento dextrógiro predeterminado por la biología del organismo. Debe comprenderse que los canales, suministros y compuestos resultantes no son visibles, revistiendo el carácter de materia no bariónica, de densidad etérea, y en el caso particular del qi/prana, de una naturaleza aun más sutil. Sin embargo, promediando el avance del régimen, el novel artesano podrá tener un cabal indicio de la circulación a través de un incremento en la temperatura corporal durante el procedimiento, en particular, en la zona abdominal.

De acuerdo a los tratados alquímicos sobre el infans solaris, en los que hallamos graciosas concordancias con el magisterio del daoísmo y del budismo, durante las etapas finales, la apertura de la visión interna permite observar con claridad los canales y vasos etéricos, aunado a las entidades inorgánicas que habitan la siguiente densidad. El desaparecido joven alquimista Nicholas Collette en su libro The Universal Medicine previene al respecto:
La razón por la cual sus visiones se vuelven cada vez más claras a medida que se adentran más profundamente en su meditación es porque se está cargando con la energía astral que el elixir ha almacenado en su sistema: espera para ser activado y dispuesto a utilizar a través de la habilidad del operador. No funcionará por sí mismo, sino que debe ser guiado por la mente, y es por eso que un hombre puede consumir tal elixir y no ganar nada, mientras que el otro tendrá su mente abierta a un mundo más allá de éste: El mundo del Espíritu.
Y si ese hombre no está suficientemente preparado, no podrá soportar el horror de lo que verán sus nuevos ojos. Porque mientras hay tantos seres celestiales hermosos que viven entre nuestro mundo y el de los espíritus descorporeizados, hay también demonios horribles que se vuelven cada vez más fuertes por el miedo que obtienen del hombre, y seguirán alimentándose de esa energía si no se sabe cómo recuperar el control de sus sentidos y erradicar el miedo para reemplazarlo sólo con valentía y fe en Dios.
En ese momento toda su aura estará iluminada con una luz blanca muy brillante [...], y esas entidades horribles huirán de la luz deífica. Porque aunque parecen ser espíritus, de hecho están vivos, pero investidos en un cuerpo mucho menos denso y más sutil que nuestro propio marco físico. Y este aterrador hecho es el por qué la Piedra se llama la Piedra de los Sabios o Piedra Filosofal: se debe tener la mente para soportar las pruebas de la Naturaleza y de todos sus habitantes.
La escuela de pensamiento taoísta sostiene que en la disciplina nei-dan del QiGong (Chi-Kung), el orgón debe transitar por la espalda durante la etapa ascendente o de fuego positivo (orientación yang de la órbita), de manera que luego de atravesar el Canal de Control también denominado Vaso Gobernador, alcance el cerebro e inicie su etapa de descenso o fuego negativo (orientación yin de la órbita), progresando hacia el Canal de Función o Vaso de Concepción hasta arribar al dan-tien real inferior. En el imprescindible libro Yoga Taoísta (Taoist Yoga: Alchemy and Inmortality) del adepto Lu K'uan Yü, leemos:
Por tanto, estos ascensos positivos y descensos negativos se originan al inspirar y espirar. Cuando la fuerza generativa y vital comienza a vibrar hay que inspirar, para obstruir [mediante la bomba sacra] el mecanismo respiratorio (de manera que el aire baje y presione sobre el abdomen inferior); al mismo tiempo girando hacia arriba los ojos, hay que seguir el ascenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde la base de la cabeza a la coronilla.
En la espiración, se abre el mecanismo respiratorio para que el aire salga del cuerpo (y se relaje la presión sobre el bajo abdomen); al mismo tiempo, los ojos deben seguir el descenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde el vértice a la base. Por lo tanto, para completar una órbita, los ojos deben realizar un giro completo.
Los dos componentes que intervienen en el Primer Régimen del Mercurio: la fuerza generativa esencial (jing) y el aire fresco (qi/prana) parecen ser respectivamente dirigidos y controlados por medio del ejercicio de la bomba sacra del cóccix —también denominada fuelle de la fragua, ubicada en el centro yin del cuerpo: el perineo o Huiyin— y la dirección ocular orientada en desplazamientos circulares hacia los cuatro puntos cardinales. (2)
La órbita microcósmica y los canales de control y función, donde ocurre el proceso de sublimación (harnelmiatznel consciente) del jing y el qi/prana: A, G, D, J, son los cuatro puntos cardinales de la órbita; mientras que A→ B, A→ C, A→ E, A→ F, son las cuatro fases de ascenso de fuego positivo (yang) hacia el Canal de Control, los pasos G→ H, G→ I, G→ K, G→ L, constituyen las cuatro fases de descenso del fuego negativo (yin) hacia el Canal de Función, situado en M; el O central es la estufa filosofal. (3)
El movimiento acompasado y sincronizado durante la etapa ascendente solve o de fuego positivo, y posteriormente, en la etapa descendente coagula o de fuego negativo se efectúa coordinando la labor de los dos centros psíquicos: la región Terrestre del sacro (dan-tien inferior) y la región Celeste de los ojos (dan-tien superior) conjuntamente con un ritmo cadencioso del centro psíquico cardiorespiratorio (dan-tien medio), completando así una pequeña revolución celeste y almacenando el resultado del matrimonio alquímico en el campo del cinabrio o dan-tien real inferior. En el Tratado de Alquimia y Medicina Taoísta de Zhao Bichen (4) encontramos una aclaración adicional sobre el giro de la Rueda de la Ley: (5)
Tal es nuestro fuelle de fragua; es decir, la respiración del aliento verdadero. El cierre y la abertura son operados por la unión de la respiración externa y la respiración interna [a través de la bomba del cóccix]. El cierre es provocado por la inspiración: ésta envía el aliento verdadero que es la esencia, circula de Zi a Mao, después de progresivamente hasta Wu y Yu: a esto se le llama “hacer girar la Rueda de la Ley,” rueda que está constituida por los dos canales de función y de control. La abertura tiene lugar durante la espiración y es acompañada por un movimiento circular de los ojos: cuando se empieza a espirar, los ojos giran de la izquierda hacia la derecha, partiendo desde abajo (de Zi a Mao, después de Wu a Yu). La Rueda de la Ley hace progresar el Yang. Tales son las Revoluciones de la Rueda de la Ley en la abertura y en el cierre. Armonizadas con la respiración externa, hay abertura y cierre del fuelle de la fragua, esta es la razón por la que se habla de cuatro idas y venidas en las inspiraciones y de las espiraciones externas e internas.
El magisterio budista presenta una sutil diferencia con el daoísmo: la respiración embriónica del budismo consiste en utilizar la bomba del sacro de manera inversa a la aplicada en el taoísmo. Leemos en la esclarecedora obra del Dr. Yang Jwing-Ming, Respiración Embriónica: (6)
La «Respiración Abdominal Normal» (Zhen Fu Hu Xi) se conoce comúnmente como «Respiración Budista» (Fo Jia Hu Xi). Tras haber completado el entrenamiento mencionado en el punto 1. debe aprender a controlar sus músculos abdominales y coordinarlos con la respiración. Cuando inspira, la pared abdominal se expande y cuando espira, se retrae. Ha de practicar hasta que la respiración sea suave y el cuerpo esté completamente relajado. Como es natural, al comienzo tendrá que concentrarse mentalmente en el abdomen para poder controlar los músculos abdominales. Después de practicar durante algún tiempo, descubrirá que todo el proceso respiratorio se ha vuelto suave y natural. Esto significa que ya está preparado para producir Qi en el Dan Tien Inferior (Xia Dan Tian).
Cuando haya alcanzado este nivel, deberá dedicarse a coordinar su respiración con los movimientos de su Huiyin (región perineal). Cuando inspira, debe relajar el Huiyin, y cuando espira contraerlo. Recuerde que debe contraer suavemente el Huiyin sin llegar a tensarlo con el fin de que cuando lo contraiga sigan estando relajados; por el contrario, si lo tensa impedirá que circule el flujo del qi y además la tensión afectará también al abdomen y al estómago, lo que puede generar otros problemas. Al principio, como es evidente, necesitará concentrarse mentalmente para controlar los músculos del abdomen. Sin embargo, perseverando en la práctica su mente paulatinamente dejará de estar tan pendiente del proceso. Esto significa que se está regulando sin regular.
Pingala (ascendente: solar)
Ida (descendente: lunar),
Sushumna es la redoma
ventruda central
(7)
Por su parte, la escuela de pensamiento hindú concuerda en esencia con los requisitos iniciales del proceso de iluminación, no obstante, pareciera diferir en la ruta que tomará el orgón: en principio, utilizará el canal o nadi cálido Pingala, que coincide con la fase solar o masculina (etapa solve) para luego utilizar el nadi frío Ida, siendo la fase lunar o femenina (etapa coagula). La analogía de los canales entre ambas escuelas conectaría al Pingala hindú con el canal de control Tu Mo daoísta, Ida con el canal de función Jen Mo y finalmente el nadi central Sushumna con el canal de impulsión Ch'ung Mo.

En términos anatómicos, el taoísmo y budismo proponen que los canales se proyecten sobre el plano sagital: desde la espalda hacia el eje craneocaudal y luego por la frente hacia el abdomen; por su parte el hinduismo orienta estos canales como extendidos en el plano coronal. Aunque parezca contradictorio, si estos vasos y canales son sólo perceptibles con el desarrollo de la visión interna, probablemente al ser observados desde un panorama tetradimensional —accesible desde la cuarta densidad— se tome un origen de coordenadas arbitrario al intentar proyectarlos en las tres dimensiones habituales.

Curiosamente en los numerosos diagramas que ofrece el hinduísmo, los dos canales laterales no tienen una disposición lineal sino entrelazada —en tres puntos que Fulcanelli conecta con los nefastos clavos del Calvario en la metáfora del Via Crucis de nuestro amado Redentor, (8) denominados como granthis (nudos psíquicos) en el Hinduismo o “compuertas” del Daoísmo (Wei Lu, Chia Chi y Yu Ch'en), cuando éstos se entrecruzan con el canal Sushumna— culminando ambos en el cráneo a la altura del entrecejo. A diferencia de los tratados budistas y daoístas, la respiración interna promovida por el ejercicio de la “bomba sacra,” equivalente en el hinduismo al Mula Bandha, está acompañada de otras dos contracciones musculares: Jalandhara Bandha, a la altura de la garganta y Uddiyana Bandha en la región abdominal. Respecto a la primera, Olivia Cattedra y Maité Fernández de Bobadilla en su obra El Hatha Yoga en el Yoga informan (cap. VI, Teoría y práctica del Hatha Yoga):
La aplicación de Mula Bandha trata del ajuste/retracción perineal (piso pelviano) que conlleva también ajuste de la zonas glúteas y del abdomen. En este caso, el mula bandha está utilizado preponderantemente en relación al abhyantara kumbhaka (detención del aliento con pulmones llenos). El uso discreto de este bandha no solamente produce movimientos de energía pránica en las zonas específicas: sacro-pelviana y abdominal, sino que además es una técnica muy útil que favorece la correcta colocación de la columna sacro-lumbar, ampliando la zona dorsal y abriendo el tórax como consecuencia de ello.
Las dos conexiones importantes que podemos establecer a través del magisterio daoísta es que el incremento en la salivación por la disposición de la lengua —ya que la misma debe estar en contacto con el paladar blando de manera de unir los dos vasos principales: el gobernador y el de función— parece estar en relación con el Jalandhara Bandha; y por otro lado, la retención del aliento durante la retracción perineal, desencadena el harnelmiatznel, esto es, el proceso de sublimación en sí: mientras que la rota microcósmica tiene dos puntos de limpieza y ablución —los puntos cardinales Mao y Yu en medio de la inspiración y espiración respectivamente,— el abhyantara kumbhaka como técnica del pranayama, se concentra en el ápice del ciclo respiratorio.

Como corolario, el ojo entrenado habrá observado algo importante: tanto la Rota de la Fortuna (observando la disposición que nos brinda la imagen del Pantocrátor sentado en el ala central superior), como la órbita microcósmica y el enrutamiento que se realiza a través del pranayama hindú, la energía gira en el sentido levógiro, contrario a las agujas del reloj: es decir, de derecha a izquierda; siempre es el canal derecho el sentido ascendente y siempre es el canal izquierdo el sentido descendente.

En la siguiente entrega analizaremos los elementos restantes del procedimiento, pero en especial, las dificultades y riesgos que corre el Obrero del Arte durante el templado del atanor y los procesos para el atajo y regularización de los inconsistentes fuegos iniciales de la estufa filosofal; no por nada a esta etapa se la conoce como Nigredo.

* * *
*

Dracomaquia: la sublimación de los instintos

Hemos elegido utilizar el término dracomaquia con la intención de explicar la disciplina que se esgrimía (¿o aun se esgrime?) en las escuelas mistéricas templarias y gnósticas, sin necesidad de recurrir a su núcleo dogmático ni ritual. Asimismo, es posible rastrear en el magisterio budista, taoísta e hinduísta el correlato alquímico a la limpieza de la simiente metálica prácticamente con la misma nomenclatura.

La idea que se destila desde las altas enseñanzas orientales, sufistas (como la disciplina del Cuarto Camino) y cristianas (como el Hesicasmo y la Filocalia) es la optimización del rinde energético: si se nos permitiese utilizar la jerga ingenieril, la resultante final de una inversión energética siempre debiera ser positiva. ¿Pero de qué inversión energética hablamos? En términos contables, todo capital que se coloca dentro de una inversión de riesgo, corre el peligro de pérdida y licuefacción de activos; en pocas palabras, si el pronóstico es equivocado, las pérdidas superan con creces a las ganancias. Poniéndonos un tanto eclesiásticos, leemos del Nuevo Testamento a Mateo 25:14-30 (Reina-Valera 1960):
Porque el Reino de los Cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.

Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Vista la Parábola de los Talentos desde la óptica scientológica, cuando un thetan (entidad espiritual de Quinta Densidad, esto es: el Reino de los Cielos) impacta en busca de conocimiento sobre un universo MEST (realidad física de Tercera Densidad), estamos frente a una clara inversión de riesgo. Parafraseando a Rudolf Steiner, la oculta regla del inseguro juego consiste en capitalizar sufrimiento cristalizándolo en sabiduría. Y aquí, en la ecuación del sufrimiento, debemos incluir a la energía orgón: podemos, al menos en un principio, equiparar la líbido con la energía sexual carente de cualquier distorsión pasional. Permítasenos entonces proponer que la líbido es el impulso vital resultante del harnelmiatznel mecánico entre los alimentos y unos ciertos hidrógenos sutiles —en sus octavas energéticas más refinadas, que los maestros taoístas denominaron como Esencia del Cielo Prenatal— y consiste en el capital de riesgo proveniente del plano espiritual.

El truco del juego es que, debido a la astuta modificación operada por supinas manos tenebrosas sobre el homo sapiens, la tiranía hormonal del cuerpo, luego de iniciada la adolescencia, degrada sistemáticamente la líbido orientándola hacia la reproducción de la especie, es decir, hacia la satisfacción del deseo sexual. Gurdjieff comentó que “el sexo es la principal fuente de energía de toda la mecanicidad: todo sueño, toda hipnosis, deriva de este.”
Cada hombre tiene en él tres excrementos que elabora en él mismo y que deben ser rechazados. El primero es el resultado de la alimentación ordinaria y se elimina naturalmente, y esto debe hacerse cada día, de lo contrario, pueden aparecer todo tipo de enfermedades.
Por la misma razón que usted va al baño para esta actividad, debe ir al baño para el segundo excremento, que es rechazado por la función sexual. Es necesario para la salud y el equilibrio del cuerpo y, ciertamente, es necesario en algunos a hacerlo cada día, en otros, cada semana, en otros, cada mes o cada seis meses. Es subjetivo. Para ello debe elegir un cuarto de baño apropiado. Uno que sea bueno para usted.
Un tercer excremento se forma en la cabeza, por los deseos, las impresiones y asociaciones sexuales, cuyos desechos se acumulan en el cerebro. Su eliminación se realiza con el uso correcto de la respiración.
El ojo entrenado no dudará en relacionar dos elementos clave en este análisis: en primer lugar, se observa que de no mediar el proceso de sublimación, los hidrógenos contenidos en las esencias sexuales decantan en la ruta mecánica de la putrefacción alquímica —esto es, que los hidrógenos en cambio de refinarse decrementan su octava,— pero en segundo lugar, pueden existir elementos exógenos que aceleran la degradación y orienten el proceso hacia una indefectible perversión sexual: es interesante entonces volver la vista hacia la ufología y demonología, al considerar la posibilidad de implantes etéricos.

Hemos de recordar que la disciplina del Cuarto Camino considera que la humanidad ha sido hipnotizada por el astuto pastor;(1) actualmente, las modernas corrientes rosicrucianas y ufológicas han denominado a estas entidades como Arcontes o Reptoides. En cualquier caso, se trata de seres en un nivel de materia y consciencia superior que, de la misma forma en que la humanidad detenta el poder sobre la flora y fauna, ejercen su dominio para manipular a la granja humana con objeto de extraer energía emocional. John Baines comenta al respecto:
Es así como el sapiens es despojado inadvertidamente del producto más noble producido por él mismo, el destilado final de la experiencia humana... el “caldo aurífero” de su vida. El sapiens es, por lo tanto, un esclavo a perpetuidad. No obstante, ejemplares individuales o aislados (segregados del grupo), pueden llegar a ser libres.
Urbi et Orbi
Este “caldo aurífero” rosacruz es, en la complicada geografía literaria de Relatos de Belcebú a su Nieto, el exioehary del Cuarto Camino que, de no abandonar el cuerpo orgánico, puede ser sublimado en hidrógenos “más refinados” y converger en la confección de las prendas solares. Por lo tanto, la “vía de salida” del juego —esto es, escapar con vida del plano terrenal, conservando el capital y las ganancias— consiste entonces en maximizar la energía vital, en primer lugar para robustecer el organismo (que se podría ver como la cáscara del “huevo filosofal”) y en segundo lugar, sublimar y atesorar dicha energía —Ouspenski y Gurdjieff mencionaban esto como sutilizar los famosos hidrógenos Si12 o las sustancias sagradas Abrustdonis y Helkdonis respectivamente— para finalmente desarrollar los centros superiores y lograr la comunicación con el Ser Esencial.

Aquí nos permitimos presentar una graciosa elaboración de la Alquimia: tenemos, por un lado, el ego consciente y por otro el subconsciente. Si hiciésemos uso de la nomenclatura presente en el Material Ra y Cassiopaea, el consciente sería un centro mental de Tercera Densidad (humano), mientras que el subconsciente se trataría de un centro de Segunda Densidad (animal). El objetivo de la Alquimia resulta en alimentar y formar un centro de Cuarta Densidad, esto es, el supraconsciente o infans solaris.

Pero la energía se atesora en un centro ligado al subconsciente —como el Dr. Yang Jwing-Ming nos informa en su esclarecedor libro La Respiración Embriónica, en el dan-tien falso inferior— y el sufrimiento, tanto físico como psíquico, proviene de la extracción de energía líbido distorsionada por una herida corporal o una úlcera emocional. Entendemos que sólo el ojo entrenado —a diferencia de uno somnoliento que aun tropieza en la habitación en tinieblas— comprenderá que la satisfacción carnal es, en efecto, sufrimiento velado a través de una anestésica pérdida de orgón.(2) Para reforzar esta graciosa idea, traducimos un momento de color en las transcripciones Cassiopaea (Sesión del 10 de diciembre de 1994):
P: (Laura) ¿Qué ocurre físicamente en el momento del orgasmo?
R: ¿Para quién?
P: Para cualquiera. De manera genérica. ¿Le ocurre algo físicamente a una persona cuando llega al clímax sexual?
R: Respuesta abierta.
P: ¿Es diferente para cada individuo?
R: Puede ser.
P: ¿Es diferente para el hombre y la mujer?
R: En general.
P: La razón por la que pregunto es porque Wayne Cook trabajó con radiestesia y encontró que el cuerpo humano, luego del clímax sexual, irradia de manera similar a un cadáver. ¿Por qué ocurre esto? (Terry) Vaciado de energía.
R: Así es.
P: Está bien, entonces ¿hacia dónde se drena la energía?
R: Hacia el plano etérico.
P: ¿Puede ir la energía hacia el otro individuo?
R: Tal vez.
P: ¿Es posible, que durante la actividad sexual, los Reptoides y otras entidades estén dando vueltas en los alrededores para extraer esta energía?
R: Sí.
P: Entonces, en el caso general, ¿es esto lo que ocurre?
R: Sí.
P: Es esta una de las razones por las cuales el sexo es animado y promocionado hasta el hartazgo en nuestra sociedad...
R: Sí, sí, sí.
Pero las entidades parasitarias necesitan que el centro mental crítico de Tercera Densidad haga la “vista gorda” de esta petite mort y asocie la descarga de estupefacientes endógenos —que terminarán por reforzar la adicción a la pérdida del húmedo radical— como “placentero” o, al menos, “necesario.” Entendemos entonces que de allí proviene toda esta programación biológica, psicológica y religiosa, orientada a justificar la locura de la actual civilización, el desenfreno emocional y pasional, y, por supuesto, el sufrimiento devocional... ¿qué nos muestra la efigie de cualquier iglesia cristiana? ¿acaso hemos sido cegados de ver al cadáver torturado en dos maderos?

De continuar esta hebra de conocimiento, tanto Cristo (Jesinavarah) como Budha (Siddharta) fueron yoguis esclarecidos. Entendemos la palabra yogui en su significado más arcaico de re-unión, semánticamente similar al concepto original de religión o de re-ligare: lograr la reunión o religadura con el Ser Esencial.

Volviendo a nuestra elaboración sobre la Alquimia, consiste entonces en una “evolución acelerada” de los centros de Segunda y Tercera Densidad, al nutrirse de la elan vitae atesorada y sublimada, logrando finalmente desarrollar el centro embrionario de Cuarta Densidad, desanclando la “mente del predador,” el supraconsciente atávico, subyugado y manipulado por el Sistema de Control Hiperdimensional, por uno autónomo e independiente. Como curioso corolario, dentro de los objetivos del Cuarto Camino figura el prevenir el gasto exagerado de los hidrógenos Si12 necesarios para la construcción del alma. Al ser reemplazado el centro supraconsciente exógeno por nuestra alma, empezaríamos realmente a crear nuestra propia realidad: es la verdadera Lapis Exilis, la piedra que nos exilia de la realidad entrópica.

Para el ojo entrenado, esto resonará intrépidamente con la imaginería de matraces alquímicos en donde acontecen repetidos “solve et coagula” sobre la sustancia primera; pero para el oriental, esto no se distingue de la “órbita microcósmica,” punto de partida para el Nei Dan del magisterio taoísta: la disciplina del qi (qigong o chikung), que ha sido provista por medios de canalización iatromántica; de hecho, el iatromantis griego (aquel que yace incubando) es semejante al hesicasta occidental o al practicante oriental en contamplación meditativa, y ambos buscan la misma clase de “iluminación.”

En la entrega siguiente sobre dracomaquia, analizaremos el velado proceso del harnelmiatznel consciente, correspondiente a la etapa alquímica del Nigredo.

* * *
*