El proceso trogoautoegocrático del Askokin

Tras mucho deambular, el trasfondo de la ufología, concluye en una simple inferencia: la cadena trófica requiere de eslabones adicionales. Esta aseveración —desde lo humano funesta y molesta— en realidad no nos pertenece. Podemos dar rienda suelta a nuestra dispuesta memoria y comenzar a listar ilustres autores y magníficas obras que avalan tal afirmación. Pero resultará en un ejercicio vano y estridente pues aquellos que nos lean con cierta displicencia, lo encontrarán tedioso y tendencioso: es inútil sugerir la existencia de una realidad sutil y hostil sin pruebas materiales. No obstante, ¿y si las tuviésemos?

El doctor Jacques Vallée se encontró con ellas y las presentó en su obra Confrontations: A Scientist's Search for Alien Contact, cuando exploró una zona remota de Brasil para estudiar casos mortales de avistamientos: al menos cinco personas habían muerto cerca de Parnarama después de un encuentro cercano con lo que se describió como un OVNI con forma de caja, equipado con potentes haces de luz. En la noche, mientras los humanos intentaban cazar animales, estos curiosos artefactos voladores, bautizados como “chupas,” realizaban una tarea semejante para otro nivel del zigurat alimenticio; del capítulo The Price of Contact (El Precio del Contacto):
La gente del lugar son principalmente cazadores con excelentes dotes de observación. El crimen es prácticamente desconocido. No hay medios modernos de comunicación, y sólo los camiones madereros pueden transitar aquellos caminos de tierra. Allí, la principal religión es católica. La técnica de caza utilizada es única: los cazadores trepan de tres a cinco metros en los árboles, luego pasan la noche en una hamaca a la espera de un venado u otra presa. Llevan una linterna para apuntar a los animales. Una teoría entre la población local es que los chupas son atraídos por los haces lumínicos. Estos artefactos llegan a las hamacas y derriban a los cazadores con un haz concentrado. [...] En una entrevista, un testigo dijo que recordaba un “desagradable aroma” como un olor eléctrico (¿ozono quizá?), y entonces vio una luz cegadora, con colores pulsátiles en el interior, una descripción consistente con muchos otros avistamientos que he obtenido en Francia y Estados Unidos. Luego sintió un furioso calor. Varias personas informaron haber estado expuestas a los chupas a fines de 1982 cuando yacían en las hamacas de sus árboles. [...]

Las víctimas mortales fueron: Abel Boro, quien murió el 17 de octubre de 1981, mientras cazaba con Ribamar Ferreira; Raimundo Souza, quien murió el 19 de octubre de 1981, mientras cazaba con Anastacio Barbosa; José Vitorio y Dionizio General, que murieron en una fecha indeterminada, tres días después del encuentro con el OVNI; y un hombre llamado Ramón, que vivía en Parnarama. [Thomas] Muldoon y [Gary] Richman citan al alcalde de Parnarama confirmando los casos, junto al jefe de la policía, Geraldo dos Santos Magela, quien afirmaba haber examinado dos de los cuerpos, notando que la sangre había sido “absorbida por ellos.” Ribamar Ferreira describió cómo una luz venía tras él y su amigo Abel Boro: era tan brillante que convirtió la noche en día, dijo. Abel gritó cuando el objeto, que en este caso se parecía a un neumático gigante de camión, girando con luces encendidas, rodeó su cuerpo con un brillo resplandeciente. Ferreira corrió a la casa de Abel y regresó con su familia: encontraron a Abel Boro muerto, su cuerpo blanco “como si estuviese desprovisto de sangre.”
Más adelante en el libro, el doctor Vallée detalla su investigación presencial en la que recoge testimonios de compañeros y familiares de las víctimas fatales y otros numerosos casos que habían tenido consecuencias detrimentales en varias aldeas cercanas, desde erupciones a quemaduras cutáneas, enfermedades oculares, severos cuadros de disautonomía, ansiedad y fatiga crónica y, en algunos casos, notorias secuelas psicológicas: diestros cazadores que optaron por alejarse de su único medio de supervivencia tras una experiencia claramente traumática. Si bien fuerzas militares se habían dispuesto en el lugar, las mismas tenían orden estricta de sólo monitorear y documentar el fenómeno. Por último, el astrofísico francés se topa con que toda la documentación generada, incluyendo fotografías y filmaciones, habían sido adquiridas por una firma anónima norteamericana; en el capítulo XV: Ground Truth, el apesadumbrado autor hace algunas conclusiones sombrías:
No había nada elusivo en estos objetos. No se trataba de los efímeros fenómenos aéreos comúnmente descritos en la bibliografía norteamericana; ni tampoco eran experiencias oniriformes de contactados [...] Sencillamente lo que se vio en Colares fue un despliegue monumental de tecnología avanzada, y lo único que pudieron hacer los humanos fue filmarlo y observarlo con sobrecogimiento. [...]

La evidencia que ahora había sido obtenida de grandes poderes era tan evidente y con consecuencias tan desvastadoras para el futuro de los sistemas militares que la decisión final fue mantener todo bajo siete llaves, y confiar el estudio a grupos altamente especializados con un acceso rígidamente compartimentado. En mi opinión, el trabajo de estos grupos está destinado al fracaso, como lo ha estado desde 1953, a pesar de todos los recursos invertidos y a pesar de la absurda operación de desinformación que rodeó el asunto para alejar la verdad del público. [...] Verdad fundamental: lo que pasó en aquella aldea de Brasil puede volver a ocurrir en cualquier lugar, mañana. Detesto pensar que nos encontrará desprevenidos. Otra vez.
En la ríspida nomenclatura del prestigioso calvo enmostachado, encontramos la descripción del proceso trogo-auto-ego-crático como “la nutrición recíproca de todo lo existente.” Este proceso explica que la visión de la humanidad como cima de la pirámide alimenticia es espuria o, mínimamente, miope. Resulta molesto desprenderse de una mentira de tal magnitud y que acarrea desasosegadas consecuencias emocionales. Reconocerse como parte de un menú hiperdimensional no sólo es incómodo sino inoportuno: en la historia personal, muchas decisiones hubiesen sido diferentes partiendo del conocimiento de esta condición humana. Gurdjieff, en el capítulo XLIII: Opinión sobre la guerra de su obra Relatos de Belcebú a su Nieto, sostiene que la finalidad de la humanidad consiste “fundamentalmente en elaborar —por medio del proceso de su existencia— las vibraciones requeridas por la Naturaleza.” Más adelante habla ya no de producir vibraciones, sino una sustancia cósmica sagrada: Askokin. Parafraseando a Joseph Azize, tal vez no haya una diferencia relevante: acaso el Askokin sea tanto una vibración como una sustancia... quizá, la misma distinción que hacemos entre la líbido y la sangre.

Ahora bien, la amplia bibliografía del Cuarto Camino —a diferencia del sufismo, con su pleno conocimiento de los arteros Djinns,—(1) nunca menciona intrigantes artificios alienígenas que revolotean por encima de alarmados cazadores nocturnos: extractores de energía vital y productores de nefastos ultrajes y funestos decesos, ni tampoco habla de la aparición de extrañas entidades que abducen mujeres para efectuarles truculentos exámenes ginecológicos; estos relatos, marginales y fantasiosos a los ojos materialistas, con que algunos inadaptados sociales pierden su tiempo, mezclan la ufología con la demonología en un cóctel de donde surgen conclusiones que sólo podrían oirse a la sombra de un hediondo pabellón psiquiátrico; aunque no por ello menos ciertas. En sus obras, Gurdjieff habla de la interacción del Hombre (microcosmos) con la Naturaleza (macrocosmos), partiendo de la base que la humanidad es “alimento para la Luna:”
Y así, mi querido Hassein, cuando pareció que la necesidad instintiva de trabajos conscientes y sufrimientos voluntarios, con el fin de poder asimilar y transmutar en ellos mismos las sustancias sagradas Abrustdonis y Helkdonis y, por ende, liberar el sagrado Askokin para el mantenimiento de la Luna y de Anulios, había desaparecido finalmente del psiquismo de tus favoritos, entonces la Gran Naturaleza Misma se vio obligada a adaptarse para extraer esa sustancia sagrada por otros medios, uno de los cuales es, precisamente, el terrible proceso periódico de destrucción recíproca.
El sacrificio de Isaac
Juan de Valdés Leal
(siglo XVII)
Si en efecto nuestro planeta Tierra fue reconfigurado por entidades de consciencia superior para que toda destrucción de sus seres vivientes resultase en un sacrificio hierático,(2) podemos hallar una asociación interesante tras la aparición de estos punitivos objetos luminosos y los conceptos centrales del Cuarto Camino. De hecho, identificar al Askokin junto al Paradigma del Loosh de Robert Monroe y relacionarlo con la energía vital u Orgón de Wilhelm Reich puede simplificarnos mucho las cosas. Es más, brinda una lúgubre explicación al proceder pendenciero descrito por Vallée: estos OVNIs operan de manera ostensible sobre poblaciones rurales de pocos habitantes —aldeas remotas alejadas de las comodidades y del caos intrínseco de la vida mundana— cuyos habitantes son cazadores por necesidad y que, evidentemente, no crían ganado y, si lo hicieran, su número sería tan limitado que no podrían darse el lujo de sacrificarlos a estas extrañas entidades, incompatibles con el sistema de creencias de su gregaria religión católica. Pero este detalle sobre los sacrificios de sangre no pasó desapercibido bajo el inquisidor mostacho del Pintor de Gorriones,(3) pues entendió que operaban como un trueque energético, algo que los rituales y ceremonias de las religiones abrahámicas, con sus “sacrificios de chivos expiatorios” y la famosa “sangre del cordero que quita el pecado del mundo,” nos recuerdan siempre: (4)
«Escuchad ahora lo que debemos hacer para lograr dicha finalidad. Los resultados de todas mis investigaciones prueban claramente que la Naturaleza exige que, durante ciertos períodos, se produzca en la Tierra cierto número de muertes; y, al mismo tiempo, he logrado establecer que para las necesidades de la Naturaleza, es indiferente de qué muertes se trate, sean las de las propias personas o las de las vidas de otras formas de seres.»
Más tarde nos aclararía Mouravieff que esta falsa «Naturaleza» es en realidad la «Ley General» impuesta por las Autoridades del Mundo. Desdeñando entonces la óptica estrictamente antropocéntrica, pretendemos abordar todo este sinsentido haciendo uso de la frase del matemático John Bennett: “una energía baja no puede dirigir el funcionamiento de una energía más alta.” Note el aspirante que la contracara de esta afirmación puede resultar provechosa.

De acuerdo a Gurdjieff, en una instancia previa a esta humanidad, ya existía una arcana disciplina la cual eximía de estas obligaciones contractuales con las Autoridades del Mundo. Aunque no se lo afirma explícitamente en su obra, las extrañas sustancias o vibraciones: Askokin, Abrustdonis y Helkdonis son derivados del elemento activo Exioëhary; recordemos que este último puede usarse tanto para la continuación de la especie como para el autoperfeccionamiento. ¿Diremos más? El objetivo final del ejercicio del harnelmiatznel consciente resulta en el acopio de hidrógenos sutiles que resultarán en la famosa “semilla de mostaza” de la parábola cristiana —el germen de nuestra Piedra;— leemos en Mateo 13:31-32:
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.”
Abrustdonis y Helkdonis, son transubstanciados por medio del trabajo consciente y mediante sufrimientos intencionales, siendo el material del cual se forman y perfeccionan los cuerpos sutiles, estos son, “el cuerpo Kesdjan” o “vasija del Alma” —la consolidación del Sub-Mayordomo del Cuarto Camino: el centro operador de la Gran Obra— y “el cuerpo del Alma,” es decir, el Maestro investido con el “Don de Dios.” Durante este proceso de transubstanciación, el Askokin es liberado. Animamos a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad a que conecten la transubstanciación de los derivados del Exioëhary con los Tres Tesoros del Tao (en chino tradicional: 三宝, San Bao) y la liberación del Askokin, la noche oscura del alma o putrefacción alquímica, con la desintegración positiva resultante del proceso catártico del Nigredo.

En términos alquímicos, formar estos dos cuerpos requiere de acumular y transmutar la sustancia primera. Gurdjieff daba como ejemplo los cálculos que se forman en los riñones o la sal que se cristaliza con la saturación o por la evaporación. En ese sentido, “las sustancias psíquicas” pueden, si saturan el cuerpo, cristalizar. Además, una sustancia como la sal, cuando se cristaliza, posee cualidades de las que carece la sal disuelta en agua. Un líquido salado vertido en un río se esparcirá rápidamente con el fluir de sus aguas, y aunque uno podría detectar algo de sal quince metros río abajo, no quedará rastro alguno kilómetros más adelante. Sin embargo, si la sal se pudiese cristalizar y colocar aislada de la corriente, entonces “una nueva octava se desarrolla dentro del organismo y no afuera: es el nacimiento del cuerpo astral.

El río es la vida mundana: el trajín cotidiano que se lleva las energías elaboradas y acopiadas interiormente; es la energía vital que se disipa incesantemente como Askokin y nutre a las Autoridades del Mundo. Si de alguna manera pudiéramos mantener separadas de la vida las sustancias superiores formadas por los trabajos conscientes, éstas se cristalizarían rápidamente y, al igual que los cristales de sal, conservarían su integridad. Una vez formada, esta “nueva octava desarrollada” tiene su propio destino y es autónomo del proceso trogoautoegocrático, independizándose de la Ley General o Sistema de Control Hiperdimensional. Gurdjieff daba el ejemplo final del pan: una vez que ha sido horneado adecuadamente, éste ya no puede reducirse a harina: “una vez hecho, el pan tiene un destino propio.

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El factor demonológico en la ufología (III)

La ufología es vista en las religiones organizadas como una herejía moderna mientras que en el entramado académico es degradada como una pseudociencia estudiada por individuos con rasgos esquizoides y con lamentables sesgos paranoicos. Pero dentro de la ufología misma, existen serias dificultades para concordar en la naturaleza del área de estudio: algunos sostienen que su foco es estrictamente tecnológico, otros se concentran en sus aspectos paranormales o aun psíquicos y unos pocos en sus consecuencias sociales y religiosas. Ya en su momento, nuestro prestigioso John Keel había concluido en que “la ufología sigue siendo un pequeño y triste pasatiempo para un diminuto grupo de personas gravemente inadaptadas.”

Con su lema: “Not an authority on anything” (no siendo una autoridad en nada), Keel observó algo interesante en la década de 1970 y que conserva una vigencia insoslayable entre los ufólogos modernos: un investigador puede independizarse del reduccionismo materialista y adoptar una visión hilozoica de la realidad; con mucho más esfuerzo y apoyándose en concepciones esotéricas puede considerar la hipótesis ultraterrestre —hoy mal denominada: interdimensional,— como Håkan Blomqvist que en su obra Esotericism and UFO research (en sueco: Gudarna återvänder: UFO och den esoteriska traditionen) concibe conectar los OVNIs al ocultismo de las obras de Helena Blavatsky. Pero muy pocos ufólogos lograrán dar el salto último, rasgando el velo por completo al desprenderse de la visión antropocéntrica de la realidad: Keel había notado que sólo Gordon Creighton, Jerome Clark y, con algunas reservas, el astrofísico francés Jacques Vallée habían logrado tal proeza mental. (1)

Es probable que el doctor Vallée tuviera algunas dificultades en dar rienda suelta a las conclusiones demonológicas que detona la hipótesis ultraterrestre —sobre todo, si le consideramos como el interlocutor designado de un Colegio Invisible de científicos,— pues si la pirámide alimenticia tiene un escalón adicional y la posición de la humanidad está localizada en los pisos intermedios, ¿por qué no debiéramos considerarnos como alguna clase de alimento para una raza superior de entidades? En la introducción de su libro del año 1974 escribía:
Los objetos que estábamos investigando no eran espectaculares, pero la reacción que produjeron entre los científicos franceses en esa época fue algo que me fascinó. En vez de preguntarse si esos objetos que, además de que podían maniobrar y parecían “imposibles,” podrían ser la manifestación de alguna tecnología muy avanzada (y en algunos casos bien podía haber sido terrestre), en lo único en que pensaron fue en suprimir su manifestación. Esos científicos lograron tal cosa negando todas las observaciones, achacándola a aeroplanos cuando la documentación era inexpugnable y destruyendo los datos cuando se les demostró que ningún aeroplano podía haberse comportado como lo hacían tales objetos.

La perspicacia que obtuve de esa temprana experiencia con el escepticismo científico resultó para mí valiosísima, ya que me puso en contacto con cierto número de hombres de ciencia que, al igual que yo, deseaban conocer la naturaleza del fenómeno OVNI y estaban dispuestos, en una forma especial, a determinar si sus orígenes eran imputables, o no, a alguna inteligencia. Con el transcurso del tiempo este grupo ha crecido. En forma un poco extravagante, se autodenomina “El Colegio Invisible.”
Fotograma del film Encuentros
Cercanos del Tercer Tipo
De Jerome Clark conocemos su enciclopédica y meticulosa obra The UFO Book y tan solo podemos agregar una reseña estéril de su experiencia extraordinaria a través del relato autobiográfico del doctor Vallée: (2)
Fuimos hacia un bar de la zona, pedimos cerveza y discutimos sobre la historia de los ovnis, un tema que Jerry Clark conoce bien. Ha investigado la ola de 1897 en detalle y con verdadero talento. Lo insté a escribir un libro con Don [Donald B. Hanlon], e invitar a algunas autoridades del folclore a escribir un prólogo. La conversación se encausó hacia la experiencia que vivió Jerry:
— ¿Cuál fue tu primera impresión cuando viste a esa entidad? —le pregunté.
— Pensé: '¿Qué? ¿Eso es todo?' respondió, aparentemente desconcertado por una reacción que evidentemente fue profunda y genuina.
— Pero, ¿por qué el terror?
Nunca pudimos aclarar este punto: sorpresivamente una joven se unió a nuestra discusión y nos llevó a un debate sobre la revolución hippie y el uso de las drogas recreativas.
El investigador británico Gordon Creighton, dada su cercanía diplomática con las agencias secretas gubernamentales, tuvo acceso irrestricto a material militar y de seguridad nacional, analizando los casos más graves del fenómeno de abducción extraterreste, esto es, cuando la víctima no era regresada. En una entrevista televisiva indicaba:
— [...] descubrimos en la mucha evidencia que poseemos que las personas abducidas fueron maltratadas, lastimadas y torturadas; tenemos mucha evidencia de casos de abducidos que fueron asesinados, que fueron gravemente quemados por la radiación de rayos desconocidos e incluso gente que fue secuestrada repentinamente por OVNIs y jamás se volvió a saber de ellos. Nada de esto, me parece a mí, coincide con el comportamiento de seres benevolentes y, por lo tanto, no me sorprende las actitudes reservadas de los gobiernos. No es extraño que las agencias de seguridad eviten hablar al respecto y no es porque tenga una opinión crítica hacia el gobierno. Creo que es un asunto muy serio, y también creo que no es algo que pueda exponerse a la atención de todos.
—En otras palabras, ¿me está diciendo que hay un plan deliberado para mantener esto alejado del público en general...?
—Estoy seguro de ello y pienso que fue una decisión sabia. Porque si el público supiera lo que sé del fenómeno OVNI, por haberlo estudiado durante tantos años, la gente dejaría de vivir tranquila. Tenemos muchos casos registrados de mutilación de ganado. Me alegra pensar que habrán terminado como alimento para estos seres y que no intenten obtener un alimento rico en proteínas de otra manera que podría ser algo realmente alarmante para nosotros. [...]
—O sea que intencionalmente, ¿ellos vienen aquí a faenar ganado u otros animales?
—Tenemos otros casos preocupantes... casos perturbadores... porque desconocemos las implicancias... donde estos seres intencionadamente extraen sangre de personas y otros casos, los más inquietantes, donde se extrae semen de individuos y óvulos en mujeres... y hay varios casos también de violaciones sexuales...
John Keel había asociado este comportamiento inquietante —o en las palabras adecuadas: psicopático, dado que los seres extraterrestres muestran la misma desconsideración que nosotros aplicamos con los animales que consumimos,— a la idea cristiana de demonios, mientras concluía su investigación en Point Pleasant que dio origen a su obra literaria quizá más excelsa: The Mothman Prophecies, un brillante documento ufológico que, en ciertos pasajes, pareciera rememorar historias de demonología medieval y de literatura gótica clásica. Más tarde, Jacques Vallée en su Pasaporte a Magonia, logró la vuelta de rosca definitiva al enlazar la manifestación moderna OVNI y la Alta Extrañeza con el folklore tradicional y las narraciones legendarias: los humanoides Grises no se diferencian en nada a los duendes y hadas, ni los relatos de changelings (los «niños cambiados») discrepan de los híbridos extraterrestres. Pronto y por separado, ambos investigadores conectaron las religiones organizadas como un producto ultraterrestre para el control de masas,(3) con dos objetivos yuxtapuestos: la devoción a través de ceremonias y rituales como recurso energético psíquico, y los sacrificios humanos, como alimento material; en el cap. XV de Our Haunted Planet, Keel explicaba:
En tiempos antiguos, los ultraterrestres establecieron religiones entre humanos adoctrinados que, si bien parecían ser deidades benevolentes, introdujeron la práctica de hacer sacrificios humanos. Este rito bárbaro fue común durante miles de años en toda Europa, Asia, el Pacífico y América del Sur. Solo los mejores ejemplares de la tribu eran aceptados para el sacrificio: bellas jóvenes vírgenes y hombres musculosos. En la mayoría de las culturas, las víctimas eran voluntarias: de hecho, era un gran honor. Eran agasajados antes de que se los condujera a un lugar alto sagrado o la cima de una pirámide. En algunas culturas, eran llevados a una isla sagrada y se los dejaba allí. Al siguiente mes o año, cuando la tribu regresaba con nuevas víctimas de sacrificio, las anteriores ya había desaparecido sin dejar rastro alguno.

El sacrificio físico continuó en los tiempos bíblicos y persistió en algunas culturas hasta hace pocos siglos. Las brutales inquisiciones de la Edad Media reclamaron millones de víctimas e incluyeron desapariciones masivas de personas que, presumiblemente, fueron arrastradas a alguna mazmorra para no ser vistas nunca más. Hombres encapuchados golpearon las puertas en medio de la noche y arrastraron a familias enteras.

La historia demuestra que los ultraterrestres necesitan seres humanos como un recurso físico. En el pasado estuvimos a su merced a estas exigencias de especímenes humanos. Sin embargo, los tiempos han cambiado y sus métodos son ahora más sutiles. Miles de personas desaparecen anualmente sin dejar rastro (sin contar los cientos de miles que están huyendo de la ley, los acreedores y sus cónyuges). Una vez explotaron a la raza humana disfrazados de dioses benevolentes que vivían en las colinas; ahora nos explotan a través del mito moderno de visitantes extraterrestres de estrellas distantes.
El doctor Vallée no estuvo totalmente convencido de considerar a los ultraterrestres como seres de Cuarta Densidad —es decir, de fisicalidad variable: pudiendo adoptar temporalmente distintas configuraciones o apariencias en nuestra realidad física— y en todas sus obras barajó la posibilidad que fueran humanos tecnológicamente avanzados: el sistema de control podía ser una herramienta de un Gobierno Secreto Mundial o del famoso Complejo Militar-Industrial o de seres (físicos) con significativos adelantos técnicos en otra hebra de tiempo, pero difícilmente ultraterrestres: la posibilidad de vida en otro soporte de la materia era quizá excesivamente marginal o la Navaja de Ockham demasiado filosa. Sin embargo, de lo bienintencionada que fue siempre su búsqueda y de la pureza de su razonamiento surge un comentario muy válido en su libro Confrontations: A Scientist Search for Alien Contact (cap. VI: Lessons in humility): (4)
Otra importante lección de esta experiencia se refiere a la inutilidad de la Navaja de Occam: esta expresión se aplica a la escuela de pensamiento en las Ciencias que establece que no se debe apelar por una hipótesis compleja cuando una más simple puede ajustarse. Ahora bien, todo depende, claramente, en lo que se considere por “simple.” La teoría esférica de la Tierra, que gira alrededor del Sol, con más de catorce movimientos diferentes, es increíblemente más compleja cuando se compara con la elegante teoría de la Tierra plana y fija, con el Sol y los cuerpos celestes como candiles sostenidos por simpáticos querubines.

Occam se topó con una dura barba... En la investigación OVNI, como en otros campos de las Ciencias, con frecuencia se debe hacer a un lado a la Navaja de Occam y aceptar la frustrante complejidad subyacente en nuestra realidad física: y aun más compleja, la realidad de los humanos que habitan en ella.
Los siguientes libros de Keel, el meticuloso trabajo en Flying Saucer Review de Creighton e incluso, en una menor medida, los libros de Brinsley Le Poer Trench cobijaron la clara hipótesis que el fenómeno, mal denominado extraterrestre, era la punitiva incursión, desde tiempos prebíblicos, de un nivel de realidad superior que interfería, y aun interfiere, en nuestra realidad física para sembrar caos y confusión, y evidentemente para cosechar “algo.” Robert Monroe, si bien jamás incursionó en ufología, se topó en sus primeros viajes “fuera del cuerpo” con unos extraños visitantes que lo asediaban por la noche; este es un compendio citado por el doctor Vallée de sus registros del 9, 16 y 30 de Setiembre de 1960, y originalmente aparecen en su libro Journeys out of the Body. En la actualidad, se conoce este fenómeno como Visitantes de Dormitorio: se especula que una serie de entidades ordeñan energéticamente la libido humana durante el reposo nocturno, lo que trae aparejado una pesadilla, terror nocturno o depresión matutina como resultado de cada extracción:
9/9: De pronto me sentí bañado y traspasado por un rayo poderoso [...] Estaba completamente impotente, a total merced de una fuerza muy poderosa. Lo que haya sido tenía una inteligencia en una forma que estaba más allá de mi comprensión e ingresó (¿a través de un rayo de luz?) en mi cabeza, justo por encima de la frente, de manera implacable y sin consideración alguna. Parecía estar cumpliendo una labor rutinaria, buscando algo específico en mi mente.

16/9: El mismo sondeo impersonal, la misma impotencia [...] De alguna forma sentía que le había dado mi permiso para ordeñarme: yo estaba en la Tierra para hacer un trabajo, algo no necesariamente gratificante [...] Tuve la sensación que unos enormes tubos, antiguos y rústicos, por donde una sustancia muy superior al petróleo y vital para estas entidades, era transportada hacia alguna parte (no en este planeta material). [...] Otra vez, la visita terminó y esta fuerza inteligente se retiró rápidamente. Me incorporé, me sentía deprimido y de alguna forma sucio: entré al baño de mi casa, y de hecho sentí que debía lavarme las manos después de trabajar (aunque tenía las manos limpias).

30/9: El mismo patrón que el 16 de Setiembre. Otra vez, estaba aquella sensación de ser el encargado de la estación de bombeo. La entidad se acercó a través de un rayo de luz. De nuevo hurgó en mi mente, esta vez incluso pude ver que controló específicamente mi aparato respiratorio. Entendía que la entidad estaba buscando alguna sustancia que le permitiera respirar en la atmósfera terrestre, y observé una imagen (en mi mente) de una bolsa, posiblemente de dos por tres pulgadas y una pulgada de grosor, colgada de su cinturón, junto a la frase “así es como ahora respiramos.” Esto me dio coraje para tratar de comunicarme: mentalmente pregunté quiénes eran, y recibí una respuesta que no pude traducir ni entender. [...] Parecía que se elevaban en el cielo mientras les gritaba y suplicaba. Luego estuve seguro que su mentalidad e inteligencia estaban mucho más allá de mi comprensión. La de ellos era una inteligencia fría e impersonal, carente de emociones de amor y compasión que nosotros como humanos tanto respetamos; sin embargo, esa puede ser la prepotencia que nos comunica la Biblia. Visitas como éstas en el pasado de la humanidad bien pueden haber sido la base de nuestras creencias religiosas. [...]
Para concluir, traducimos un recorte hallado por el recientemente desaparecido ufólogo español Ignacio Darnaude que agrega una notable perspectiva, desde el magisterio sufista, asociando a los Djinns o Genios (en árabe: جن, yinn), con los ultraterrestes;(5) en particular, recomendamos la lectura del libro de Charles Upton, Cracks in the Great Wall, una obra escatológica que conecta varias piezas del rompecabezas metafísico con el fenómeno ufológico:
Durante una conferencia privada de musulmanes celebrada en Londres el 6 de junio de 1985, se le efectuó una pregunta sobre los OVNIs a una figura religiosa islámica distinguida de Turquía, el sufí Sheik Nazim Effendi de la Orden de Derviches Naqshbandi. Con gran sorpresa para el público presente —la mayoría de los cuales desconocía por completo el tema,— se embarcó en una discusión notable e impartió información de la mayor importancia.

Dijo que los Jinns (Genios) son los operadores de estas naves, que comparten este planeta con la humanidad, aunque son mucho más antiguos que el hombre, manteniendo a la raza humana en total sujeción y esclavitud, causando deliberadamente toda clase de guerras y conflictos y desastres y disturbios, mientras que la humanidad dormida sigue siendo totalmente inconsciente de lo que está sucediendo, y lo triste de su situación.

Como han hecho otros líderes sufíes en los últimos años, habló del poder satánico que reina en este tiempo, y en particular de la difusión del materialismo ateo. Además de la infiltración constante de todas las sociedades humanas, de todos los gobiernos y de todas las religiones, por elementos demoníacos que trabajan para la caída del hombre, de modo que es posible verlo en las protestas de Irlanda donde católicos se asesinan en gran número entre ellos, en los asesinatos entre los budistas y tamiles hindúes en Sri Lanka, en los actos atroces entre cristianos y musulmanes, y ahora incluso ¡en que musulmanes asesinan a otros musulmanes!

Todas estas cosas, dijo, son indicios de la decadencia y la degeneración, y formaban parte de los Signos de los Tiempos. Cuando se le preguntó sobre el papel de algunos de los denominados líderes “religiosos” en Irán y en otros lugares, y sectas fanáticas bajo su influencia —que están detrás de estos acontecimientos en Irán y en Líbano,— confirmó que estos elementos están bajo la impronta demoníaca, es decir, bajo la manipulación de los Jinns, y que también tienen un sesgo político en una dirección determinada.

Al igual que mayoría de los líderes sufíes en los últimos años, Sheikh Nazim Effendi —cuyo mentor fue el famoso Sheikh Daghestani de Damasco— espera que el Fin de esta Era vendrá pronto, y observa esta inusual “actividad OVNI” en el planeta, como conectado con la preparación de los dramáticos acontecimientos que se prevén que ocurrirán en los últimos años del siglo, lo que dará lugar al derrocamiento del Poder Satánico, pero que también traerá consigo la aniquilación de una gran parte de la población mundial en diversas áreas del globo.
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El paradigma del Loosh y las potestades teocráticas

Entender a la humanidad como un mero experimento de una raza de consciencia superior es, para ponerlo en una única palabra, incómodo. Defenestra nuestra concepción antropocéntrica de la realidad, quitándonos la corona soberana que nos ciñeron en los primeros versículos del Génesis; es más, nos rebaja a la misma altura con la que consideramos a los animales y vegetales de los que nos alimentamos o con los que experimentamos.

Pensar en la existencia de entidades que gocen de mayor libertad de la que poseemos y que ésta sea usada en pos de nutrirse o investigar con nosotros resulta inquietante; es indiscutiblemente más sencillo creer en un relato como el de las Sagradas Escrituras... allí se nos trata mejor, se nos coloca en el lugar adecuado para nuestra paz de espíritu: ¡somos los soberanos de la creación! Baste inclinar la cabeza, cumplir con algunas leyes, no trabajar en día sábado y ante cualquier inconveniente, ofrecer algún sacrificio de sangre. En un contexto que quizá resulte menos histriónico, Mangasar Mangasarian, autor de How the Bible was invented (Cómo fue elucubrada la Biblia), tiene algo interesante que aclararnos:
La Biblia es un libro extraordinario; cualquier libro que declare completa infalibilidad, que aspire a la absoluta autoridad sobre mente y cuerpo, que exija rendición incondicional a todas sus pretensiones so pena de eterna condenación, necesariamente es un libro extraordinario, y uno que, por tanto, debe ser sometido a evaluaciones extraordinarias. Pero no lo es. Ni los sacerdotes cristianos, ni los rabinos judíos aprueban el someter la Biblia a las mismas evaluaciones a las que deben someterse otros libros. ¿Pero por qué? ¿Tal vez esto podría ayudar a la Biblia? Esa no puede ser la razón. ¿Por qué podría dañarla? No se nos ocurre ninguna otra explicación. La verdad es que la Biblia es una colección de escritos de autoría desconocida y fecha incierta, traducidos a partir de dudosas copias de supuestos originales desafortunadamente perdidos.
Sin embargo, existe hoy bastante certidumbre académica sobre el material que pudo haber dado origen al Pentateuco: desde la publicación de la obra Epic of Gilgamesh del asiriólogo George Smith, quien a fines del siglo XIX la tradujo a partir de las tablillas cuneiformes que relatan el Diluvio Universal, en donde se identifica con suma sencillez al Utnapishtim acadio con el Noé bíblico; el aretalogista David Cangá Corozo en su libro La Conspiración del Ángel Gabriel conecta este relato con otros poemas mesopotámicos:
En el Enuma Elish se relatan sucesos cósmicos ocurridos durante la creación del sistema solar, en el Atrahasis se nos relata los sucesos ocurridos desde las actividades de los anunnaki en este planeta antes y durante la creación del hombre, hasta el diluvio, y en la Lista Real Sumeria, se nos dan detalles de las primeras civilizaciones de humanos. Combinando los relatos de estos tres poemas épicos mesopotámicos, se puede armar una historia paralela a la historia de la creación del Génesis bíblico, de hecho, George Smith publicó en el año 1876, su hoy famoso libro “The Chaldean Genesis” (El Génesis Caldeo), en donde sugiere que, por las varias similitudes, el poema épico Enuma Elish, y el Génesis hebreo, se refieran a la misma historia de la creación. Según estas tablillas, hace miles años, de alguna parte —especulamos que del cosmos, o de alguna otra dimensión— llegaron unos seres a la Tierra, con la intención de extraer minerales. A estos seres se les denomina los anunnaki, que significa “aquellos que del cielo a la tierra bajaron.” Los anunnaki estaban regidos por un sistema jerárquico basado en el linaje, en donde el líder de todos era An (Anu), el cual tenía dos hijos: Enlil y Enki, los cuales eran los líderes de la misión planeta Tierra.
El relato del Atrahasis puede resultar más que interesante, sobre todo, si se logra conectar su contenido legendario con la óptica ufológica; de hecho, es un relato que podría considerarse gnóstico e incluso, ponderando su exquisita veta literaria, de un notable trasfondo lovecraftiano: unos seres llegan a la Tierra a realizar ciertos trabajos de “extracción de materiales.” Los había de diferentes categorías: los dioses líderes, entre los que hallamos a Anu, Enlil y Enki, y sus subordinados trabajadores, denominados genéricamente como las deidades Igigi.(1) Después de un tiempo, ocurre una revuelta y estos últimos se quejan de las condiciones extenuantes y rehusan continuar con sus labores; luego que las negociaciones con los Igigi fueran agotadas, Enki resuelve el problema diseñando un obrero especializado, haciendo uso del cuerpo de un Igigi sacrificado desde donde se extraen genes anunnaki, y de Belet-ili, la “diosa matriz,” para que finalmente: “un dios y un hombre se mezclan conjuntamente en arcilla.” Resulta llamativo hallar un punto de contacto con la obra del antropólogo Carlos Castaneda, El Lado Activo del Infinito, cuando Don Juan le dice que, “los depredadores nos dieron su mente, que se convirtió en nuestra mente.” Si leemos el primer volumen de Textos Gnósticos: Biblioteca de Nag Hammadi (cap. Sobre el Origen del Mundo) también nos topamos con algo semejante:
Cuando (los arcontes) hubieron terminado a Adán, (el príncipe) lo colocó en una vasija, pues había tomado la forma de un aborto carente de espíritu. A causa de esto, cuando el gran arconte se acordó de la palabra de Pistis, temió que el hombre verdadero penetrara en su criatura y se constituyera en señor (del arconte) [...]

Llegados cabe Adán, cuando vieron que Eva hablaba con él, se dijeron [entre los Arcontes]: «¿Qué es esta cosa luminosa? Pues se parece a la semejanza que se nos manifestó en la luz. Ea, capturémosla y vertamos nuestra simiente en ella, a fin de que quede mancillada y ya no pueda regresar a su luz. Además, los que nazcan de ella quedarán bajo nuestra obediencia.»
De lograr ver este relato desde una perspectiva ufológica o hiperdimensional podríamos proponer una concepción más amplia: unas entidades extraterrestres arriban a un planeta para explotar sus recursos; estos seres, organizados bajo una férrea jerarquía, envían a sus operarios subordinados a efectuar una labor engorrosa y fatigosa: mientras los dioses superiores permanecen en el plano celestial (en Cuarta Densidad) la labor de los Igigi, en cambio, acontece en la realidad física (en Tercera Densidad). ¿Qué labor es la que extenúa a las deidades Igigi? El Atrahasis nos informa que: “Los dioses tuvieron que cavar canales. Tenían que limpiar los canales, las líneas de vida de la tierra. Los dioses excavaron el río Tigris y luego excavaron el Éufrates.” ¿Es que acaso estuvieran terraformando? La referencia a las líneas de vida de la tierra nos puede conectar rápidamente con las Líneas Ley: las famosas alineaciones energéticas que los druidas denominaban Nwyvre (dragón terrestre) donde encontramos emplazados los antiguos monumentos, las construcciones megalíticas junto a los lugares sagrados. (2)

Robert Monroe, en su libro Far Journeys, hace mención a un planteo semejante: los Sembradores, unas entidades de un nivel de realidad superior, en su afán de obtener un “bien escaso” que se encontraría dentro de las moléculas orgánicas diseminadas a lo largo de la galaxia, realizaron una serie de experimentos biológicos, comenzando por los Cultivos Primero y Segundo, es decir, los Estacionarios o vegetales y los Móviles o animales; este “bien escaso,” denominado Loosh,(3) podía ser recolectado fácilmente en una situación de conflicto, en especial, durante el deceso de un organismo viviente:
Así como el Segundo Cultivo se volvió escaso, los requerimientos energéticos para las unidades Móviles se volvieron una seria restricción en el Jardín de las Deidades. Era frecuente que dos unidades Móviles se vieran en la necesidad de ingerir el único remanente del Segundo Cultivo; y esto creaba conflicto que devino en luchas entre las hambrientas unidades Móviles. Los Sembradores observaron estas luchas, en un principio perplejos con el problema, pero luego con gran interés: ya que a través del conflicto, la unidades Móviles comenzaron a generar grandes cantidades de Loosh, de una altísima puerza.

Fue entonces cuando los Sembradores pusieron una nueva teoría en práctica: alteraron a los Móviles de manera que fuesen más pequeños, pero a su vez que necesitaran alimentarse de otros Móviles o de otra forma perecerían. Esto resolvía el problema de la sobrepoblación de Móviles, pero a su vez se generarían grandes cantidades de Loosh fruto del conflicto y muerte en pos de la supervivencia.
En este paradigma, el conflicto en la vida orgánica de la Tierra —el Jardín de las Deidades, que nuestro John Keel bautizó convenientemente como Disneyland of the Gods,— genera un manantial de energía vital, surgida a partir de la lucha por la supervivencia; estos Sembradores o granjeros cósmicos, equiparon a los animales con colmillos, garras, celeridad y destreza con el fin de prolongar el combate víctima-depredador y así incrementar la recolección de Loosh. Pero finalmente dieron con un prototipo novedoso que les había llevado gran esfuerzo en diseñar y un considerable tiempo en perfeccionar: el Cuarto Cultivo, el ser humano, aquel modelo experimental que superaba a todos los demás Cultivos anteriores:
El Cuarto Cultivo excedió las expectativas de los Sembradores. Resultó en una producción consistente y utilizable de loosh que fue obtenido desde el Jardín. El balance de “vida” operaba de manera perfecta, con el Factor de Conflicto produciendo inmensas cantidades de loosh manando de manera permanente a través de las constantes muertes y destrucciones de todo tipo de organismos: Móviles, Estacionarios y el nuevo Cuarto Cultivo.

Para manejar la recolección, los Sembradores crearon unos recolectores especializados para ayudar durante la cosecha. Crearon entonces canales para recolectar el loosh en bruto desde el Jardín hacia su Residencia. Desde entonces, nunca más se necesitó depender del loosh en estado salvaje. El Jardín [el Plano Físico] fue una fuente inagotable para los Sembradores.

Para optimizar la recolección, los Recolectores generaban turbulencia y caos en la envoltura gaseosa y en el núcleo que forma la base del Jardín. Estas hecatombes tienen el efecto de culminar con la vida de multitudes de sembradíos, dado que son aplastados por los movimientos telúricos, el fuego emanado de los terremotos o el agua que ha sido agitada.
Hallamos entonces una interesante explicación al origen y caída de las civilizaciones humanas, lejos de cualquier cosmovisión antropocéntrica y en línea con el pensamiento gnóstico del cristianismo primitivo. Asimismo, se comprende que el trabajo que despreciaron hacer los Recolectores —los anunnaki: las deidades Igigi del poema Atrahasis— era estar, de alguna manera, “encarnadas” en el plano físico de Tercera Densidad para procesar la materia prima en componentes más elaborados de Loosh: resulta más conveniente diseñar autómatas Estacionarios que conviertan la energía solar en azúcares y luego que otros robots con mayor movilidad, a través de su necesaria subsistencia, cosechen los polisacáridos y sean a su vez alimento de otros autómatas más sofisticados que se nutran de sus reservas grasas y proteicas: con cada herida, fagocitación o muerte, se libera energía sutil aprovechable para los Sembradores —los dioses líderes de la jerarquía extraterrestre— en Cuarta Densidad. Bajo este marco, es fácil comprender las insaciables necesidades de Yahweh y sus tenaces reclamos de sacrificios de sangre; de hecho, también se explican los conflictos, batallas y guerras a los que sometió a su pueblo elegido e ilustran el adecuado mote de El Señor de los Ejércitos.

Prometeo, del pintor barroco
Theodoor Rombouts
(siglo XVII)
Pero al arribar a la explicación del Cuarto Cultivo es natural deducir que el Loosh de alta pureza es, en definitiva, aquello que los psicólogos identificaron como la libido, la pulsión sexual freudiana que más tarde el doctor Carl Gustav Jung señaló como la fuerza o energía psíquica, el pulso vital de la subsistencia, y que, por supuesto, el psicoanalista Wilhelm Reich razonó como la energía orgónica: el qi (chi) de los orientales; en definitiva, el Cuarto Cultivo es el eslabón final en la cadena trófica que completa la “extracción de materiales,” desde los rudimentarios azúcares y almidones de los Estacionarios, las proteínas y grasas de los Móviles hasta la fórmula del Loosh destilado de la humanidad: las energías sutiles que surgen del orgasmo, el sufrimiento, la ansiedad y la melancolía; es más, determinados humanos, abyectos a los ojos del sistema de control alienígena, pueden ser endilgados con ultores o implantes, que operen como disciplinantes cilicios psíquicos. Nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad quizá intenten conectar esta hebra de conocimiento con el acopio y preservación de los hidrógenos sutiles en los centros instintivo y emocional como llave de la ergástula. Monroe, más tarde concluiría en que:
El concepto de Loosh explicó todo claramente. Y lo más importante: declaró el propósito, la razón de todo, el por qué de la existencia física. Este factor se me había escapado durante mucho tiempo. La respuesta del Loosh era simple y evidente. La razón estaba allí, de una manera muy prosaica. Se nos ha facilitado lo que entendemos como civilización pues producimos de hecho algo de valor: Loosh. Si finalmente uno era capaz de superar las barreras emocionales asociadas, era fácil, casi obsceno, entender la razón de nuestra existencia en la Tierra. Una explicación completa sobre la conducta humana y sobre la historia de nuestra civilización.

Loosh es una energía generada por toda la vida orgánica en diversos grados de pureza, la más destilada y potente proviene de los seres humanos —engendrada por la actividad humana que provoca la emoción, la más alta de dichas emociones— el instinto de reproducción y supervivencia.
Al igual que las antiguas enseñanzas gnósticas de las escuelas cópticas tempranas, la moderna New Age observó algo similar al paradigma que presentó Robert Monroe. En su material canalizado, Barbara Marciniak facilitó una explicación sorprendentemente análoga, datando el comienzo de la manipulación genética hace aproximadamente 300.000 años —una fecha cercana a la brindada en las Sesiones Cassiopaea: 309.000 años— que, si se la divide por la medida de un año platónico (25.776 años), se obtiene un guarismo cercano a 12 que representaría, para nuestro momento presente, el fin de una era o ciclo mayor:
La conciencia se comunica continuamente. La conciencia vibra, o puede ser llevada a vibrar, con ciertas frecuencias electromagnéticas. Las energías de conciencia electromagnéticas pueden ser influenciadas para que vibren de cierta manera con el fin de crear una fuente de alimento. Así como podemos preparar y comer las manzanas de muchas maneras, la conciencia también puede ser preparada e ingerida de muchas formas. Algunas entidades, en el proceso de su propia evolución, empezaron a descubrir que, mientras creaban vida y dotaban de consciencia a las cosas mediante la modulación de frecuencias de las formas de consciencia, podían alimentarse; podían mantenerse en control. Empezaron a darse cuenta que era así como el Creador Principal se nutría, el Creador Principal encarga a otros la tarea de crear una frecuencia de consciencia electromagnética que le sirve de alimento. Los nuevos propietarios del planeta tenían un apetito diferente y otras preferencias que los antiguos propietarios. Se nutrían a través del caos y del miedo: esto los alimentaba, los estimulaba y los mantenía en el poder. Estos nuevos propietarios que llegaron hace 300.000 años, son los magníficos seres que se manifiestan en los relatos bíblicos, en las tablas babilónicas y sumerias y en los textos de todo el mundo. Vinieron a la Tierra y volvieron a ordenar a la nativa especie humana. Volvieron a ordenar vuestro ADN con el fin de que el hombre transmita dentro de una cierta banda de frecuencia limitada, cuya frecuencia los pudiera alimentar y mantener en el poder.
La colegiatura rosacruz ya había descubierto este asunto siglos atrás pero lo mantuvo en secreto, sólo revelándolo a sus adeptos más avanzados, seguramente debido al shock ontológico que podía producir en una mente no preparada. Antes de sumergirnos en el análisis de sus conocimientos, quisiéramos parapetarnos previamente en los trabajos de Kyle Griffith, los cuales hemos comentado previamente y vaya nuestra advertencia no porque los consideremos a pies juntillas, sino porque una atenta lectura permitirá observar que las dos facciones que se aprecian en su obra, War in Heaven (Guerra en el Cielo), tienen parecidas tácticas hiperdimensionales, esgrimiendo una espuria consideración por el libre albedrío de los humanos. Si el ojo entrenado puede conectar al Colegio Invisible con las sectas del iluminismo europeo (herméticas, masónicas, rosacruces y demás peculados energéticos), gran parte de nuestra tarea profiláctica podrá entenderse como cumplida. (4)

Bajo la égida de los excelentes trabajos de la acádemica inglesa Frances Yates, el movimiento rosacruz nace durante los siglos XV y XVI en el seno de la religión católica de mano de dos tonsurados renacentistas: Marsilio Ficino y Giordano Bruno; ambos cultivaron sus estudios a la sombra del venerable Corpus Hermeticum, obra del supuesto sacerdote egipcio Hermes Trismegisto —aunque ninguno de los dos se percató que había sido fraguado por monjes cristianos,— con la adición de tratados sobre Kabbalah y Alquimia medieval.(5) Dejando los detalles históricos para otra ocasión, el paradigma rosacruz —a diferencia del masónico que se somete al Gran Arquitecto o Demiurgo— expone a los Decanos, los demonios caldeos o los Señores del Zodíaco, que rigen con frialdad el plano físico a los que se debe apaciguar con frecuentes sacrificios; hoy en día, las órdenes herméticas los denominan Arcontes del Destino, es decir, aquellos que detentan el poder. En definitiva, los Arcontes hacen uso y abuso del ser humano, como un esclavo orgánico diseñado para recolectar y cosechar a través de su experiencia terrena un producto energético útil a nivel cósmico llamado askokin, de similares propiedades al loosh. El desaparecido maestre de la orden rosacruz chilena y director del Instituto Filosófico Hermético, John Baines (Dario Salas Sommer), comentaba:
Si fuéramos dioses perversos o expoliadores inmorales, no podríamos idear nada mejor para hacer trabajar tranquilos a un grupo de esclavos que hacerles creer por medio de hipnosis colectiva que son felices e importantes. Contaríamos con perfectos autómatas de protoplasma que laborarían incansablemente produciendo aquello que a nosotros nos interesara. Por añadidura, estos robots se fabricarían y mantendrían a sí mismos.
Para culminar esta entrega y volver a encausar nuestro análisis bíblico en relación a la teocracia mosaica, en su libro El Hombre Estelar, Baines se refiere a la fallida labor de Moisés durante la liberación de los judíos de su esclavitud en Egipto, puesto que su accionar, haciendo un ritual de invocación mediante el uso de las sagradas artes egipcias, atrajo a una entidad demoníaca a la que, curiosamente, sólo menciona con una Y.:
Todos conocen la aparición de Moisés flotando en una cesta en el río, y su posterior adopción, circunstancia que indujo a engaño a los sacerdotes egipcios de aquella época, quienes tomándolo por egipcio llegaron a iniciarlo en los misterios de la magia ritual, que es un método para hacer vibrar notas claves de la naturaleza y producir así ciertos fenómenos que el operador desea lograr. El estudio de la física atómica nos muestra en teoría que es posible producir cambios o transmutaciones en la materia, por lo que no tiene nada de milagroso que estas mutaciones se lleven a cabo por procedimientos secretos. A pesar de su identificación esotérica con la magia egipcia, Moisés siempre permaneció fiel a la sangre de sus ancestros, por lo cual su más fuerte deseo era el de constituirse en el líder que liberara a su pueblo de la esclavitud, conduciéndolo a la tierra prometida. Guiado por este deseo, Moisés, consciente de las poderosas fuerzas que había aprendido a manejar, concibió una audaz idea: realizar un pacto o alianza mágica con un ángel, criatura divina que se encargaría de darle el poder y la ayuda del cielo para salvar a sus hombres.

Después de una larga preparación llevó a cabo, en la más profunda soledad, la ceremonia ritual con las palabras mágicas e invocaciones correspondientes. En medio de impresionantes fenómenos atmosféricos y telúricos hizo su aparición un ser de impresionante presencia, que hizo temblar de pánico a Moisés por la tremenda fuerza que proyectaba. Jamás sabremos ni nos será posible imaginar las condiciones en las cuales se llevó a cabo el pacto entre el hombre y el cielo. El ángel accedió a todo lo que Moisés le solicitaba y prometió su ayuda, exigiendo en cambio una irrestricta obediencia. Le reveló su nombre que era Y., y le pidió que en señal de unión todos sus seguidores debían experimentar una pequeña operación quirúrgica de tipo ritual, con leve derramamiento de sangre. Todo hombre que pasaba por esto llegaba a ser hijo de Y. La sangre que se derramaba sellaba este pacto.

A partir de este día, Moisés, revestido de un poder sobrehumano comienza a realizar toda clase de actos de magia, convirtiendo en el centro de su poder al “Arca de la Alianza.” Toda clase de plagas y calamidades fueron enviadas sobre Egipto e incrédulos y rebeldes eran fulminados por la ira de Y. De esta manera el pueblo de Moisés iniciaría el éxodo que habría de durar 40 años. Posteriormente, Y., el poder oculto tras el líder, comenzó a cambiar súbitamente su manera de proceder, empezando a formular extrañas exigencias, cuyo común denominador era el derramamiento de sangre. Moisés, sobrecogido, empezó a darse cuenta de la magnitud del error cometido, al comprender que el “ángel divino” era en verdad “ángel de las tinieblas,” polo opuesto al de la potencia luminosa que él había pretendido evocar. Este “ángel infernal” era uno de los integrantes de las huestes de las sombras, vampiro que para mantener su poder y fortaleza necesitaba beber sangre humana, esencia cargada de la vitalidad que otorga la chispa divina. Es por eso que a lo largo del éxodo se producen tantos incidentes de sangre, provocados por el oculto dictador.

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