Depuración hiperdimensional: ultores e implantes

El mundo antiguo había visto nacer las religiones mistéricas grecorromanas en cuyo seno se albergaba la posibilidad de vencer al destino, convirtiendo a sus adeptos en dioses exonerados de los malestares corporales, liberados de las desdichas mundanas y capaces de eludir las oscuras influencias astrales que aquejaban a sus congéneres mortales. Desconocemos las particularidades de sus enseñanzas pues un juramento perenne obligaba al silencio más absoluto de sus iniciados y tan sólo unas hebras deshilachadas han llegado a nuestros días. Aunque este mismo proceder lo vemos luego en la alquimia medieval, cuando el mutismo del argot sometió las enseñanzas a complicadas analogías sobre compuestos herméticos que se destilaban en ventrudas redomas y burdos metales que, merced a la pericia del Arte, transmutaban en preciosos durante aquella secreta y encumbrada teofanía mineral.

Marsilio Ficino, el famoso sacerdote filólogo del siglo XV, mientras trabajaba en la interpretación de los diálogos platónicos fue convocado sorpresivamente por su mecenas para abocarse a tiempo completo en traducir un curioso tratado recién recuperado de un monasterio bizantino: el Corpus Hermeticum. Pero, ¿cuál fue la razón del tal apuro? Su patrocinador, Cosme de Médici, gran coleccionista de libros y manuscritos, quien había dispuesto parte de su fortuna en la restauración y conservación de bibliotecas, estaba enfermo; pero el hallazgo del antiguo escrito le daba esperanzas: sospechaba que allí se divulgaría la arcaica disciplina, la philosophia perennis, una ciencia antigua —incluso anterior al cataclismo del que hablaba Platón— que prometía la restitución de todas las taras psíquicas y de las enfermedades del cuerpo.

El tonsurado renacentista procedió sin demora. En parte para favorecer a su acaudalado protector pero también porque conjeturaba algo parecido y perseguía el anhelo de resolver un problema que lo agobiaba desde su infancia: la melancolía. Decía el sacerdote que esta enfermedad era común entre los intelectuales y estudiosos, debido a la marcada influencia de Saturno, pero ni los astrólogos ni los médicos —algo así como los psicólogos y los clínicos de aquella época— encontraban una cura para esa profunda tristeza, seguida de decaimiento anímico que decantaba en una baja autoestima y que hoy conocemos como depresión. Ahora bien, el ojo entrenado no hallará más que sutiles diferencias con la fórmula del loosh destilado (DLP formula: distilled loosh producers) que fue implantada en las unidades 4M (el homo sapiens) por los Sembradores descritos en las obras de Robert Monroe:
Allí estaba: una unidad experimental del Cuarto Cultivo Modificado, una de las que contenía una Pieza de Sí Mismo dentro de su patrón funcional. Estaba parado, sólo, bajo la frondosa porción superior de una gran unidad del Segundo Cultivo [un árbol]. No estaba “hambriento.” Tampoco estaba en conflicto con otra unidad de cultivo. No estaba actuando en defensa de sus “crías.” Entonces, ¿por qué emanaba Loosh destilado en tan gran cantidad? Un Sembrador se acercó. Su percepción se proyectó dentro de la unidad del Cuarto Cultivo Modificado y luego lo supo: ¡La unidad estaba melancólica! Fue este efecto el que produjo el destilado de Loosh. Cuando el Sembrador se retiraba notó otra inusual inconsistencia: el Cuarto Cultivo Modificado repentinamente se había dado cuenta de su presencia. Se había desvanecido y ahora se sacudía en extrañas convulsiones. Un líquido transparente estaba siendo expulsado de los dos orificios que perciben la radiación lumínica. Con esto, el Loosh destilado se hizo aún más pronunciado.
Fue a partir de esto que los Sembradores obtuvieron su ahora famosa Formula de loosh destilado y que está vigente en el Jardín en este momento. El balance de la historia es bien conocido. Los Sembradores incluyeron esta modificación fundamental en su fórmula: “La creación de Loosh puro y destilado se produce en unidades Tipo 4M por la acción de una profunda tristeza y falta de realización, pero sólo si dicho patrón se promulga a un nivel vibratorio por encima de los límites sensoriales del medio ambiente. A mayor intensidad de dicho patrón, mayor será la producción de Loosh destilado.”
El prestigioso artista Durero (1) y
su genial grabado: Melancolía I
(apréciese el putti, figura
mediadora entre el Cielo
y la Tierra: nuestro
infans solaris)
Sin embargo, la erudición de Ficino llegó aun más lejos: al trabajar en la traducción encontró no sólo los ecos rudimentarios de un secreto proceder, sino también halló la confirmación a sus miedos más viscerales: la humanidad no era propiedad de un Dios benevolente y afable como enseñaba el dogma de su religión; se trataba, más bien, de uno de los experimentos de una raza de dioses belicosos y perversos que habían logrado encerrar la chispa divina en cuerpos orgánicos destinados a una descomposición lenta y dolorosa, para luego atarlos a un nuevo nacimiento mortal: el ciclo incontrolable de vida y muerte; entendió que el Disco del Zodíaco no se diferenciaba de la Rueda de la Fortuna y logró establecer un vínculo entre los temidos demonios egipcios y caldeos: los Decanos —que hoy los rosacruces llaman Arcontes y la ufología Reptoides y en las obras de Robert Monroe se denominan Sembradores,— los responsables de inyectar en determinadas personas, aquellas dedicadas a la búsqueda de conocimiento, ciertos implantes: los ultores, elementos exógenos dentro de la psique y el cuerpo, que torturan y hacen poco llevadera la vida de su anfitrión; Frances Yates en Giordano Bruno y la Tradición Hermética comenta:
Los treinta y seis decanos o treinta y seis dioses que gobernaban las divisiones de diez grados obtenidas a partir del círculo del zodíaco constituyen un elemento egipcio plenamente incorporado a la astrología helenística, antecedente inmediato de los filosóficos herméticos. Los egipcios, aquel extraño pueblo, habían divinizado el tiempo, no tan sólo astralmente, sino en el sentido mucho más concreto de que cada uno de los momentos del día y de la noche poseía un dios propio que debía ser aplacado a medida que iba transcurriendo el tiempo. Los decanos, que recibieron tal nombre en la época helenística, eran, de hecho, divinidades sidéreas egipcias del tiempo, integradas posteriormente por la astrología caldea y asociadas al zodíaco. Todos ellos tenían imagen propia, variable según fuera la lista en la que se hallasen incluidos, y tales listas conteniendo las imágenes milagrosas de los decanos provenían todas ellas de los archivos de los templos egipcios. Los decanos poseían varios aspectos diferentes y cada uno de ellos con un significado astrológico preciso como “Horóscopos” que presidían todas las formas de vida nacidas durante el período de tiempo controlado por ellos.
Pero había una salida de este tiempo controlado: Hermes se la confió a su hijo Tat y en el Pimander (Poimandrés) también se revelaba como la Disciplina de la Regeneración, aquella que transmutaba los ultores en potencias. La Kabbalah, que fue estudiada en detalle por Giovanni Pico della Mirandola —aprendiz y seguidor de Ficino,— parecía ofrecer una explicación similar cuando la disposición de las diez esferas del Árbol de la Vida se sobreimponían como un mapa hermético de los centros psíquicos del organismo humano: el secreto objetivo final consistía en remover los ultores allí encerrados para transmutar su aspecto klifótico o destructivo en sefirótico o creativo; continúa Yates:
Pico cita a partir del Corpus Hermeticum, XIII, según la traducción de Ficino, en la que las doce “puniciones” materiales se hallan traducidas como “ultores” exactamente en la misma forma en que las reproduce Pico, salvo por el hecho de que éste ha reducido en dos el número, dejando en diez las doce “puniciones” o fuerzas diabólicas de la materia. Se recordará que en el Corpus Hermeticum, XIII, las doce “puniciones,” que proceden del zodíaco y representan al hombre sometido al poder de las estrellas, son anuladas a través de diez fuerzas buenas o Potestades o Virtudes divinas, y que una vez conseguida esta victoria el alma redimida entona el himno “ogdoádico.” Pico tenía una razón para reducir a diez el número de los “ultores,” su intento de establecer una estrecha conexión con la cábala [...]

[...] para Pico, las “puniciones” herméticas corresponden a las diez características diabólicas de la cábala que son finalmente expulsadas por sus opuestas del campo del bien —es decir, de los diez sefírot— en el curso de una experiencia de la que no habla en las conclusiones cabalísticas porque es demasiado secreta y sagrada para divulgarla. Resumiendo (al menos ésta es mi interpretación), Pico cree que la experiencia fundamental del cabalista, una vez los diez sefírot o Potestades y nombres de Dios han tomado como morada su alma después de haber expulsado a las fuerzas del mal, es idéntica a la experiencia vivida por el hermetista cuando las Potestades, una vez han conseguido expulsar a las puniciones, se enseñorean de él y cantan juntos el himno “ogdoádico” de la regeneración.
Creemos que, por el momento, no será necesario agregar nada más para demostrar que las mismas inquietudes esotéricas eran perseguidas desde la antigüedad en las civilizaciones egipcia, caldea y helénica; más tarde, durante el medioevo fue el redescubrimiento, por medio de los accidentados trabajos de Ficino y John Dee entre otros, de la philosophia perennis que dio paso al Renacimiento y que nutrió el dogma de las sectas isabelinas; y en la actualidad, la interferencia exógena ha sido etiquetada de diferentes maneras pero compartiendo la misma médula semántica; de la traducción de la obra del doctor William J. Baldwin, Encuentros cercanos del VI tipo (C.E.VI: Close Encounters of the Possession Kind):
La banda de metal alrededor de la cabeza, justo encima de los ojos, casi siempre es un dispositivo alienígena, colocado por extraterrestres con el propósito de supervisión, comunicación y control de un ser humano. La banda no es sólida, de metal fisico como lo conocemos, sino etérica; la forma de energía se aprecia como metálica al anfitrión sólo al ingresar en un estado de conciencia alterado. Existen muchos tipos de implantes, y este dispositivo causó un dolor pronunciado, como si reaccionara, al ser descubierto durante la sesión.

[...] El operador dijo que existen cientos de subestaciones, como denominaba a su “nave,” que permanecen en órbita geoestacionaria, a lo largo de todos los países, en cada sitio de población masiva humana. Para capturar a un humano, se procedía primero a transformar en partículas sutiles, a un nivel molecular, para ser luego transportado en cada nave y ser “procesado” por los operadores; allí eran reintegrados en una forma física sutil, implantados, y posteriormente volvían a su anterior lugar de residencia a través del mismo procedimiento. Efectivamente de esa manera se “opera” sobre el cuerpo físico durante una abducción de clase etérica.
Los “wanderers” de las canalizaciones modernas, como el Material Ra y las Sesiones Cassiopaea, aquellos individuos que comparten la virtud del amor al saber puro, son los blancos preferidos para la inyección dentro de su cuerpo energético de estos mecanismos etéricos para imponer una o más limitaciones a su actuación en el plano físico. Los ultores o implantes no pueden ser “desactivados,” en el sentido literal, probablemente porque poseen mecanismos reactivos inteligentes (2) que harían cesar las actividades biológicas del anfitrión. En la sesión del 17 de Junio de 1995 se agrega algo de luz al respecto:
P: (Terry) ¿Cómo es que regresa el implante al cuerpo de tercera densidad que originalmente todavía está aquí?
R: El proceso del que hablamos, el cual involucra la remolecularización, es muy complejo como para describirlo detalladamente pues consiste en el procedimiento en que la cuarta densidad es traducida dentro de la tercera densidad; sucintamente radica en que, una vez obtenido el duplicado, es decir, al estar clonado en la cuarta densidad, todas las actualizaciones producidas en este duplicado serán reflejadas en el de tercera densidad, cuándo y en dónde se desee. Ya que, en efecto, todo el nivel de densidad es el que está siendo intercambiado, no sólo el objeto contenido.
P: (Laura) Entonces, en otras palabras, tal como la huella del alma, cuando va a cuarta densidad, puede ser usada como una plantilla para crear una copia al carbón, por así decirlo, entonces cualquier cosa que se le haga a la copia al carbón se vuelve una plantilla que recrea esa misma manifestación cuando es enviada de regreso a la tercera.
R: Precisamente, con la única diferencia que la tecnología es usada para asegurarse que los implantes, o materiales añadidos que vienen de cuarta densidad, también se traducirán dentro de la tercera densidad, a través del proceso de remolecularización.
P: ¿Hay algún método que pudiéramos o debiéramos conocer para quitar o desactivar los implantes de cuarta densidad?
R: No, no tienen la capacidad de hacer eso sin causar la muerte del anfitrión. Y, por cierto, por favor no le crean a aquellos que afirman que pueden hacer tales cosas, ya que no pueden. Cualquier afirmación que involucre la sustracción de estos implantes, están relacionadas con aquellos que han sido colocados por seres de tercera densidad con propósitos de desinformación y confusión.
La única forma de “desactivar” los implantes realmente implica la “muerte” del anfitrión, pero es a través del proceso regenerativo del cuerpo energético —en términos alquímicos: recuperar la capacidad “vegetativa” del árbol seco,— que se proporciona entonces la posibilidad para un “nuevo nacimiento.” Para ello, es necesario cultivar el destilado precioso durante la primera y ardua fase regenerativa que conlleva prolongados y hercúleos esfuerzos, de manera que los acumuladores orgónicos del cuerpo atesoren la energía sublimada para así reponer la actividad del organismo luego del shock nervioso que implica el nacimiento de la supraconsciencia, cuando la inmaculada luz deífica del Albedo se abra paso desde las profundas tinieblas del Nigredo. Nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad podrán hallar la explicación detallada de la arcana pericia que hemos etiquetado como harnelmiatznel consciente.

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La evolución de la oriflama tripartita

En aras de generalizar positivamente nuestra ciencia, perdiendo cierto tinte alquímico pero sin desmerecer la arcaica tradición, podemos ofrecer algún marco biopsíquico al “proceso de ascensión,” que reviste de tres regímenes canónicos: el Nigredo, el Albedo y el Rubedo; aunque ampliados con la fase intermedia Citrinitas que se sintetiza en la enigmática frase “la Tierra es negra, el Agua es blanca; el Aire se vuelve más amarillento cuando más se acerca al Sol; el Éter es completamente rojo.” Pero el enigma quedará resuelto si se la interpreta considerando el acopio y sublimación del qi, como una fase de fuerte inversión y grandes condicionamientos bioenergéticos: el organismo afronta un cambio dramático durante el templado del atanor de manera de acondicionar la región del plexo solar que se convertirá en el repositorio del jing sublimado, conjuntamente con la erradicación de los estupefacientes endógenos que acompañan la usual pérdida del húmedo radical, sumándose la labor esforzada del centro cardiorespiratorio donde se produce la mixtura de los agentes que desencadenan el harnelmiatznel consciente para la producción del compuesto alquímico microcósmico.

¿Cuál es la bioquímica subyacente en este excepcional compuesto? Aun no podemos más que brindar una ristra de teorías y débiles deducciones; empero, podemos aventurar que no existe análsis clínico que pueda ofrecer una conclusión médica nueva: no se aprecian cambios mensurables en la química de la sangre o en los residuos de la orina. Por lo tanto, concluimos en que el proceso alquímico impacta, al menos en un principio, sobre el cuerpo energético. Quizá explique el por qué de los cambios iniciales comiencen siempre por sutiles variaciones del tono psíquico que luego alcanzan un denodado acento, y más tarde se somatizan, modificando la cronotropía e inotropía cardíaca para finalmente aquejar el ritmo respiratorio y la secreción gástrica; del libro El Tercer Ojo y Kundalini del doctor Bhim Sain Goel:
Desde el mismo día del despertar de Kundalini, mi respiración se había alterado considerablemente. No sólo solía cansarme con mucha facilidad, sino que también tenía dificultades para inhalar con cierta relajación. La inhalación y exhalación eran a menudo tan rápidas que cualquiera a mi lado se daría cuenta de inmediato. La respiración solía funcionar como si estuviera siguiendo una muy conocida técnica de pranayama, llamada bhastrika. Personalmente, creo que durante la activación de Kundalini que no es otra cosa que fuego, uno requiere más oxígeno y que, por ende, respira tan rápido.
Si durante el promedio del primer régimen del mercurio, pareciera que todo el sistema autónomo se rebelara contra la concentración del compuesto, la fría oscuridad que precede al moroso amanecer se intensifica cuando el aparato nervioso se ve sobreestimulado, perdiendo periódicamente el control en las reiteradas y embravecidas tormentas del mar endócrino, cuando las secreciones internas lleven al organismo a desasosegados cuadros de disautonomía durante la batalla de los opuestos: el enfrentamiento que se produce entre el sistema simpático y el parasimpático; en Histoire des Oiseaux en l'Autre Monde, el poeta francés Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac nos describe en singular prosa el combate que irrumpe —a condición de haber mantenido el principio hermético por más de un año— entre el cálido Vaso Gobernador (Tu-Mo daoísta o Pingala hindú) y el frío Canal de Función (Jen-Mo o Ida):
Caminé aproximadamente el espacio de cuatrocientos estadios, al final de los cuales advertí, en mitad de una campiña muy grande, cómo dos bolas que, tras haber girado una en torno a la otra durante mucho tiempo ruidosamente, se acercaban y, luego, retrocedían. Y observé que cuando se producía el encuentro se oían aquellos grandes golpes, pero a fuerza de caminar más adelante reconocí que lo que de lejos me habían parecido dos bolas eran dos animales, uno de los cuales, aunque redondo por debajo, formaba un triángulo por en medio, y su cabeza, muy elevada, con su roja cabellera que flotaba hacia atrás, se agudizaba en forma de pirámide, su cuerpo aparecía agujereado como una criba, y a través de esos orificios menudos que le servían de poros, veíanse deslizarse llamitas que parecían cubrirlo con un plumaje de fuego.

Paseándome por los alrededores, me encontré con un anciano muy venerable que contemplaba este famoso combate con tanta curiosidad como yo. Me hizo signo de acercarme, obedecí y nos sentamos el uno junto al otro [...]

Al comienzo del combate, la salamandra [sistema simpático], a causa de la vigorosa contención de su primer ardor, había hecho sudar a la rémora [sistema parasimpático], pero a la larga, este sudor se enfrió y esmaltó toda la llanura de una costra de hielo tan resbaladiza, que la salamandra no podía acercarse a la rémora sin caerse. El filósofo y yo nos dimos cuenta de que a fuerza de caerse y levantarse tantas veces, se había fatigado, pues los estallidos de trueno, antes tan espantosos, a que daba lugar el choque con que embestía a su enemiga, ya no eran más que el ruido sordo de estos golpecitos que marcan el fin de una tempestad, y este ruido sordo, amortiguado poco a poco, degeneró en un bufido semejante al de un hierro al rojo que se sumerge en agua fría. Cuando la rémora comprendió que el combate tocaba a su fin por el debilitamiento del choque a causa del cual ella se sentía apenas quebrantada, se levantó sobre un ángulo de su cubo y se dejó caer con todo su peso encima del estómago de la salamandra, con tal éxito que el corazón de la pobre salamandra, donde se había concentrado todo el resto de su ardor, se quebró y dio un estallido tan espantoso que no sé nada en la Naturaleza que se le pueda comparar. Así murió la bestia de fuego, bajo la perezosa resistencia del animal carámbano.
Cyrano de Bergerac describe el trayecto del fuego secreto por el plexo solar —la campiña muy grande— a medida que atraviesa los tres granthis: los nudos psíquicos donde Pingala, Ida y la médula espinal, el canal central Sushumna se entrecruzan con estentóreas consecuencias para el organismo, y hábilmente se adelanta a la siguiente etapa de la Obra Magna, presentando al anciano y venerable filósofo quien contempla pero no interviene aun en las batallas. El filósofo no es otro que el sub-mayordomo del Cuarto Camino, el centro mental de la incipiente supraconciencia, todavía en vías de desarrollo, que sólo puede observar los acontencimientos durante la etapa del Nigredo, ya sin los topes psicólogicos (buffers) que previamente amortiguaban las impresiones y ahora desencadenan una acentuada reactividad emocional a las vicisitudes terrenales, pues el obrero del arte se ve privado de la anestesia endógena, producto del implacable mantenimiento del principio hermético.

Nuestro apreciado John Ronald Reuel Tolkien ejercita con esmerada vehemencia la encumbrada pluma del arte al describir la batalla del iatromantis Gandalf el Gris, quien enfrenta al poderoso y demoníaco Balrog en el ascendente viaje desde las extremas fundaciones de piedra en los oscuros abismos, escalando a través de la pétrea escalera en espiral hasta los nevados picos de la sombría montaña de Moria,(1) triunfando sobre la potestad draconiana pero, no obstante, muriendo tras la contienda: “... me envolvieron las tinieblas —hace decir al entrañable mago itinerante, cuando reaparece como el Caballero Blanco— y me extravié fuera del pensamiento y del tiempo, y erré muy lejos por sendas de las que nada diré.

Esta muerte iniciática es temporal, sin embargo, la conciencia vigílica lleva un claro recuerdo de todo lo acontecido en las densidades superiores, y su subsecuente «resurrección» constituye el segundo nacimiento neotestamentario del que nos habla Jesucristo; se trata, en definitiva, del resultado directo del nacimiento de la supraconciencia: el anciano y venerable filósofo, ahora principio operador o Mayordomo de la Gran Obra, toma las riendas y se convierte, en las palabras de Mathurin Eyquem De Martineau, en el Piloto de la Onda Viva.

Lumen Coeli del artista
ruso Nikolai Roerich
La iluminación produce el blanco de la obra. Aunque, hemos de prevenir a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad, que el régimen del albedo no es el momento de completo sosiego ni la hora de escatimar en esfuerzos. Son todavía comunes las tormentas inusitadas aunque efímeras; y serán aun frecuentes algunos desequilibrios nerviosos, dado que la limpieza de la médula ósea es reciente y la comunicación entre los centros psíquicos superior e inferior es débil; se requerirán de grandes dosis del ens seminis para la labor intensificada del nuevo centro nervioso, así que las molestias del bajo vientre pueden intensificarse. El adepto ha de nutrir al “bebé shen” con dedicación y esmero, oficiando como nodriza de nuestro “infans solaris,” también conocido como la “Shekinah” o carroza divina de la Kaballah, el “Hijo del Hombre” del cristianismo, la “Sakina” del sufismo o la caperuza “Mukalinda” del budismo que recuerda a las conchas de Santiago de Compostela de celebrada aparición en la iconografía alquímica. Gopi Krishna en su libro Kundalini: el Yoga de la Energía nos relata su experiencia:
Hago sólo una simple exposición de los hechos cuando digo que durante años me sentí como si estuviera atado de pies y manos a un tronco que corría enloquecido por un torrente, salvado milagrosamente una y otra vez, por un escaso margen y justo a tiempo, de morir estrellado contra las muchas rocas que sobresalían del agua que se arremolinaba por todas partes, dando vueltas y serpenteando en todas direcciones, como si fuese guiado por una mano maravillosamente rápida y diestra, infaliblemente precisa en sus movimientos. Durante años, cuando de noche estaba tendido y despierto en la cama esperando que llegase el sueño, a menudo sentía cómo la nueva y poderosa energía vital se extendía como una tempestad por las zonas abdominales y torácicas al igual que por el cerebro con un bramido en los oídos, una lluvia centelleante en el cerebro y un movimiento febril en la zona sexual y alrededor de ella, en la base de la espina dorsal, tanto delante como detrás, como si estuviese haciendo un esfuerzo supremo para combatir una emergencia causada por algún veneno u obstrucción en el organismo que amenazaba el estado suprasensible y extremadamente delicado del sistema cerebro-espinal.

En esos momentos sentía instintivamente que se estaba produciendo una lucha a vida o muerte dentro de mí, en la que yo, el dueño del cuerpo, no podía tomar parte, y me veía obligado a quedarme quieto y observar como espectador el extraño drama que se desarrollaba en mi propia carne. Nada podría expresar mi estado tan gráficamente como la representación de Shiva y Shakti, pintada por un antiguo maestro, en que el primero se representa tumbado impotente y supino mientras la segunda, en un estado de ánimo de total imprudencia, baila alegremente sobre su cuerpo abatido. El observador agazapado en mí, el supuesto poseedor del cuerpo carnal, ahora completamente sojuzgado y apartado a un segundo plano, se encontraba a merced, literalmente bajo los pies, de un poder atemorizador indiferente a lo que pensaba y sentía, y que procedía, impasible, a tratar el cuerpo como quería sin concederle el derecho de saber lo que había hecho para merecer ese ultraje. Tenía motivos para creer que dicha representación fue diseñada para ilustrar un estado exactamente como el mío por un iniciado que también había pasado por la misma dura prueba.
Si hemos de aceptar los tiempos que ofrece el experimentado doctor Jwing-Ming Yang, el período que cubre el régimen del albedo se prolonga por tres años, cuando el bebé yin shen evoluciona hacia yang shen. La visión daoísta concuerda en la duración y sostiene que el crecimiento del embrión áureo involucra su pérdida del principio negativo en pos del positivo siempre a través de la nutrición del caldo aurífero, razón por la cual se enfatiza el crucial mantenimiento de las reglas del arte; el doctor B.S. Goel continúa:
Con el paso del tiempo, descubrí que las sensaciones dolorosas en [la región kanda del cuerpo: en los nervios y venas situados debajo de los testículos] se aminoraban. No obstante, los efectos secundarios de la descarga aparecían en la mente en la forma de una profunda depresión. Y no sólo la depresión, sino que constataba que incluso mi irritación e ira también aumentaban. Si esta descarga sexual no se producía en varios días, invariablemente me sentía, en gran medida, pleno de felicidad y estabilidad. Me dio también una clara señal en cuanto a que los antiguos nervios y las formaciones conductuales contenidas en ellos se quemaban más fácilmente y aumentaba la velocidad de la evolución. Basado en estas observaciones, deduje que la preservación del semen es una de las cosas más importantes para todos aquellos que deseen seguir la senda de la meditación y el yoga, en especial para aquellos cuya Kundalini se haya activado.
Según distintas escuelas de pensamiento, la consecución de esta fase logra la santidad y la emancipación casi completa del sistema de control hiperdimensional, es decir, de los vaivenes de la Rueda de la Fortuna que denuncia el ocultismo. La distinguida académica inglesa Frances Yates en su obra Giordano Bruno y la tradición hermética, en el cap. II: El Pimander de Ficino y el Asclepius, al explicar la traducción que hace el filólogo renacentista Marsilio Ficino al tratado de regeneración egipcio: El discurso secreto de Hermes Trismegisto a su hijo Tat en la montaña, anexa el siguiente comentario sobre el resultado de la transmutación de los “ultores,” que hoy la ufología reconocería como “implantes:”
Al comentar este tratado, Ficino confronta la expulsión de los ultores y su sustitución por las Potestates Dei [poderes deíficos] con la experiencia cristiana de la regeneración en Cristo, el Verbo y el Hijo de Dios. En efecto, tal como pone en evidencia Festugiére, esta experiencia gnóstica parece ser algo similar a la gracia que actúa cancelando la predestinación impuesta por las estrellas. Reproduzco acto seguido una lista de las Puniciones y las Potestades según la traducción latina de Ficino [...]:
PUNICIONESPOTESTADES
Ignorantia [ignorancia]Cognitio Dei [conocimiento de Dios]
Tristitia [tristeza]Gaudium [alegría]
Inconstantia [inconstancia]Constantia [constancia]
Cupiditas [deseo]Continentia [continencia]
Luxuria [lujuria]Castitas/Fortitudo [castidad/fortaleza]
Injustitia [injusticia]Justitia [justicia]
Deceptio [engaño/mentira]Veritas [verdad]
Invidia [envidia]Bonum [bondad]
Fraus [fraude]Lumen [luz]
Ira [ira/violencia]Vit [vida]
Temeritas [miedo/temor]-
Malitia [aflicción]-
De exponer una explicación que nos oriente a una visión más positiva del fenómeno, el régimen del nigredo parece poner en funcionamiento un núcleo neuronal preexistente pero inactivo en el hombre mundano, mientras que durante el albedo todo indica que este centro desarrolla astrocitos gliales que sirven de sede a nueva y flamante materia gris, (2) y que finalmente comienza a sincronizarse con la neocortex, (3) dirigiendo de ahora en más toda la orquesta cerebral. Este nuevo centro indudablemente es el rector del tercer ojo o visión interior —un órgano atrofiado que recupera su actividad a través del ens seminis sublimado— y que amplía la interpretación del entorno a la cuarta densidad. En un terreno totalmente hipotético, este centro incipiente parece recibir una influencia regente completamente diferente a la del cerebro reptiliano (complejo-R), que explicaría la autonomía frente a la manipulación hiperdimensional que caracteriza a la humanidad dormida.

Una vez desarrollado y consolidado el centro mental de la supraconciencia, se ingresa al régimen citrinitas, del cual nuestro respetado Fulcanelli nos certifica la obtención de la serenidad tan anhelada (Las Moradas Filosofales, cap. El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre):
Este criterio es, pues, insuficiente, aunque justifica este axioma conocido de que toda materia seca se disuelve y se corrompe en la humedad que le es natural y homogénea. Es la razón por la cual ponemos en guardia al principiante y le aconsejamos, antes de entregarse a los transportes de un gozo sin mañana, aguardar prudentemente la manifestación del color verde, síntoma del desecamiento de la tierra, de la absorción de las aguas y de la vegetación del nuevo cuerpo formado.

Así, hermano, si el cielo se digna bendecir tu labor, y, según la palabra del adepto, si te fata vocant, obtendrás primero la rama de olivo, símbolo de paz y unión de los elementos, y, luego, la blanca paloma que te la haya traído. [...]
Completado este régimen, la «mente zen» o de verdadera serenidad en términos taoístas, tiene la capacidad de mover el punto de encaje, del que hablaba el antropólogo peruano Carlos Castaneda, desde el centro de atención vigílico en tercera densidad hacia la supraconciencia en cuarta densidad, generando a voluntad el estado de samādhi.

Del régimen del rubedo poco diremos; tan sólo que la completitud de la etapa previa, citrinitas, y la evolución al centro púrpura cubre un total de nueve años. Y añadimos una advertencia que hemos hallado en múltiples tratados budistas: si bien ya es posible realizar viajes astrales prolongados, se advierte el evitar a las entidades parasitarias hasta completar la maduración total de la supraconciencia; además, se debe considerar el riesgo que el embrión desarrollado no desee retornar al cuerpo físico, encontrándolo como un hábitat despreciable y hediondo, e intentando emanciparse antes de tiempo; por lo cual se aconseja reiteradamente cumplimentar la cantidad total de años para obtener de manera definitva las facultades taumatúrgicas (el bienaventurado “don de Dios”), y erradicar cualquier peligro en cuarta densidad.

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La desintegración positiva en el proceso de iluminación (I)

El proceso psíquico de catarsis y transmutación que detona el harnelmiatznel consciente entre el Agua de Vida y el Espíritu Igneo puede ser estudiado de manera positiva bajo la teoría de la desintegración psicológica fruto de la esmerada labor del psiquiatra polaco Kazimier Dabrowski en sus estudios sobre la Higiene Mental.(1) El maestro alquimista Fulcanelli, no dejó de mencionar veladamente estos trabajos internos de “podado psíquico” sobre ciertos bloques patológicos presentes en el aspirante al adeptado:
Hemos dicho, y lo repetimos, que el objeto de la disolución filosófica es la obtención del azufre que, en el Magisterio, desempeña el papel de formador al coagular el mercurio que le está unido, propiedad que posee por su naturaleza ardiente, ígnea y desecante. «Toda cosa seca bebe ávidamente su húmedo,» dice un viejo axioma alquímico. Pero este azufre, a raíz de su primera extracción, jamás es despojado del mercurio metálico con el que constituye el núcleo central del metal, llamado esencia o semilla. De donde resulta que el azufre, conservando las cualidades específicas del cuerpo disuelto, no es, en realidad, más que la porción más pura y más sutil de ese mismo cuerpo. En consecuencia, podemos considerar, con la mayoría de los maestros, que la disolución filosófica realiza la purificación absoluta de los metales imperfectos. Pues bien; no hay ejemplo espagírico o químico de una operación susceptible de dar semejante resultado. Todas las purificaciones de metales tratados por los métodos modernos no sirven más que para desembarazarlos de las impurezas superficiales menos tenaces. Y éstas, traídas de la mina o acarreadas en la reducción del mineral, son, generalmente, poco importantes. Por el contrario, el procedimiento alquímico, al disociar y destruir la masa de materias heterogéneas fijadas en el núcleo, constituido por azufre y mercurio muy puros, destruye la mayor parte del cuerpo y la hace refractaria a toda reducción ulterior. [...]

Nadie podría discutir la importancia y la preponderancia de la disolución, tanto en química como en alquimia. Se sitúa en la primera fila de las operaciones de laboratorio, y puede decirse que la mayoría de los trabajos químicos están bajo su dependencia. En alquimia, la Obra entera no implica sino una serie de diversas soluciones. No cabe, pues, sorprenderse de la respuesta que da «el Espíritu de Mercurio» al «Hermano Alberto» en el diálogo que Basilio Valentín nos incluye en el libro de las Doce claves. «¿Cómo podría tener yo este cuerpo?», pregunta Alberto. Y el Espíritu le replica: «Por la disolución.» Cualquiera que sea la vía empleada, húmeda o seca, la disolución es absolutamente indispensable.
Añadimos, con las debidas reservas, que la diferencia entre la remoción de impurezas química y alquímica es el grado de consciencia o inteligencia de las fuerzas intervinientes; nos arriesgamos a plantear que el poder espiritual que opera sobre el obrero del arte es claramente una influencia inteligente y sensible, abierta a la consideración del individuo, materia primera y destinatario final del proceso de desintegración positiva o “disolución filosófica,” en tanto que la reacción química en los metales opera, si bien análogamente, bajo un nivel inherentemente mecánico.

No obstante, nos permitimos señalar que según nuestro estudio y experiencia sobre las disciplinas esotéricas que decantan en el Síndrome Kundalini,(2) las sucesivas desintegraciones conllevan una inusitada agrupación de sensaciones nerviosas junto a síntomas orgánicos detrimentales —en algunos casos llamativamente severos— tal vez en íntima relación al recableado neuronal operado sobre los sistemas simpático y parasimpático, detonados por la abundancia del nuevo suplemento energético provisto por el método de flujo inverso de la energía seminal.(3) En consecuencia, cuando el pandit Gopi Krishna postula que “... los impulsos simpáticos aceleran y los provenientes del parasimpático ralentizan el accionar del corazón; en cambio, la motilidad y secreción del tracto digestivo son aumentadas por los impulsos parasimpáticos y reducidos por los simpáticos,” hallamos sosiego en una explicación completamente lógica a las dificultades físicas, en particular, gástricas y cardíacas, de reiterada aparición durante la Obra Menor —la rectificación de los primeros tres chakras: correspondientes a Saturno, Júpiter y la Luna,— que más tarde se volverán trastornos esencialmente psíquicos durante la fase de la Obra Mayor —los siguientes tres chakras superiores: Venus, Marte y Sol— y que totalizan las seis caras de nuestra piedra cúbica. Dentro de la recargada simbología tanática de la alquimia occidental fue el jeroglífico de la mortificación el encargado de prevenir al aspirante sobre los procesos de putrefacción filosófica:
Gran cantidad de filósofos han adoptado este modo de expresión y han velado, bajo temas fúnebres o macabros, la putrefacción especialmente aplicada a la segunda Obra, es decir a la operación encargada de descomponer y licuar el azufre filosófico salido de la primera labor, para convertirlo en elixir perfecto. Basilio Valentín nos muestra un esqueleto en pie sobre su propio ataúd en una de sus Doce claves, y nos pinta una escena de inhumación en otra. Flamel no sólo coloca los símbolos humanizados de la Ars Magna en el cementerio de los Inocentes, sino que decora su placa tumular, que se ve expuesta en la capilla del museo de Cluny, con un cadáver comido por los gusanos y con esta inscripción: «De, terre suis et en terre retourne.» Senior Zadith encierra, en el interior de una esfera transparente, a un agonizante descarnado. Henri de Linthaut dibuja en una hoja del manuscrito de la Aurore el cuerpo inanimado de un rey coronado, echado en la losa mortuoria, mientras que su espíritu, en la figura de un ángel, se eleva hacia una linterna perdida en las nubes. Y nosotros mismos, después de estos grandes maestros, hemos utilizado el mismo tema en el frontispicio de El misterio de las catedrales.
Empero, nuestro análisis quedaría efectivamente incompleto de no agregar la intromisión de la componente hiperdimensional que, durante los momentos críticos de la prolongada fase del Nigredo, aparece acentuando los sincronismos negativos que rodean la “suerte” del obrero del arte. Sirva nuestra experiencia entonces para recomendar al aspirante atenta cautela y estoica espera durante los episodios de ansiedad, angustia y depresión asociados a la disautonomía general motivada en el organismo por el fragor de la “batalla de los opuestos” —cuando los sistemas endócrino y nervioso luchen por la soberanía del dominio corporal,— dado que ciertas entidades dañinas pretenderán maximizar el loosh vertido a través de esta primer desintegración positiva: pues, ¿qué otro comportamiento se podría esperar de estos seres psicopáticos más que el fraguado de eventos detrimentales para aumentar los picos de miedo y desasosiego?

Emblema 33° de Atalanta Fugiens,
cf. artesón III de la quinta serie:
SI.NON.PERCVSSERO.TERREBO
Como hemos ya visto en las similitudes del magisterio sufista y daoísta, la fricción de la que hablan Gurdjieff y Ouspensky, previa a la transformación del Sub-Mayordomo (el centro psíquico observador) en el Mayordomo (la evolución hacia un centro psíquico operador), conlleva elaborados estados de neurastenia. En la misma línea, el proceso Kundalini que detona las disciplinas yógicas hinduístas, uno de cada dos practicantes se topan con marcados trastornos de ansiedad antes o durante el proceso de iluminación: casos como los documentados por los doctores Bonnie Greenwell y Bhim Sain Goel.(4) De igual modo, la alquimia occidental presenta una analogía en la batalla entre la mente subconsciente (serpiente/dragón) y la mente consciente (león/águila) antes de la aparición del piloto de la Gran Obra; reiteramos entonces que el concepto del “piloto” alquímico es claramente equivalente al “mayordomo” sufista del Cuarto Camino; Gopi Krishna lo denomina como un centro mental latente que evoluciona, de contar con el suplemento seminal sublimado, en la supraconsciencia; mientras que Fulcanelli y el gremio de los alquimistas lo llaman echeneis o pez hermético del Mar Rojo:
Esta isla no es más que otra figura del pez hermético nacido del mar de los Sabios —nuestro mercurio que Hermes llama mare patens,— el piloto de la Obra, primer estado sólido de la piedra embrionaria. Unos lo han llamado echeneis y otros delfín con idéntica razón, porque si el echeneis pasa, en la leyenda, por detener y fijar los navíos más fuertes, el delfín, cuya cabeza se ve emerger en nuestro bajo relieve, posee un significado también positivo. Su nombre griego, δελφις, designa la matriz, y nadie ignora que el mercurio es llamado por los filósofos el receptáculo y la matriz de la piedra.
El caso de desintegración del doctor B. S. Goel, documentado en su libro El Tercer Ojo y Kundalini: relato empírico del viaje desde el polvo a la divinidad, es particularmente interesante ya que reviste varias precauciones físicas, chequeos emocionales y depuraciones mentales que todo aspirante debiera considerar como precondiciones, con objeto de minimizar los fuertes efectos físicos y psíquicos que demarcan las dos fases de la Gran Obra. Sentimos necesario advertir a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad que consideramos este relato como una apología al reclutamiento de un neófito dentro de una jerarquía teócrata,(5) dada la fijeza mental y emocional del autor para con su hipotético gurú. Pretendemos subrayar —aunque con un manto de severa piedad porque bien sabemos la inusitada coerción y programación a la que puede ser sometido un peregrino durante su infancia— que su vivencia detrimental durante los múltiples episodios de purgado psíquico pudieran estar acentuados debido a la anatemizante disposición sumisa de su sistema de creencias y en su errada ideología de someterse ciegamente a un dios, entregando su devoción y libre albedrío, careciendo de una sólida inversión emocional en sí mismo, condiciones que entendemos como una patente invitación a la intrusión hiperdimensional.

El relato se divide en tres grandes momentos de desintegración, todos precedidos de un fuerte shock emocional que, de acuerdo a nuestra investigación, la más de la veces produce un despertar anticipado de la supraconsciencia, sobre todo, como es el caso, cuando se desarrollan disciplinas yógicas como el pranayama; si sostenemos la analogía daoísta y comparamos la iluminación con el alumbramiento del infans solaris, un despertar precoz de la Kundalini podría verse como el parto de un bebé prematuro, y en tal caso, debiera extremarse las precauciones, dada la inmadurez del centro mental incipiente:
[...] comence a sufrir de incontenibles ataques de llanto en forma repentina. El ataque comenzaba en un estado de gran dolor. Lloraba y sollozaba de manera patética y luego, recuperaba automáticamente la compostura. En aquel momento no podía sospechar que esto se prolongaría por seis meses. De nada sirvieron el razonar, la autosugestión o el autoconsuelo. La idea de la muerte y de la demencia me dominaban con tanta fuerza que, simplemente, lloraba y lloraba. También me ponía a gritar en medio de los llantos: “¡Madre! ¿Quién cuidará de mí ahora? ¿Qué sera de mí ahora?”

Supuse que estos ataques de llanto se debían al proceso de disolución de los nervios formados en la etapa más infantil y, evidentemente, mi madre tenía una profunda conexión con estas formaciones nerviosas. Sin embargo, nadie a mi alrededor podía tener intuición alguna sobre estos asuntos. Nadie podía imaginar que estaba pasando por un proceso que sería más profundo y aterrador.
El ojo entrenado puede hallar llamativo que el doctor Goel desconociera el papel central que ocupa nuestro mercurio y la necesidad imperiosa de mantener, durante todas las fases de la obra, el principio hermético; muchos de los vaivenes emocionales que sufrió luego de la activación Kundalini —comparables a un trastorno bipolar— podrían estar en directa relación con que el embrión de la supraconsciencia carecía del destilado nutritivo:
Algo interesante que estaba observando en todo este proceso de Kundalini era que la energía sexual o el semen jugaban una parte muy importante. Con la activación de Kundalini, es el semen el que comienza a elevarse con las oleadas de prana. No tengo otra evidencia directa para tal conclusión, salvo mi propia experiencia. Lo podía sentir una y otra vez en mí. Pude llegar también a la misma conclusión, a través de muchas otras observaciones. En las primerísimas etapas de la actividad de mi Kundalini, por ejemplo, descubrí que en cualquier momento se producía una descarga sexual. Muy pronto me encontré en las garras del dolor tanto mental como físico. Esto no guardaba conexión alguna con mi pensar, como podrían sentirse inclinadas a imaginar algunas personas, así llamadas doctas, con conocimientos en psicología.

El dolor físico siempre se produce en los nervios y venas situados por debajo de los testículos y algo por encima del ano. Este es el punto que se conoce como
kanda en el lenguaje yógico de la India y que constituye el punto de partida de los nervios más importantes [...] Después de la descarga sexual, la sensación de estos nervios solía ser tan dolorosa que me maldecía por ello.
Ya en sus capítulos finales, Goel plantea un resumen brillante desde la óptica hindú al trabajo que opera la virgen negra Shakti en su tránsito ascendente hacia su esposo Shiva: la energía Kundalini comienza su camino bajo el elemento tierra, cuando atraviesa el chakra muladharaproduciendo el quiebre del ego, resultante de la dislocación de los dos nervios, del raga [apego] y el dwesha [rechazo], a partir del Brahma-randhra [Puerta Celeste en la coronilla]. Para la persona, tal cosa representa la experiencia de la muerte. El yo de la persona, tal como lo ha entendido hasta este suceso, cae en una terrible confusión y enorme sufrimiento.” El siguiente destino de la energía regeneradora consiste en llegar al chakra swadhistan, correspondiente al elemento agua, en donde se enmiendan “los vasanas [deseo sensual], vrittis [taras mentales] y otras impurezas contenidas en el chitta [almacenamiento de impresiones mentales], de manera que se limpie y purifique.” Estos dos primeros pasos preparan el centro instintivo y emocional, mientras que los tres chakras siguientes: Manipura, Anahata y Vishuda, correspondientes al elemento Aire, Fuego y Akasha, rectifican, aquietan y calman el centro mental. Paralelamente, este sería el objetivo central del Cuarto Camino que denomina como la fusión de egos.

Reconociendo la importancia del ineludible trabajo personal, no agregaremos más sobre esta obra que consideramos de suma importancia para preparar al aspirante ante días inciertos y noches turbulentas en el moroso caminando del adeptado hermético. Considérese que recomendamos su lectura por las experiencias que se desarrollan y de ningún modo avalamos el sistema de creencias teocrático como así tampoco la mayoría de las conclusiones a las que llega el autor.

Concluimos nuestro primer análisis arribando al siguiente corolario: la Iluminación, condición suficiente para la liberación de las ataduras físicas, no implica el logro de la autonomía emocional, requisito necesario para la emancipación espiritual. Todo trabajo alquímico exige no sólo de esfuerzo y perseverancia, sino de aplicar la labor crítica, timón único que debe ser operado a través del conocimiento riguroso junto a la experimentación juiciosa. Las distinguidas palabras con que Fulcanelli cierra el último capítulo de El Misterio de las Catedrales son más que elocuentes:
Nadie puede aspirar a la posesión del gran Secreto, si no armoniza su existencia al diapasón de las investigaciones emprendidas. No basta con ser estudioso, activo y perseverante, si se carece de un principio sólido y de base concreta, si el entusiasmo inmoderado ciega la razón, si el orgullo tiraniza el buen criterio, si la avidez se desarrolla bajo el brillo intenso de un astro de oro. La ciencia misteriosa requiere mucha precisión, exactitud y perspicacia en la observación de los hechos; un espíritu sano, lógico y ponderado; una imaginación viva sin exaltación; un corazón ardiente y puro.

Exige, además, una gran sencillez y una indiferencia absoluta frente a teorías, sistemas e hipótesis que, fiando en los libros o en la reputación de sus autores, suelen aceptarse sin comprobación. Quiere que sus aspirantes aprendan a pensar más con el propio cerebro y menos con el ajeno. Les pide, en fin, que busquen la verdad de sus principios, el conocimiento de su doctrina y la práctica de sus trabajos en la Naturaleza, nuestra madre común. Por el ejercicio constante de las facultades de observación y de razonamiento, por la meditación, el neófito subirá los peldaños que conducen al SABER.

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