miércoles, 22 de marzo de 2017

Dracomaquia: el primer régimen del mercurio de los sabios

La inusitada palabra harnelmiatznel en la enroscada semántica del prestigioso calvo enmostachado, podría convertirse en una útil brújula para el Obrero del Arte dado que esconde el arcano proceder que potencialmente le conducirá hacia la exoneración de la realidad entrópica. Puede que durante los primeros lavados ígneos que templan la superficie del atanor, los neófitos tengan permitido algún que otro titubeo en las proporciones del suministro y mixtura del compuesto hermético, pero llegado el momento de finalización del primer régimen del mercurio, será la noctívaga ebullición del húmedo radical el mecanismo urobórico que disciplinará cualquier opaca indulgencia en el moroso camino del adepto.

Aunque con cierta ironía, las crípticas bodas químicas de los rosacruces permitirán esclarecer entonces al pomposo término harnelmiatznel, esto es, “lo que está arriba se conecta con lo que está abajo y se une en el medio.” Si nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad interpretan con cuidado, observarán que existe una fuente en la raíz misma de la vida que encierra nuestro oro filosófico —sin duda empobrecido por costras inmundas de abajados impulsos que usualmente conmoverán a su naturaleza inferior— pero capaz de, una vez atemperado y sublimado el fuego, participar en la unión alquímica con el invisible pero pervasivo agente celestial. ¿Ahora bien, cuál es este elemento externo requerido en la agricultura celeste? Gurdjieff en Relatos de Belcebú a su Nieto concluye:
En la actualidad existen muchos de esos monasterios, y los innumerables monjes que a ellos se retiran se abstienen rigurosamente de expulsar de la manera habitual la sustancia de los “Exioëharys eserales” o “esperma” que se forma en ellos, pero su continencia no da ningún resultado notorio y ello ocurre porque a esos desdichados monjes contemporáneos ni siquiera se les ha ocurrido pensar que si el perfeccionamiento de sí puede hacerse mediante esa sustancia, es con la condición inevitable de absorber intencional y conscientemente el segundo y el tercer alimento eserales y digerirlos en uno mismo, lo cual es posible sólo para quien previamente haya sabido habituar a todas las partes de su presencia a cumplir conscientemente con los dos sagrados “deberes eserales de Partkdolg,” que son el “trabajo consciente,” y el “sufrimiento voluntario.”
Rueda de la Fortuna en Duomo di Siena
dedicada a Nuestra Señora de la Asunción:
nótese bajo el estilo gótico, las dos columnas
de estilo masónico en su frontispicio (siglo XIII)
Este segundo elemento eseral corresponde en el taoísmo al agente alquímico microcósmico externo; es así que la comunión de lo terrestre con lo celeste logra un nuevo compuesto, más refinado y sutil, el cual debe ser almacenado y protegido. De no mediar esta unión, el individuo queda expuesto a la Rueda de la Fortuna: a los altos y bajos de la suerte o, de acuerdo a las explicaciones ufológicas modernas, a la extracción compulsiva de emociones; es decir, la reactividad incipiente en las vicisitudes terrenales generan sobre la humanidad dormida una distorsión energética por la falta de homeóstasis emocional, que sirve de alimento a las fuerzas arcónticas: aquellas garras ocultas que diseñan y desencadenan estos vaivenes a través del sistema de control hiperdimensional. La fluctuación e inestabilidad en los hechos cotidianos, actualmente conocida como manipulación hiperdimensional, puede oscilar de un régimen estacionario hacia un cambio abrupto en lo que se conoce como cosecha de loosh, fomentado a través de cataclismos o acontecimientos catastróficos, la mayoría de las veces provocados, aunque también son aprovechados los eventos apocalípticos naturales.

El secreto para exonerarse de la Rueda de la Ley o Sistema de Control es dar inicio a la primer boda química, consistente en la circulación del orgón (qi) que se extrae desde la fuerza generativa (jing) durante la mitad de la órbita microcósmica —denominada etapa solve— para su matrimonio con el segundo elemento eseral (prana) en la otra mitad de la órbita —conocida como etapa coagula— de manera de acumular dentro del campo del cinabrio el nuevo componente resultante: el agente alquímico microcósmico interno.

También conocido como Primer Régimen del Mercurio de los Sabios, este proceso fue un secreto bien guardado en las órdenes monásticas y herméticas; tal es así que en la alquimia medieval estaba relacionado con los velados términos “verbum dimissum” o “custodiat arcanum,” pues únicamente era brindado oralmente de maestro a discípulo en lo que se conocía como una ininterrumpida “catena aurea.” Las concisas palabras de nuestro muy estimado Fulcanelli en su obra Las Moradas Filosofales nos avala sin velos: “Y la diferenciación de estos dos mercurios, uno agente de renovación y el otro de procreación, constituye el estudio más ingrato que la ciencia haya reservado al neófito.” El timón que ha guiado nuestra enconada investigación nos ha orientado en este aspecto, a través del cual hemos rastreado la existencia de dos escuelas de pensamiento originales en la alquimia interna que esclarecen los esotéricos procedimientos que coadyuvan en el régimen del solve et coagula y, aunque entendemos que bien puede haber una tercera, el procedimiento en la circulación del qi debiera esencialmente coincidir.

Este régimen, descripto también como la órbita microcósmica o pequeña revolución celeste, inicia su circulación en la región del abdomen inferior a través del trabajo interno de la “bomba del sacro,” de manera de extraer el orgón del húmedo radical en un trayecto levógiro, contrario al movimiento dextrógiro predeterminado por la biología del organismo. Debe comprenderse que los canales, suministros y compuestos resultantes no son visibles, revistiendo el carácter de materia no bariónica, de densidad etérea, y en el caso particular del prana, de una naturaleza aun más sutil. Sin embargo, promediando el avance del régimen, el novel artesano podrá tener un cabal indicio de la circulación a través de un incremento en la temperatura corporal durante el procedimiento.

De acuerdo a los tratados alquímicos sobre el infans solaris, en los que hallamos graciosas concordancias con el magisterio del daoísmo y del budismo, durante las etapas finales, la apertura de la visión interna permite observar con claridad los canales y vasos etéricos, aunado a las entidades inorgánicas que habitan la siguiente densidad. El desaparecido joven alquimista Nicholas Collette en su libro The Universal Medicine previene al respecto:
La razón por la cual sus visiones se vuelven cada vez más claras a medida que se adentran más profundamente en su meditación es porque se está cargando con la energía astral que el elixir ha almacenado en su sistema: espera para ser activado y dispuesto a utilizar a través de la habilidad del operador. No funcionará por sí mismo, sino que debe ser guiado por la mente, y es por eso que un hombre puede consumir tal elixir y no ganar nada, mientras que el otro tendrá su mente abierta a un mundo más allá de éste: El mundo del Espíritu.
Y si ese hombre no está suficientemente preparado, no podrá soportar el horror de lo que verán sus nuevos ojos. Porque mientras hay tantos seres celestiales hermosos que viven entre nuestro mundo y el de los espíritus descorporeizados, hay también demonios horribles que se vuelven cada vez más fuertes por el miedo que obtienen del hombre, y seguirán alimentándose de esa energía si no se sabe cómo recuperar el control de sus sentidos y erradicar el miedo para reemplazarlo sólo con valentía y fe en Dios.
En ese momento toda su aura estará iluminada con una luz blanca muy brillante [...], y esas entidades horribles huirán de la la luz deífica. Porque aunque parecen ser espíritus, de hecho están vivos, pero investidos en un cuerpo mucho menos denso y más sutil que nuestro propio marco físico. Y este aterrador hecho es el por qué la Piedra se llama la Piedra de los Sabios o Piedra Filosofal: se debe tener la mente para soportar las pruebas de la Naturaleza y de todos sus habitantes.
La escuela de pensamiento taoísta sostiene que en la disciplina nei-dan del QiGong (Chi-Kung), el orgón debe transitar por la espalda durante la etapa ascendente o de fuego positivo (orientación yang de la órbita), de manera que luego de atravesar el Canal de Control también denominado Vaso Gobernador, alcance el cerebro e inicie su etapa de descenso o fuego negativo (orientación yin de la órbita), progresando por el Canal de Función o Vaso de Concepción hasta arribar al dan-tien real inferior. En el imprescindible libro Yoga Taoísta (Taoist Yoga: Alchemy and Inmortality) del adepto Lu K'uan Yü, leemos:
Por tanto, estos ascensos positivos y descensos negativos se originan al inspirar y espirar. Cuando la fuerza generativa y vital comienza a vibrar hay que inspirar, para obstruir [mediante la bomba sacra] el mecanismo respiratorio (de manera que el aire baje y presione sobre el abdomen inferior); al mismo tiempo girando hacia arriba los ojos, hay que seguir el ascenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde la base de la cabeza a la coronilla.
En la espiración, se abre el mecanismo respiratorio para que el aire salga del cuerpo (y se relaje la presión sobre el bajo abdomen); al mismo tiempo, los ojos deben seguir el descenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde el vértice a la base. Por lo tanto, para completar una órbita, los ojos deben realizar un giro completo.
Los dos componentes que intervienen en el Primer Régimen del Mercurio: el orgón (qi) y el aire fresco (prana) parecen ser respectivamente dirigidos y controlados por medio del ejercicio de la bomba sacra del cóccix —también denominada fuelle de la fragua, ubicada en el centro yin del cuerpo: el perineo o Huiyin(1) y la dirección ocular orientada en desplazamientos circulares hacia los cuatro puntos cardinales. (2)
La órbita microcósmica y los canales de control y función, donde ocurre el proceso de sublimación (harnelmiatznel) del qi y el prana: A, G, D, J, son los cuatro puntos cardinales de la órbita; mientras que A—B, A—C, A—E, A—F, son las cuatro fases de ascenso de fuego positivo (yang) hacia el Canal de Control, los pasos G—H, G—I, G—K, G—L, consituyen las cuatro fases de descenso del fuego negativo (yin) hacia el Canal de Función, situado en M; el O central es la estufa filosofal. (3)
El movimiento acompasado y sincronizado durante la etapa ascendente solve o de fuego positivo, y posteriormente, en la etapa descendente coagula o de fuego negativo se efectúa coordinando la labor de los dos centros psíquicos: la región Terrestre del sacro (dan-tien inferior) y la región Celeste de los ojos (dan-tien superior) conjuntamente con un ritmo cadencioso del centro psíquico cardiorespiratorio (dan-tien medio), completando así una pequeña revolución celeste y almacenando el resultado del matrimonio alquímico en el campo del cinabrio o dan-tien real inferior. En el Tratado de Alquimia y Medicina Taoísta de Zhao Bichen (4) encontramos una aclaración adicional sobre el giro de la Rueda de la Ley: (5)
Tal es nuestro fuelle de fragua; es decir, la respiración del aliento verdadero. El cierre y la abertura son operados por la unión de la respiración externa y la respiración interna [a través de la bomba del cóccix]. El cierre es provocado por la inspiración: ésta envía el aliento verdadero que es la esencia, circula de Zi a Mao, después de progresivamente hasta Wu y Yu: a esto se le llama “hacer girar la Rueda de la Ley,” rueda que está constituida por los dos canales de función y de control. La abertura tiene lugar durante la espiración y es acompañada por un movimiento circular de los ojos: cuando se empieza a espirar, los ojos giran de la izquierda hacia la derecha, partiendo desde abajo (de Zi a Mao, después de Wu a Yu). La Rueda de la Ley hace progresar el Yang. Tales son las Revoluciones de la Rueda de la Ley en la abertura y en el cierre. Armonizadas con la respiración externa, hay abertura y cierre del fuelle de la fragua, esta es la razón por la que se habla de cuatro idas y venidas en las inspiraciones y de las espiraciones externas e internas.
El magisterio budista presenta una sutil diferencia con el daoísmo: la respiración embriónica del budismo consiste en utilizar la bomba del sacro de manera inversa a la aplicada en el taoísmo. Leemos en la esclarecedora obra del Dr. Yang Jwing-Ming, Respiración Embriónica: (6)
La «Respiración Abdominal Normal» (Zhen Fu Hu Xi) se conoce comúnmente como «Respiración Budista» (Fo Jia Hu Xi). Tras haber completado el entrenamiento mencionado en el punto 1. debe aprender a controlar sus músculos abdominales y coordinarlos con la respiración. Cuando inspira, la pared abdominal se expande y cuando espira, se retrae. Ha de practicar hasta que la respiración sea suave y el cuerpo esté completamente relajado. Como es natural, al comienzo tendrá que concentrarse mentalmente en el abdomen para poder controlar los músculos abdominales. Después de practicar durante algún tiempo, descubrirá que todo el proceso respiratorio se ha vuelto suave y natural. Esto significa que ya está preparado para producir Qi en el Dan Tien Inferior (Xia Dan Tian).
Cuando haya alcanzado este nivel, deberá dedicarse a coordinar su respiración con los movimientos de su Huiyin (región perineal). Cuando inspira, debe relajar el Huiyin, y cuando espira contraerlo. Recuerde que debe contraer suavemente el Huiyin sin llegar a tensarlo con el fin de que cuando lo contraiga sigan estando relajados; por el contrario, si lo tensa impedirá que circule el flujo del qi y además la tensión afectará también al abdomen y al estómago, lo que puede generar otros problemas. Al principio, como es evidente, necesitará concentrarse mentalmente para controlar los músculos del abdomen. Sin embargo, perseverando en la práctica su mente paulatinamente dejará de estar tan pendiente del proceso. Esto significa que se está regulando sin regular.
Pingala (ascendente: solar)
Ida (descendente: lunar),
Sushumna es la redoma
ventruda central
(7)
Por su parte, la escuela de pensamiento hindú concuerda en esencia con los requisitos iniciales del proceso de iluminación, no obstante, difiere en la ruta que tomará el orgón: en principio, utilizará el canal o nadi ascendente Pingala, que coincide con la fase solar o masculina (etapa solve) para luego descender a través del nadi Ida, siendo la fase lunar o femenina (etapa coagula). La analogía de los canales entre ambas escuelas conectaría al Pingala hindú con el canal de control Tu Mo taoísta, Ida con el canal de función Jen Mo y finalmente el nadi central Sushumna con el canal de impulsión Ch'ung Mo. En términos anatómicos, el taoísmo y budismo proponen que los canales se proyecten sobre el plano sagital: desde la espalda hacia el eje craneocaudal y luego por la frente hacia el abdomen; por su parte el hinduismo orienta estos canales como extendidos en el plano coronal. Aunque parezca contradictorio, si estos vasos y canales son sólo perceptibles con el desarrollo de la visión interna, probablemente al ser observados desde un panorama tetradimensional —accesible desde la cuarta densidad— se tome un origen de coordenadas arbitrario al intentar proyectarlos en las tres dimensiones habituales.

Curiosamente en los numerosos diagramas que ofrece el hinduísmo, los dos canales laterales no tienen una disposición lineal sino entrelazada, culminando ambos en el cráneo a la altura de las cejas. A diferencia de los tratados budistas y daoístas, la respiración interna promovida por el ejercicio de la “bomba sacra,” equivalente en el hinduismo a la Mula Bandha, está acompañada de otras dos contracciones musculares: Jalandhara Bandha, a la altura de la garganta y Uddiyana Bandha en la región abdominal. Respecto a la primera, Olivia Cattedra y Maité Fernández de Bobadilla en su obra El Hatha Yoga en el Yoga informan (cap. VI, Teoría y práctica del Hatha Yoga):
La aplicación de Mula Bandha trata del ajuste/retracción perineal (piso pelviano) que conlleva también ajuste de la zonas glúteas y del abdomen. En este caso, el mula bandha está utilizado preponderantemente en relación al abhyantara kumbhaka (detención del aliento con pulmones llenos). El uso discreto de este bandha no solamente produce movimientos de energía pránica en las zonas específicas: sacro-pelviana y abdominal, sino que además es una técnica muy útil que favorece la correcta colocación de la columna sacro-lumbar, ampliando la zona dorsal y abriendo el tórax como consecuencia de ello.
Las dos conexiones importantes que podemos establecer a través del magisterio daoísta es que el incremento en la salivación por la disposición de la lengua —ya que la misma debe estar en contacto con el paladar blando de manera de unir los dos vasos principales: el gobernador y el de función— parece estar en relación con el Jalandhara Bandha; y por otro lado, la retención del aliento durante la retracción perineal, desencadena el harnelmiatznel, esto es, el proceso de sublimación en sí: mientras que la rota microcósmica tiene dos puntos de limpieza y ablución —los puntos cardinales Mao y Yu en medio de la inspiración y espiración respectivamente,— el abhyantara kumbhaka como técnica del pranayama, se concentra en el ápice del ciclo respiratorio.

Como corolario, el ojo entrenado habrá observado algo importante: tanto la Rota de la Fortuna (observando la disposición que nos brinda la imagen del Pantocrátor sentado en el ala central superior), como la órbita microcósmica y el enrutamiento que se realiza a través del pranayama hindú, la energía gira en el sentido levógiro, contrario a las agujas del reloj: es decir, de derecha a izquierda; siempre es el canal derecho el sentido ascendente y siempre es el canal izquierdo el sentido descendente.

En la siguiente entrega analizaremos los elementos restantes del procedimiento, pero en especial, las dificultades y riesgos que corre el Obrero del Arte durante el templado del atanor y los procesos para el atajo y regularización de los inconsistentes fuegos iniciales de la estufa filosofal; no por nada a esta etapa se la conoce como Nigredo.

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miércoles, 22 de febrero de 2017

La entrada abierta al palacio cerrado del soberano

La concepción, nutrición y entrenamiento del embrión áureo como camino de salida del confinamiento físico está lejos de ser una disciplina velada bajo el críptico término del infans solaris por la alquimia occidental. (1) Con la suficiente apertura mental es posible hallar referencias y fragmentos en libros sagrados de la mayoría de las culturas, si bien con frecuencia parecen erradicados de contexto, ya sea porque el traductor o el autor de la exégesis desconociera la profundidad del tema tratado; en Eclesiastés 12:6­7, un erudito libro tanto del Tanaj como del Antiguo Testamento, leemos:
“Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo; y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.”
La paisaje geográfico del cuerpo
humano desde el Taoísmo: un
microcosmos que emula al macrocosmos.
En varias escuelas taoístas se presenta nuevamente esta curiosa analogía geográfica con el cuerpo humano: la idea de concebir el organismo como una población con sus diferentes accidentes topográficos y significativos enclaves, los cuales han de ser administrados por un sabio magistrado: el shen o supraconsciencia. Pero la única forma de lograr la armonía es derrocar al draconiano emperador que ha tiranizado la comarca, al haber tomado por asalto la fuente, origen de la abundancia y los suministros. Para ello, es necesario ejercitar la rueda del pozo: el diario y persistente trabajo interior, para hacer ascender al espíritu de manera que vuelva a Dios —parafraseando al respetado Filaléteo— hacia la entrada abierta al palacio cerrado del soberano. Las semejanzas de este pictórico relato con la rota microcósmica son llamativas, y no está alejado de los cuentos griálicos sobre la devastación de las tierras del soberano herido; en Los Custodios de la Verdad, de Tim Wallace-Murphy y Marilyn Hopkins, leemos:
Los romances originales del Grial incluyen claves codificadas para un sistema herético de creencias que contradecía el poder monolítico de la opresiva Iglesia de la época. El soberno del castillo del Grial, el Rey Pescador, está herido. Ya no sirve a su empobrecido reino con eficacia y, al igual que los usurpadores de las verdaderas enseñanzas de Jesús, los líderes de la Iglesia cristiana devastan las vidas espirituales de aquellos a los que afirman servir. Cuando alguien lo suficientemente puro como para ver el Grial restituya la salud del Rey Pescador, su deteriorado reino será restaurado. Cuando las verdaderas enseñanzas de Jesús triunfen sobre la codicia, la mentira, la hipocresia y la tergiversación, se pondrá de manifesto la realización del Cielo en la Tierra.
En un principio, las enseñanzas de Jesús parecen distar de las antípodas con el taoísmo secular. Sin embargo, el magisterio taoísta se ha nutrido del budismo, y muchas de las conclusiones y preceptos de los bodhisattvas o santos iluminados orientales parecen coincidir con las máximas cristianas. Las semejanzas históricas en el camino al esclarecimiento de Budha y Cristo son en extremo profusas como para que el ojo entrenado las ignore; similares analogías se presentan entre la doctrina gnóstica del catarismo (proviniente del griego «καθαρός» katharós: ‘puro’) y el movimiento judío esenio (del vocablo griego «ὅσιος» ossios: ‘santo’).

De observar los textos neotestamentarios desde la óptica oriental, el sacramento del bautismo cobra un sentido diferente al considerar respectivamente al Agua y al Fuego como el Mercurio coagulado y el Suministro celestial; leemos en Lucas 3:16: “Juan respondió, diciendo a todos: yo os bautizo con Agua; pero viene el que es más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él os bautizará con el Espíritu Santo y Fuego.” Richard Wilhelm en su exégesis al tratado chino del Libro de la Vida: El Secreto de la Flor de Oro, propone considerar la consagración del Embrión del Tao (el Hijo del Hombre) con el siguiente versículo de Juan 3:5: “Respondió Jesús: de cierto, de cierto te digo que el que no naciere de Agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.” Y hace también un interesante aporte distinguiendo los dos sentidos de rotación de la rueda:
  1. de manera predeterminada, ésta girará en sentido horario (rechtläufig) poniendo en relación a las dos almas que habitan el cuerpo humano: del centro intelectual (el ego conciente o animus) y del centro animal (subconciente o anima); las pasiones que asaltan al anima —la voluntad carente de discriminación— subyugarán al animus, forzando a que la inteligencia se ponga al servicio de los deseos; si el ego se somete a las pasiones del subconciente, entonces será drenado de la energía vital y, eventualmente de continuar su progreso involutivo, terminará como un kuei o fantasma hambriento, con la apremiante necesidad de robar la esencia vital a otros seres vivientes;
  2. en cambio, a través del giro retrógrado, cuando el animus obtiene la maestría de las energías del anima, se logra la liberación de la ilusión externa (el māyā hindú o, en palabras del brillante Robert Monroe: el sistema de vida terrestre). Las energías así recuperadas son internamente transportadas de manera ascendente en la órbita microcósmica que eventualmente culmina en el nacimiento de un centro vital independiente de la existencia corporal; esta es la formación del filius philosophorum, deus o shen: la supraconsciencia.
Es decir que la diferencia entre una entidad descorporeizada creativa (en balance) y otra entrópica (en caos) nace en la disciplina energética del aprovechamiento del suministro interno. Un shen pueden subsistir por tanto tiempo como la órbita microcósmica continúe en rotación, pero un kuei, en su estado famélico, sobrevivirá mientras consiga usurpar la energía ajena.

Esta es la razón por la cual tanto cátaros como esenios tenían al celibato en alta estima. Sabemos que los cátaros dividían dicho ejercicio en dos etapas: aquellos que ingresaban a su doctrina ya casados, continuaban manteniendo relaciones con su pareja a través del amor cortés, para eventualmente y en términos borgianos, definitivamente renunciar a la costumbre al adoptar el ascetismo de los perfecti. En el caso del esenismo, en el que repetidas veces se ha querido ver el germen del cristianismo,(2) a los individuos ingresantes se les exigía una vida humilde dedicada al estudio y disciplina, cuya base era la corrección fraterna mutua. Esta “corrección” se la ha visto más tarde en la práctica del Hesicasmo y por supuesto es la base de toda escuela del Cuarto Camino.

En el magisterio taoísta hallamos unas interesantes coincidencias, quizá vinculadas al hinduísmo, el cultivo del qi (chi) puede hacerse tanto a través del cultivo doble (en pareja) o simple; mientras que en la alquimia occidental hallamos la vía húmeda que se diferencia por su extensión en años con la vía seca, también denominada el camino del “arte sacerdotal.” El alquimista benedictino Basilio Valentín escribió en Las Doce Claves Filosóficas (3) al respecto:
El hombre sin mujer es mirado como un cuerpo separado en dos, y la mujer sin el hombre es lo mismo, es como si fuera un medio cuerpo, ya que nadie, particularmente, puede producir en sí mismo ningún fruto. Pero cuando viven unidos por el lazo conyugal, el cuerpo es perfecto y la evolución puede resultar de su semilla.
Desterrando la connotación explícita que aparentan las palabras del renombrado alquimista, deseamos esclarecer a través del siguiente pasaje brindado por el filósofo chileno Apiano León de Valiente, quien en su libro Las Cuatro Alas del Mercurio menciona:
Este segundo Adán fue arrancado de la Unidad original interior, y arrojado al mundo exterior de los pares de opuestos. Este segundo Adán está conformado por una parte femenina o cuerpo Mineral, o aspecto Lunar, Eva, y por otra parte masculina, Metálica, Solar o Adán propiamente tal. Como consecuencia del Big-Bang, ambas partes se trastocan, desordenando sus elementos y proporciones, de allí que esta materia posea su actual aspecto tosco y su actuar confuso. Ha cambiado su Cuerpo de Luz por una Larva Carnal.
Es decir, la concepción alquímica —y nuestros Hermanos en la Búsqueda de la Verdad nos permitirán sin duda añadir al gnosticismo, al catarismo, al esenismo y al cristianismo temprano: aquel profesado por los Padres del Desierto— entiende al Homo Sapiens como un soberano herido: su herida en el bajo vientre derrama energía vital hasta agotar la fuente. Allí el tirano atrabiliario —el complejo reptiliano o instalación foránea— retiene el control y sólo el Caballero del Grial, el Dracomante, puede a través de singular batalla: el ejercicio de la rueda del pozo u órbita microcósmica, retomar el control de los suministros energéticos del organismo.(4)

En el taoísmo, estos suministros se caratulan como Los Tres Tesoros (en chino tradicional: 三宝, San Bao) diferenciándose uno de otro por su frecuencia vibratoria (FRV); en el caso de una vida mundana sólo se tendrán disponibles dos de los tres tesoros: el jing (la apasionada fuerza generativa: la energía subconsciente del cuerpo orgánico o anima) y el qi (el suministro energético del conciente, ego o animus). Pero de retener y sublimar la energía sexual, surge una clase más sutil que provee de alimento al shen. Anteriormente, presentamos a los sacerdotes hawaianos o kahunas, quienes llamaban a esta tríada energética como maná, maná-maná y maná-loa respectivamente. Sólo esta última encumbrada forma de energía permite la concepción y nutrición del infans solaris. Gopi Krishna en su brillante libro Kundalini: the evolutionary energy in man concluye: (5)
A través del análisis de estos y otros hechos, poco a poco llegué a la conclusión de que, en virtud de los procesos evolutivos que ocurren en el cuerpo humano, descansará en los futuros investigadores confirmar o refutar que un centro consciente de alta potencia está siendo evolucionado por la naturaleza en el cerebro humano, en un lugar cerca de la coronilla, constituida por un tejido cerebral excepcionalmente sensible. La localización del centro permite que comande todas las otras partes del cerebro y del sistema nervioso de manera integral, con una conexión directa a los órganos reproductivos por medio del canal espinal.

En el hombre común, este centro embrionario se nutre del alimento nervioso presente en los fluidos seminales en una medida tan limitada que no interfiere con la función reproductora normal. Pero cuando está completamente desarrollado en individuos evolucionados, el centro está diseñado para reemplazar al centro consciente preexistente, utilizando para su actividad un combustible vital más poderoso extraído por las fibras nerviosas de los tejidos corporales en cantidades extremadamente diminutas recogidas y precipitadas a través del tubo espinal hacia el cerebro.
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domingo, 22 de enero de 2017

La redención de la deidad dormida

La parábola neotestamentaria del hijo pródigo puede resumirse en las palabras del psicólogo Carl Jung cuando dice: “Para el Alquimista, el más necesitado de redención no es el hombre, sino la deidad perdida y dormida en la materia.” En el evangelio de Lucas 15:11-32 —proviniente de Loukás (Λουκάς) del griego antiguo leukós (λευκός): antorcha o luz, y del latín: lucis o lux, es decir la Buena Nueva de la Luz— leemos: (1)
Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.

Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
Nuestra investigación nos ha conducido a considerar la actual situación del ser humano como un individuo degradado por su propia maquinaría biológica: su cuerpo físico, aquel que los neognósticos comprenden como un implante, adaptado para subsumir la consciencia al sueño de la materia, bien podría verse como la pesada cruz en la que se ha clavado al alma. La tradición rosacruz sostiene que el homo sapiens fue una hábil factura arcóntica para subyugar al alma inmortal en los estertores de la carne, y sólo la labor personal puede generar, mediante un esfuerzo hercúleo, la piedra del exilio. Asimismo, el canon del budismo y del daoísmo sostiene que el hombre que malgasta su chi (qi) en actividades licenciosas, queda sometido a la infinita y vana rueda de la reencarnación.

En términos prácticos, la ecuación energética es sumamente sencilla: si el organismo físico, en el tercer estado de la materia, consume orgón de la manera programada biológicamente, el alma, presente en el cuarto estado, no puede iniciar su desarrollo; por lo cual, agotada la energía vital, el deterioro corporal se incrementa; surge la enfermedad y una concurrente exponenciación del impuesto etérico a la experimentación física; cierto es que en la vida moderna se apacigua la bioquímica del sufrimiento con cócteles de estupefacientes, pero aun así, las funciones orgánicas no tardan en cesar. Por supuesto, la tragicomedia humana no termina allí.

El alma, en un estado sub-embrionario, carente de energía y recursos derrochados por los vulgares goces mundanos, es conducida por aquellos que detentan el poder en el plano etérico, para una nueva ronda de encarnación en las coordenadas de espacio-tiempo que brinden un mayor rinde emocional para los arcontes; y esto coincide, asombrosamente, con la ley del karma, dado que los individuos acostumbrados a una vida fácil serán recompensados con otra ardua y viceversa, y finalmente la ley del Tao se conformará, pues a través de estas vivencias polarizadas y la lenta destilación del sufrimiento, el núcleo espiritual comenzará a trastabillar por el camino que logre emanciparle de todo este padecimiento inconsciente que subyace en la cavernaria ilusión.

Regreso del Hijo Pródigo
(Rembrandt, siglo XVII)
La teoría para dar inicio al proceso redentorio se basa fundamentalmente en la sublimación de los instintos, mientras que la parte práctica consiste en descubrir la pericia para aquietar las regulares ebulliciones del húmedo radical y en aplicar, de manera continua e insistente, la órbita hermética del solve et coagula que se descifra en la arcana clave del VITRIOL: Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem, “Visite el Interior de la Tierra; Rectificando Hallará la Piedra Oculta.” Pero recuerde el Hermano en la Búsqueda que el camino al cielo está sin pavimentar: cuando comience las fases de rectificación inicial, todos aquellos groseros minerales adosados a los radicales de su simiente metálica −los introyectos de la psicología, los implantes de la ufología y los parásitos etéricos de la metafísica− darán cruel batalla, pues su fuente de alimento se verá restringida y, de acuerdo a la firmeza y dedicación del neófito, totalmente disminuida. Se trata de la fase del nigredo, y su color representa la oscuridad de la tierra arsenical: las prendas solares comienzan en el barro.

En The Secret Science behind the Miracles, podemos hallar una interesante explicación sobre la naturaleza intrínseca de estos parásitos etéricos o espíritus hambrientos, que obtuvo Max Freedom Long de los sacerdotes hawaianos Kahunas (Aquellos que Mantienen el Secreto); al parecer, el ser humano es una amalgama de dos antagónicos seres:
En resumen, la idea kahuna del consciente y del subconsciente parece ser, a juzgar por la semántica filológica que les dan a las palabras, un par de espíritus estrechamente unidos en un cuerpo controlado por el subconsciente y utilizado para cubrir y disimular a ambos. El espíritu consciente es más “humano” y posee la capacidad de hablar. El subconsciente, en cambio, es una entidad muda y penitente, propensa a las lágrimas y a regatear esfuerzo, pero encargada del manejo de la fuerza vital corporal. Hace su velado trabajo bajo un silencioso cuidado, pero es obstinado, caprichoso y muchas veces poco dispuesto a obedecer. Se niega a concretar una labor cuando “teme a los dioses” (es decir, cuando tiene un complejo o fijación de ideas), y se entremezcla o chantajea al espíritu consciente para dar la impresión de ser uno con él.
Bajo esta notable visión del ser humano como un gestalt frankensteiniano, se puede arrojar mucha más luz a las continuas discrepancias y al frecuente y molesto diálogo interno que denunciaron tanto Gurdjieff como Castaneda: dos entidades, de distintas densidades de consciencia —el subconsciente exponiendo su naturaleza reactiva y caprichosa de Segundad Densidad y el consciente encaramado en su egoico silogismo de Tercera Densidad— comparten el “control” de un vehículo físico en el que deben compartir los limitados recursos vitales que, curiosamente, son administrados por la criatura más inexperta.

La tradición kahuna concuerda con nuestra enumeración taxativa de las entidades etéricas; en este sentido, una vez que cesan las actividades corporales, la unión de los dos centros psíquicos puede continuar integrado o disgregarse; sin embargo, si bien se menciona a las entidades supraconcientes —es decir, de Cuarta Densidad— lamentablmente los kahunas no son precisos sobre la naturaleza del proceso durante el deceso de los humanos que han logrado La Gran Obra:
  1. El gestalt ordinario de un fallecido: se compone de un subconsciente y un consciente. Tiene facultades para pensar y recordar como cualquier ser humano común y corriente.
  2. El gestalt subconsciente, cercenado de su compañero consciente por algún accidente o enfermedad antes o después de la muerte. Este espíritu tiene facultades para recordar, pero es irracional, manteniendo sólo una razón deductiva basal. Responde a la sugestión hipnótica. Es como un niño y a menudo se expresa como un “poltergeist” ruidoso.
  3. El gestalt consciente de un humano, separado de su compañero subconsciente antes o después de la muerte física. Esta entidad no puede recordar, por lo tanto, es un fantasma casi indefenso, vagando sin rumbo, actuando como un “alma perdida” hasta que logre ser rescatado y emparejado con un espíritu subconsciente que pueda proporcionarle las facultades de la memoria; en ocasiones puede que recuerde eventos que no le pertenecieron, fruto de su unión con un subconsciente que estuvo asociado a otro conciente.
  4. Gestalts de orden superior: sólo se brinda información vaga sobre esta clase de entidades supraconcientes, aunque se concluye que frecuentemente toman parte en las actividades de las dos entidades inferiores, ayudándoles a realizar tareas de una naturaleza a veces espectacular o siendo hostiles y malignos.
Tanto las entidades negativas supraconcientes —que pueden asociarse a los arcontes del gnosticismo— como ciertos kahunas del lado siniestro, poseen la capacidad de ordenar a los gestalts inferiores para que parasiten o se introyecten en el subconciente de un ser encarnado, haciendo uso de su energía vital. Colin Wilson en su excelente relato The Mind Parasites acertó entonces al decir: “ellos no podrían existir aparte de la humanidad, porque ellos fueron la humanidad.” Y sin demasiado esfuerzo podríamos relacionarlos con los supuestos guías con que se topa Joseph Fisher (2) o los operadores de Barbara O'Brien: (3)
El proceso de posesión consiste en infiltrarse o adherirse al cuerpo de la víctima. (4) Hecho esto, su fuerza vital es drenada por las entidades intrusas y almacenadas en sus cuerpos fantasmagóricos. A medida que las fuerzas vitales de la víctima disminuyen, desde los pies llega un entumecimiento que se eleva gradualmente hasta las rodillas, las caderas y finalmente al plexo solar y el corazón, durante un período de tres días, momento en el que la víctima muere. Cuando se produce el deceso, las entidades abandonan el cuerpo, llevando consigo la fuerza vital recolectada, y regresan a sus amos.

Sin embargo, si la víctima pudo ser rescatada por otro kahuna, las entidades son devueltas a su dueño con órdenes hipnóticas de atacarle, y de tal embate los resultados muchas veces son fatales. Para evitar tal peligro, un ritual mágico de limpieza es realizado generalmente por el kahuna que envía inicialmente a las entidades. En el caso de concretar la misión, el kahuna ordena a sus esclavos espirituales jugar hasta agotar la fuerza vital que habían tomado del poseso. Su forma de juego usualmente consiste en lo que podríamos llamar “actividades poltergeist,” esto es, mover o arrojar objetos, hacer ruidos fuertes y crear disturbios de proporciones.
Si un ser humano encarnado posee un subconsciente “programado” o “guiado internamente” para actuar de manera agresiva contra su anfitrión consciente, ¿comenzamos a vislumbrar la resultante psíquica de los procesos de abducción? (5) Y para el ojo entrenado, nos atrevemos a indagar aun más: ¿vemos ahora con mayor claridad aquello que el alquimista debe rectificar? En Las Enseñanzas Secretas de Jesús de Marvin W. Meyer leemos desde el El libro secreto de Juan:
Yo dije: «Señor, ¿adónde irán las almas [animus o consciente] de estas personas cuando abandonen la carne?».
Él se rio y me dijo: «El alma que tiene más poder que el espíritu despreciable
[anima o subconsciente] es fuerte. Se escapa del mal, y a través de la intervención del Imperecedero [supraconsciente] es salvada y conducida al reposo eterno».
Yo dije: «Señor, ¿adónde irán las almas de las personas que no saben a quién pertenecen?».
Él me dijo: «El espíritu despreciable se hace más fuerte en tales personas cuando se extravían. Este espíritu coloca una pesada carga sobre el alma, la conduce a malas acciones y la arroja al olvido. Después que el alma abandona el cuerpo, es entregada a las autoridades
[arcontes: aquellos que detentan el poder] que han nacido a través del primer gobernante. La atan con cadenas, la arrojan a la prisión, y la insultan, hasta que finalmente emerge del olvido y adquiere conocimiento. Así es como obtiene perfección y se salva».
Los maestros orientales del daoísmo proponían inicialmente un ser humano con dos cerebros: el bajo o intestintal (dan-tien inferior) asiento de la vida y el superior o celestial (dan-tien superior) asiento del alma; ambos cerebros se encontrarían unidos por el dan-tien medio relacionado al sistema cardiorespiratorio. El yoga de la inmortalidad que difunde esta religión consiste en la integración de lo terrestre (principio alquímico interno o dragón áptero) con lo celestial (principio alquímico externo o dragón volátil) para consagrar la cimentación de una nueva entidad: el shen o supraconciente (infans solaris). La conclusión de todo este proceso es el nacimiento del redentor crístico que eventualmente alcanza el estado de budeidad, exonerándose del ciclo reencarnativo, a la par de alcanzar un nuevo estado de consciencia en la Cuarta Densidad: (6)
Los kahunas asociaron todos los procesos de pensamiento con el “mana.” La palabra mana-o significa “pensar,” y se agrega la “o” para demostrar que el proceso consiste en usar mana para producir consciencia.

La fuerza vital o mana de los kahunas tiene tres vertientes. Si es de naturaleza eléctrica, como lo han demostrado experimentos modernos, podemos decir con cierta seguridad que las tres fuerzas de
mana conocidas por los kahunas son semejantes a tres voltajes.

La semántica kahuna para los tres voltajes es la siguiente: para el bajo voltaje usado por el espíritu subconsciente es “mana,” pero para el voltaje medio, usado por el espíritu consciente como “voluntad” o fuerza hipnótica, se utiliza “mana-mana.” Por último, para el voltaje más alto conocido como “mana-loa” o “poderosa fuerza,” requerido únicamente por el supraconsciente que, asociado finalmente a los dos espíritus menores, da cohesión definitiva al hombre trino.

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