miércoles, 22 de marzo de 2017

Dracomaquia: el primer régimen del mercurio de los sabios

La inusitada palabra harnelmiatznel en la enroscada semántica del prestigioso calvo enmostachado, podría convertirse en una útil brújula para el Obrero del Arte dado que esconde el arcano proceder que potencialmente le conducirá hacia la exoneración de la realidad entrópica. Puede que durante los primeros lavados ígneos que templan la superficie del atanor, los neófitos tengan permitido algún que otro titubeo en las proporciones del suministro y mixtura del compuesto hermético, pero llegado el momento de finalización del primer régimen del mercurio, será la noctívaga ebullición del húmedo radical el mecanismo urobórico que disciplinará cualquier opaca indulgencia en el moroso camino del adepto.

Aunque con cierta ironía, las crípticas bodas químicas de los rosacruces permitirán esclarecer entonces al pomposo término harnelmiatznel, esto es, “lo que está arriba se conecta con lo que está abajo y se une en el medio.” Si nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad interpretan con cuidado, observarán que existe una fuente en la raíz misma de la vida que encierra nuestro oro filosófico —sin duda empobrecido por costras inmundas de abajados impulsos que usualmente conmoverán a su naturaleza inferior— pero capaz de, una vez atemperado y sublimado el fuego, participar en la unión alquímica con el invisible pero pervasivo agente celestial. ¿Ahora bien, cuál es este elemento externo requerido en la agricultura celeste? Gurdjieff en Relatos de Belcebú a su Nieto concluye:
En la actualidad existen muchos de esos monasterios, y los innumerables monjes que a ellos se retiran se abstienen rigurosamente de expulsar de la manera habitual la sustancia de los “Exioëharys eserales” o “esperma” que se forma en ellos, pero su continencia no da ningún resultado notorio y ello ocurre porque a esos desdichados monjes contemporáneos ni siquiera se les ha ocurrido pensar que si el perfeccionamiento de sí puede hacerse mediante esa sustancia, es con la condición inevitable de absorber intencional y conscientemente el segundo y el tercer alimento eserales y digerirlos en uno mismo, lo cual es posible sólo para quien previamente haya sabido habituar a todas las partes de su presencia a cumplir conscientemente con los dos sagrados “deberes eserales de Partkdolg,” que son el “trabajo consciente,” y el “sufrimiento voluntario.”
Rueda de la Fortuna en Duomo di Siena
dedicada a Nuestra Señora de la Asunción:
nótese bajo el estilo gótico, las dos columnas
de estilo masónico en su frontispicio (siglo XIII)
Este segundo elemento eseral corresponde en el taoísmo al agente alquímico microcósmico externo; es así que la comunión de lo terrestre con lo celeste logra un nuevo compuesto, más refinado y sutil, el cual debe ser almacenado y protegido. De no mediar esta unión, el individuo queda expuesto a la Rueda de la Fortuna: a los altos y bajos de la suerte o, de acuerdo a las explicaciones ufológicas modernas, a la extracción compulsiva de emociones; es decir, la reactividad incipiente en las vicisitudes terrenales generan sobre la humanidad dormida una distorsión energética por la falta de homeóstasis emocional, que sirve de alimento a las fuerzas arcónticas: aquellas garras ocultas que diseñan y desencadenan estos vaivenes a través del sistema de control hiperdimensional. La fluctuación e inestabilidad en los hechos cotidianos, actualmente conocida como manipulación hiperdimensional, puede oscilar de un régimen estacionario hacia un cambio abrupto en lo que se conoce como cosecha de loosh, fomentado a través de cataclismos o acontecimientos catastróficos, la mayoría de las veces provocados, aunque también son aprovechados los eventos apocalípticos naturales.

El secreto para exonerarse de la Rueda de la Ley o Sistema de Control es dar inicio a la primer boda química, consistente en la circulación del orgón (qi) que se extrae desde la fuerza generativa (jing) durante la mitad de la órbita microcósmica —denominada etapa solve— para su matrimonio con el segundo elemento eseral (prana) en la otra mitad de la órbita —conocida como etapa coagula— de manera de acumular dentro del campo del cinabrio el nuevo componente resultante: el agente alquímico microcósmico interno.

También conocido como Primer Régimen del Mercurio de los Sabios, este proceso fue un secreto bien guardado en las órdenes monásticas y herméticas; tal es así que en la alquimia medieval estaba relacionado con los velados términos “verbum dimissum” o “custodiat arcanum,” pues únicamente era brindado oralmente de maestro a discípulo en lo que se conocía como una ininterrumpida “catena aurea.” Las concisas palabras de nuestro muy estimado Fulcanelli en su obra Las Moradas Filosofales nos avala sin velos: “Y la diferenciación de estos dos mercurios, uno agente de renovación y el otro de procreación, constituye el estudio más ingrato que la ciencia haya reservado al neófito.” (1) El timón que ha guiado nuestra enconada investigación nos ha orientado en este aspecto, a través del cual hemos rastreado la existencia de dos escuelas de pensamiento originales en la alquimia interna que esclarecen los esotéricos procedimientos que coadyuvan en el régimen del solve et coagula y, aunque entendemos que bien puede haber una tercera, el procedimiento en la circulación del qi debiera esencialmente coincidir.

Este régimen, descripto también como la órbita microcósmica o pequeña revolución celeste, inicia su circulación en la región del abdomen inferior a través del trabajo interno de la “bomba del sacro,” de manera de extraer el orgón del húmedo radical en un trayecto levógiro, contrario al movimiento dextrógiro predeterminado por la biología del organismo. Debe comprenderse que los canales, suministros y compuestos resultantes no son visibles, revistiendo el carácter de materia no bariónica, de densidad etérea, y en el caso particular del prana, de una naturaleza aun más sutil. Sin embargo, promediando el avance del régimen, el novel artesano podrá tener un cabal indicio de la circulación a través de un incremento en la temperatura corporal durante el procedimiento.

De acuerdo a los tratados alquímicos sobre el infans solaris, en los que hallamos graciosas concordancias con el magisterio del daoísmo y del budismo, durante las etapas finales, la apertura de la visión interna permite observar con claridad los canales y vasos etéricos, aunado a las entidades inorgánicas que habitan la siguiente densidad. El desaparecido joven alquimista Nicholas Collette en su libro The Universal Medicine previene al respecto:
La razón por la cual sus visiones se vuelven cada vez más claras a medida que se adentran más profundamente en su meditación es porque se está cargando con la energía astral que el elixir ha almacenado en su sistema: espera para ser activado y dispuesto a utilizar a través de la habilidad del operador. No funcionará por sí mismo, sino que debe ser guiado por la mente, y es por eso que un hombre puede consumir tal elixir y no ganar nada, mientras que el otro tendrá su mente abierta a un mundo más allá de éste: El mundo del Espíritu.
Y si ese hombre no está suficientemente preparado, no podrá soportar el horror de lo que verán sus nuevos ojos. Porque mientras hay tantos seres celestiales hermosos que viven entre nuestro mundo y el de los espíritus descorporeizados, hay también demonios horribles que se vuelven cada vez más fuertes por el miedo que obtienen del hombre, y seguirán alimentándose de esa energía si no se sabe cómo recuperar el control de sus sentidos y erradicar el miedo para reemplazarlo sólo con valentía y fe en Dios.
En ese momento toda su aura estará iluminada con una luz blanca muy brillante [...], y esas entidades horribles huirán de la luz deífica. Porque aunque parecen ser espíritus, de hecho están vivos, pero investidos en un cuerpo mucho menos denso y más sutil que nuestro propio marco físico. Y este aterrador hecho es el por qué la Piedra se llama la Piedra de los Sabios o Piedra Filosofal: se debe tener la mente para soportar las pruebas de la Naturaleza y de todos sus habitantes.
La escuela de pensamiento taoísta sostiene que en la disciplina nei-dan del QiGong (Chi-Kung), el orgón debe transitar por la espalda durante la etapa ascendente o de fuego positivo (orientación yang de la órbita), de manera que luego de atravesar el Canal de Control también denominado Vaso Gobernador, alcance el cerebro e inicie su etapa de descenso o fuego negativo (orientación yin de la órbita), progresando hacia el Canal de Función o Vaso de Concepción hasta arribar al dan-tien real inferior. En el imprescindible libro Yoga Taoísta (Taoist Yoga: Alchemy and Inmortality) del adepto Lu K'uan Yü, leemos:
Por tanto, estos ascensos positivos y descensos negativos se originan al inspirar y espirar. Cuando la fuerza generativa y vital comienza a vibrar hay que inspirar, para obstruir [mediante la bomba sacra] el mecanismo respiratorio (de manera que el aire baje y presione sobre el abdomen inferior); al mismo tiempo girando hacia arriba los ojos, hay que seguir el ascenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde la base de la cabeza a la coronilla.
En la espiración, se abre el mecanismo respiratorio para que el aire salga del cuerpo (y se relaje la presión sobre el bajo abdomen); al mismo tiempo, los ojos deben seguir el descenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde el vértice a la base. Por lo tanto, para completar una órbita, los ojos deben realizar un giro completo.
Los dos componentes que intervienen en el Primer Régimen del Mercurio: la fuerza generativa esencial (jing) y el aire fresco (prana) parecen ser respectivamente dirigidos y controlados por medio del ejercicio de la bomba sacra del cóccix —también denominada fuelle de la fragua, ubicada en el centro yin del cuerpo: el perineo o Huiyin— y la dirección ocular orientada en desplazamientos circulares hacia los cuatro puntos cardinales. (2)
La órbita microcósmica y los canales de control y función, donde ocurre el proceso de sublimación (harnelmiatznel) del qi y el prana: A, G, D, J, son los cuatro puntos cardinales de la órbita; mientras que A—B, A—C, A—E, A—F, son las cuatro fases de ascenso de fuego positivo (yang) hacia el Canal de Control, los pasos G—H, G—I, G—K, G—L, consituyen las cuatro fases de descenso del fuego negativo (yin) hacia el Canal de Función, situado en M; el O central es la estufa filosofal. (3)
El movimiento acompasado y sincronizado durante la etapa ascendente solve o de fuego positivo, y posteriormente, en la etapa descendente coagula o de fuego negativo se efectúa coordinando la labor de los dos centros psíquicos: la región Terrestre del sacro (dan-tien inferior) y la región Celeste de los ojos (dan-tien superior) conjuntamente con un ritmo cadencioso del centro psíquico cardiorespiratorio (dan-tien medio), completando así una pequeña revolución celeste y almacenando el resultado del matrimonio alquímico en el campo del cinabrio o dan-tien real inferior. En el Tratado de Alquimia y Medicina Taoísta de Zhao Bichen (4) encontramos una aclaración adicional sobre el giro de la Rueda de la Ley: (5)
Tal es nuestro fuelle de fragua; es decir, la respiración del aliento verdadero. El cierre y la abertura son operados por la unión de la respiración externa y la respiración interna [a través de la bomba del cóccix]. El cierre es provocado por la inspiración: ésta envía el aliento verdadero que es la esencia, circula de Zi a Mao, después de progresivamente hasta Wu y Yu: a esto se le llama “hacer girar la Rueda de la Ley,” rueda que está constituida por los dos canales de función y de control. La abertura tiene lugar durante la espiración y es acompañada por un movimiento circular de los ojos: cuando se empieza a espirar, los ojos giran de la izquierda hacia la derecha, partiendo desde abajo (de Zi a Mao, después de Wu a Yu). La Rueda de la Ley hace progresar el Yang. Tales son las Revoluciones de la Rueda de la Ley en la abertura y en el cierre. Armonizadas con la respiración externa, hay abertura y cierre del fuelle de la fragua, esta es la razón por la que se habla de cuatro idas y venidas en las inspiraciones y de las espiraciones externas e internas.
El magisterio budista presenta una sutil diferencia con el daoísmo: la respiración embriónica del budismo consiste en utilizar la bomba del sacro de manera inversa a la aplicada en el taoísmo. Leemos en la esclarecedora obra del Dr. Yang Jwing-Ming, Respiración Embriónica: (6)
La «Respiración Abdominal Normal» (Zhen Fu Hu Xi) se conoce comúnmente como «Respiración Budista» (Fo Jia Hu Xi). Tras haber completado el entrenamiento mencionado en el punto 1. debe aprender a controlar sus músculos abdominales y coordinarlos con la respiración. Cuando inspira, la pared abdominal se expande y cuando espira, se retrae. Ha de practicar hasta que la respiración sea suave y el cuerpo esté completamente relajado. Como es natural, al comienzo tendrá que concentrarse mentalmente en el abdomen para poder controlar los músculos abdominales. Después de practicar durante algún tiempo, descubrirá que todo el proceso respiratorio se ha vuelto suave y natural. Esto significa que ya está preparado para producir Qi en el Dan Tien Inferior (Xia Dan Tian).
Cuando haya alcanzado este nivel, deberá dedicarse a coordinar su respiración con los movimientos de su Huiyin (región perineal). Cuando inspira, debe relajar el Huiyin, y cuando espira contraerlo. Recuerde que debe contraer suavemente el Huiyin sin llegar a tensarlo con el fin de que cuando lo contraiga sigan estando relajados; por el contrario, si lo tensa impedirá que circule el flujo del qi y además la tensión afectará también al abdomen y al estómago, lo que puede generar otros problemas. Al principio, como es evidente, necesitará concentrarse mentalmente para controlar los músculos del abdomen. Sin embargo, perseverando en la práctica su mente paulatinamente dejará de estar tan pendiente del proceso. Esto significa que se está regulando sin regular.
Pingala (ascendente: solar)
Ida (descendente: lunar),
Sushumna es la redoma
ventruda central
(7)
Por su parte, la escuela de pensamiento hindú concuerda en esencia con los requisitos iniciales del proceso de iluminación, no obstante, difiere en la ruta que tomará el orgón: en principio, utilizará el canal o nadi ascendente Pingala, que coincide con la fase solar o masculina (etapa solve) para luego descender a través del nadi Ida, siendo la fase lunar o femenina (etapa coagula). La analogía de los canales entre ambas escuelas conectaría al Pingala hindú con el canal de control Tu Mo taoísta, Ida con el canal de función Jen Mo y finalmente el nadi central Sushumna con el canal de impulsión Ch'ung Mo. En términos anatómicos, el taoísmo y budismo proponen que los canales se proyecten sobre el plano sagital: desde la espalda hacia el eje craneocaudal y luego por la frente hacia el abdomen; por su parte el hinduismo orienta estos canales como extendidos en el plano coronal. Aunque parezca contradictorio, si estos vasos y canales son sólo perceptibles con el desarrollo de la visión interna, probablemente al ser observados desde un panorama tetradimensional —accesible desde la cuarta densidad— se tome un origen de coordenadas arbitrario al intentar proyectarlos en las tres dimensiones habituales.

Curiosamente en los numerosos diagramas que ofrece el hinduísmo, los dos canales laterales no tienen una disposición lineal sino entrelazada, culminando ambos en el cráneo a la altura de las cejas. A diferencia de los tratados budistas y daoístas, la respiración interna promovida por el ejercicio de la “bomba sacra,” equivalente en el hinduismo al Mula Bandha, está acompañada de otras dos contracciones musculares: Jalandhara Bandha, a la altura de la garganta y Uddiyana Bandha en la región abdominal. Respecto a la primera, Olivia Cattedra y Maité Fernández de Bobadilla en su obra El Hatha Yoga en el Yoga informan (cap. VI, Teoría y práctica del Hatha Yoga):
La aplicación de Mula Bandha trata del ajuste/retracción perineal (piso pelviano) que conlleva también ajuste de la zonas glúteas y del abdomen. En este caso, el mula bandha está utilizado preponderantemente en relación al abhyantara kumbhaka (detención del aliento con pulmones llenos). El uso discreto de este bandha no solamente produce movimientos de energía pránica en las zonas específicas: sacro-pelviana y abdominal, sino que además es una técnica muy útil que favorece la correcta colocación de la columna sacro-lumbar, ampliando la zona dorsal y abriendo el tórax como consecuencia de ello.
Las dos conexiones importantes que podemos establecer a través del magisterio daoísta es que el incremento en la salivación por la disposición de la lengua —ya que la misma debe estar en contacto con el paladar blando de manera de unir los dos vasos principales: el gobernador y el de función— parece estar en relación con el Jalandhara Bandha; y por otro lado, la retención del aliento durante la retracción perineal, desencadena el harnelmiatznel, esto es, el proceso de sublimación en sí: mientras que la rota microcósmica tiene dos puntos de limpieza y ablución —los puntos cardinales Mao y Yu en medio de la inspiración y espiración respectivamente,— el abhyantara kumbhaka como técnica del pranayama, se concentra en el ápice del ciclo respiratorio.

Como corolario, el ojo entrenado habrá observado algo importante: tanto la Rota de la Fortuna (observando la disposición que nos brinda la imagen del Pantocrátor sentado en el ala central superior), como la órbita microcósmica y el enrutamiento que se realiza a través del pranayama hindú, la energía gira en el sentido levógiro, contrario a las agujas del reloj: es decir, de derecha a izquierda; siempre es el canal derecho el sentido ascendente y siempre es el canal izquierdo el sentido descendente.

En la siguiente entrega analizaremos los elementos restantes del procedimiento, pero en especial, las dificultades y riesgos que corre el Obrero del Arte durante el templado del atanor y los procesos para el atajo y regularización de los inconsistentes fuegos iniciales de la estufa filosofal; no por nada a esta etapa se la conoce como Nigredo.

* * *
*