Mostrando las entradas con la etiqueta sublimación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta sublimación. Mostrar todas las entradas

La higiene mental y emocional como selector de realidad

Hemos visto que el proceso alquímico consiste en tres grandes fases: el despertar de la supraconsciencia, su desarrollo y maduración, y la obtención final de las facultades taumatúrgicas o “don de Dios.” A medida que se avanza en el desarrollo de la Gran Obra se obtiene una progresiva independencia y autonomía hasta la total emancipación del sistema de control hiperdimensional. Empero, la primer fase es, por lo general, la más dificultosa: además de los acentuados cambios en el organismo y el trajín emocional que acarrean, la incipiente supraconsciencia puede operar intermitentemente, y el obrero del arte puede ver alterada su situación cotidiana por la imprevista aparición de sucesos detrimentales debido a la inmediata manifestación de sus miedos en la realidad física.

De acuerdo a nuestra investigación y resumiendo en concisos términos: la carga emocional y mental en el microcosmos del individuo afecta la probabilidad de eventos en el entorno del macrocosmos que le rodea. Esta correspondencia, que en la vida mundana suele ser sutil y efímera, se exponencia durante el acopio y sublimación de la fuerza generativa, en particular, luego de la batalla de los principios opuestos. Entendemos que la razón subyacente se debe a que, una vez superada la conjunción pero previo a la primera iluminación, el organismo comienza a producir shen, esto es, el alimento sublimado de la supraconsciencia, con lo cual el rudimentario centro del cuarto nivel comienza a manifestar una actividad parcial o esporádica y, en caso de encontrarse implantado, intensamente errática; al respecto Hiroshi Motoyama relata su experiencia:
La sensación febril que tuve alrededor de este chakra [Svadhishthana o centro sexual: el segundo de los seis chakras primarios ubicado en la región púbica], durante la práctica inicial del pranayama, algunos meses antes del despertar de la Kundalini, fue como una mezcla de hielo y fuego. Estaba acompañado por la visión de vapor blanco. Uno dos meses más tarde empecé a ver una redonda bola de fuego carmesí en mi abdomen. También por aquella época empecé a tener sueños proféticos, a vivir de forma involuntaria experiencias paranormales, como telepatía, y a comprobar que se cumplían mis temores o deseos de forma espontánea.
La supraconsciencia, una vez desarrollada, actúa con facilidad como selector en el espacio de variantes. (1) Recordemos que dicho espacio, según lo define Vadim Zeland en su teoría del Reality transurfing, es “un campo de información sobre lo que hubo, lo que hay y lo que habrá.” En pocas palabras, el centro mental maduro del cuarto nivel no es sólo un observador sino un operador en la cuarta densidad. Pero mientras un individuo actúe con un umbral vigílico limitado y su supraconsciencia permanezca en estado embrionario, su desplazamiento en las coordenadas de cuarta densidad −al operar como un selector inconsciente de su realidad− se manifiestará como una alteración detrimental de su ambiente emocional, a través del cual profitarán las entidades supinas de consciencia superior; en su libro Thought Vibration, William W. Atkinson comenta (cap. XVI: Es la Ley, no la Suerte):
Hace un tiempo, estaba hablando con un hombre sobre el Poder de Atracción del Pensamiento. Me dijo que él no creía que el pensamiento pudiera atraerle nada, y que todo era cuestión de suerte. Había encontrado, dijo, que la mala suerte lo perseguía implacablemente y que todo lo que tocaba terminaba saliendo mal. Siempre había sido así, y siempre sería así y era todo cuando había llegado a esperar de la vida. Cuando emprendía algo nuevo, sabía de antemano que las cosas saldrían mal. ¡Oh, no! Por lo que él podía ver, no había nada en la teoría del Poder de Atracción del Pensamiento: ¡todo era una cuestión de suerte!

Este hombre no pudo ver que, a través de su propia confesión, estaba dando un argumento muy convincente a favor de la Ley de la Atracción. Estaba testificando que siempre esperaba que las cosas salieran mal, y que siempre se acomodasen tal cual lo esperaba. Era un magnífico ejemplo de la Ley de Atracción, pero lo desconocía, y ningún argumento parecía aclararle el asunto; estaba “en contra de eso” y no había forma de escapar: siempre le esperaba la mala suerte, y cada evento demostraba que tenía razón, y que la posición de la Ciencia Mental no tenía sentido.
El aspirante quizá encuentre interesante considerar el siguiente cuadro: la realidad externa o macrocosmos es sintonizada desde la atmósfera microcósmica resultante del estado emocional y mental, y no al revés. Y aun más, subimos la apuesta invitando a todos aquellos que trastabillen con acentuada frecuencia contra sincronismos negativos en sus vidas, para que consideren esmerarse en una meticulosa introspección de su microclima mental, dado que las semillas del infortunio yacen profundamente encerradas en su psique y no necesariamente provocadas directa o punitivamente por las entidades negativas de consciencia superior.

Pero con esta aseveración no pretendemos culpar ni incriminar al padeciente; muy por el contrario, somos solícitos ante su situación y deseamos brindarle el acceso a las herramientas que nosotros, tal vez en su misma situación, debimos buscar con denodada vehemencia. No obstante, ya sea que estas conductas hayan sido implantadas por tecnología hiperdimensional o introyectadas durante la niñez a través de tutores negligentes y narcisistas, la actitud que se debe tomar no es la de víctima o desvalimiento ni mucho menos aceptar el cautiverio bajo la insignia de un destino funesto: tal clase de postura sólo ayuda a las entidades negativas que se refocilan ante individuos carentes del suficiente amor propio como para detener la insufrible sucesión de eventos desafortunados. La actitud de empoderamiento comienza entonces por reconocer la absoluta responsabilidad propia en las vicisitudes y aconteceres de la historia personal.

La clave se encuentra en el supraconsciente, específicamente, en su condición embrionaria, dado que su forma de actuar es completamente indiscriminada, pudiendo haber sido exhortado a comportarse con actitudes arbitrarias y caprichosas, incluso en oposición a los intereses y propósitos de la mente vigílica; como Phineas Quimby declaró un siglo antes: “El problema está en la mente, [...] si la mente ha sido implantada con una falsa creencia por un enemigo invisible, entonces ha sido infectada y actúa de manera incorrecta, con o sin el conocimiento de su poseedor. [...] Para corregir esto, no hay otra cosa que la Verdad: se debe corregir la impresión incorrecta y restablecer la Verdad. La Verdad es la cura.” Paralelamente, en su artículo Timeline Dynamics, Thomas Minderle expone:
Esta técnica de manipulación para lograr una mayor influencia determinista es una táctica favorita de las entidades hiperdimensionales negativas que consideran rentable esclavizar a otras almas. Cuanto más evidente su accionar, menos libre albedrío tendrán que resistir sus objetivos. Desde nuestra perspectiva de tiempo lineal, estas entidades provienen de un futuro probable muy negativo y están interactuando con nosotros ahora de manera elusiva pero manipuladora para arrastrarnos a reforzar su línea de tiempo, intentando convertirnos en ellos, sirviéndoles o, al menos, no siendo un obstáculo para sus intereses. Conocemos estas entidades más comúnmente como la variedad negativa de facciones alienígenas: grises, reptoides, mantis y nórdicas. No es sorprendente que su método de operación sea completamente consistente con la mecánica cuántica del viaje en el tiempo. Al manipular, en lugar de forzar a sus objetivos hacia la esclavitud espiritual, pueden atrapar a las almas en tramas temporales más polarizadas que las suyas.

Un fenómeno fascinante pero perturbador le sucede a las personas que se vuelven demasiado paranoicas, deprimidas, desesperadas o temerosas al analizar los aspectos más negativos de la realidad. Abducidos, investigadores de conspiraciones, demonólogos, novatos en la investigación del sistema de control hiperdimensional, todos son vulnerables a la potenciación del objeto de sus miedos al enredarse demasiado emocionalmente. El miedo es un conductor hacia un futuro probable de vulnerabilidad, iniciando un circuito de retroalimentación que asegura que uno se vuelve vulnerable a menos que el vector cambie de orientación hacia algo más emocional y espiritualmente equilibrado.

Aquellos obsesivamente temerosos de los aliens los atraerán, aquellos obsesivamente paranoicos de la supervisión del gobierno, la recibirán, aquellos fácilmente susceptibles por la naturaleza artificialmente sincronizada de la matriz estarán llenos de alta extrañeza. El ciclo de retroalimentación induce una espiral descendente que se refuerza por sí misma, donde la experiencia traumática crea miedo y el miedo crea un trauma adicional. Pero la persona siempre puede elegir la trascendencia y salir del círculo. [...]
Hemos visto anteriormente que la rectificación de los chakras inferiores requiere de la disciplina del harnelmiatznel consciente, de manera de recuperar el control sobre la energía del subconsciente, evitando la pérdida frecuente del vital “caldo aurífero.” Recordemos que la labor durante la morosa fase del Nigredo consiste en sublimar las esencias vitales en alimento que permitirá la maduración de la supraconsciencia. Pero de contar con acompañantes indeseados dentro de nuestro cuerpo psíquico −la presencia de córtices o pretas− la situación requiere de labores adicionales para poner de nuestro lado a la poderosa pero aun ingenua mente supraconsciente, al menos hasta que se desarrolle lo suficiente como para actuar como Mayordomo de la Gran Obra. Traducimos la siguiente observación del ingeniero aeronáutico John William Dunne que consideramos notable por su exactitud, perteneciente a su libro Intrusions!, obra que pone de manifiesto la interferencia exógena desde el contexto del serialismo temporal: (2)
“Cualesquiera que sean las capacidades de una inteligencia superior que eventualmente se encuentre latente en el observador de orden superior, son cualidades que esperan aun su maduración y desarrollo. Al principio, el cerebro es el maestro [entiéndase centro mental de tercera densidad] y la mente [centro embrionario de cuarta densidad] el alumno.”

A este comentario de mi obra previa todavía me adhiero. La mente del observador de orden superior tiene mucho conocimiento intuitivo: su capacidad de percibir lo que le espera en la línea temporal predeterminada es un claro ejemplo. Además, un estudio de los sueños puede mostrar su aun rudimentaria forma de pensar: hace planes absurdos para lidiar con las situaciones oníricas que ha desarrollado en su construcción fantasiosa. Pero su lógica, por lo general, es un poco mejor que la de un niño pequeño que equivoca los conceptos como Príncipe y Bruja debieran igualarse a Sapo. No le sorprende en absoluto ninguna incongruencia que encuentre: las acepta sin dudarlo.

Atribuyo esta casi completa falta de inteligencia al hecho de que es el yo subliminal, el que está principalmente activo en los sueños, el llamado “inconsciente” de los psicoanalistas. Pero hay momentos en el soñar cuando la parte más racional de la mente se despierta de su inspección acrítica de las fantasías que le presenta su infantil compañero, y luego se encuentra con una idea definitiva aunque todavía bastante débil. Tiene todas las características del pensamiento cerebral, la incredulidad, la crítica, el juicio, la planificación: y este es el pensamiento que ha aprendido del cerebro durante los viajes anteriores al tridimensional “ahora.” Esto es bastante evidente por el hecho que es aun un intento de pensar, y recordar de manera tridimensional, dado que la mente embrionaria de orden superior aun no está lo suficientemente desarrollada como darse cuenta que es un ser tetradimensional con una memoria de cuatro dimensiones y un marco de percepción de más dimensiones que la mente vigílica.
Con el fin de orientar al aspirante, intentaremos unificar el mar de términos psicológicos, ocultistas y esotéricos en una resumida y coherente enumeración; anteriormente, presentamos una disección del gestalt humano compuesto de tres elementos:
  • el ánima (subconsciente o ello): tal como su nombre lo indica, es un centro primitivo y animal de segunda densidad, asociado a la supervivencia;
  • el animus (consciente o yo): concentra las emociones y la mente vigílica de tercera densidad, encargado de la toma de decisiones consciente;
  • el ser (supraconsciencia o superyó): el centro incipiente de cuarta densidad, toma la mayoría de decisiones inconscientes, generalmente introyectadas durante la infancia o pertenecientes al sistema de creencias basamental.
Odiseo (Ulises) y los argonautas,
junto a Escila y Caribdis
Como se comentó anteriormente, la supraconsciencia de manera natural “navega” en el espacio de variantes, percibiendo y timoneando en el mar hermético por medio de sutiles vibraciones; este pilotaje es, si aun no se ha logrado la iluminación, inconsciente o automático; el supraconsciente se nutre del sistema de creencias, generalmente aprehendido durante la niñez para realizar la toma de decisiones mecanizada: es por ello que un individuo sin grandes desafíos ni angustias durante su infancia disfruta de una adultez sin conminaciones o amenazas, a diferencia de otro que ha sufrido e introyectado una atmósfera de violencia y miseria. No obstante, en cualesquiera de los casos, al permanecer en un estado embrionario, la supraconsciencia mantiene un umbral acrítico, por lo cual es posible sugestionarla e interferirla: del cap. XIV: El Robo de la Coliflor, del libro Autobiografía de un Yogui de Paramahansa Yogananda (Mukunda Lal Ghosh, en bengalí: মুকুন্দলাল ঘোষ):
El “argumento” de la comedia de la coliflor puede entenderse más fácilmente por medio de la analogía del radio. Sri Yukteswar [gurú de Yogananda] era una perfecta radio humana. Los pensamientos no son sino vibraciones muy sutiles que circulan en el éter. Así como una radio sensibilizada capta de cualquier distancia un programa musical deseado entre miles de otros programas, del mismo modo mi gurú pudo captar los pensamientos de un hombre medio loco que anhelaba una coliflor, aislados de los innumerables pensamientos humanos radiados en el mundo.

Por medio del dinámico poder de su voluntad, mi Maestro era también una poderosa estación radiodifusora, y había conseguido inducir al campesino para que dirigiera sus pasos a determinado habitación, por una sola coliflor.

La intuición es la guía del alma, que aparece naturalmente en el hombre durante esos instantes en que su mente está calmada. Casi todos hemos tenido experiencias de inexplicables y acertadas corazonadas, o hemos transmitido nuestros pensamientos de una manera efectiva a otra persona. La mente humana, libre de la “estática” de la inquietud, puede operar al través de la libre antena de su intuición todas las funciones del mecanismo complicado de la radio, mandando y recibiendo pensamientos, y retirando los desagradables. Así como el poder de la radio depende de la cantidad de corriente eléctrica que puede utilizar, así el radio humano es energetizado de acuerdo con el poder de la voluntad que cada individuo posee. [...] Los pensamientos erróneos del hombre resultan de las imperfecciones en su discernimiento. La meta de la ciencia del yoga es aquietar la mente para que sin distracciones pueda reflejar la visión divina en el universo.
En la mente de un individuo iluminado, el supraconsciente trabaja asociado con la mente vigílica y voluntariamente, en función del grado de desarrollo, puede operar sobre la realidad en tiempo real. En un individuo dormido, el supraconsciente es una mera estación receptora, que recoge las directivas del sistema de control hiperdimensional y las ejecuta exactamente del mismo modo que un sometido “portal orgánico.” Pero en un individuo en haras de despertar, la supraconsciencia puede operar de manera rudimentaria, indisciplinada e incluso obstruyendo y resistiendo obstinadamente la labor del Obrero del Arte. Max Freedom Long en su libro The Secret Science behind the Miracles comenta: (3)
Los cristianos y otras religiones han especulado interminablemente sobre la naturaleza exacta de la fe. Se enseñó que la fe era necesaria si la oración debía ser respondida. Incluso una pequeña cantidad de fe sería suficiente. Superficialmente, la fe es la creencia completa. Sin embargo, ahora aprendemos de los Kahunas que la creencia de parte de la consciencia vigílica no es suficiente. Eso solo no es fe. Se requiere que la asertividad del supraconsciente para que haya una fe genuina y factible. Esta es una manera diferente de decir que si el supraconsciente tiene un complejo o incluso una creencia obstinada que es contraria a la que sostiene en ese momento la consciencia vigílica, la supraconsciencia embrionaria se negará a obedecer las órdenes.

[...] Es muy difícil para el individuo averiguar si tiene o no una creencia fija de cierto tipo alojada en su supraconsciente embrionario. Como desconocemos tales fijaciones, naturalmente concluimos que no tenemos ninguna. La mejor forma de explorar tal posibilidad es ver los resultados que obtenemos después de un período de práctica diaria. Si no hay resultados, búsquese un complejo.
En la siguiente entrega analizaremos las técnicas para la erradicación de las fijaciones de manera de eliminar complejos introyectados. Es importante mantener una higiene mental y una homeóstasis emocional a los fines de acelerar la culminación del Nigredo y un empalme sereno y apacible con el régimen del Albedo.

* * *
*

La evolución de la oriflama tripartita

En aras de generalizar positivamente nuestra ciencia, perdiendo cierto tinte alquímico pero sin desmerecer la arcaica tradición, podemos ofrecer algún marco biopsíquico al “proceso de ascensión,” que reviste de tres regímenes canónicos: el Nigredo, el Albedo y el Rubedo; aunque ampliados con la fase intermedia Citrinitas que se sintetiza en la enigmática frase “la Tierra es negra, el Agua es blanca; el Aire se vuelve más amarillento cuando más se acerca al Sol; el Éter es completamente rojo.” Pero el enigma quedará resuelto si se la interpreta considerando el acopio y sublimación del qi, como una fase de fuerte inversión y grandes condicionamientos bioenergéticos: el organismo afronta un cambio dramático durante el templado del atanor de manera de acondicionar la región del plexo solar que se convertirá en el repositorio del jing sublimado, conjuntamente con la erradicación de los estupefacientes endógenos que acompañan la usual pérdida del húmedo radical, sumándose la labor esforzada del centro cardiorespiratorio donde se produce la mixtura de los agentes que desencadenan el harnelmiatznel consciente para la producción del compuesto alquímico microcósmico.

¿Cuál es la bioquímica subyacente en este excepcional compuesto? Aun no podemos más que brindar una ristra de teorías y débiles deducciones; empero, podemos aventurar que no existe análsis clínico que pueda ofrecer una conclusión médica nueva: no se aprecian cambios mensurables en la química de la sangre o en los residuos de la orina. Por lo tanto, concluimos en que el proceso alquímico impacta, al menos en un principio, sobre el cuerpo energético. Quizá explique el por qué de los cambios iniciales comiencen siempre por sutiles variaciones del tono psíquico que luego alcanzan un denodado acento, y más tarde se somatizan, modificando la cronotropía e inotropía cardíaca para finalmente aquejar el ritmo respiratorio y la secreción gástrica; del libro El Tercer Ojo y Kundalini del doctor Bhim Sain Goel:
Desde el mismo día del despertar de Kundalini, mi respiración se había alterado considerablemente. No sólo solía cansarme con mucha facilidad, sino que también tenía dificultades para inhalar con cierta relajación. La inhalación y exhalación eran a menudo tan rápidas que cualquiera a mi lado se daría cuenta de inmediato. La respiración solía funcionar como si estuviera siguiendo una muy conocida técnica de pranayama, llamada bhastrika. Personalmente, creo que durante la activación de Kundalini que no es otra cosa que fuego, uno requiere más oxígeno y que, por ende, respira tan rápido.
Si durante el promedio del primer régimen del mercurio, pareciera que todo el sistema autónomo se rebelara contra la concentración del compuesto, la fría oscuridad que precede al moroso amanecer se intensifica cuando el aparato nervioso se ve sobreestimulado, perdiendo periódicamente el control en las reiteradas y embravecidas tormentas del mar endócrino, cuando las secreciones internas lleven al organismo a desasosegados cuadros de disautonomía durante la batalla de los opuestos: el enfrentamiento que se produce entre el sistema simpático y el parasimpático; en Histoire des Oiseaux en l'Autre Monde, el poeta francés Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac nos describe en singular prosa el combate que irrumpe —a condición de haber mantenido el principio hermético por más de un año— entre el cálido Vaso Gobernador (Tu-Mo daoísta o Pingala hindú) y el frío Canal de Función (Jen-Mo o Ida):
Caminé aproximadamente el espacio de cuatrocientos estadios, al final de los cuales advertí, en mitad de una campiña muy grande, cómo dos bolas que, tras haber girado una en torno a la otra durante mucho tiempo ruidosamente, se acercaban y, luego, retrocedían. Y observé que cuando se producía el encuentro se oían aquellos grandes golpes, pero a fuerza de caminar más adelante reconocí que lo que de lejos me habían parecido dos bolas eran dos animales, uno de los cuales, aunque redondo por debajo, formaba un triángulo por en medio, y su cabeza, muy elevada, con su roja cabellera que flotaba hacia atrás, se agudizaba en forma de pirámide, su cuerpo aparecía agujereado como una criba, y a través de esos orificios menudos que le servían de poros, veíanse deslizarse llamitas que parecían cubrirlo con un plumaje de fuego.

Paseándome por los alrededores, me encontré con un anciano muy venerable que contemplaba este famoso combate con tanta curiosidad como yo. Me hizo signo de acercarme, obedecí y nos sentamos el uno junto al otro [...]

Al comienzo del combate, la salamandra [sistema simpático], a causa de la vigorosa contención de su primer ardor, había hecho sudar a la rémora [sistema parasimpático], pero a la larga, este sudor se enfrió y esmaltó toda la llanura de una costra de hielo tan resbaladiza, que la salamandra no podía acercarse a la rémora sin caerse. El filósofo y yo nos dimos cuenta de que a fuerza de caerse y levantarse tantas veces, se había fatigado, pues los estallidos de trueno, antes tan espantosos, a que daba lugar el choque con que embestía a su enemiga, ya no eran más que el ruido sordo de estos golpecitos que marcan el fin de una tempestad, y este ruido sordo, amortiguado poco a poco, degeneró en un bufido semejante al de un hierro al rojo que se sumerge en agua fría. Cuando la rémora comprendió que el combate tocaba a su fin por el debilitamiento del choque a causa del cual ella se sentía apenas quebrantada, se levantó sobre un ángulo de su cubo y se dejó caer con todo su peso encima del estómago de la salamandra, con tal éxito que el corazón de la pobre salamandra, donde se había concentrado todo el resto de su ardor, se quebró y dio un estallido tan espantoso que no sé nada en la Naturaleza que se le pueda comparar. Así murió la bestia de fuego, bajo la perezosa resistencia del animal carámbano.
Cyrano de Bergerac describe el trayecto del fuego secreto por el plexo solar —la campiña muy grande— a medida que atraviesa los tres granthis: los nudos psíquicos donde Pingala, Ida y la médula espinal, el canal central Sushumna se entrecruzan con estentóreas consecuencias para el organismo, y hábilmente se adelanta a la siguiente etapa de la Obra Magna, presentando al anciano y venerable filósofo quien contempla pero no interviene aun en las batallas. El filósofo no es otro que el sub-mayordomo del Cuarto Camino, el centro mental de la incipiente supraconsciencia, todavía en vías de desarrollo, que sólo puede observar los acontencimientos durante la etapa del Nigredo, ya sin los topes psicólogicos (buffers) que previamente amortiguaban las impresiones y ahora desencadenan una acentuada reactividad emocional a las vicisitudes terrenales, pues el obrero del arte se ve privado de la anestesia endógena, producto del implacable mantenimiento del principio hermético.

Nuestro apreciado John Ronald Reuel Tolkien ejercita con esmerada vehemencia la encumbrada pluma del arte al describir la batalla del iatromantis Gandalf el Gris, quien enfrenta al poderoso y demoníaco Balrog en el ascendente viaje desde las extremas fundaciones de piedra en los oscuros abismos, escalando a través de la pétrea escalera en espiral hasta los nevados picos de la sombría montaña de Moria,(1) triunfando sobre la potestad draconiana pero, no obstante, muriendo tras la contienda: “... me envolvieron las tinieblas —hace decir al entrañable mago itinerante, cuando reaparece como el Caballero Blanco— y me extravié fuera del pensamiento y del tiempo, y erré muy lejos por sendas de las que nada diré.

Esta muerte iniciática es temporal, sin embargo, la conciencia vigílica lleva un claro recuerdo de todo lo acontecido en las densidades superiores, y su subsecuente «resurrección» constituye el segundo nacimiento neotestamentario del que nos habla Jesucristo; se trata, en definitiva, del resultado directo del nacimiento de la supraconsciencia: el anciano y venerable filósofo, ahora principio operador o Mayordomo de la Gran Obra, toma las riendas y se convierte, en las palabras de Mathurin Eyquem De Martineau, en el Piloto de la Onda Viva.

Lumen Coeli del artista
ruso Nikolai Roerich
La iluminación produce el blanco de la obra. Aunque, hemos de prevenir a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad, que el régimen del albedo no es el momento de completo sosiego ni la hora de escatimar en esfuerzos. Son todavía comunes las tormentas inusitadas aunque efímeras; y serán aun frecuentes algunos desequilibrios nerviosos, dado que la limpieza de la médula ósea es reciente y la comunicación entre los centros psíquicos superior e inferior es débil; se requerirán de grandes dosis del ens seminis para la labor intensificada del nuevo centro nervioso, así que las molestias del bajo vientre pueden intensificarse. El adepto ha de nutrir al “bebé shen” con dedicación y esmero, oficiando como nodriza de nuestro “infans solaris,” también conocido como la “Shekinah” o carroza divina de la Kaballah, el “Hijo del Hombre” del cristianismo, la “Sakina” del sufismo o la caperuza “Mukalinda” del budismo que recuerda a las conchas de Santiago de Compostela de celebrada aparición en la iconografía alquímica. Gopi Krishna en su libro Kundalini: el Yoga de la Energía nos relata su experiencia:
Hago sólo una simple exposición de los hechos cuando digo que durante años me sentí como si estuviera atado de pies y manos a un tronco que corría enloquecido por un torrente, salvado milagrosamente una y otra vez, por un escaso margen y justo a tiempo, de morir estrellado contra las muchas rocas que sobresalían del agua que se arremolinaba por todas partes, dando vueltas y serpenteando en todas direcciones, como si fuese guiado por una mano maravillosamente rápida y diestra, infaliblemente precisa en sus movimientos. Durante años, cuando de noche estaba tendido y despierto en la cama esperando que llegase el sueño, a menudo sentía cómo la nueva y poderosa energía vital se extendía como una tempestad por las zonas abdominales y torácicas al igual que por el cerebro con un bramido en los oídos, una lluvia centelleante en el cerebro y un movimiento febril en la zona sexual y alrededor de ella, en la base de la espina dorsal, tanto delante como detrás, como si estuviese haciendo un esfuerzo supremo para combatir una emergencia causada por algún veneno u obstrucción en el organismo que amenazaba el estado suprasensible y extremadamente delicado del sistema cerebro-espinal.

En esos momentos sentía instintivamente que se estaba produciendo una lucha a vida o muerte dentro de mí, en la que yo, el dueño del cuerpo, no podía tomar parte, y me veía obligado a quedarme quieto y observar como espectador el extraño drama que se desarrollaba en mi propia carne. Nada podría expresar mi estado tan gráficamente como la representación de Shiva y Shakti, pintada por un antiguo maestro, en que el primero se representa tumbado impotente y supino mientras la segunda, en un estado de ánimo de total imprudencia, baila alegremente sobre su cuerpo abatido. El observador agazapado en mí, el supuesto poseedor del cuerpo carnal, ahora completamente sojuzgado y apartado a un segundo plano, se encontraba a merced, literalmente bajo los pies, de un poder atemorizador indiferente a lo que pensaba y sentía, y que procedía, impasible, a tratar el cuerpo como quería sin concederle el derecho de saber lo que había hecho para merecer ese ultraje. Tenía motivos para creer que dicha representación fue diseñada para ilustrar un estado exactamente como el mío por un iniciado que también había pasado por la misma dura prueba.
Si hemos de aceptar los tiempos que ofrece el experimentado doctor Jwing-Ming Yang, el período que cubre el régimen del albedo se prolonga por tres años, cuando el bebé yin shen evoluciona hacia yang shen. La visión daoísta concuerda en la duración y sostiene que el crecimiento del embrión áureo involucra su pérdida del principio negativo en pos del positivo siempre a través de la nutrición del caldo aurífero, razón por la cual se enfatiza el crucial mantenimiento de las reglas del arte; el doctor B.S. Goel continúa:
Con el paso del tiempo, descubrí que las sensaciones dolorosas en [la región kanda del cuerpo: en los nervios y venas situados debajo de los testículos] se aminoraban. No obstante, los efectos secundarios de la descarga aparecían en la mente en la forma de una profunda depresión. Y no sólo la depresión, sino que constataba que incluso mi irritación e ira también aumentaban. Si esta descarga sexual no se producía en varios días, invariablemente me sentía, en gran medida, pleno de felicidad y estabilidad. Me dio también una clara señal en cuanto a que los antiguos nervios y las formaciones conductuales contenidas en ellos se quemaban más fácilmente y aumentaba la velocidad de la evolución. Basado en estas observaciones, deduje que la preservación del semen es una de las cosas más importantes para todos aquellos que deseen seguir la senda de la meditación y el yoga, en especial para aquellos cuya Kundalini se haya activado.
Según distintas escuelas de pensamiento, la consecución de esta fase logra la santidad y la emancipación casi completa del sistema de control hiperdimensional, es decir, de los vaivenes de la Rueda de la Fortuna que denuncia el ocultismo. La distinguida académica inglesa Frances Yates en su obra Giordano Bruno y la tradición hermética, explica en el cap. II: El Pimander de Ficino y el Asclepius, la traducción que hace el filólogo renacentista Marsilio Ficino al tratado de regeneración egipcio: El discurso secreto de Hermes Trismegisto a su hijo Tat en la montaña, y formula el siguiente acertado comentario sobre el resultado de la transmutación de los “ultores,” que hoy la ufología reconocería como “implantes:”
Al comentar este tratado, Ficino confronta la expulsión de los ultores y su sustitución por las Potestates Dei [poderes deíficos] con la experiencia cristiana de la regeneración en Cristo, el Verbo y el Hijo de Dios. En efecto, tal como pone en evidencia Festugiére, esta experiencia gnóstica parece ser algo similar a la gracia que actúa cancelando la predestinación impuesta por las estrellas. Reproduzco acto seguido una lista de las Puniciones y las Potestades según la traducción latina de Ficino [...]:
PUNICIONESPOTESTADES
Ignorantia [ignorancia]Cognitio Dei [conocimiento de Dios]
Tristitia [tristeza]Gaudium [alegría]
Inconstantia [inconstancia]Constantia [constancia]
Cupiditas [deseo]Continentia [continencia]
Luxuria [lujuria]Castitas/Fortitudo [castidad/fortaleza]
Injustitia [injusticia]Justitia [justicia]
Deceptio [engaño/mentira]Veritas [verdad]
Invidia [envidia]Bonum [bondad]
Fraus [fraude]Lumen [luz]
Ira [ira/violencia]Vit [vida]
Temeritas [miedo/temor]-
Malitia [aflicción]-
De exponer una explicación que nos oriente a una visión más positiva del fenómeno, el régimen del nigredo parece poner en funcionamiento un núcleo neuronal preexistente pero inactivo en el hombre mundano, mientras que durante el albedo todo indica que este centro desarrolla astrocitos gliales que sirven de sede a nueva y flamante materia gris, (2) y que finalmente comienza a sincronizarse con la neocortex, dirigiendo de ahora en más toda la orquesta cerebral. Este nuevo centro indudablemente es el rector del tercer ojo o visión interior —un órgano atrofiado que recupera su actividad a través del ens seminis sublimado— y que amplía la interpretación del entorno a la Cuarta Densidad. En un terreno totalmente hipotético, este centro incipiente parece recibir una influencia regente completamente diferente a la del cerebro reptiliano (complejo-R), que explicaría la autonomía frente a la manipulación hiperdimensional que caracteriza a la humanidad dormida.

Una vez desarrollado y consolidado el centro mental de la supraconsciencia, se ingresa al régimen citrinitas, del cual nuestro respetado Fulcanelli nos certifica la obtención de la serenidad tan anhelada (Las Moradas Filosofales, cap. El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre):
Este criterio es, pues, insuficiente, aunque justifica este axioma conocido de que toda materia seca se disuelve y se corrompe en la humedad que le es natural y homogénea. Es la razón por la cual ponemos en guardia al principiante y le aconsejamos, antes de entregarse a los transportes de un gozo sin mañana, aguardar prudentemente la manifestación del color verde, síntoma del desecamiento de la tierra, de la absorción de las aguas y de la vegetación del nuevo cuerpo formado.

Así, hermano, si el cielo se digna bendecir tu labor, y, según la palabra del adepto, si te fata vocant, obtendrás primero la rama de olivo, símbolo de paz y unión de los elementos, y, luego, la blanca paloma que te la haya traído. [...]
Completado este régimen, la «mente zen» o, en términos taoístas, de verdadera serenidad, tiene la capacidad de mover el punto de encaje, del que hablaba el antropólogo peruano Carlos Castaneda, desde el centro de atención vigílico en Tercera Densidad hacia la supraconsciencia en Cuarta Densidad, generando a voluntad el estado de samādhi.

Del régimen del rubedo poco diremos; tan solo que la completitud de la etapa previa, citrinitas, y la evolución al centro púrpura cubre un total de nueve años. Y añadimos una advertencia que hemos hallado en múltiples tratados budistas: si bien ya es posible realizar viajes astrales prolongados, se advierte el evitar a las entidades parasitarias, pues los procesos de abducción siguen siendo un peligro, hasta completar la maduración total de la supraconsciencia; además, se debe considerar el riesgo que el embrión desarrollado no desee retornar al cuerpo físico, encontrándolo como un hábitat despreciable y hediondo, e intentando emanciparse antes de tiempo; por lo cual se aconseja reiteradamente cumplimentar la cantidad total de años para obtener de manera definitva las facultades taumatúrgicas (el bienaventurado “don de Dios”), y erradicar cualquier peligro en Cuarta Densidad.

* * *
*

La desintegración positiva en el proceso de iluminación (I)

El proceso psíquico de catarsis y transmutación que detona el harnelmiatznel consciente entre el Agua de Vida y el Espíritu Igneo puede ser estudiado de manera positiva bajo la teoría de la desintegración psicológica fruto de la esmerada labor del psiquiatra polaco Kazimier Dabrowski en sus estudios sobre la Higiene Mental.(1) El maestro alquimista Fulcanelli, no dejó de mencionar veladamente estos trabajos internos de “podado psíquico” sobre ciertos bloques patológicos presentes en el aspirante al adeptado:
Hemos dicho, y lo repetimos, que el objeto de la disolución filosófica es la obtención del azufre que, en el Magisterio, desempeña el papel de formador al coagular el mercurio que le está unido, propiedad que posee por su naturaleza ardiente, ígnea y desecante. «Toda cosa seca bebe ávidamente su húmedo,» dice un viejo axioma alquímico. Pero este azufre, a raíz de su primera extracción, jamás es despojado del mercurio metálico con el que constituye el núcleo central del metal, llamado esencia o semilla. De donde resulta que el azufre, conservando las cualidades específicas del cuerpo disuelto, no es, en realidad, más que la porción más pura y más sutil de ese mismo cuerpo. En consecuencia, podemos considerar, con la mayoría de los maestros, que la disolución filosófica realiza la purificación absoluta de los metales imperfectos. Pues bien; no hay ejemplo espagírico o químico de una operación susceptible de dar semejante resultado. Todas las purificaciones de metales tratados por los métodos modernos no sirven más que para desembarazarlos de las impurezas superficiales menos tenaces. Y éstas, traídas de la mina o acarreadas en la reducción del mineral, son, generalmente, poco importantes. Por el contrario, el procedimiento alquímico, al disociar y destruir la masa de materias heterogéneas fijadas en el núcleo, constituido por azufre y mercurio muy puros, destruye la mayor parte del cuerpo y la hace refractaria a toda reducción ulterior. [...]

Nadie podría discutir la importancia y la preponderancia de la disolución, tanto en química como en alquimia. Se sitúa en la primera fila de las operaciones de laboratorio, y puede decirse que la mayoría de los trabajos químicos están bajo su dependencia. En alquimia, la Obra entera no implica sino una serie de diversas soluciones. No cabe, pues, sorprenderse de la respuesta que da «el Espíritu de Mercurio» al «Hermano Alberto» en el diálogo que Basilio Valentín nos incluye en el libro de las Doce claves. «¿Cómo podría tener yo este cuerpo?», pregunta Alberto. Y el Espíritu le replica: «Por la disolución.» Cualquiera que sea la vía empleada, húmeda o seca, la disolución es absolutamente indispensable.
Añadimos, con las debidas reservas, que la diferencia entre la remoción de impurezas química y alquímica es el grado de consciencia o inteligencia de las fuerzas intervinientes; nos arriesgamos a plantear que el poder espiritual que opera sobre el obrero del arte es claramente una influencia inteligente y sensible, abierta a la consideración del individuo, materia primera y destinatario final del proceso de desintegración positiva o “disolución filosófica,” en tanto que la reacción química en los metales opera, si bien análogamente, bajo un nivel inherentemente mecánico.

No obstante, nos permitimos señalar que según nuestro estudio y experiencia sobre las disciplinas esotéricas que decantan en el Síndrome Kundalini,(2) las sucesivas desintegraciones conllevan una inusitada agrupación de sensaciones nerviosas junto a síntomas orgánicos detrimentales —en algunos casos llamativamente severos— tal vez en íntima relación al recableado neuronal operado sobre los sistemas simpático y parasimpático, detonados por la abundancia del nuevo suplemento energético provisto por el método de flujo inverso de la energía seminal.(3) En consecuencia, cuando el pandit Gopi Krishna postula que “... los impulsos simpáticos aceleran y los provenientes del parasimpático ralentizan el accionar del corazón; en cambio, la motilidad y secreción del tracto digestivo son aumentadas por los impulsos parasimpáticos y reducidos por los simpáticos,” hallamos sosiego en una explicación completamente lógica a las dificultades físicas, en particular, gástricas y cardíacas, de reiterada aparición durante la Obra Menor —la rectificación de los primeros tres chakras: correspondientes a Saturno, Júpiter y la Luna,— que más tarde se volverán trastornos esencialmente psíquicos durante la fase de la Obra Mayor —los siguientes tres chakras superiores: Venus, Marte y Sol— y que totalizan las seis caras de nuestra piedra cúbica. Dentro de la recargada simbología tanática de la alquimia occidental fue el jeroglífico de la mortificación el encargado de prevenir al aspirante sobre los procesos de putrefacción filosófica:
Gran cantidad de filósofos han adoptado este modo de expresión y han velado, bajo temas fúnebres o macabros, la putrefacción especialmente aplicada a la segunda Obra, es decir a la operación encargada de descomponer y licuar el azufre filosófico salido de la primera labor, para convertirlo en elixir perfecto. Basilio Valentín nos muestra un esqueleto en pie sobre su propio ataúd en una de sus Doce claves, y nos pinta una escena de inhumación en otra. Flamel no sólo coloca los símbolos humanizados de la Ars Magna en el cementerio de los Inocentes, sino que decora su placa tumular, que se ve expuesta en la capilla del museo de Cluny, con un cadáver comido por los gusanos y con esta inscripción: «De, terre suis et en terre retourne.» Senior Zadith encierra, en el interior de una esfera transparente, a un agonizante descarnado. Henri de Linthaut dibuja en una hoja del manuscrito de la Aurore el cuerpo inanimado de un rey coronado, echado en la losa mortuoria, mientras que su espíritu, en la figura de un ángel, se eleva hacia una linterna perdida en las nubes. Y nosotros mismos, después de estos grandes maestros, hemos utilizado el mismo tema en el frontispicio de El misterio de las catedrales.
Empero, nuestro análisis quedaría efectivamente incompleto de no agregar la intromisión de la componente hiperdimensional que, durante los momentos críticos de la prolongada fase del Nigredo, aparece acentuando los sincronismos negativos que rodean la “suerte” del obrero del arte. Sirva nuestra experiencia entonces para recomendar al aspirante atenta cautela y estoica espera durante los episodios de ansiedad, angustia y depresión asociados a la disautonomía general motivada en el organismo por el fragor de la “batalla de los opuestos” —cuando los sistemas endócrino y nervioso luchen por la soberanía del dominio corporal,— dado que ciertas entidades dañinas pretenderán maximizar el loosh vertido a través de esta primer desintegración positiva: pues, ¿qué otro comportamiento se podría esperar de estos seres psicopáticos más que el fraguado de eventos detrimentales para aumentar los picos de miedo y desasosiego?

Emblema 33° de Atalanta Fugiens,
cf. artesón III de la quinta serie:
SI.NON.PERCVSSERO.TERREBO
Como hemos ya visto en las similitudes del magisterio sufista y daoísta, la fricción de la que hablan Gurdjieff y Ouspensky, previa a la transformación del Sub-Mayordomo (el centro psíquico observador) en el Mayordomo (la evolución hacia un centro psíquico operador), conlleva elaborados estados de neurastenia. En la misma línea, el proceso Kundalini que detona las disciplinas yógicas hinduístas, uno de cada dos practicantes se topan con marcados trastornos de ansiedad antes o durante el proceso de iluminación: casos como los documentados por los doctores Bonnie Greenwell y Bhim Sain Goel.(4) De igual modo, la alquimia occidental presenta una analogía en la batalla entre la mente subconsciente (serpiente/dragón) y la mente consciente (león/águila) antes de la aparición del piloto de la Gran Obra; reiteramos entonces que el concepto del “piloto” alquímico es claramente equivalente al “mayordomo” sufista del Cuarto Camino; Gopi Krishna lo denomina como un centro mental latente que evoluciona, de contar con el suplemento seminal sublimado, en la supraconsciencia; mientras que Fulcanelli y el gremio de los alquimistas lo llaman echeneis o pez hermético del Mar Rojo:
Esta isla no es más que otra figura del pez hermético nacido del mar de los Sabios —nuestro mercurio que Hermes llama mare patens,— el piloto de la Obra, primer estado sólido de la piedra embrionaria. Unos lo han llamado echeneis y otros delfín con idéntica razón, porque si el echeneis pasa, en la leyenda, por detener y fijar los navíos más fuertes, el delfín, cuya cabeza se ve emerger en nuestro bajo relieve, posee un significado también positivo. Su nombre griego, δελφις, designa la matriz, y nadie ignora que el mercurio es llamado por los filósofos el receptáculo y la matriz de la piedra.
El caso de desintegración del doctor B. S. Goel, documentado en su libro El Tercer Ojo y Kundalini: relato empírico del viaje desde el polvo a la divinidad, es particularmente interesante ya que reviste varias precauciones físicas, chequeos emocionales y depuraciones mentales que todo aspirante debiera considerar como precondiciones, con objeto de minimizar los fuertes efectos físicos y psíquicos que demarcan las dos fases de la Gran Obra. Sentimos necesario advertir a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad que consideramos este relato como una apología al reclutamiento de un neófito dentro de una jerarquía teócrata,(5) dada la fijeza mental y emocional del autor para con su hipotético gurú. Pretendemos subrayar —aunque con un manto de severa piedad porque bien sabemos la inusitada coerción y programación a la que puede ser sometido un peregrino durante su infancia— que su vivencia detrimental durante los múltiples episodios de purgado psíquico pudieran estar acentuados debido a la anatemizante disposición sumisa de su sistema de creencias y en su errada ideología de someterse ciegamente a un dios, entregando su devoción y libre albedrío, careciendo de una sólida inversión emocional en sí mismo, condiciones que entendemos como una patente invitación a la intrusión hiperdimensional.

El relato se divide en tres grandes momentos de desintegración, todos precedidos de un fuerte shock emocional que, de acuerdo a nuestra investigación, la más de la veces produce un despertar anticipado de la supraconsciencia, sobre todo, como es el caso, cuando se desarrollan disciplinas yógicas como el pranayama; si sostenemos la analogía daoísta y comparamos la iluminación con el alumbramiento del infans solaris, un despertar precoz de la Kundalini podría verse como el parto de un bebé prematuro, y en tal caso, debiera extremarse las precauciones, dada la inmadurez del centro mental incipiente:
[...] comence a sufrir de incontenibles ataques de llanto en forma repentina. El ataque comenzaba en un estado de gran dolor. Lloraba y sollozaba de manera patética y luego, recuperaba automáticamente la compostura. En aquel momento no podía sospechar que esto se prolongaría por seis meses. De nada sirvieron el razonar, la autosugestión o el autoconsuelo. La idea de la muerte y de la demencia me dominaban con tanta fuerza que, simplemente, lloraba y lloraba. También me ponía a gritar en medio de los llantos: “¡Madre! ¿Quién cuidará de mí ahora? ¿Qué sera de mí ahora?”

Supuse que estos ataques de llanto se debían al proceso de disolución de los nervios formados en la etapa más infantil y, evidentemente, mi madre tenía una profunda conexión con estas formaciones nerviosas. Sin embargo, nadie a mi alrededor podía tener intuición alguna sobre estos asuntos. Nadie podía imaginar que estaba pasando por un proceso que sería más profundo y aterrador.
El ojo entrenado puede hallar llamativo que el doctor Goel desconociera el papel central que ocupa nuestro mercurio y la necesidad imperiosa de mantener, durante todas las fases de la obra, el principio hermético; muchos de los vaivenes emocionales que sufrió luego de la activación Kundalini —comparables a un trastorno bipolar— podrían estar en directa relación con que el embrión de la supraconsciencia carecía del destilado nutritivo:
Algo interesante que estaba observando en todo este proceso de Kundalini era que la energía sexual o el semen jugaban una parte muy importante. Con la activación de Kundalini, es el semen el que comienza a elevarse con las oleadas de prana. No tengo otra evidencia directa para tal conclusión, salvo mi propia experiencia. Lo podía sentir una y otra vez en mí. Pude llegar también a la misma conclusión, a través de muchas otras observaciones. En las primerísimas etapas de la actividad de mi Kundalini, por ejemplo, descubrí que en cualquier momento se producía una descarga sexual. Muy pronto me encontré en las garras del dolor tanto mental como físico. Esto no guardaba conexión alguna con mi pensar, como podrían sentirse inclinadas a imaginar algunas personas, así llamadas doctas, con conocimientos en psicología.

El dolor físico siempre se produce en los nervios y venas situados por debajo de los testículos y algo por encima del ano. Este es el punto que se conoce como
kanda en el lenguaje yógico de la India y que constituye el punto de partida de los nervios más importantes [...] Después de la descarga sexual, la sensación de estos nervios solía ser tan dolorosa que me maldecía por ello.
Ya en sus capítulos finales, Goel plantea un resumen brillante desde la óptica hindú al trabajo que opera la virgen negra Shakti en su tránsito ascendente hacia su esposo Shiva: la energía Kundalini comienza su camino bajo el elemento tierra, cuando atraviesa el chakra muladharaproduciendo el quiebre del ego, resultante de la dislocación de los dos nervios, del raga [apego] y el dwesha [rechazo], a partir del Brahma-randhra [Puerta Celeste en la coronilla]. Para la persona, tal cosa representa la experiencia de la muerte. El yo de la persona, tal como lo ha entendido hasta este suceso, cae en una terrible confusión y enorme sufrimiento.” El siguiente destino de la energía regeneradora consiste en llegar al chakra swadhistan, correspondiente al elemento agua, en donde se enmiendan “los vasanas [deseo sensual], vrittis [taras mentales] y otras impurezas contenidas en el chitta [almacenamiento de impresiones mentales], de manera que se limpie y purifique.” Estos dos primeros pasos preparan el centro instintivo y emocional, mientras que los tres chakras siguientes: Manipura, Anahata y Vishuda, correspondientes al elemento Aire, Fuego y Akasha, rectifican, aquietan y calman el centro mental. Paralelamente, este sería el objetivo central del Cuarto Camino que denomina como la fusión de egos.

Reconociendo la importancia del ineludible trabajo personal, no agregaremos más sobre esta obra que consideramos de suma importancia para preparar al aspirante ante días inciertos y noches turbulentas en el moroso caminando del adeptado hermético. Considérese que recomendamos su lectura por las experiencias que se desarrollan y de ningún modo avalamos el sistema de creencias teocrático como así tampoco la mayoría de las conclusiones a las que llega el autor.

Concluimos nuestro primer análisis arribando al siguiente corolario: la Iluminación, condición suficiente para la liberación de las ataduras físicas, no implica el logro de la autonomía emocional, requisito necesario para la emancipación espiritual. Todo trabajo alquímico exige no sólo de esfuerzo y perseverancia, sino de aplicar la labor crítica, timón único que debe ser operado a través del conocimiento riguroso junto a la experimentación juiciosa. Las distinguidas palabras con que Fulcanelli cierra el último capítulo de El Misterio de las Catedrales son más que elocuentes:
Nadie puede aspirar a la posesión del gran Secreto, si no armoniza su existencia al diapasón de las investigaciones emprendidas. No basta con ser estudioso, activo y perseverante, si se carece de un principio sólido y de base concreta, si el entusiasmo inmoderado ciega la razón, si el orgullo tiraniza el buen criterio, si la avidez se desarrolla bajo el brillo intenso de un astro de oro. La ciencia misteriosa requiere mucha precisión, exactitud y perspicacia en la observación de los hechos; un espíritu sano, lógico y ponderado; una imaginación viva sin exaltación; un corazón ardiente y puro.

Exige, además, una gran sencillez y una indiferencia absoluta frente a teorías, sistemas e hipótesis que, fiando en los libros o en la reputación de sus autores, suelen aceptarse sin comprobación. Quiere que sus aspirantes aprendan a pensar más con el propio cerebro y menos con el ajeno. Les pide, en fin, que busquen la verdad de sus principios, el conocimiento de su doctrina y la práctica de sus trabajos en la Naturaleza, nuestra madre común. Por el ejercicio constante de las facultades de observación y de razonamiento, por la meditación, el neófito subirá los peldaños que conducen al SABER.

* * *
*

Dracomaquia: el primer régimen del mercurio de los sabios

La inusitada palabra harnelmiatznel en la enroscada semántica del prestigioso calvo enmostachado, podría convertirse en una útil brújula para el Obrero del Arte dado que esconde el arcano proceder que potencialmente le conducirá hacia la exoneración de la realidad entrópica. Puede que durante los primeros lavados ígneos que templan la superficie del atanor, los neófitos tengan permitido algún que otro titubeo en las proporciones del suministro y mixtura del compuesto hermético, pero llegado el momento de finalización del primer régimen del mercurio, será la noctívaga ebullición del húmedo radical el mecanismo urobórico que disciplinará cualquier opaca indulgencia en el moroso camino del adepto.

Aunque con cierta ironía, las crípticas bodas químicas de los rosacruces permitirán esclarecer entonces al pomposo término harnelmiatznel, esto es, “lo que está arriba se conecta con lo que está abajo y se une en el medio.” Si nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad interpretan con cuidado, observarán que existe una fuente en la raíz misma de la vida que encierra nuestro oro filosófico —sin duda empobrecido por costras inmundas de abajados impulsos que usualmente conmoverán a su naturaleza inferior— pero capaz de, una vez atemperado y sublimado el fuego, participar en la unión alquímica con el invisible pero pervasivo agente celestial. ¿Ahora bien, cuál es este elemento externo requerido en la agricultura celeste? Gurdjieff en Relatos de Belcebú a su Nieto concluye:
En la actualidad existen muchos de esos monasterios, y los innumerables monjes que a ellos se retiran se abstienen rigurosamente de expulsar de la manera habitual la sustancia de los “Exioëharys eserales” o “esperma” que se forma en ellos, pero su continencia no da ningún resultado notorio y ello ocurre porque a esos desdichados monjes contemporáneos ni siquiera se les ha ocurrido pensar que si el perfeccionamiento de sí puede hacerse mediante esa sustancia, es con la condición inevitable de absorber intencional y conscientemente el segundo y el tercer alimento eserales y digerirlos en uno mismo, lo cual es posible sólo para quien previamente haya sabido habituar a todas las partes de su presencia a cumplir conscientemente con los dos sagrados “deberes eserales de Partkdolg,” que son el “trabajo consciente,” y el “sufrimiento voluntario.”
Rueda de la Fortuna en Duomo di Siena
dedicada a Nuestra Señora de la Asunción:
nótese bajo el estilo gótico, las dos columnas
de estilo masónico en su frontispicio (siglo XIII)
Este segundo elemento eseral corresponde en el taoísmo al agente alquímico microcósmico externo; es así que la comunión de lo terrestre con lo celeste logra un nuevo compuesto, más refinado y sutil, el cual debe ser almacenado y protegido. De no mediar esta unión, el individuo queda expuesto a la Rueda de la Fortuna: a los altos y bajos de la suerte o, de acuerdo a las explicaciones ufológicas modernas, a la extracción compulsiva de sus emociones; es decir, la reactividad incipiente en las vicisitudes terrenales generan sobre la humanidad dormida una distorsión energética por la falta de homeóstasis emocional, que sirve de alimento a las fuerzas arcónticas: aquellas garras ocultas que diseñan y desencadenan estos vaivenes a través del sistema de control hiperdimensional. La fluctuación e inestabilidad en los hechos cotidianos, actualmente conocida como manipulación hiperdimensional, puede oscilar de un régimen estacionario hacia un cambio abrupto en lo que se conoce como cosecha de loosh, fomentado a través de cataclismos o acontecimientos catastróficos, la mayoría de las veces provocados, aunque también son aprovechados los eventos apocalípticos naturales.

El secreto para exonerarse de la Rueda de la Ley o Sistema de Control es dar inicio a la primer boda química, consistente en la circulación del principio vital que se extrae desde la Fuerza Generativa (el jing de los taoístas o los hidrógenos sutiles del sufismo: Si H12) durante la mitad de la órbita microcósmica —denominada etapa solve— para su matrimonio con el segundo elemento eseral (qi/ch’i taoísta o prana del hinduismo) en la otra mitad de la órbita —conocida como etapa coagula— de manera de acumular dentro del campo del cinabrio el nuevo componente resultante: el agente alquímico microcósmico interno.

También conocido como Primer Régimen del Mercurio de los Sabios, este proceso fue un secreto bien guardado en las órdenes monásticas y herméticas; tal es así que en la alquimia medieval estaba relacionado con los velados términos “verbum dimissum” o “custodiat arcanum,” pues únicamente era brindado oralmente de maestro a discípulo en lo que se conocía como una ininterrumpida “catena aurea.” Las concisas palabras de nuestro muy estimado Fulcanelli en su obra Las Moradas Filosofales nos avala sin velos: “Y la diferenciación de estos dos mercurios, uno agente de renovación y el otro de procreación, constituye el estudio más ingrato que la ciencia haya reservado al neófito.” (1) El timón que ha guiado nuestra enconada investigación nos ha orientado en este aspecto, a través del cual hemos rastreado la existencia de dos escuelas de pensamiento originales en la alquimia interna que esclarecen los esotéricos procedimientos que coadyuvan en el régimen del solve et coagula y, aunque entendemos que bien puede haber una tercera, el procedimiento en la circulación del qi debiera esencialmente coincidir.

Este régimen, descripto también como la órbita microcósmica o pequeña revolución celeste, inicia su circulación en la región del abdomen inferior a través del trabajo interno de la “bomba del sacro,” de manera de extraer el orgón del húmedo radical en un trayecto levógiro, contrario al movimiento dextrógiro predeterminado por la biología del organismo. Debe comprenderse que los canales, suministros y compuestos resultantes no son visibles, revistiendo el carácter de materia no bariónica, de densidad etérea, y en el caso particular del qi/prana, de una naturaleza aun más sutil. Sin embargo, promediando el avance del régimen, el novel artesano podrá tener un cabal indicio de la circulación a través de un incremento en la temperatura corporal durante el procedimiento, en particular, en la zona abdominal.

De acuerdo a los tratados alquímicos sobre el infans solaris, en los que hallamos graciosas concordancias con el magisterio del daoísmo y del budismo, durante las etapas finales, la apertura de la visión interna permite observar con claridad los canales y vasos etéricos, aunado a las entidades inorgánicas que habitan la siguiente densidad. El desaparecido joven alquimista Nicholas Collette en su libro The Universal Medicine previene al respecto:
La razón por la cual sus visiones se vuelven cada vez más claras a medida que se adentran más profundamente en su meditación es porque se está cargando con la energía astral que el elixir ha almacenado en su sistema: espera para ser activado y dispuesto a utilizar a través de la habilidad del operador. No funcionará por sí mismo, sino que debe ser guiado por la mente, y es por eso que un hombre puede consumir tal elixir y no ganar nada, mientras que el otro tendrá su mente abierta a un mundo más allá de éste: El mundo del Espíritu.
Y si ese hombre no está suficientemente preparado, no podrá soportar el horror de lo que verán sus nuevos ojos. Porque mientras hay tantos seres celestiales hermosos que viven entre nuestro mundo y el de los espíritus descorporeizados, hay también demonios horribles que se vuelven cada vez más fuertes por el miedo que obtienen del hombre, y seguirán alimentándose de esa energía si no se sabe cómo recuperar el control de sus sentidos y erradicar el miedo para reemplazarlo sólo con valentía y fe en Dios.
En ese momento toda su aura estará iluminada con una luz blanca muy brillante [...], y esas entidades horribles huirán de la luz deífica. Porque aunque parecen ser espíritus, de hecho están vivos, pero investidos en un cuerpo mucho menos denso y más sutil que nuestro propio marco físico. Y este aterrador hecho es el por qué la Piedra se llama la Piedra de los Sabios o Piedra Filosofal: se debe tener la mente para soportar las pruebas de la Naturaleza y de todos sus habitantes.
La escuela de pensamiento taoísta sostiene que en la disciplina nei-dan del QiGong (Chi-Kung), el orgón debe transitar por la espalda durante la etapa ascendente o de fuego positivo (orientación yang de la órbita), de manera que luego de atravesar el Canal de Control también denominado Vaso Gobernador, alcance el cerebro e inicie su etapa de descenso o fuego negativo (orientación yin de la órbita), progresando hacia el Canal de Función o Vaso de Concepción hasta arribar al dan-tien real inferior. En el imprescindible libro Yoga Taoísta (Taoist Yoga: Alchemy and Inmortality) del adepto Lu K'uan Yü, leemos:
Por tanto, estos ascensos positivos y descensos negativos se originan al inspirar y espirar. Cuando la fuerza generativa y vital comienza a vibrar hay que inspirar, para obstruir [mediante la bomba sacra] el mecanismo respiratorio (de manera que el aire baje y presione sobre el abdomen inferior); al mismo tiempo girando hacia arriba los ojos, hay que seguir el ascenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde la base de la cabeza a la coronilla.
En la espiración, se abre el mecanismo respiratorio para que el aire salga del cuerpo (y se relaje la presión sobre el bajo abdomen); al mismo tiempo, los ojos deben seguir el descenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde el vértice a la base. Por lo tanto, para completar una órbita, los ojos deben realizar un giro completo.
Los dos componentes que intervienen en el Primer Régimen del Mercurio: la fuerza generativa esencial (jing) y el aire fresco (qi/prana) parecen ser respectivamente dirigidos y controlados por medio del ejercicio de la bomba sacra del cóccix —también denominada fuelle de la fragua, ubicada en el centro yin del cuerpo: el perineo o Huiyin— y la dirección ocular orientada en desplazamientos circulares hacia los cuatro puntos cardinales. (2)
La órbita microcósmica y los canales de control y función, donde ocurre el proceso de sublimación (harnelmiatznel consciente) del jing y el qi/prana: A, G, D, J, son los cuatro puntos cardinales de la órbita; mientras que A→ B, A→ C, A→ E, A→ F, son las cuatro fases de ascenso de fuego positivo (yang) hacia el Canal de Control, los pasos G→ H, G→ I, G→ K, G→ L, constituyen las cuatro fases de descenso del fuego negativo (yin) hacia el Canal de Función, situado en M; el O central es la estufa filosofal. (3)
El movimiento acompasado y sincronizado durante la etapa ascendente solve o de fuego positivo, y posteriormente, en la etapa descendente coagula o de fuego negativo se efectúa coordinando la labor de los dos centros psíquicos: la región Terrestre del sacro (dan-tien inferior) y la región Celeste de los ojos (dan-tien superior) conjuntamente con un ritmo cadencioso del centro psíquico cardiorespiratorio (dan-tien medio), completando así una pequeña revolución celeste y almacenando el resultado del matrimonio alquímico en el campo del cinabrio o dan-tien real inferior. En el Tratado de Alquimia y Medicina Taoísta de Zhao Bichen (4) encontramos una aclaración adicional sobre el giro de la Rueda de la Ley: (5)
Tal es nuestro fuelle de fragua; es decir, la respiración del aliento verdadero. El cierre y la abertura son operados por la unión de la respiración externa y la respiración interna [a través de la bomba del cóccix]. El cierre es provocado por la inspiración: ésta envía el aliento verdadero que es la esencia, circula de Zi a Mao, después de progresivamente hasta Wu y Yu: a esto se le llama “hacer girar la Rueda de la Ley,” rueda que está constituida por los dos canales de función y de control. La abertura tiene lugar durante la espiración y es acompañada por un movimiento circular de los ojos: cuando se empieza a espirar, los ojos giran de la izquierda hacia la derecha, partiendo desde abajo (de Zi a Mao, después de Wu a Yu). La Rueda de la Ley hace progresar el Yang. Tales son las Revoluciones de la Rueda de la Ley en la abertura y en el cierre. Armonizadas con la respiración externa, hay abertura y cierre del fuelle de la fragua, esta es la razón por la que se habla de cuatro idas y venidas en las inspiraciones y de las espiraciones externas e internas.
El magisterio budista presenta una sutil diferencia con el daoísmo: la respiración embriónica del budismo consiste en utilizar la bomba del sacro de manera inversa a la aplicada en el taoísmo. Leemos en la esclarecedora obra del Dr. Yang Jwing-Ming, Respiración Embriónica: (6)
La «Respiración Abdominal Normal» (Zhen Fu Hu Xi) se conoce comúnmente como «Respiración Budista» (Fo Jia Hu Xi). Tras haber completado el entrenamiento mencionado en el punto 1. debe aprender a controlar sus músculos abdominales y coordinarlos con la respiración. Cuando inspira, la pared abdominal se expande y cuando espira, se retrae. Ha de practicar hasta que la respiración sea suave y el cuerpo esté completamente relajado. Como es natural, al comienzo tendrá que concentrarse mentalmente en el abdomen para poder controlar los músculos abdominales. Después de practicar durante algún tiempo, descubrirá que todo el proceso respiratorio se ha vuelto suave y natural. Esto significa que ya está preparado para producir Qi en el Dan Tien Inferior (Xia Dan Tian).
Cuando haya alcanzado este nivel, deberá dedicarse a coordinar su respiración con los movimientos de su Huiyin (región perineal). Cuando inspira, debe relajar el Huiyin, y cuando espira contraerlo. Recuerde que debe contraer suavemente el Huiyin sin llegar a tensarlo con el fin de que cuando lo contraiga sigan estando relajados; por el contrario, si lo tensa impedirá que circule el flujo del qi y además la tensión afectará también al abdomen y al estómago, lo que puede generar otros problemas. Al principio, como es evidente, necesitará concentrarse mentalmente para controlar los músculos del abdomen. Sin embargo, perseverando en la práctica su mente paulatinamente dejará de estar tan pendiente del proceso. Esto significa que se está regulando sin regular.
Pingala (ascendente: solar)
Ida (descendente: lunar),
Sushumna es la redoma
ventruda central
(7)
Por su parte, la escuela de pensamiento hindú concuerda en esencia con los requisitos iniciales del proceso de iluminación, no obstante, pareciera diferir en la ruta que tomará el orgón: en principio, utilizará el canal o nadi cálido Pingala, que coincide con la fase solar o masculina (etapa solve) para luego utilizar el nadi frío Ida, siendo la fase lunar o femenina (etapa coagula). La analogía de los canales entre ambas escuelas conectaría al Pingala hindú con el canal de control Tu Mo daoísta, Ida con el canal de función Jen Mo y finalmente el nadi central Sushumna con el canal de impulsión Ch'ung Mo.

En términos anatómicos, el taoísmo y budismo proponen que los canales se proyecten sobre el plano sagital: desde la espalda hacia el eje craneocaudal y luego por la frente hacia el abdomen; por su parte el hinduismo orienta estos canales como extendidos en el plano coronal. Aunque parezca contradictorio, si estos vasos y canales son sólo perceptibles con el desarrollo de la visión interna, probablemente al ser observados desde un panorama tetradimensional —accesible desde la cuarta densidad— se tome un origen de coordenadas arbitrario al intentar proyectarlos en las tres dimensiones habituales.

Curiosamente en los numerosos diagramas que ofrece el hinduísmo, los dos canales laterales no tienen una disposición lineal sino entrelazada —en tres puntos que Fulcanelli conecta con los nefastos clavos del Calvario en la metáfora del Via Crucis de nuestro amado Redentor, (8) denominados como granthis (nudos psíquicos) en el Hinduismo o “compuertas” del Daoísmo (Wei Lu, Chia Chi y Yu Ch'en), cuando éstos se entrecruzan con el canal Sushumna— culminando ambos en el cráneo a la altura del entrecejo. A diferencia de los tratados budistas y daoístas, la respiración interna promovida por el ejercicio de la “bomba sacra,” equivalente en el hinduismo al Mula Bandha, está acompañada de otras dos contracciones musculares: Jalandhara Bandha, a la altura de la garganta y Uddiyana Bandha en la región abdominal. Respecto a la primera, Olivia Cattedra y Maité Fernández de Bobadilla en su obra El Hatha Yoga en el Yoga informan (cap. VI, Teoría y práctica del Hatha Yoga):
La aplicación de Mula Bandha trata del ajuste/retracción perineal (piso pelviano) que conlleva también ajuste de la zonas glúteas y del abdomen. En este caso, el mula bandha está utilizado preponderantemente en relación al abhyantara kumbhaka (detención del aliento con pulmones llenos). El uso discreto de este bandha no solamente produce movimientos de energía pránica en las zonas específicas: sacro-pelviana y abdominal, sino que además es una técnica muy útil que favorece la correcta colocación de la columna sacro-lumbar, ampliando la zona dorsal y abriendo el tórax como consecuencia de ello.
Las dos conexiones importantes que podemos establecer a través del magisterio daoísta es que el incremento en la salivación por la disposición de la lengua —ya que la misma debe estar en contacto con el paladar blando de manera de unir los dos vasos principales: el gobernador y el de función— parece estar en relación con el Jalandhara Bandha; y por otro lado, la retención del aliento durante la retracción perineal, desencadena el harnelmiatznel, esto es, el proceso de sublimación en sí: mientras que la rota microcósmica tiene dos puntos de limpieza y ablución —los puntos cardinales Mao y Yu en medio de la inspiración y espiración respectivamente,— el abhyantara kumbhaka como técnica del pranayama, se concentra en el ápice del ciclo respiratorio.

Como corolario, el ojo entrenado habrá observado algo importante: tanto la Rota de la Fortuna (observando la disposición que nos brinda la imagen del Pantocrátor sentado en el ala central superior), como la órbita microcósmica y el enrutamiento que se realiza a través del pranayama hindú, la energía gira en el sentido levógiro, contrario a las agujas del reloj: es decir, de derecha a izquierda; siempre es el canal derecho el sentido ascendente y siempre es el canal izquierdo el sentido descendente.

En la siguiente entrega analizaremos los elementos restantes del procedimiento, pero en especial, las dificultades y riesgos que corre el Obrero del Arte durante el templado del atanor y los procesos para el atajo y regularización de los inconsistentes fuegos iniciales de la estufa filosofal; no por nada a esta etapa se la conoce como Nigredo.

* * *
*

La redención de la deidad dormida

La parábola neotestamentaria del hijo pródigo puede resumirse en las palabras del psicólogo Carl Jung cuando dice: “Para el Alquimista, el más necesitado de redención no es el hombre, sino la deidad perdida y dormida en la materia.” En el evangelio de Lucas 15:11-32 —proveniente de Loukás (Λουκάς) del griego antiguo leukós (λευκός): antorcha o luz, y del latín: lucis o lux, es decir la Buena Nueva de la Luz— leemos: (1)
Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.

Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
Nuestra investigación nos ha conducido a considerar la actual situación del ser humano como un individuo degradado por su propia maquinaria biológica: su cuerpo físico, aquel que los neognósticos comprenden como un implante, adaptado para subsumir la consciencia al sueño de la materia, bien podría verse como la pesada cruz en la que se ha clavado al alma. La tradición rosacruz sostiene que el homo sapiens fue una hábil factura arcóntica ingeniada para subyugar el ánima inmortal dentro los estertores de la carne, y sólo la labor personal puede generar, mediante un esfuerzo hercúleo, la piedra del exilio. Asimismo, el canon del budismo y del daoísmo sostiene que el hombre que malgasta su chi (qi) en actividades licenciosas, queda sometido a la infinita y vana rueda de la reencarnación.

En términos prácticos, la ecuación energética es sumamente sencilla: si el organismo físico, en el tercer estado de la materia, consume orgón de la manera programada biológicamente, el alma, presente en el cuarto estado, no puede iniciar su desarrollo; por lo cual, agotada la energía vital, el deterioro corporal se incrementa; surge la enfermedad y una concurrente exponenciación del impuesto etérico a la experimentación física; cierto es que en la vida moderna se apacigua la bioquímica del sufrimiento con cócteles de estupefacientes, pero aun así, las funciones orgánicas no tardan en cesar. Por supuesto, la tragicomedia humana no termina allí.

El alma, en un estado sub-embrionario, carente de energía y recursos derrochados por los vulgares goces mundanos, es conducida por aquellos que detentan el poder en el plano etérico, para una nueva ronda de encarnación en las coordenadas de espacio-tiempo que brinden un mayor rinde emocional para los arcontes; y esto coincide, asombrosamente, con la ley del Karma, dado que los individuos acostumbrados a una vida fácil serán recompensados con otra ardua y viceversa, y finalmente la ley del Tao se conformará, pues a través de estas vivencias polarizadas y la lenta destilación del sufrimiento, el núcleo espiritual comenzará a trastabillar por el camino que logre emanciparle de todo este padecimiento inconsciente que subyace en la cavernaria ilusión.

Regreso del Hijo Pródigo
(Rembrandt, siglo XVII)
La teoría para dar inicio al proceso redentorio se basa fundamentalmente en la sublimación de los instintos, mientras que la parte práctica consiste en descubrir la pericia para aquietar las regulares ebulliciones del húmedo radical y en aplicar, de manera continua e insistente, la órbita hermética del solve et coagula que se descifra en la arcana clave del VITRIOL: Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem, “Visite el interior de la Tierra, rectificando hallará la Piedra oculta.” Pero recuerden los Hermanos en la Búsqueda que el camino al cielo está sin pavimentar: cuando comiencen las fases iniciales de rectificación, todos aquellos groseros minerales adosados a los radicales de su simiente metálica —los introyectos de la psicología, los implantes de la ufología y los parásitos etéricos de la metafísica— darán cruel batalla, pues su fuente de alimento se verá restringida y, de acuerdo a la firmeza y dedicación del aspirante, totalmente disminuida. Se trata de la fase del Nigredo, y su color representa la oscuridad de la tierra arsenical: las prendas solares comienzan en el barro.

En The Secret Science behind the Miracles, podemos hallar una interesante explicación sobre la naturaleza intrínseca de estos parásitos etéricos o espíritus hambrientos, que obtuvo Max Freedom Long de los sacerdotes hawaianos Kahunas (Aquellos que Mantienen el Secreto); al parecer, el ser humano es una amalgama de dos antagónicos seres:
En resumen, la idea kahuna del consciente y del subconsciente parece ser, a juzgar por la semántica filológica que les dan a las palabras, un par de espíritus estrechamente unidos en un cuerpo controlado por el subconsciente y utilizado para cubrir y disimular a ambos. El espíritu consciente es más “humano” y posee la capacidad de hablar. El subconsciente, en cambio, es una entidad muda y penitente, propensa a las lágrimas y a regatear esfuerzo, pero encargada del manejo de la fuerza vital corporal. Hace su velado trabajo bajo un silencioso cuidado, pero es obstinado, caprichoso y muchas veces poco dispuesto a obedecer. Se niega a concretar una labor cuando “teme a los dioses” (es decir, cuando tiene un complejo o fijación de ideas), y se entremezcla o chantajea al espíritu consciente para dar la impresión de ser uno con él.
Bajo esta notable visión del ser humano como un gestalt frankensteiniano, se puede arrojar mucha más luz a las continuas discrepancias y al frecuente y molesto diálogo interno que denunciaron tanto Gurdjieff como Castaneda: dos entidades, de distintas densidades de consciencia —el subconsciente exponiendo su naturaleza reactiva y caprichosa de Segundad Densidad y el consciente encaramado en su egoico silogismo de Tercera Densidad— comparten el “control” de un vehículo físico en el que deben compartir los limitados recursos vitales que mayormente son administrados por la criatura más inexperta. Curiosamente, el sufismo ha observado la misma composición de gestalts: ruh-I haivani siendo el principio animal, y ruh-I insani, el alma racional.

La tradición kahuna concuerda con nuestra enumeración taxativa de las entidades etéricas; en este sentido, una vez que cesan las actividades corporales, la unión de los dos centros psíquicos puede continuar integrado o disgregarse; sin embargo, si bien se menciona a las entidades supraconscientes —es decir, de Cuarta Densidad— lamentablmente los kahunas no son precisos sobre la naturaleza del proceso durante el deceso de los humanos que han logrado La Gran Obra:
  1. El gestalt ordinario de un fallecido: se compone de un subconsciente y un consciente. Tiene facultades para pensar y recordar como cualquier ser humano común y corriente.
  2. El gestalt subconsciente, cercenado de su compañero consciente por algún accidente o enfermedad antes o después de la muerte. Este espíritu tiene facultades para recordar, pero es irracional, manteniendo sólo una razón deductiva basal. Responde a la sugestión hipnótica. Es como un niño y a menudo se expresa como un “poltergeist” ruidoso.
  3. El gestalt consciente de un humano, separado de su compañero subconsciente antes o después de la muerte física. Esta entidad no puede recordar, por lo tanto, es un fantasma casi indefenso, vagando sin rumbo, actuando como un “alma perdida” hasta que logre ser rescatado y emparejado con un espíritu subconsciente que pueda proporcionarle las facultades de la memoria; en ocasiones puede que recuerde eventos que no le pertenecieron, fruto de su unión con un subconsciente que estuvo asociado a otro consciente.
  4. Gestalts de orden superior: sólo se brinda información vaga sobre esta clase de entidades supraconcientes, aunque se concluye que frecuentemente toman parte en las actividades de las dos entidades inferiores, ayudándoles a realizar tareas de una naturaleza a veces espectacular o siendo hostiles y malignos.
Tanto las entidades negativas supraconcientes —que pueden asociarse a los arcontes del gnosticismo— como ciertos kahunas del lado siniestro, poseen la capacidad de ordenar a los gestalts inferiores para que parasiten o se introyecten en el subconciente de un ser encarnado, haciendo uso de su energía vital. Colin Wilson en su excelente relato The Mind Parasites acertó entonces al decir: “ellos no podrían existir aparte de la humanidad, porque ellos fueron la humanidad.” Y sin demasiado esfuerzo podríamos relacionarlos con los supuestos guías con que se topa Joseph Fisher (2) o los operadores de Barbara O'Brien: (3)
El proceso de posesión consiste en infiltrarse o adherirse al cuerpo de la víctima. (4) Hecho esto, su fuerza vital es drenada por las entidades intrusas y almacenadas en sus cuerpos fantasmagóricos. A medida que las fuerzas vitales de la víctima disminuyen, desde los pies llega un entumecimiento que se eleva gradualmente hasta las rodillas, las caderas y finalmente al plexo solar y el corazón, durante un período de tres días, momento en el que la víctima muere. Cuando se produce el deceso, las entidades abandonan el cuerpo, llevando consigo la fuerza vital recolectada, y regresan a sus amos.

Sin embargo, si la víctima pudo ser rescatada por otro kahuna, las entidades son devueltas a su dueño con órdenes hipnóticas de atacarle, y de tal embate los resultados muchas veces son fatales. Para evitar tal peligro, un ritual mágico de limpieza es realizado generalmente por el kahuna que envía inicialmente a las entidades. En el caso de concretar la misión, el kahuna ordena a sus esclavos espirituales jugar hasta agotar la fuerza vital que habían tomado del poseso. Su forma de juego usualmente consiste en lo que podríamos llamar “actividades poltergeist,” esto es, mover o arrojar objetos, hacer ruidos fuertes y crear disturbios de proporciones.
Si un ser humano encarnado posee un subconsciente “programado” o “guiado internamente” para actuar de manera agresiva contra su anfitrión consciente, ¿comenzamos a vislumbrar la resultante psíquica de los procesos de abducción? (5) Y para el ojo entrenado, nos atrevemos a indagar aun más: ¿vemos ahora con mayor claridad aquello que el alquimista debe rectificar? En Las Enseñanzas Secretas de Jesús de Marvin W. Meyer leemos desde el El libro secreto de Juan:
Yo dije: «Señor, ¿adónde irán las almas [animus o consciente] de estas personas cuando abandonen la carne?».
Él se rio y me dijo: «El alma que tiene más poder que el espíritu despreciable
[anima o subconsciente] es fuerte. Se escapa del mal, y a través de la intervención del Imperecedero [supraconsciente] es salvada y conducida al reposo eterno».
Yo dije: «Señor, ¿adónde irán las almas de las personas que no saben a quién pertenecen?».
Él me dijo: «El espíritu despreciable se hace más fuerte en tales personas cuando se extravían. Este espíritu coloca una pesada carga sobre el alma, la conduce a malas acciones y la arroja al olvido. Después que el alma abandona el cuerpo, es entregada a las autoridades
[arcontes: aquellos que detentan el poder] que han nacido a través del primer gobernante. La atan con cadenas, la arrojan a la prisión, y la insultan, hasta que finalmente emerge del olvido y adquiere conocimiento. Así es como obtiene perfección y se salva».
Los maestros orientales del daoísmo proponían inicialmente un ser humano con dos cerebros: el bajo o intestintal (dan-tien inferior) asiento de la vida y el alto o celestial (dan-tien superior) asiento del alma; ambos cerebros se encontrarían unidos por el dan-tien medio, asociado al sistema cardiorespiratorio. El yoga de la inmortalidad que difunde esta religión consiste en la integración de lo terrestre (principio alquímico interno o dragón áptero) con lo celestial (principio alquímico externo o dragón volátil) para consagrar la cimentación de una nueva entidad: el shen o supraconciente (infans solaris). La conclusión de todo este proceso es el nacimiento del redentor crístico que eventualmente alcanza el estado de budeidad, exonerándose del ciclo reencarnativo, a la par de alcanzar un nuevo estado de consciencia en la Cuarta Densidad: (6)
Los kahunas asociaron todos los procesos de pensamiento con el “mana.” La palabra mana-o significa “pensar,” y se agrega la “o” para demostrar que el proceso consiste en usar mana para producir consciencia.

La fuerza vital o mana de los kahunas tiene tres vertientes. Si es de naturaleza eléctrica, como lo han demostrado experimentos modernos, podemos decir con cierta seguridad que las tres fuerzas de
mana conocidas por los kahunas son semejantes a tres voltajes.

La semántica kahuna para los tres voltajes es la siguiente: para el bajo voltaje usado por el espíritu subconsciente es “mana,” pero para el voltaje medio, usado por el espíritu consciente como “voluntad” o fuerza hipnótica, se utiliza “mana-mana.” Por último, para el voltaje más alto conocido como “mana-loa” o “poderosa fuerza,” requerido únicamente por el supraconciente que, asociado finalmente a los dos espíritus menores, da cohesión definitiva al hombre trino.

* * *
*