sábado, 22 de julio de 2017

La Gran Obra: paralelismos entre sufismo y taoísmo (III)

En las entregas previas hemos intentado ofrecer las semejanzas entre las visiones sufista y daoísta, considerando el papel central que juega el intercambio de la energía del Hombre (microcosmos) con la Naturaleza (macrocosmos): el Cuarto Camino busca eliminar las pérdidas de energía emocional (qi), evitando los excesos de la imaginación, la identificación y, en especial, la expresión de las emociones negativas; el Taoísmo, en cambio, se concentra en el acopio de la energía sexual (jing) por medio del ejercicio de la rota microcósmica como una forma de eliminar la lujuria —esto es, que la tiranía del deseo sexual se convierta en una opción y no en la norma,— transformando el exceso de fuerza generativa que se concentra en el dan-tien falso inferior, a través del uso de la bomba sacra para trasladarlo hacia el dan-tien real inferior, previa sublimación con el pervasivo agente celestial; hallamos también coincidencias en los objetivos de ambas disciplinas: la llegada del Submayordomo del Cuarto Camino que prepara la labor para el alumbramiento del Maestro no presenta demasiadas diferencias con la gestación y cuidado del embrión áureo que en el daoísmo se considera como único vehículo para llegar al Tao.

Si bien el magisterio sufista se concentra en detallar la disciplina para este fin, una vez despertada la supraconsciencia, no hemos encontrado referencias que expongan un método para el desarrollo y la utilización de los estados de consciencia superiores. Sin embargo, la disciplina del neidan daoísta ofrece un enriquecido itinerario tras haber logrado el iluminado estado de bodhicitta, equivalente en el budismo a la teofanía mineral de los alquimistas occidentales; incluso conecta con los estudios demonológicos del cristianismo temprano, en particular con los tratados filocálicos, y permite una visión colineal con las teorías conspiranoicas de la ufología moderna, dado que informa los riesgos que corre el embrión áureo de ser presa de entidades negativas en los reinos superiores.

Entendemos que será de extrema utilidad para nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad conectar los trabajos del doctor David Hufford, en especial su libro The Terror that Comes in the Night, junto con la experiencia del pandit Gopi Krishna, en su obra Kundalini: el Yoga de la Energía, para sortear el difícil momento del alumbramiento del bebé shen, nutrirlo diligentemente durante los primeros años y protegerlo en sus estadías fuera del cuerpo hasta que su naturaleza varíe del inicial estado yin shen, cuando logre alcanzar la gloriosa condición yang shen, recibiendo entonces las facultades divinas, razón por la cual los alquimistas han velado los acontecimientos que transcurren durante los sucesivos regímenes de la Gran Obra usando los términos “tarea de mujeres,” “juego de niños” y el bienaventurado “don de Dios.”

La información más detallada que ha llegado escrita a nuestros días corresponde al maestro Chao Pi Ch'en (también escrito Zhao Bichen, en chino 趙避塵) y entendemos que la mejor síntesis de su obra consiste en la explicación brindada en el Rosarium philosophorum sive pretiosissimum donum Dei (Rosario de los Filósofos o el regalo más precioso de Dios): “Nuestra piedra es el producto del magisterio mismo y es asimilada, en su progresión, a la creación del hombre: en primer lugar viene el coito, en segundo lugar la concepción, en tercer lugar el embarazo, en cuarto lugar el nacimiento, y por último la nutrición.

Al conectarlo con el sufismo, vemos que las concepciones son sorprendetemente parecidas: los diferentes combustibles necesarios para el buen funcionamiento de los centros psíquicos del Cuarto Camino son, esencialmente, el refinamiento energético buscado en el magisterio daoísta: el más burdo de estos suministros es el jing, la fuerza generativa que psicológicamente podemos comparar con la líbido sexual. El jing o esencia necesita limpiarse, disolverse, purificarse y reunificarse en un nuevo compuesto: el qi (chi); y por último, el compuesto hermético debe sublimarse nuevamente en la energía psíquica shen. (1)

Confucio presenta el bebé
Buddha al filósofo Lao-Tzu
Cuando el principio hermético es mantenido por más de un año, la sublimación de jing produce suficiente acumulación de qi para iniciar una serie de cambios fisiológicos que culminan en un hito particular: la consolidación del sub-mayordomo; es decir, el centro magnético embrionario comienza su moroso desarrollo y más tarde logrará subyugar a los egos o complejos autónomos psicológicos; mientras que los daoístas hablan de este paso importante como Colocar los Cimientos (zhu ji lian yi), los alquimistas occidentales lo han denominado como el templado del atanor, y a nuestro entender, se trata de una analogía válida pues la saturación de qi puede provocar trastornos de ansiedad en los centros psíquicos inferior y medio pues se ven colmados de combustible que no le es propio. Gopi Krishna comenta sobre su experiencia:
Mientras dormía, a menudo el ritmo de mi pulso era mayor que durante el día. Comprobaba este hecho con regularidad, tomándome el pulso inmediatamente después de despertar en cualquier momento de la noche. En numerosas ocasiones descubrí que latía tan rápidamente que me causaba ansiedad. Los latidos fuertes y rápidos señalaban claramente un proceso metabólico indudablemente acelerado, que la sangre corría con rapidez, incontables formaciones y transformaciones en los tejidos celulares, todo ello afectado por la corriente vital que se extendía como una tormenta a través del organismo entero con el propósito evidente de rehacerlo hasta alcanzar un grado superior de eficacia.
Señalamos entonces que la salud física y la edad del aspirante son dos variables importantes sino vitales para la completitud de la Gran Obra. En el taoísmo se propone como edad tope a los 64 años y el adepto Lu K'uan Yü establece una escala en función de una unidad métrica de estabilidad psicosomática denominada chu. (2) Los chu se pueden graficar como una función cóncava con su máximo a los 16 años y debido a que su vitalidad positiva (principio yang) decrece gradualmente mientras que su contrapartida negativa (principio yin) aumenta proporcionalmente, a partir de los dieciséis años se desarrolla una unidad de principio negativo cada noventa y seis meses:

EdadCantidad de mesesChu(s)Principio positivoPrincipio negativo
2 años y 8 meses326410
5 años y 4 meses6412820
8 años9619230
10 años y 8 meses12825640
13 años y 4 meses16032050
16 años19238460
24 años28832061
32 años38425662
40 años48019263
48 años57612864
56 años6726465
64 años768066

Las unidades que se adicionan a los principios positivo y negativo motivados por la edad pueden variar por razones exógenas: es decir, las respectivas unidades Yang y Yin sufren variaciones significativas en caso de enfermedades, situaciones extremas y, por supuesto, procesos hiperdimensionales como episodios frecuentes de visitantes de dormitorio y abducciones que aumentarán drásticamente el principio negativo. Asimismo, la aplicación de conductas psicopáticas facilita el “robo” del principio vital ajeno a partir de la manipulación emocional, la extorsión mental y la tortura física de entidades de consciencias inferiores o inocentes. No debemos desestimar que individuos en el camino siniestro exhiban actitudes y procedimientos encubiertos o manifiestos para enriquecerse vitalmente a partir del sufrimiento ajeno.

Pero aun con todas estas dificultades y siguiendo los lineamientos del magisterio taoísta es posible recuperar los chu perdidos ejercitando constantemente la rueda del pozo. (3) Aconsejamos vehementemente al aspirante utilizar las técnicas del fuego militar de la disciplina interna Kan-Li (Agua-Fuego) para robustecer el sistema defensivo autónomo del organismo previo al comienzo de la obra, aunque también lo hemos encontrado útil como método para morigerar los efectos del exceso de qi. (4) Una vez preparado el cuerpo físico, el magisterio del daoísmo propone tres regímenes de sublimación con distinto propósito:
  1. lian jing hua qi (sublimación macroscósmica de la fuerza generativa): requiere de la fragua del dan-tien inferior para sublimar el jing (esencia) en qi (traducido en los tratados como aliento/vitalidad) y el objetivo es confeccionar la Śarīra o la Perla de Cristal que es la famosa cristalización del exioëhary de la que habla Gurdjieff; (5) los tratados daoístas coinciden en un periodo de 90 a 100 días de manutención del principio hermético para transformar la fuerza generativa en qi a través de la ejercitación diaria de la pequeña revolución celeste, ya descrito como primer régimen del mercurio de los sabios;
  2. lian qi hua shen (purificación microcósmica de la vitalidad): durante este Régimen de la Piedra ha de cargarse la Cruz, símbolo del sufrimiento de nuestro amado redentor, sobre los dos hombros: el izquierdo, portador del Sol, y el derecho, teniendo como guía la Luna:
    El método consiste en girar los ojos nueve veces en cada una de las cuatro fases (de A a D, G a J), treinta y seis veces en total, para levantar el fuego positivo y clausurar la “Puerta Misteriosa” (k'ai kuan), y luego girar los ojos seis veces en cada una de las cuatro fases (de G a D, A y J), veinticuatro veces en total, para hacer bajar el fuego negativo y abrir así la “Puerta Misteriosa.” Estas revoluciones pasan por los cuatro puntos cardinales A, D, G y J para sublimar la fuerza generativa previamente recopilada y convertirla en vitalidad.
  3. szu ko yin yang (acopio de vitalidad para fortalecer el espíritu): utiliza la estufa del dan-tien intermedio y consiste en sublimar el qi para refinarlo en la energía psíquica shen (espíritu); la finalización exitosa de este régimen resulta en la integración final de los dos principios contrapuestos para trascender la dualidad; desde el punto de vista psicológico, el consciente (Ego, orientación STS, mente discriminatoria) y el subconsciente (Ello, orientación STA, mente indiscriminatoria) se integran al ser administrados por un nuevo centro psíquico: la supraconsciencia (SuperYó, orientación STO, es decir: balance); la finalización de este régimen es la iluminación o Piedra de Primer Orden.
Es así que los hornos de la alquimia, que en muchas ilustraciones aparecen con sofisticadas y descabelladas formas de redomas ventrudas, intentan explicar como el fuego filosofal va ascendiendo por los diferentes dan-tiens hasta alcanzar, tras la teofanía mineral, la clasificación de caldero precioso, símbolo hermético por excelencia del rosetón multicolor en el imafronte de las catedrales góticas, pues la visión interna del adepto se enriquece notablemente y comienza a percibir las formas internas y externas de los fuegos (es decir, del cuarto estado de la materia o estado de plasma); Gopi Krishna nos ilustra:
A veces parecía como si un chorro de cobre fundido, subiendo a través de la espina dorsal, chocase contra mi coronilla y cayese a mi alrededor en una lluvia centelleante de vastas dimensiones. Lo contemplaba con fascinación, el temor aferrando mi corazón. De vez en cuando parecía un espectáculo de fuegos artificiales de gran magnitud. Por muy lejos que mirase hacia dentro con mi ojo mental, sólo veía una lluvia brillante o un charco incandescente de luz. Parecía como si menguase de tamaño al lado del halo gigantesco que me rodeaba, que se extendía por todas partes en ondulantes olas de color cobre, claramente perceptibles en la oscuridad circundante, como si el centro óptico del cerebro estuviese ahora en contacto directo con una sustancia extremadamente sutil y luminosa en movimiento perpetuo, inundando el cerebro y el sistema nervioso, sin la intervención de los conductos intermedios de la retina y el nervio óptico.
La experiencia del alquimista francés Fulcanelli es similar, pero además incorpora la percepción auditiva:
Cuando oigáis en el recipiente un ruido análogo al del agua en ebullición —fragor sordo de la Tierra cuyas entrañas desgarra el fuego,— disponeos a luchar y conservad vuestra sangre fría. Advertiréis humaredas y llamas azules, verdes y violetas que acompañan una serie de detonaciones precipitadas... Una vez pasada la efervescencia y restablecida la calma, podréis gozar de un magnífico espectáculo. En un mar de fuego, se forman islotes sólidos que sobrenadan animados con movimientos lentos y toman y pierden una infinidad de vivos colores. Su superficie se hincha, revienta por el centro y los hace asemejarse a minúsculos volcanes. Desaparecen a continuación para dejar sitio a hermosas bolitas verdes, transparentes, que giran con rapidez sobre sí mismas, ruedan, se tropiezan y parecen perseguirse en medio de las llamas multicolores y de los reflejos irisados del baño incandescente.
El paso siguiente consiste en nutrir al bebé shen, que no posee autonomía propia ni posibilidad de defenderse en caso de ser atacado fuera del cuerpo. Los tratados budistas, en especial, son enfáticos en que durante esta etapa es un factor crítico proteger al yin shen de los seres inorgánicos parasitarios que buscarán alimentarse de su principio negativo; en el Tratado de alquimia y medicina taoísta (Weisheng Shenglixue mingzhi), Bichen advierte:
Primero hay que reabsorberlo [hacer reentrar al cuerpo al bebé shen, esto es, evitar los OBE (out of body experiences o viajes astrales) prolongados] rápidamente ya que, al no estar fortalecido, puede disolverse o ser la presa de todo tipo de demonios. La aparición de un gran número de demonios venidos para atacar al Shen es uno de los múltiples peligros de esta etapa sobre los que insiste Wu Chongxu.

Si recordamos que los demonios pertenecen al mundo Yin de la tierra, su ataque puede interpretarse como una última defensa del Yin antes de su desaparición completa. El Chuan dao ji, pone en guardia al adepto contra los demonios que pueden venir del exterior o de los sueños, o también de la visión interior que engendra todo tipo de perfumes, de sonidos, así como de visiones maravillosas y de alegrías extraordinarias.

Estas advertencias se encuentran en el Xingming Guizhi que habla de la aparición de fenómenos luminosos, de visiones de bellas mujeres que acechan al adepto hacen pensar, en la tradición budista, al último combate del Buda, a lo largo del cual Mara —demonio de la ilusión— intenta desviarla a través de todo tipo de visiones paradisiacas.
A nuestro entender es importante que el aspirante tome conocimiento del proceder de estas entidades negativas, invisibles a los ojos mundanos, pero completamente perceptibles una vez lograda la visión interior. (6) El planeta Tierra se encuentra bajo el velado dominio de estas entidades psicopáticas y cualquier ser humano que logre el despertar definitivo es un blanco concreto a quien atacar; volvemos a hacer énfasis en los estudios del doctor Hufford, y sirva nuestra recomendación en evitar descansar o dormir de espaldas, dado que se aprisiona el canal del Vaso de Control (Tu Mo) dejando expuesto el Vaso de Concepción (Jen Mo) y que, en ausencia del co-gobierno del primero, es una vía fácilmente manipulable que detona cuadros de ansiedad y disautonomía.

Las etapas siguientes al régimen del albedo ya son más sosegadas pues el individuo comienza a emanciparse del sistema de control hiperdimensional. Es decir, el principio negativo yin, que demarca su existencia al factor exógeno, comienza a debilitarse y progresa entonces su principio positivo yang, volviéndose invisible a los sincronismos negativos que confecciona el cerco hiperdimensional: en los mitos y leyendas griegos se sostenía que el héroe que enfrentaba a las fuerzas del Hades se muñía de reliquias, provistas por los Cíclopes (aquellos maestros que han logrado el despertar del tercer ojo), que le otorgaban de invisibilidad para llevar a cabo su misión salvífica de la humanidad. Los regímenes restantes para la confección de nuestra Piedra se completarán a través de:
  1. lian qi hua shen (refinamiento del qi para transformarla en espíritu): cuando la circulación microcósmica se vuelva autónoma, envolviendo un circuito más amplio, relacionado con los “Ocho Meridianos Extraordinarios” en la llamada “Órbita Macrocósmica” (da zhou tian); el filósofo entonces comienza a reintegrarse al principio natural, uniendo Cielo y Tierra; durante esta etapa comienza a restaurarse el cuerpo orgánico ya que el exceso de jing se utiliza como ingrediente alquímico restaurador.
  2. lian shen huai xu (refinar el espíritu para regresar al vacío): en esta fase de la práctica, la energía psíquica (shen) evoluciona al llamado “espíritu original” (yuan shen). Las energías mezcladas del estado “cielo posnatal” (hou tian) se restauran en un tipo de energías primordiales llamadas “cielo prenatal” (xian tian); el bebé shen progresa de su estado yin hacia yang.
  3. lian xu he dao (transmutar el vacío para alcanzar el Tao): esta etapa opcional consiste en hacer progresar el yang shen de Cuarta Densidad hacia Quinta Densidad; el cuerpo físico de Tercera Densidad se reabsorve en vida; probablamente en la Sesión Cassiopaea del 30 de Septiembre de 1994 se haya intentado transmitir esa idea sobre Jesucristo: (7)
    P: (Laura) Entonces no hubo crucifixión, no hubo resurrección después de los tres días, es correcto?
    R: Bastante.
    P: Bien, ¿cuál es la verdad sobre este asunto?
    R: Abandonó la Tierra en un vehículo luego de un estado de sueño extendido.
    P: ¿Cuándo fue que entró en este estado de sueño? ¿Se fue un día a la cama a dormir y luego una nave vino y lo recogió?
    R: Algo así.
    P: ¿Así que le pareció a sus seguidores que había muerto?
    R: Ellos pensaron eso.
    P: ¿Se levantó en algún momento y dijo algo a alguien antes de irse en la nave?
    R: Sí.
    P: ¿O sea volvió de la muerte...
    R: Sí.
    P: ... y luego les dijo cosas que había visto en su sueño meditativo extendido, fue eso lo que sucedió?
    R: Algo parecido.
    P: Bien, ¿qué pasó?
    R: Profetizó y proclamó entonces su eventual retorno.
    P: ¿Fue esta información la que obtuvo durante este período de sueño prolongado?
    R: Sí.
    P: ¿Cuánto tiempo estuvo dormido, o en este estado de semi-muerte?
    R: 98 horas.
De acuerdo al doctor Jwing Ming Yang, el cronograma de la Gran Obra dentro del budismo y el taoísmo coinciden y comprenden un total de tres años para lograr la Santidad (una vez obtenida la primer iluminación o Bodhicitta que le convierte en un ser bi-densidad) y otros nueve años para alcanzar la Sabiduría, esto es, la Piedra Filosofal de Tercer Orden:
Como se puede comprobar, el Dao de alcanzar la iluminación o de convertirse en Buda requiere muchos años de entrenamiento. Consiste en [...] la formación de un “Embrión Espiritual” (cien días para la fundación) que es comúnmente denominado “Sheng Tai” (Embrión Sagrado) o “Ling Tan” (Embrión Espiritual). A continuación hay diez meses de nutrición y crecimiento, tres años de cuidados, y finalmente nueve años para educar a este Shen bebé hasta que madure y sea independiente. En el entrenamiento del Qigong budista y daoísta se cree que para alcanzar la meta final de la iluminación y el estado búdico primero se debe crear un cuerpo energético espiritual independiente. Después de la muerte del cuerpo físico, este cuerpo espiritual continúa viviendo eternamente y no retorna a la rueda de la reencarnación.
El adepto, llegado a este momento, ha logrado la maestría, recuperado la memoria de sus existencias “pasadas” (anamnesis, del griego ἀνάμνησις: “rememorado”) y es consciente de las realidades de tercera y cuarta densidad: puede, a voluntad, ingresar o retornar de sus estadías fuera del cuerpo, aquellas que las tradiciones místicas asiáticas denominan samādhi; las facultades taumatúrgicas como la sanación, la visión extendida y la consciencia de todos sus futuros probables son las nuevas herramientas cognitivas que provee la supraconsciencia madura; Eugene Canseliet en el segundo prefacio a la edición francesa de Las Moradas Filosofales comenta al respecto:
En aquella época hacía ya seis años que nuestro viejo maestro había conseguido la elaboración de la Piedra Filosofal, de la que se ignora ordinariamente que se divide en Medicina Universal y en Polvo Transmutatorio. Una y otra aseguran al adepto el triple patrimonio —conocimiento, salud y riqueza— que exalta la estancia terrestre a la absoluta felicidad del Paraíso del Génesis. Siguiendo el sentido del vocablo latino adeptus, el alquimista ha recibido desde ese momento, el Don de Dios, o, mejor aún, el Presente en el juego cabalístico de la doble acepción, subrayando que, a partir de entonces, goza de la duración infinita de lo actual [...]


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jueves, 22 de junio de 2017

La Gran Obra: paralelismos entre sufismo y taoísmo (II)

El mundo antiguo había visto nacer las religiones mistéricas greocorromanas en cuyo seno se albergaba la posibilidad de vencer al destino, convirtiendo a sus adeptos en dioses exonerados de los malestares corporales, liberados de las desdichas mundanas y capaces de eludir las oscuras influencias astrales que aquejaban a sus congéneres mortales. Desconocemos las particularidades de sus enseñanzas pues un juramento perenne obligaba al silencio más absoluto de sus iniciados y tan sólo unas hebras deshilachadas han llegado a nuestros días. Aunque este mismo proceder lo vemos luego en la alquimia medieval, cuando el mutismo del argot sometió las enseñanzas a complicadas analogías sobre compuestos herméticos que se destilaban en ventrudas redomas y burdos metales que, merced a la pericia del Arte, transmutaban en preciosos durante aquella secreta y encumbrada teofanía mineral.

Los tratados orientales, afortunadamente, fueron menos restrictivos. Cobijándose tras un prudente pudor, tan solo el plomo y el mercurio resultaron ser los conceptos basamentales que velaban sus escrituras; cualquier ojo entrenado lograría tras una lectura atenta asociar con rapidez al húmedo radical alquímico, tratándose del ens-seminis, y su distinción de la fuerza generativa, aquella que coincide con el potencial energético jing —uno de los Tres Tesoros Sagrados del daoísmo,— y que merma al derramarse en la tierra, durante cualquier mundana ebullición del destilado precioso.

Utilizamos la palabra destilado, pues es a través de la explicación que nos brinda el sufismo sobre el procesamiento sutil de los alimentos, que podemos comprender el mecanismo del refinamiento de los hidrógenos encerrados tras la digestión de las vituallas materiales. Las enseñanzas taoístas toman como punto de partida al erario orgánico del jing —la elan vitae de Henri Bergson y el orgón de Wilhelm Reich,— pero sin embargo, sin la elucidación sufista, careceríamos de la clarificación del proceso con que nuestro organismo confecciona los vitales hidrógenos sutiles.(1) Debemos agradecer al matemático ruso Piotr D. Ouspensky (en ruso: Пётр Успе́нский) la claridad con que resumió las enseñanzas de su mentor, nuestro prestigioso calvo enmostachado, George I. Gurdjieff (en armenio: Գեորգի Գյուրջիև), quien más tarde las expuso, bajo un ornamentado glosario de arduos términos, en su libro Relatos de Belcebú a su Nieto.

Para lograr la conexión entre ambas explicaciones creemos beneficioso que se tenga en mente algunos conceptos y axiomas que El Cuarto Camino da por sentado: anteriormente vimos que tras el rebuscado término harnelmiatznel, se escondió algo tan simple como “lo que está arriba se conecta con lo que está abajo y se une en el medio,” y matemáticamente correspondería a la media ponderada, siendo el concepto central para entender el trasfondo alquímico que juega el Alkahest, es decir, el segundo elemento eseral. Otro concepto clave es el de stopinder o intervalo, esto es una fase a la que se arriba a través del uso de determinada energía, pero para superarla, se requiere de otra distinta, más concentrada y proveniente del exterior del organismo, y que puede provocar y desencadenar un shock emocional al ser aplicada en un punto clave: un mdnel-in. También nos toparemos con las famosas octavas musicales del heptaparaparshinock, es decir, la Ley de Siete, y que más tarde todo aspirante a la Obra debería conectar sin demasiadas dificultades con los respectivos regímenes de la Piedra Cúbica;(2) por último, las tres fuerzas subyacentes dentro del microcosmos humano siendo las mismas que operan en todo el macrocosmos: creación, destrucción y sostenimiento —descritas como Carbono, Oxígeno y Nitrógeno— (3) y que en las Sesiones Cassiopaea se adivinan como las orientaciones STA, STS y STO, respectivamente:
Los dos axiomas subyacentes en la realidad son la Ley de las Tres Fuerzas y la Ley de las Octavas. Todo fenómeno en el Universo es, inevitablemente, la manifestación de tres fuerzas; y cada proceso tiene lugar de acuerdo a una estructura simbolizada por la escala musical de siete tonos, con escalones tanto ascendentes como descendentes y con rellanos, o intervalos, en los que se requiere del desarrollo de una fuerza especial para atravesarlos.
Este sistema enseña que todo en el universo es material —con lo cual también se puede sostener que es totalmente espiritual,— incluso los “quantos,” como el pensamiento y la emoción, que no se acostumbra a considerar como tales. Sin embargo, la importancia relativa de la sustancia varía mucho de acuerdo con la Escala de los Hidrógenos. Toda la materia consiste en vibraciones, y la densidad de la materia se encuentra en proporción inversa a la frecuencia vibratoria; usando los términos de las canalizaciones Cassiopaea: cuanto más sutil la materia, más alto su FRV. Aunque la bibliografía no lo precisa puntualmente, resulta útil asociar el refinamiento superior o H1 con la Gravedad, esto es, la materia irreductible, última e indivisa que penetra todas las demás densidades materiales, cuyo dinamismo inherente es el Pensamiento, y que correspondería a la Séptima Densidad o Tao. H1 se asocia con sí misma —en términos de la Kabbalah, el Absoluto se condiciona a sí mismo para manifestarse— desarrollando todas las demás materias densas:

NivelGurdjieffOuspenskyObservaciones
AbsolutoH1-Gravedad (materia sometida a una única ley)
EspiritualH3-
EspiritualH6-
EspiritualH12(¿h3?)(¿shen?)
EtéricoH24h6Impresiones de nivel sutil (qi)
EtéricoH48h12Impresiones intermedias superiores (jing)
EtéricoH96h24Impresiones intermedias inferiores (jing)
EtéricoH192h48Impresiones inferiores (¿enzimas?)
FísicoH384h96Fuego (¿adenosín trifosfato?)
FísicoH768h192Aire
FísicoH1536h384Agua
FísicoH3072h768Alimento
FísicoH6144h1536Madera
BasamentoH12288h3072Metales/minerales
Tabla comparativa de hidrógenos: entre Gurdjieff y Ouspensky hay 2 niveles de diferencia
(los niveles superiores a H24 (h6) no son claramente especificados en la bibliografía)

Asimismo, el modelo de realidad sufista propone la extensión de la cadena trófica, descartando la visión antropocéntrica y considerando al ser humano como un mero eslabón intermedio. No profundizaremos excesivamente en el proceso digestivo del harnelmiatznel mecánico, proponiendo un resumen drástico al decir que h768 requiere de tres octavas en h192 y una de h48 para mecánicamente alcanzar el destilado h12.(4) Como se desprende de la tabla previa, esta clase de hidrógenos son impresiones que resultan de alimento para el centro psíquico superior, aunque resulta también un caldo suculento para otras entidades. Curiosamente, se puede asociar fácilmente con las afirmaciones de Robert Monroe sobre la DLP (distilled loosh producers) formula, aquella que se obtiene a partir del sufrimiento de las unidades terrestres 4M (type 4M units), diseñadas por los Antiguos Sembradores para su propia siega energética de la Granja Antropecuaria, y en directa relación a la advertencia chamánica expuesta en los libros de Carlos Castaneda:
La revolución de los chamanes es que se rehúsan a honrar acuerdos en los que no han participado. Nadie me preguntó si consentía ser comido por seres de otra clase de conciencia. Mis padres me trajeron a este mundo para ser comida, sin más, como lo fueron ellos; fin de la historia.
La Taverna: con frecuencia simboliza
la reunión de itinerantes espirituales
El destilado h12, la energía jing del daoísmo, es un suministro precioso tanto para el propio organismo como para los eslabones siguientes de la cadena alimenticia. Sin embargo, es un compuesto perecedero: no es recomendable que se atesore sin previa sublimación durante un período prolongado pues llega a atraer entidades parasitarias (el concepto budista de fantasmas hambrientos es apropiado en este caso) y es un foco potencial para disturbios poltergeist; esto explica la conexión de fenómenos anómalos que rodean las hagiografías de aspirantes cristianos a la santidad al considerar que el proceso de harnelmiatznel sólo avanza mecánicamente hasta cierta etapa del refinamiento vibratorio; es necesario aplicar concientemente mdnel-in adicionales con el fin de trascender el respectivo stopinder energético. Pero aun sublimando el jing y atesorándolo como qi, sigue existiendo el riesgo de disminuirlo o perderlo a través de las emociones negativas:
P. ¿Cuál es la relación entre si 12, mi 12 y sol 12?
R.
[...] puedo decir que mi 12 se refiere al centro emocional, sol 12 al centro instintivo, y si 12 al centro sexual. Sólo podemos trabajar sobre mi 12. Tenemos demasiado poco si 12, y sol 12 pasa a mayor altura a una pequeñísima cantidad de h6 que, aunque es tan pequeña, mantiene vivos los centros superiores. [...] El estudio de los hidrógenos y su relación de uno con otro nos ayuda también a entender los centros y sus diferentes velocidades. El centro intelectual trabaja con h48; los centros motor e instintivo, con h24; el centro emocional ha de trabajar con h12, pero jamás recibe el combustible correcto y jamás trabaja como debería. Si pudiéramos hacerlo trabajar más rápido, eso constituiría una gran diferencia para nuestras percepciones y nuestras facultades.
P. ¿Cuál es la característica de
mi 12? ¿Cómo reconocerla?
R. Como ya lo expliqué, es la energía detrás de las emociones negativas. Esto no significa que todas las emociones negativas lleguen a la intensidad de h12, pero pueden alcanzarla, y las emociones negativas incendian a mi 12.
A primera vista, podemos concluir por la respuesta de Ouspensky que no estaba seguro del procedimiento de atesoramiento o sublimación del destilado si h12, y es claro que comprendía que en la sociedad occidental era un bien escaso. No obstante, es evidente, a través del siguiente pasaje de Fragmentos de una Enseñanza Desconocida, que Gurdjieff comprendía claramente el procedimiento de acopio y cultivo del qi para la formación del embrión áureo:
Traten de comprender lo que quiero decir. La mecanicidad es particularmente peligrosa cuando la gente no la quiere tomar por lo que es y trata de explicarla como otra cosa. Cuando el sexo es claramente consciente de sí mismo, cuando no se refugia detrás de pretextos, ya no se trata de la mecanicidad de la cual hablo. Por el contrario, el sexo que existe por sí solo y que no depende de otra cosa ya es un gran logro. Pero ¡el mal estriba en esta mentira perpetua a sí mismo!

—¿Y a qué conclusión llega usted? preguntó alguien. ¿Debemos dejar las cosas así, o cambiarlas?

G. sonrió. —Esto es lo que siempre se pregunta. Cualquiera sea el asunto de que se habla, la gente pregunta: «¿Es admisible que sea así? y ¿no se puede cambiar este estado de cosas?» ¡Como si fuera posible cambiar cualquier cosa, o hacer cualquier cosa! Ustedes al menos ya deberían haber visto la ingenuidad de tales preguntas. Fuerzas cósmicas han creado esta situación y fuerzas cósmicas la rigen. Y ustedes preguntan: ¿debemos dejar las cosas así o cambiarlas? ¡Vamos! Dios mismo no podría cambiar nada. ¿Se acuerdan de lo que se ha dicho sobre las cuarenta y ocho leyes? Éstas no se pueden cambiar, pero uno puede librarse de un gran número de ellas, quiero decir que hay una posibilidad de cambiar el estado de las cosas para uno mismo. Se puede escapar de la ley general, pero la ley general no puede ser cambiada ni en este ni en ningún otro. Pero un hombre puede cambiar su propia situación respecto a esta ley: puede escapar de ella. Tanto más cuanto que la ley de la cual hablo, es decir el poder del sexo sobre la gente, ofrece muy diversas posibilidades.
El sexo es la principal razón de nuestra esclavitud, pero también nuestra principal posibilidad de liberación. El «nuevo nacimiento» del cual hemos hablado depende tanto de la energía sexual como el nacimiento físico y la propagación de la especie. El si h12 es el hidrógeno que representa el producto final de la transformación del alimento en el organismo humano. Es la materia a partir de la cual el sexo trabaja y produce. Es la «semilla» o el «fruto.» [...] la posibilidad de crear una nueva vida dentro del organismo donde si h12 ha sido elaborado, pero esta vez sin la unión de los dos principios masculino y femenino. Desde entonces una nueva octava se desarrolla dentro del organismo y no afuera. Es el nacimiento del «cuerpo astral.» Deben comprender que el «cuerpo astral» nace de la misma manera que el cuerpo físico. Sólo difiere el proceso. El cuerpo físico entero en todas sus células es penetrado por así decirlo, por las emanaciones de la materia si h12. Y cuando la saturación ha llegado a un grado suficiente, la materia si h12 comienza a cristalizarse. La cristalización de esta materia equivale a la formación del «cuerpo astral.» El pasaje de la materia si h12 al estado de emanaciones, y la saturación gradual de todo el organismo por estas emanaciones, es lo que la Alquimia llama transformación o «transmutación.» Es justamente esta transformación del cuerpo físico en cuerpo astral lo que la Alquimia llama la transformación de lo grosero en sutil o la transmutación de metales viles en oro.
La conexión con el cristianismo es bastante evidente: esta “nueva octava que se desarrolla dentro del organismo,” es el famoso “Hijo del Hombre” o, en términos alquímicos, el “andrógino” o “rebis filosofal.” Desprendiendo el polvo del dogma eclesiástico de nuestras cansadas gafas y leyendo ahora con ojos más despiertos, el evangelio (del griego: εὐ, «buen», y -αγγέλιον «mensaje») realmente promulga una Buena Nueva (Juan 3:3-7):
Respondió Jesús y le dijo: “de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Nicodemo le dijo: “¿cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Respondió Jesús: “de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de Agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo.”
En efecto, el filius philosophorum nace del “Agua” y del “Espíritu,” es decir, desde nuestro mercurio y del ubicuo Alkahest. El mercurio de los sabios, es el componente sutil que se extrae desde el húmedo radical, y a través de las bodas químicas junto al pervasivo segundo elemento eseral da inicio al proceso moroso que en el daoísmo encontramos como el nei-dan del Qi-Gong (la Disciplina del Chi), y que la alquimia occidental ha caratulado como la agricultura celeste, pues desde el centro terrestre del organismo se pretende arrancar de su ganga arsenical al tesoro de los alquimistas para conducirlo en su órbita microcósmica hacia la bóveda celestial, en un principio, a tráves de aquellas columnas gemelas que marcan la entrada del templo sagrado. Apiano León de Valiente en Las Cuatro Alas del Mercurio lo resume con elegancia:
La mercurización de cada individuo es lenta y en ocasiones, debe vencer segmentos oscurecidos que ocasionan al aprendiz enormes pérdidas de energía y dificultan la consecución de las acciones del trabajo alquímico. El mismo discípulo, con su inexperiencia, hace aún más lento este proceso, pues el avance de hoy lo dilapida en los errores de mañana. De no ser así, la Alquimia tendría efectos rápidos. Los Adeptos que conocen esta tarea, atestiguan lo difícil que es practicar este Arte Real. Ello porque puede transcurrir un largo período sin que se manifiesten los efectos deseados, puesto que el Alkahest trabaja imperceptiblemente en la limpieza de las heces contenidas en la Piedra. Durante ese lapso el cuerpo es acosado y agitado por la tenebrosidad. Evidencia persistentes alteraciones y retrocesos (aparentes) motivados por la tenaz resistencia que oponen los sectores oscuros de su cuerpo a la filtración y penetración de la Luz que invade sus dominios.
Es importante destacar que la Iluminación es tan sólo el paso que despeja las tinieblas del Nigredo; pero es requerida la Piedra de tercer orden, libre al fin de toda mácula, para obtener la oriflama tripartita: la Piedra Filosofal a través de la cual el adepto puede prever todo lo que es capaz de amenazar su existencia: las enfermedades, los accidentes y, sobre todo, la violencia criminal. El filósofo que no ha triunfado, por muy cerca de la meta que se encuentre, aun no se encuentra exonerado de la Rueda de la Fortuna ni de sus Cisnes Negros. (5)

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lunes, 22 de mayo de 2017

La Gran Obra: paralelismos entre sufismo y taoísmo (I)

Si se nos preguntase cuál es la principal característica que comparten el sufismo y el taoísmo nuestra respuesta, sin excesivos rodeos, indicaría en que ambos consideran al humano como un ser incompleto: en el cuerpo de un adulto, la personalidad mundana quizá haya logrado cierta maduración psicológica, pero la esencia permanece todavía en su estado embrionario. Sólo una disciplina férrea pero astutamente ejercida puede iniciar el desarrollo moroso para concretar la primer iluminación de la Gran Obra.

Aquellos que conozcan el tratado sobre El Cuarto Camino, explicado por el matemático P. D. Ouspensky en base a las enseñanzas de G. I. Gurdjieff, no se sorprenderán cuando se tilde de máquina al ser humano promedio. Si se nos permite introducir las teorías gnósticas y ufológicas, el Hombre Edénico era libre hasta que cortó su conexión con el Ser Esencial, (1) lo que le convirtió en un robot: un instrumento manipulado genética y psicológicamente por supinos intereses, cuya finalidad cósmica consiste en procesar recursos orgánicos para producir un refinamiento energético con que alimenta veladamente a la siguiente densidad: sus pasiones y emociones negativas producen el caldo gordo con que nutre al arcontado etérico.

Según el sufismo —del que emana la disciplina del Cuarto Camino,— el hombre es un ser hipnotizado: una máquina orgánica que posee cuatro centros que trabajan torpemente debido a la ignorancia de su poseedor. Cada centro requiere una clase particular de energía, pero con el excesivo consumo o derroche durante la vida mundana, los núcleos psíquicos se roban la energía entre sí, llevando a cabo tareas incorrectas y de manera ineficiente. Hemos visto anteriormente una división similar de los tipos de energía tanto en el saber secreto de los kahunas como en los Tres Tesoros del magisterio daoísta; Ouspensky señala:
Cada centro está adaptado para trabajar con cierto género de energía, y recibe exactamente la que necesita; pero todos los centros se roban uno al otro, y, de ese modo, un centro que necesita un género superior de energía es reducido a trabajar con un género inferior, o un centro adaptado para trabajar con una energía menos potente usa una energía más potente, más explosiva. He aquí cómo trabaja la máquina en la actualidad. Imagínese varios hornos: uno tiene que trabajar con petróleo crudo, otro con madera, y un tercero con gasolina. Suponga que al diseñado para madera, se le da gasolina: no pueden esperarse sino explosiones. Y luego imagínese un horno diseñado para gasolina, y verá que no puede trabajar apropiadamente con madera o carbón.
Esta idea de los hornos luego se la verá en el taoísmo y, por supuesto, es un concepto clave dentro de la alquimia occidental, donde los regímenes del mercurio hacen ascender el fuego secreto de los sabios a través de los distintos centros psíquicos hasta alcanzar el ápice del palacio celestial, donde la sublime roseta se iluminará a través de la gracia divina del esclarecimiento. Pero el sistema del Cuarto Camino, y en especial Gurdjieff, son críticos al advertir sobre los intentos de iluminación sin haber transitado las fases de depuración instintiva, emocional e intelectual: (2)
Si el conocimiento se desarrolla más allá del ser, el resultado será un “Yogui débil,” un hombre que lo sabe todo y no puede hacer nada. Si el ser se desarrolla más allá del conocimiento, el resultado es un “santo estúpido,” un hombre que puede hacerlo todo y no sabe qué hacer.
Una de las premisas iniciales de esta disciplina resulta en clasificar a la personalidad según su inclinación natural hacia uno de los núcleos psíquicos, en hombre 1, 2 ó 3. El primero, el camino del faquir, se enfocará en sus centros psíquicos inferiores: el motriz e instintivo, mientras que el segundo, el camino del monje, lo hará sobre su centro medio emocional; por último, el camino del yogui, evoluciona a través del centro superior intelectual. Ninguno es mejor que otro y cada camino tiene su propia dificultad inherente. El Cuarto Camino, a diferencia de los caminos singulares, propone dos momentos durante le etapa inicial: la observación, es decir, un trabajo minucioso de relevamiento del funcionamiento de la máquina humana y luego la fase de aplicación multidisciplinar, orientada al trabajo sobre todos los centros de manera simultánea: (3)
El yogui llega a alcanzar “la cuarta habitación” al desarrollar su intelecto, pero su cuerpo y sus emociones quedan sin desarrollarse y, como el faquir y el monje, es incapaz de sacar partido de su victoria. Lo sabe todo pero no puede hacer nada. Para ser capaz de hacer debe conquistar el dominio sobre su cuerpo, sobre sus emociones, es decir sobre la primera y la segunda habitación. Para lograr esto, le es necesario comenzar a trabajar de nuevo, y no obtendrá resultados sin esfuerzos prolongados. En este caso, sin embargo, él tiene la ventaja de comprender su posición, de conocer lo que le falta, lo que debe hacer, y la dirección que debe seguir. Pero, así como en el camino del faquir o del monje, también en el del yogui son muy escasos los que adquieren tal conocimiento, es decir, obtienen el nivel en el que un hombre puede saber a dónde va. La mayoría se detiene en un cierto grado de desarrollo y no va más lejos.
La tarea hercúlea, enteramente propia y personal, de mantener una continua observación de sí, evitando la identificación y aboliendo la expresión de las emociones negativas (y esto implica disminuir los aportes de loosh), convierte lentamente al aspirante del trabajo esotérico en un Hombre 4, es decir, en un Iniciado, pues para toda escuela valedera del Cuarto Camino, la iniciación no es otra cosa que lisa y llana labor propia.

Entendemos que para el aspirante será de suma utilidad asociar la identificación con el malgasto de hidrógenos sutiles al forzar la rueda del pozo en sentido horario (rechtläufig), es decir, cuando las pulsiones del subconsciente se enmascaren dentro del centro emocional y sean entonces las propias emociones las que conmuevan y arrastren al centro intelectual a la consecución de actos abyectos, miserables y aun estúpidos. Resultará provechoso para el ojo entrenado considerar el relato de la Caída Edénica, ponderando a Adán como el Centro Intelectual, a Eva como el Centro Emocional y a la Serpiente como las fuerzas arcónticas que incitan mediante las pulsiones subconscientes a la indulgencia hacia actos impulsivos, egocéntricos y que en retrospectiva se observan como detrimentales. Asumir un papel conciente, tomando distancia para evaluar de manera crítica los propios actos, será la forma de recuperar las riendas de la situación, y se constatará entonces que la observación de sí es asumir el arquetipo deífico de la narración bíblica; de esta manera y poco a poco se logrará la liberación de la tiránica identificación con uno o determinados yoes, lo que decanta en que la rueda del pozo suministre los hidrógenos sutiles al centro intelectual.

Esta etapa de transmutación emocional coincide de alguna manera con el régimen del Nigredo alquímico, siendo el momento de mayor vulnerabilidad de la Obra pues el individuo toma real consciencia de su situación de desamparo cósmico dado que “el hombre nada puede hacer, sino que todo le sucede, estando sujeto a la Ley del Accidente.” Aquí el ojo entrenado sin duda conectará la teoría del Sistema de Control Hiperdimensional, pues si observamos la décima carta del Tarot: La Rueda de la Fortuna, representando la Eternidad, sin principio ni fin —en términos orientales, el ciclo incontrolable del nacimiento y muerte,— quien preside la rueda es visto con una apariencia dracomonoide, símbolo universal de aquellos que detentan el poder.

La parábola del carruaje: el Amo, el Cochero
y los egos o agregados psicológicos
Sin duda, una de las visiones más generalizadas en las sectas masónicas, rosacruces y neognósticas —que hacen uso y abuso de la disciplina del Cuarto Camino sin siquiera mencionar sus orígenes y atribuyéndose el mérito de sus enseñanzas— sea la analogía del cochero y la carroza, que Ouspensky menciona con la metáfora del sub-mayordomo. Esta idea surge casi sin diferencias de su par en Oriente y esotéricamente consiste en que, promediando el trabajo de la estricta observancia mental y recuerdo de sí para morigerar la imaginación y la expresión de emociones negativas, se logra cierta fusión de los egos disociados y que se fortalece con el nacimiento de un nuevo centro magnético permanente; en este momento clave, se eleva el estado de consciencia del individuo y se extiende su funcionalidad mental: a partir de este momento, se logra el nivel de un Hombre 5:
Lo que era el centro magnético antes que [...] se encontrara con [este sistema de enseñanza] puede convertirse después en el sub-mayordomo, el cual significa una personalidad que vence a las otras personalidades y las conduce, pero eso no ocurre de repente. El sub-mayordomo es mucho mayor que el centro magnético. El centro magnético se forma a partir de las influencias B, mientras el sub-mayordomo se forma a partir de los propios esfuerzos. El centro magnético es la semilla, el germen del sub-mayordomo.
El sub-mayordomo es el resultado final de la “fricción” entre la personalidad terrena y la esencia celestial. ¿Pero cómo se observa esta “fricción?” Los yoes o egos de la personalidad simbolizan los caballos en la analogía de la carroza; será común hallar algún corcel que toma los bríos ante una situación desencadenante. Esta pulsión responde a un mecanismo de protección, generalmente cuando se detecta alguna amenaza o una injusticia que avasalla imprevistamente al centro intelectual, puesto que este centro tiene un tiempo de reacción mayor que el emocional: esencialmente, se trata de una respuesta mecánica y reactiva, carente de una ponderación inteligente. Cuando el sub-mayordomo comienza a aparecer con mayor duración y frecuencia, el corcel guía intentará retomar el control a la fuerza. Los aspectos fisiológicos serán cuadros de angustia y ansiedad junto a súbitos picos de presión y marcada taquicardia; la “fricción” provocará sin duda un incremento de loosh, no obstante, es posible sublimar desde este exceso energético y alimentar al centro magnético incipiente: es aquí cuando las riendas conscientes deben ser tensadas y la principal herramienta será la respiración. El encabritado corcel puede ser disciplinado con la aplicación de una respiración que balancee el desequilibrio que provoca la pulsión subconsciente. La aparición autónoma de esta “penitencia” aplicada al suministro del segundo elemento eseral para morigerar y subordinar al subconsciente será la clara evidencia del sub-mayordomo, quien se orienta a la consecución de los objetivos de la esencia, y con el tiempo y del esfuerzo surgirá el amo o maestro, es decir, la supraconsciencia en “la cuarta habitación.”

Peregrinación hacia el Oeste
Así tendremos el cuadro completo: la carroza motriz e instintiva, los caballos del núcleo emocional, el cochero o sub-mayordomo del centro intelectual y el amo o maestro que indica el verdadero camino. La versión daoísta la vemos reflejada en el famoso cuento chino Peregrinación hacia el Oeste, donde se aprecia a los personajes emparejados según los distintos centros psíquicos: el instintivo del Cerdo, la personalidad que piensa y siente del Mono y el Escudero orientado a servir al centro esencial del Maestro.

La llegada del Maestro: la evolución hacia la adultez de la esencia embrionaria que en el taoísmo y budismo se conoce como el embrión sagrado y en la alquimia occidental como el infans solaris, permite la emancipación total de la Rueda de la Fortuna o Sistema de Control. En ambos magisterios se consideran que una vez “nacido,” es decir, lograda la primer iluminación, es necesaria más de una docena de años —tres de cuidados o “labor de mujeres” y nueve de educación o “juego de niños”— para lograr los poderes divinos o taumatúrgicos; el historiador del arte Jörg Völlnagel comenta:
Los topoi «labor de mujeres» y «juego de niños» son fundamentales para la alquimia y eran conocidos ya por los herméticos alejandrinos. Igual que la alegoría del juego de niños, la de la tarea de mujeres aparece en numerosos tratados alquímicos y se interpreta de distintas maneras. Esta imagen, que ilustra el pasaje correspondiente del Splendor Solis, simboliza las operaciones alquímicas de sublimación y destilación. Mediante la sublimación se logra el estado de blancura perfecta, el penúltimo estadio de la obra, por lo que este arte se compara con la labor de mujeres, como indica el texto: «Por lo cual comparan este arte con el trabajo de las mujeres, esto es lavarlo hasta dejarlo blanco, cocerlo y asarlo hasta que esté listo.» Salmon ve la tarea de las mujeres como metáfora para la creación de la piedra filosofal, que debería ser cuidada por el alquimista de la misma manera que una madre cuida y alimenta a su hijo recién nacido. En la representación pictórica de la labor de mujeres, de la que el Splendor Solis es el ejemplo más antiguo conocido, se transpone principalmente el aspecto del albedo, la fase blanca, que se logra mediante la cocción o la destilación de la materia.
Esta creación de la piedra filosofal o nacimiento del filius philosophorum, que el alquimista francés Eugène Léon Canseliet, discípulo de nuestro respetado Fulcanelli, denominó magistralmente en los prólogos de las obras de su maestro como la teofanía mineral, implica una clase de muerte para el cuerpo físico. Biológicamente, el despertar de kundalini —y esto es, establecer la conexión de lo inferior con lo superior,— requiere de una enorme cantidad de energía refinada. (4) El vaciado de los meridianos extraordinarios —los acumuladores orgánicos del sistema energético sutil— es el costo de dar inicio a los centros psíquicos elevados del supraconsciente, y conllevan un eventual arrebato del estado vigílico y al mismo tiempo origina una trascendental experiencia en las densidades superiores. Jesús dice en Juan 3:3en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios,” y Filaléteo lo postula como “matar al vivo a fin de resucitar al muerto.”

El ojo entrenado seguramente podrá, y sin excesivo esfuerzo, comprender que el resucitamiento de Lázaro de la literatura bíblica neotestamentaria por parte de nuestro amado Redentor, evoca en realidad un proceso usual del taoísmo, cuando un maestro asiste al adepto luego del shock nervioso y estado comatoso provocado por la subordinación de los centros psíquicos inferiores al nuevo centro supraconsciente a través del canal Sushumna y que provoca la apertura de la visión interna: aquel famoso espejo del reino del azufre que evocaba el alquimista Alexander Seton, el Cosmopolita.

Los restantes años del proceso evolutivo interior parecen coincidir con el recorrido e integración de los planos o densidades de consciencia. En la obra del catedrático japonés Toshihiko Izutsu, Sufismo y taoísmo: estudio comparativo de conceptos filosóficos clave, se puede establecer una equivalencia entre los distintos planos que lograr intergrar el ser o «ipseidad» durante el desarrollo evolutivo que atraviesa el nivel de consciencia del Maestro interno:
Para esclarecer este punto, hay que mencionar la concepción ontológica característica de Ibn 'Arabi y su escuela respecto a los «cinco planos del Ser.» Al-Qāsāni explica sucintamente la estructura de dichos «planos» (hadarāt) de la siguiente manera. En la cosmovisión sufí, se distinguen cinco «mundos» ('awālim) o cinco planos básicos del Ser, representando cada uno de ellos una Presencia o modo ontológico de la Realidad absoluta en su manifestación.
  1. El plano de la Esencia (dāt), el mundo de la absoluta ausencia de manifestación (al-gayb al-mutlaq) o el Misterio de Misterios. 
  2. El plano de los Atributos y Nombres, la Presencia de la Divinidad (ulūhiyya).
  3. El plano de las Acciones, la Presencia del Señorío (rubiubiyya).
  4. El plano de las Imágenes (amtāl) y la Imaginación (jayāl).
  5. El plano de los sentidos y la experiencia sensible (musāhada).
Estos cinco planos constituyen un conjunto orgánico, actuando las cosas de un plano inferior como símbolos o imágenes de las cosas de los planos superiores. De este modo, según al-Qāsāni, cada cosa perteneciente al plano de la realidad corriente (que, de todas las Presencias divinas, es la inferior) es una ejemplificación simbólica (mitāl) de algo existente en el plano de las Imágenes, y cada cosa perteneciente al mundo de las Imágenes es una forma que refleja un estado de cosas en el plano de los Nombre divinos y de los Atributos divinos, mientras que todo Atributo, a su vez, es un aspecto de la Esencia divina en su acto de manifestación.
Si cruzamos estos planos del Ser con el modelo provisto por las canalizaciones Cassiopaea y la nomenclatura esotérica rosacruz, la correspondencia es prácticamente directa si se entiende que el plano musāhada de la experiencia sensible representa el plano físico (las tres densidades físicas de la realidad terrenal tridimensional):

Región Plano del Ser sufista Densidad de consciencia Concepción taoísta
Absoluta Esencial (dāt) Séptima Tao
Divina Divinidad (ulūhiyya) Sexta Inmortales celestiales
Espiritual Señorío (rubiubiyya) Quinta Inmortales espirituales
Etérica Imaginación (jayāl) Cuarta Inmortales/fantasmas terrenales
Física Sensible (musāhada) Tercera Mortales terrenales


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sábado, 22 de abril de 2017

El templo interior: Jachin, Boaz y el pilar medio

No pasará desapercibido para el lúcido investigador que las logias masónicas poseen un entramado particular en el que se entreteje las ansias de poder, el mito y la leyenda; cualquier análisis elaborado debería integrar la altiva majestuosidad de sus inigualables catedrales góticas, el enconado trabajo dedicado a la filigrana de sus artesones y rosetones junto al rico conocimiento místico tras su dogma, aunque sin olvidar la férrea jerarquía del secreto en los recargados rituales de transición.

Los orígenes de la masonería están lejos de ser claros y precisos. Podríamos establecer varias fechas, un conjunto de geografías inconexas y acaso un puñado de historias que se enmarañan con las tradiciones bíblicas. Cada historiador consultado parece defender un punto de vista particular, a veces por pertenecer veladamente a la orden, y en otros casos, debido a su membresía en una secta rival. El iniciado Paul H. Koch —tal vez un portavoz del adeptado rosacruz de John Baines (Dario Salas Sommer),— en su libro Illuminati ofrece un entretenido racconto de las diferentes sectas que poblaron el pasado europeo y dieron forma al tablero político y geográfico de nuestro presente:
Dice la leyenda que grande fue la sabiduría del rey Salomón, pero más grande la de ciertos maestros cuyos nombres ignoran los mortales. Uno de ellos fue Hiram Abiff, el arquitecto del templo sagrado que mandó construir el propio Salomón en Jerusalén. Gérard de Nerval, el autor francés y francmasón del siglo XIX relató su historia con singular belleza. Comoquiera que la obra requería un auténtico enjambre de obreros, Hiram los organizó como un ejército, instituyendo una jerarquía de tres grados: aprendiz, compañero y maestro. Cada uno de ellos tenía sus propias funciones y su recompensa económica, y disponía de una serie de palabras, signos y toques para reconocer a los de su mismo grado. La única forma de subir de categoría era mediante la demostración del mérito personal.
No debiéramos descartar la carga simbólica del mítico arquitecto Hiram Abiff y el Templo Sagrado. En el estudio de la arquitectura de las catedrales góticas durante los siglos XI al XIII, encontramos bajo el diseño de la fachada a las dos columnas del templo salomónico: Jachin y Boaz, conectadas por el Arco Real, las respectivas representaciones de los sutiles canales Pingala e Ida y el cáliz sagrado (cráneo) del esoterismo de la Gran Obra, mientras que por encima del pórtico se alza el ventanal circular: el rosetón multicolor del imafronte, obra de singular belleza fruto de la antigua tradición sasánida del tallado vítreo e inusitada destreza en el arte de la filigrana pétrea, que nos conecta con el despertar del ojo interior: hito extraordinario de la Teofanía Mineral, que anuncia la naciente elucidación del oscuro y severo régimen inicial del nigredo; en el tratado de Alberto el Grande, El Compuesto de los Compuestos, leemos sobre el Régimen de la Piedra:
Hay cuatro regímenes de la Piedra: 1º descomponer; 2º lavar; 3º reducir; 4º fijar. En el primer régimen se separan las naturalezas, porque sin división, sin purificación, no puede haber conjunción. Durante el segundo régimen, los elementos separados son lavados, purificados y llevados al estado simple. En el tercero se cambia nuestro Azufre en cantera del Sol, de la Luna y de los otros metales. En el cuarto, todos los cuerpos anteriormente extraídos de nuestra Piedra son unidos, recompuestos y fijados, para permanecer en adelante formando un conjunto.
Jachin, Boaz unidos por el Arco Real
y el pilar medio custodiado por
dos querubines ígneos.
El ojo entrenado notará que el famoso compás y escuadra, que esconde la misma analogía con la estrella davidiana de seis puntas y podría entenderse como la unión armoniosa de lo femenino con lo masculino, es una asombrosa representación de la técnica del solve et coagula. En un primer momento ocurre la descomposición: se extrae la fuerza generativa haciendo uso de la bomba sacra desde el húmedo radical; surge entonces la ruta del fuego positivo, símbolo del ascenso ígneo a través del pilar solar derecho del templo interior: Jachin o Pingala donde atraviesa una etapa de ablución, elevando su frecuencia vibratoria al sublimarse junto al prana; el contacto de la lengua contra el paladar blando —la conexión del Vaso Gobernador con el de Función en la órbita microcósmica,— es la representación del Arco Real que une ambas columnas donde ocurre la reducción de los compuestos; por último, el descenso del fuego negativo a través del pilar lunar izquierdo: Boaz o Ida, asociado a la fase de fijación del compuesto, pues luego de otra ablución ígnea del ahora agente microcósmico interno, el resultado de la boda química se afinca en el dan-tien real inferior. La tercer columna o pilar medio, correspondiente al canal central Sushumna, sólo es visible al atravesar el umbral de las columnas y sortear los peligros del laberinto o tablero masónico, acertada efigie de la cambiante suerte que opera con dureza sobre el Obrero del Arte durante la aplicación del primer régimen mercurial. Fulcanelli comenta en Las Moradas Filosofales:
La mayoría de ellos se han contentado con describir de manera alegórica la unión del azufre y del mercurio, generadores de la piedra a la que llaman Sol y Luna, padre y madre filosóficos, fijo y volátil, agente y paciente, macho y hembra, águila y león, Apolo y Diana (que algunos convierten en Apolonio de Tiana), Gabritius y Beya, Urim y Tumim, las dos columnas del templo: Yakin y Bohas, el anciano y la joven virgen y, en fin, y de manera más exacta, el hermano y la hermana. Pues son, en realidad, hermano y hermana, ya que ambos tienen una madre común y deudores de la contrariedad de sus temperamentos antes de la diferencia de edad y de evolución que de lo divergente de sus afinidades.
La visión de Fulcanelli podría sospecharse algo sesgada si acaso tal vez formó parte, durante aquellas reuniones en el cabaret artístico del Chat-Noir, de las celebraciones de masonería internacional que, en sus propias palabras, disimulaban “confidencias de una ciencia misteriosa mezcladas con la oscura diplomacia, cuadro de doble cara expuesto a propósito en un marco medieval.(1) De aplicar este tamiz riguroso, quizá exagerado, evitaremos considerar las obras de Robert Lomas sobre el Colegio Invisible aunque tomaremos, con los cuidados del caso, la informativa y generosa Ars Magna Latomorum (Encyclopaedia of Freemasonry) de Arthur Waite.

La académica Frances Yates acaso nos provea de la visión más equilibrada al explicar los pormenores de la filosofía oculta durante la época isabelina. En los albores del renacimiento, y haciendo uso de nuestro análisis sobre el Balance y el Caos, podríamos situar a los jesuitas y masones en el polo del status-quo teócrata, defendiendo la monarquía y el papel anquilosante del clero, mientras que las sectas rosacruces y los punitivos illuminatis se ubican en la polaridad más liberal: la primera, en aparente búsqueda de una evolución acelerada de la humanidad (con ellos decidiendo a quién conviene traer a la luz o bien dejar en las sombras), y los segundos, para elaborar revoluciones y detonar guerras (junto a las respectivas ganancias del río revuelto). (2)

En este punto, coincidimos plenamente con Fulcanelli en diferenciar a los verdaderos rosacruces —aquellos Caballeros Solitarios: hermetistas tanto por su conocimiento, actitud y pericia, que laboran desde el anonimato y fuera de cualquier agrupación, honrando y enalteciendo el ejercicio del libre albedrío de la humanidad— de cualquier secta o institución que se señale como iniciadora.(3) Nunca está de más recordar las afirmaciones del ufólogo y astrofísico Allen Hynek cuando comenta en el libro del prestigioso Jacques Vallée Forbidden Science:
Siempre he admirado las tradiciones antiguas que sostienen que no existe algo así como una organización física de la orden rosacruz. La única orden rosacruz válida, sostienen, no se encuentra en este nivel de existencia. E insisten en que la iniciación verdadera, la única iluminación del espíritu que cuenta, no puede provenir de ningún maestro humano, sino únicamente de la naturaleza misma. Cuando lo leí, dejé de ser miembro del grupo de San José. Sigo preguntándome por la existencia de una comunidad Rosacruz genuina que permanece invisible.
Nuestra investigación avala con vehemencia la visión de Hynek, pues pareciera que a partir del siglo XV las sectas se corrompieron en un mecanismo para el reclutamiento de humanos con una acentuada cuota de confusión y necesidad dentro de sí mismos que, si bien puede variar en polaridad e intensidad, requirió siempre de la aceptación incondicional de tres elementos: el sometimiento a una jerarquía, la aquiescencia de rituales y la búsqueda de poder. Dada la distorsión en las dos primeras componentes, la búsqueda de poder en pocas oportunidades se orientó en enfocarse a lograr el dominio de sí mismo, renunciando de esta forma al camino del balance y de la verdadera emancipación, concentrándose en hallar y explotar las debilidades ajenas.

Pero queriendo evitar la generalización y que nuestras palabras para honradas excepciones sean injustamente malinterpretadas, deseamos indicar que la confusión interna que ha conducido a los atribulados individuos en la búsqueda de herramientas en estas sectas para su liberación —de ese vicio obsceno de conducta o aquella oculta falta pecaminosa e inmoral,— ha sido implantada precisamente por los mismos directores invisibles que rigen desde las sombras los destinos de la cofradía: aquellas entidades parasitarias a las que se les ha rendido la voluntad a través de los rituales y ceremonias. El fiel buscador de la Verdad debe considerar que dentro de las tácticas supinas de la manipulación hiperdimensional, la coerción infantil de un ser almado, junto al maltrato y la negligencia parental, han sido siempre una estratagema habitual con el que se persigue someter y reclutar a los individuos que encarnan con una misión.

Por tanto, comprendemos que la masonería, en particular la templaria, fue en un principio un gremio de artesanos y obreros (la etimología de la palabra masón nos lleva precisamente al término albañil u obrero de la piedra) que atesoraba entre sus técnicas operativas para la construcción, una disciplina esotérica que, aplicada con esmero y serenidad, trabajaba en un cambio interno sobre el propio individuo. El símbolo del compás —aun visible en la divisa de instituciones académicas de Arquitectura e Ingeniería— fue considerado entonces como el emblema de las ciencias exactas, puesto que la disciplina interna que operaba sobre el templo interior del artesano fue apreciada siempre como una ciencia positiva, libre de cualquier superstición o misticismo adulterado. La operación, lenta y morosa, pues nos recuerda el lema “Natura non facit saltus,” la Naturaleza nunca actúa bruscamente, extrae del burdo adoquín del vicio aquel oro coagulado de los sabios, por medio del delicado cincel del arte a través de un persistente régimen del solve et coagula.

Pero como en cualquier agrupación humana, esta Edad de Hierro del mundo impone desafíos a cada uno de sus integrantes, buscando el eslabón más débil e infiltrándose sutilmente, a la guisa de aquellos parásitos más ocultos que asaltan la mente subconsciente por el intersticio más disimulado. La ciencia positiva de la sublimación y depuración del templo interior fue corrompida y reemplazada con rituales y ceremonias, tal vez buscando un camino más diligente para obtener resultados y ventajas precipitadas, y como el dicho reza: “los atajos cortos suelen llevar a retrasos largos.” Sabemos bien que las entidades positivas no actuarán contra la Directiva Primaria del Libre Albedrío, por lo tanto, no acatarán un llamado mecánico, originado a través de un ritual y orientado a producir un cambio forzado en la Naturaleza a cambio de un negociado energético, pero quienes sí responderán serán aquellas entidades hambrientas que resuenan con el pedido egocéntrico del solicitante.

El brillante estudio de Yates sobre el Iluminismo Rosacruz nos explica que el dogma masónico —en principio las logias británicas y más tarde inyectado a toda Europa por medio de los viajes diplomáticos de John Dee, que se evidenciaron luego en la diseminación de los panfletos rosacruces,— fue influido por los trabajos en espiritismo de Dee junto a Edward Kelly y el material canalizado de la Kabbalah hebrea. Si se analiza en profundidad, tanto las Monas Hieroglyphica (El Jeroglífico Monádico) de Dee como el artefacto de la Kabbalah, pueden ser interpretados desde la óptica alquímica como la secuencia y el camino del balance en la aplicación de los regímenes de la obra. Pero carentes de integración y tomado el material al pie de la letra son un caldo de cultivo para la consecución de rituales ante entidades lo bastante egocéntricas como para tener una tarjeta de presentación con su nombre comercial y sigilo de invocación.

No es de extrañar que siglos más tarde, la Sociedad Vril alemana y su hermana británica: la Golden Dawn estuvieran tras bambalinas —según leemos en las obras de Koch— en la prosecución de las, hasta ahora, dos guerras mundiales (cap. La herencia de Weishaupt): (4)
«Fomentaremos tres guerras que implicarán al mundo entero.» La primera de ellas permitiría derrocar el poder de los zares en Rusia y transformar ese país en la fortaleza del «comunismo ateo» necesaria como antítesis de la sociedad occidental. Los agentes de la orden «provocarán divergencias entre los imperios británico y alemán, a la vez que la lucha entre el pangermanismo y el paneslavismo.» Un mundo agotado tras el conflicto no interferiría en el proceso constituyente de la «nueva Rusia,» que, una vez consolidada, sería utilizada para «destruir otros gobiernos y debilitar las religiones.»

El segundo conflicto se desataría aprovechando las diferencias entre los fascistas y los sionistas políticos. En primer lugar, se apoyaría a los regímenes europeos para que derivaran hacia dictaduras férreas que se opusieran a las democracias y provocaran una nueva convulsión mundial, cuyo fruto más importante sería «el establecimiento de un Estado soberano de Israel en Palestina,» que venía siendo reclamado desde tiempos inmemoriales por las comunidades judías, cuyos rezos en las sinagogas incluían siempre la famosa muletilla, «el año que viene, en Jerusalén,» expresando así el anhelo de reconstituir el antiguo reino de David. Además, esta nueva guerra permitiría consolidar una Internacional Comunista «lo suficientemente robusta para equipararse al conjunto cristiano.» Los Illuminati preveían que en ese momento podrían disponer así, por fin, de la ansiada antítesis.

La tercera y definitiva guerra se desataría a partir de los enfrentamientos entre sionistas políticos y dirigentes musulmanes. Este conflicto debía orientarse «de forma tal que el Islam y el sionismo político se destruyan mutuamente» y además obligara «a otras naciones a entrar en la lucha, hasta el punto de agorarse física, mental, espiritual y económicamente.»
Considérese que tanto Adam Weishaupt, futuro fundador de los Iluminados de Baviera, como su indirecto mentor Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, fueron individuos dotados de recursos intelectuales muy por encima de la media, acompañados de profundos anhelos místicos, pero con pasados de sesgo trágico. Bajo el marco hiperdimensional, es común la inyección de eventos traumáticos, en particular durante la infancia y adolescencia, a fin de erradicar o distorsionar una vida de servicio al prójimo. Recordemos para concluir el siguiente pasaje del Tratado de la Revolución de las Almas del prestigioso rabí Isaac Luria (traducción de la versión francesa original de Hayyim Vital: Traité des Révolutions des Âmes [Sepher Ha-Gilgulim], cap. I):
Esto nos hace pensar que un alma que pertenecía, en el estado de santidad, a un miembro grande y de orden elevado ha debido ser introducida en un miembro correspondiente del mundo de las cortezas. Esto es lo que parece significar la palabra del sabio que dice: “Aquel que es mayor que su vecino lleva también en él mayor concupiscencia que la que existe en el otro.” Pues, cuando un alma excelente es introducida en las cortezas, le es completamente difícil salir de ellas, puesto que el mal que la encierra es correlativamente enorme. A esto se refiere lo que se dice de hombres, no obstante excelentes, que no por ello cometieron menos pecados atroces y detestables, tales como Jeroboam, Acab, Manasés, y sus semejantes. Esto hay que recordar particularmente.
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miércoles, 22 de marzo de 2017

Dracomaquia: el primer régimen del mercurio de los sabios

La inusitada palabra harnelmiatznel en la enroscada semántica del prestigioso calvo enmostachado, podría convertirse en una útil brújula para el Obrero del Arte dado que esconde el arcano proceder que potencialmente le conducirá hacia la exoneración de la realidad entrópica. Puede que durante los primeros lavados ígneos que templan la superficie del atanor, los neófitos tengan permitido algún que otro titubeo en las proporciones del suministro y mixtura del compuesto hermético, pero llegado el momento de finalización del primer régimen del mercurio, será la noctívaga ebullición del húmedo radical el mecanismo urobórico que disciplinará cualquier opaca indulgencia en el moroso camino del adepto.

Aunque con cierta ironía, las crípticas bodas químicas de los rosacruces permitirán esclarecer entonces al pomposo término harnelmiatznel, esto es, “lo que está arriba se conecta con lo que está abajo y se une en el medio.” Si nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad interpretan con cuidado, observarán que existe una fuente en la raíz misma de la vida que encierra nuestro oro filosófico —sin duda empobrecido por costras inmundas de abajados impulsos que usualmente conmoverán a su naturaleza inferior— pero capaz de, una vez atemperado y sublimado el fuego, participar en la unión alquímica con el invisible pero pervasivo agente celestial. ¿Ahora bien, cuál es este elemento externo requerido en la agricultura celeste? Gurdjieff en Relatos de Belcebú a su Nieto concluye:
En la actualidad existen muchos de esos monasterios, y los innumerables monjes que a ellos se retiran se abstienen rigurosamente de expulsar de la manera habitual la sustancia de los “Exioëharys eserales” o “esperma” que se forma en ellos, pero su continencia no da ningún resultado notorio y ello ocurre porque a esos desdichados monjes contemporáneos ni siquiera se les ha ocurrido pensar que si el perfeccionamiento de sí puede hacerse mediante esa sustancia, es con la condición inevitable de absorber intencional y conscientemente el segundo y el tercer alimento eserales y digerirlos en uno mismo, lo cual es posible sólo para quien previamente haya sabido habituar a todas las partes de su presencia a cumplir conscientemente con los dos sagrados “deberes eserales de Partkdolg,” que son el “trabajo consciente,” y el “sufrimiento voluntario.”
Rueda de la Fortuna en Duomo di Siena
dedicada a Nuestra Señora de la Asunción:
nótese bajo el estilo gótico, las dos columnas
de estilo masónico en su frontispicio (siglo XIII)
Este segundo elemento eseral corresponde en el taoísmo al agente alquímico microcósmico externo; es así que la comunión de lo terrestre con lo celeste logra un nuevo compuesto, más refinado y sutil, el cual debe ser almacenado y protegido. De no mediar esta unión, el individuo queda expuesto a la Rueda de la Fortuna: a los altos y bajos de la suerte o, de acuerdo a las explicaciones ufológicas modernas, a la extracción compulsiva de emociones; es decir, la reactividad incipiente en las vicisitudes terrenales generan sobre la humanidad dormida una distorsión energética por la falta de homeóstasis emocional, que sirve de alimento a las fuerzas arcónticas: aquellas garras ocultas que diseñan y desencadenan estos vaivenes a través del sistema de control hiperdimensional. La fluctuación e inestabilidad en los hechos cotidianos, actualmente conocida como manipulación hiperdimensional, puede oscilar de un régimen estacionario hacia un cambio abrupto en lo que se conoce como cosecha de loosh, fomentado a través de cataclismos o acontecimientos catastróficos, la mayoría de las veces provocados, aunque también son aprovechados los eventos apocalípticos naturales.

El secreto para exonerarse de la Rueda de la Ley o Sistema de Control es dar inicio a la primer boda química, consistente en la circulación del orgón (qi) que se extrae desde la fuerza generativa (jing) durante la mitad de la órbita microcósmica —denominada etapa solve— para su matrimonio con el segundo elemento eseral (prana) en la otra mitad de la órbita —conocida como etapa coagula— de manera de acumular dentro del campo del cinabrio el nuevo componente resultante: el agente alquímico microcósmico interno.

También conocido como Primer Régimen del Mercurio de los Sabios, este proceso fue un secreto bien guardado en las órdenes monásticas y herméticas; tal es así que en la alquimia medieval estaba relacionado con los velados términos “verbum dimissum” o “custodiat arcanum,” pues únicamente era brindado oralmente de maestro a discípulo en lo que se conocía como una ininterrumpida “catena aurea.” Las concisas palabras de nuestro muy estimado Fulcanelli en su obra Las Moradas Filosofales nos avala sin velos: “Y la diferenciación de estos dos mercurios, uno agente de renovación y el otro de procreación, constituye el estudio más ingrato que la ciencia haya reservado al neófito.” (1) El timón que ha guiado nuestra enconada investigación nos ha orientado en este aspecto, a través del cual hemos rastreado la existencia de dos escuelas de pensamiento originales en la alquimia interna que esclarecen los esotéricos procedimientos que coadyuvan en el régimen del solve et coagula y, aunque entendemos que bien puede haber una tercera, el procedimiento en la circulación del qi debiera esencialmente coincidir.

Este régimen, descripto también como la órbita microcósmica o pequeña revolución celeste, inicia su circulación en la región del abdomen inferior a través del trabajo interno de la “bomba del sacro,” de manera de extraer el orgón del húmedo radical en un trayecto levógiro, contrario al movimiento dextrógiro predeterminado por la biología del organismo. Debe comprenderse que los canales, suministros y compuestos resultantes no son visibles, revistiendo el carácter de materia no bariónica, de densidad etérea, y en el caso particular del prana, de una naturaleza aun más sutil. Sin embargo, promediando el avance del régimen, el novel artesano podrá tener un cabal indicio de la circulación a través de un incremento en la temperatura corporal durante el procedimiento.

De acuerdo a los tratados alquímicos sobre el infans solaris, en los que hallamos graciosas concordancias con el magisterio del daoísmo y del budismo, durante las etapas finales, la apertura de la visión interna permite observar con claridad los canales y vasos etéricos, aunado a las entidades inorgánicas que habitan la siguiente densidad. El desaparecido joven alquimista Nicholas Collette en su libro The Universal Medicine previene al respecto:
La razón por la cual sus visiones se vuelven cada vez más claras a medida que se adentran más profundamente en su meditación es porque se está cargando con la energía astral que el elixir ha almacenado en su sistema: espera para ser activado y dispuesto a utilizar a través de la habilidad del operador. No funcionará por sí mismo, sino que debe ser guiado por la mente, y es por eso que un hombre puede consumir tal elixir y no ganar nada, mientras que el otro tendrá su mente abierta a un mundo más allá de éste: El mundo del Espíritu.
Y si ese hombre no está suficientemente preparado, no podrá soportar el horror de lo que verán sus nuevos ojos. Porque mientras hay tantos seres celestiales hermosos que viven entre nuestro mundo y el de los espíritus descorporeizados, hay también demonios horribles que se vuelven cada vez más fuertes por el miedo que obtienen del hombre, y seguirán alimentándose de esa energía si no se sabe cómo recuperar el control de sus sentidos y erradicar el miedo para reemplazarlo sólo con valentía y fe en Dios.
En ese momento toda su aura estará iluminada con una luz blanca muy brillante [...], y esas entidades horribles huirán de la luz deífica. Porque aunque parecen ser espíritus, de hecho están vivos, pero investidos en un cuerpo mucho menos denso y más sutil que nuestro propio marco físico. Y este aterrador hecho es el por qué la Piedra se llama la Piedra de los Sabios o Piedra Filosofal: se debe tener la mente para soportar las pruebas de la Naturaleza y de todos sus habitantes.
La escuela de pensamiento taoísta sostiene que en la disciplina nei-dan del QiGong (Chi-Kung), el orgón debe transitar por la espalda durante la etapa ascendente o de fuego positivo (orientación yang de la órbita), de manera que luego de atravesar el Canal de Control también denominado Vaso Gobernador, alcance el cerebro e inicie su etapa de descenso o fuego negativo (orientación yin de la órbita), progresando hacia el Canal de Función o Vaso de Concepción hasta arribar al dan-tien real inferior. En el imprescindible libro Yoga Taoísta (Taoist Yoga: Alchemy and Inmortality) del adepto Lu K'uan Yü, leemos:
Por tanto, estos ascensos positivos y descensos negativos se originan al inspirar y espirar. Cuando la fuerza generativa y vital comienza a vibrar hay que inspirar, para obstruir [mediante la bomba sacra] el mecanismo respiratorio (de manera que el aire baje y presione sobre el abdomen inferior); al mismo tiempo girando hacia arriba los ojos, hay que seguir el ascenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde la base de la cabeza a la coronilla.
En la espiración, se abre el mecanismo respiratorio para que el aire salga del cuerpo (y se relaje la presión sobre el bajo abdomen); al mismo tiempo, los ojos deben seguir el descenso de la fuerza generativa y de la vitalidad desde el vértice a la base. Por lo tanto, para completar una órbita, los ojos deben realizar un giro completo.
Los dos componentes que intervienen en el Primer Régimen del Mercurio: la fuerza generativa esencial (jing) y el aire fresco (prana) parecen ser respectivamente dirigidos y controlados por medio del ejercicio de la bomba sacra del cóccix —también denominada fuelle de la fragua, ubicada en el centro yin del cuerpo: el perineo o Huiyin— y la dirección ocular orientada en desplazamientos circulares hacia los cuatro puntos cardinales. (2)
La órbita microcósmica y los canales de control y función, donde ocurre el proceso de sublimación (harnelmiatznel) del qi y el prana: A, G, D, J, son los cuatro puntos cardinales de la órbita; mientras que A—B, A—C, A—E, A—F, son las cuatro fases de ascenso de fuego positivo (yang) hacia el Canal de Control, los pasos G—H, G—I, G—K, G—L, consituyen las cuatro fases de descenso del fuego negativo (yin) hacia el Canal de Función, situado en M; el O central es la estufa filosofal. (3)
El movimiento acompasado y sincronizado durante la etapa ascendente solve o de fuego positivo, y posteriormente, en la etapa descendente coagula o de fuego negativo se efectúa coordinando la labor de los dos centros psíquicos: la región Terrestre del sacro (dan-tien inferior) y la región Celeste de los ojos (dan-tien superior) conjuntamente con un ritmo cadencioso del centro psíquico cardiorespiratorio (dan-tien medio), completando así una pequeña revolución celeste y almacenando el resultado del matrimonio alquímico en el campo del cinabrio o dan-tien real inferior. En el Tratado de Alquimia y Medicina Taoísta de Zhao Bichen (4) encontramos una aclaración adicional sobre el giro de la Rueda de la Ley: (5)
Tal es nuestro fuelle de fragua; es decir, la respiración del aliento verdadero. El cierre y la abertura son operados por la unión de la respiración externa y la respiración interna [a través de la bomba del cóccix]. El cierre es provocado por la inspiración: ésta envía el aliento verdadero que es la esencia, circula de Zi a Mao, después de progresivamente hasta Wu y Yu: a esto se le llama “hacer girar la Rueda de la Ley,” rueda que está constituida por los dos canales de función y de control. La abertura tiene lugar durante la espiración y es acompañada por un movimiento circular de los ojos: cuando se empieza a espirar, los ojos giran de la izquierda hacia la derecha, partiendo desde abajo (de Zi a Mao, después de Wu a Yu). La Rueda de la Ley hace progresar el Yang. Tales son las Revoluciones de la Rueda de la Ley en la abertura y en el cierre. Armonizadas con la respiración externa, hay abertura y cierre del fuelle de la fragua, esta es la razón por la que se habla de cuatro idas y venidas en las inspiraciones y de las espiraciones externas e internas.
El magisterio budista presenta una sutil diferencia con el daoísmo: la respiración embriónica del budismo consiste en utilizar la bomba del sacro de manera inversa a la aplicada en el taoísmo. Leemos en la esclarecedora obra del Dr. Yang Jwing-Ming, Respiración Embriónica: (6)
La «Respiración Abdominal Normal» (Zhen Fu Hu Xi) se conoce comúnmente como «Respiración Budista» (Fo Jia Hu Xi). Tras haber completado el entrenamiento mencionado en el punto 1. debe aprender a controlar sus músculos abdominales y coordinarlos con la respiración. Cuando inspira, la pared abdominal se expande y cuando espira, se retrae. Ha de practicar hasta que la respiración sea suave y el cuerpo esté completamente relajado. Como es natural, al comienzo tendrá que concentrarse mentalmente en el abdomen para poder controlar los músculos abdominales. Después de practicar durante algún tiempo, descubrirá que todo el proceso respiratorio se ha vuelto suave y natural. Esto significa que ya está preparado para producir Qi en el Dan Tien Inferior (Xia Dan Tian).
Cuando haya alcanzado este nivel, deberá dedicarse a coordinar su respiración con los movimientos de su Huiyin (región perineal). Cuando inspira, debe relajar el Huiyin, y cuando espira contraerlo. Recuerde que debe contraer suavemente el Huiyin sin llegar a tensarlo con el fin de que cuando lo contraiga sigan estando relajados; por el contrario, si lo tensa impedirá que circule el flujo del qi y además la tensión afectará también al abdomen y al estómago, lo que puede generar otros problemas. Al principio, como es evidente, necesitará concentrarse mentalmente para controlar los músculos del abdomen. Sin embargo, perseverando en la práctica su mente paulatinamente dejará de estar tan pendiente del proceso. Esto significa que se está regulando sin regular.
Pingala (ascendente: solar)
Ida (descendente: lunar),
Sushumna es la redoma
ventruda central
(7)
Por su parte, la escuela de pensamiento hindú concuerda en esencia con los requisitos iniciales del proceso de iluminación, no obstante, difiere en la ruta que tomará el orgón: en principio, utilizará el canal o nadi ascendente Pingala, que coincide con la fase solar o masculina (etapa solve) para luego descender a través del nadi Ida, siendo la fase lunar o femenina (etapa coagula). La analogía de los canales entre ambas escuelas conectaría al Pingala hindú con el canal de control Tu Mo taoísta, Ida con el canal de función Jen Mo y finalmente el nadi central Sushumna con el canal de impulsión Ch'ung Mo. En términos anatómicos, el taoísmo y budismo proponen que los canales se proyecten sobre el plano sagital: desde la espalda hacia el eje craneocaudal y luego por la frente hacia el abdomen; por su parte el hinduismo orienta estos canales como extendidos en el plano coronal. Aunque parezca contradictorio, si estos vasos y canales son sólo perceptibles con el desarrollo de la visión interna, probablemente al ser observados desde un panorama tetradimensional —accesible desde la cuarta densidad— se tome un origen de coordenadas arbitrario al intentar proyectarlos en las tres dimensiones habituales.

Curiosamente en los numerosos diagramas que ofrece el hinduísmo, los dos canales laterales no tienen una disposición lineal sino entrelazada, culminando ambos en el cráneo a la altura de las cejas. A diferencia de los tratados budistas y daoístas, la respiración interna promovida por el ejercicio de la “bomba sacra,” equivalente en el hinduismo al Mula Bandha, está acompañada de otras dos contracciones musculares: Jalandhara Bandha, a la altura de la garganta y Uddiyana Bandha en la región abdominal. Respecto a la primera, Olivia Cattedra y Maité Fernández de Bobadilla en su obra El Hatha Yoga en el Yoga informan (cap. VI, Teoría y práctica del Hatha Yoga):
La aplicación de Mula Bandha trata del ajuste/retracción perineal (piso pelviano) que conlleva también ajuste de la zonas glúteas y del abdomen. En este caso, el mula bandha está utilizado preponderantemente en relación al abhyantara kumbhaka (detención del aliento con pulmones llenos). El uso discreto de este bandha no solamente produce movimientos de energía pránica en las zonas específicas: sacro-pelviana y abdominal, sino que además es una técnica muy útil que favorece la correcta colocación de la columna sacro-lumbar, ampliando la zona dorsal y abriendo el tórax como consecuencia de ello.
Las dos conexiones importantes que podemos establecer a través del magisterio daoísta es que el incremento en la salivación por la disposición de la lengua —ya que la misma debe estar en contacto con el paladar blando de manera de unir los dos vasos principales: el gobernador y el de función— parece estar en relación con el Jalandhara Bandha; y por otro lado, la retención del aliento durante la retracción perineal, desencadena el harnelmiatznel, esto es, el proceso de sublimación en sí: mientras que la rota microcósmica tiene dos puntos de limpieza y ablución —los puntos cardinales Mao y Yu en medio de la inspiración y espiración respectivamente,— el abhyantara kumbhaka como técnica del pranayama, se concentra en el ápice del ciclo respiratorio.

Como corolario, el ojo entrenado habrá observado algo importante: tanto la Rota de la Fortuna (observando la disposición que nos brinda la imagen del Pantocrátor sentado en el ala central superior), como la órbita microcósmica y el enrutamiento que se realiza a través del pranayama hindú, la energía gira en el sentido levógiro, contrario a las agujas del reloj: es decir, de derecha a izquierda; siempre es el canal derecho el sentido ascendente y siempre es el canal izquierdo el sentido descendente.

En la siguiente entrega analizaremos los elementos restantes del procedimiento, pero en especial, las dificultades y riesgos que corre el Obrero del Arte durante el templado del atanor y los procesos para el atajo y regularización de los inconsistentes fuegos iniciales de la estufa filosofal; no por nada a esta etapa se la conoce como Nigredo.

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