La redención de la deidad dormida

La parábola neotestamentaria del hijo pródigo puede resumirse en las palabras del psicólogo Carl Jung cuando dice: “Para el Alquimista, el más necesitado de redención no es el hombre, sino la deidad perdida y dormida en la materia.” En el evangelio de Lucas 15:11-32 —proveniente de Loukás (Λουκάς) del griego antiguo leukós (λευκός): antorcha o luz, y del latín: lucis o lux, es decir la Buena Nueva de la Luz— leemos: (1)
Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.

Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
Nuestra investigación nos ha conducido a considerar la actual situación del ser humano como un individuo degradado por su propia maquinaria biológica: su cuerpo físico, aquel que los neognósticos comprenden como un implante, adaptado para subsumir la consciencia al sueño de la materia, bien podría verse como la pesada cruz en la que se ha clavado al alma. La tradición rosacruz sostiene que el homo sapiens fue una hábil factura arcóntica ingeniada para subyugar el ánima inmortal dentro los estertores de la carne, y sólo la labor personal puede generar, mediante un esfuerzo hercúleo, la piedra del exilio. Asimismo, el canon del budismo y del daoísmo sostiene que el hombre que malgasta su chi (qi) en actividades licenciosas, queda sometido a la infinita y vana rueda de la reencarnación.

En términos prácticos, la ecuación energética es sumamente sencilla: si el organismo físico, en el tercer estado de la materia, consume orgón de la manera programada biológicamente, el alma, presente en el cuarto estado, no puede iniciar su desarrollo; por lo cual, agotada la energía vital, el deterioro corporal se incrementa; surge la enfermedad y una concurrente exponenciación del impuesto etérico a la experimentación física; cierto es que en la vida moderna se apacigua la bioquímica del sufrimiento con cócteles de estupefacientes, pero aun así, las funciones orgánicas no tardan en cesar. Por supuesto, la tragicomedia humana no termina allí.

El alma, en un estado sub-embrionario, carente de energía y recursos derrochados por los vulgares goces mundanos, es conducida por aquellos que detentan el poder en el plano etérico, para una nueva ronda de encarnación en las coordenadas de espacio-tiempo que brinden un mayor rinde emocional para los arcontes; y esto coincide, asombrosamente, con la ley del Karma, dado que los individuos acostumbrados a una vida fácil serán recompensados con otra ardua y viceversa, y finalmente la ley del Tao se conformará, pues a través de estas vivencias polarizadas y la lenta destilación del sufrimiento, el núcleo espiritual comenzará a trastabillar por el camino que logre emanciparle de todo este padecimiento inconsciente que subyace en la cavernaria ilusión.

Regreso del Hijo Pródigo
(Rembrandt, siglo XVII)
La teoría para dar inicio al proceso redentorio se basa fundamentalmente en la sublimación de los instintos, mientras que la parte práctica consiste en descubrir la pericia para aquietar las regulares ebulliciones del húmedo radical y en aplicar, de manera continua e insistente, la órbita hermética del solve et coagula que se descifra en la arcana clave del VITRIOL: Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem, “Visite el interior de la Tierra, rectificando hallará la Piedra oculta.” Pero recuerden los Hermanos en la Búsqueda que el camino al cielo está sin pavimentar: cuando comiencen las fases iniciales de rectificación, todos aquellos groseros minerales adosados a los radicales de su simiente metálica —los introyectos de la psicología, los implantes de la ufología y los parásitos etéricos de la metafísica— darán cruel batalla, pues su fuente de alimento se verá restringida y, de acuerdo a la firmeza y dedicación del aspirante, totalmente disminuida. Se trata de la fase del Nigredo, y su color representa la oscuridad de la tierra arsenical: las prendas solares comienzan en el barro.

En The Secret Science behind the Miracles, podemos hallar una interesante explicación sobre la naturaleza intrínseca de estos parásitos etéricos o espíritus hambrientos, que obtuvo Max Freedom Long de los sacerdotes hawaianos Kahunas (Aquellos que Mantienen el Secreto); al parecer, el ser humano es una amalgama de dos antagónicos seres:
En resumen, la idea kahuna del consciente y del subconsciente parece ser, a juzgar por la semántica filológica que les dan a las palabras, un par de espíritus estrechamente unidos en un cuerpo controlado por el subconsciente y utilizado para cubrir y disimular a ambos. El espíritu consciente es más “humano” y posee la capacidad de hablar. El subconsciente, en cambio, es una entidad muda y penitente, propensa a las lágrimas y a regatear esfuerzo, pero encargada del manejo de la fuerza vital corporal. Hace su velado trabajo bajo un silencioso cuidado, pero es obstinado, caprichoso y muchas veces poco dispuesto a obedecer. Se niega a concretar una labor cuando “teme a los dioses” (es decir, cuando tiene un complejo o fijación de ideas), y se entremezcla o chantajea al espíritu consciente para dar la impresión de ser uno con él.
Bajo esta notable visión del ser humano como un gestalt frankensteiniano, se puede arrojar mucha más luz a las continuas discrepancias y al frecuente y molesto diálogo interno que denunciaron tanto Gurdjieff como Castaneda: dos entidades, de distintas densidades de consciencia —el subconsciente exponiendo su naturaleza reactiva y caprichosa de Segundad Densidad y el consciente encaramado en su egoico silogismo de Tercera Densidad— comparten el “control” de un vehículo físico en el que deben compartir los limitados recursos vitales que mayormente son administrados por la criatura más inexperta. Curiosamente, el sufismo ha observado la misma composición de gestalts: ruh-I haivani siendo el principio animal, y ruh-I insani, el alma racional.

La tradición kahuna concuerda con nuestra enumeración taxativa de las entidades etéricas; en este sentido, una vez que cesan las actividades corporales, la unión de los dos centros psíquicos puede continuar integrado o disgregarse; sin embargo, si bien se menciona a las entidades supraconscientes —es decir, de Cuarta Densidad— lamentablmente los kahunas no son precisos sobre la naturaleza del proceso durante el deceso de los humanos que han logrado La Gran Obra:
  1. El gestalt ordinario de un fallecido: se compone de un subconsciente y un consciente. Tiene facultades para pensar y recordar como cualquier ser humano común y corriente.
  2. El gestalt subconsciente, cercenado de su compañero consciente por algún accidente o enfermedad antes o después de la muerte. Este espíritu tiene facultades para recordar, pero es irracional, manteniendo sólo una razón deductiva basal. Responde a la sugestión hipnótica. Es como un niño y a menudo se expresa como un “poltergeist” ruidoso.
  3. El gestalt consciente de un humano, separado de su compañero subconsciente antes o después de la muerte física. Esta entidad no puede recordar, por lo tanto, es un fantasma casi indefenso, vagando sin rumbo, actuando como un “alma perdida” hasta que logre ser rescatado y emparejado con un espíritu subconsciente que pueda proporcionarle las facultades de la memoria; en ocasiones puede que recuerde eventos que no le pertenecieron, fruto de su unión con un subconsciente que estuvo asociado a otro consciente.
  4. Gestalts de orden superior: sólo se brinda información vaga sobre esta clase de entidades supraconcientes, aunque se concluye que frecuentemente toman parte en las actividades de las dos entidades inferiores, ayudándoles a realizar tareas de una naturaleza a veces espectacular o siendo hostiles y malignos.
Tanto las entidades negativas supraconcientes —que pueden asociarse a los arcontes del gnosticismo— como ciertos kahunas del lado siniestro, poseen la capacidad de ordenar a los gestalts inferiores para que parasiten o se introyecten en el subconciente de un ser encarnado, haciendo uso de su energía vital. Colin Wilson en su excelente relato The Mind Parasites acertó entonces al decir: “ellos no podrían existir aparte de la humanidad, porque ellos fueron la humanidad.” Y sin demasiado esfuerzo podríamos relacionarlos con los supuestos guías con que se topa Joseph Fisher (2) o los operadores de Barbara O'Brien: (3)
El proceso de posesión consiste en infiltrarse o adherirse al cuerpo de la víctima. (4) Hecho esto, su fuerza vital es drenada por las entidades intrusas y almacenadas en sus cuerpos fantasmagóricos. A medida que las fuerzas vitales de la víctima disminuyen, desde los pies llega un entumecimiento que se eleva gradualmente hasta las rodillas, las caderas y finalmente al plexo solar y el corazón, durante un período de tres días, momento en el que la víctima muere. Cuando se produce el deceso, las entidades abandonan el cuerpo, llevando consigo la fuerza vital recolectada, y regresan a sus amos.

Sin embargo, si la víctima pudo ser rescatada por otro kahuna, las entidades son devueltas a su dueño con órdenes hipnóticas de atacarle, y de tal embate los resultados muchas veces son fatales. Para evitar tal peligro, un ritual mágico de limpieza es realizado generalmente por el kahuna que envía inicialmente a las entidades. En el caso de concretar la misión, el kahuna ordena a sus esclavos espirituales jugar hasta agotar la fuerza vital que habían tomado del poseso. Su forma de juego usualmente consiste en lo que podríamos llamar “actividades poltergeist,” esto es, mover o arrojar objetos, hacer ruidos fuertes y crear disturbios de proporciones.
Si un ser humano encarnado posee un subconsciente “programado” o “guiado internamente” para actuar de manera agresiva contra su anfitrión consciente, ¿comenzamos a vislumbrar la resultante psíquica de los procesos de abducción? (5) Y para el ojo entrenado, nos atrevemos a indagar aun más: ¿vemos ahora con mayor claridad aquello que el alquimista debe rectificar? En Las Enseñanzas Secretas de Jesús de Marvin W. Meyer leemos desde el El libro secreto de Juan:
Yo dije: «Señor, ¿adónde irán las almas [animus o consciente] de estas personas cuando abandonen la carne?».
Él se rio y me dijo: «El alma que tiene más poder que el espíritu despreciable
[anima o subconsciente] es fuerte. Se escapa del mal, y a través de la intervención del Imperecedero [supraconsciente] es salvada y conducida al reposo eterno».
Yo dije: «Señor, ¿adónde irán las almas de las personas que no saben a quién pertenecen?».
Él me dijo: «El espíritu despreciable se hace más fuerte en tales personas cuando se extravían. Este espíritu coloca una pesada carga sobre el alma, la conduce a malas acciones y la arroja al olvido. Después que el alma abandona el cuerpo, es entregada a las autoridades
[arcontes: aquellos que detentan el poder] que han nacido a través del primer gobernante. La atan con cadenas, la arrojan a la prisión, y la insultan, hasta que finalmente emerge del olvido y adquiere conocimiento. Así es como obtiene perfección y se salva».
Los maestros orientales del daoísmo proponían inicialmente un ser humano con dos cerebros: el bajo o intestintal (dan-tien inferior) asiento de la vida y el alto o celestial (dan-tien superior) asiento del alma; ambos cerebros se encontrarían unidos por el dan-tien medio, asociado al sistema cardiorespiratorio. El yoga de la inmortalidad que difunde esta religión consiste en la integración de lo terrestre (principio alquímico interno o dragón áptero) con lo celestial (principio alquímico externo o dragón volátil) para consagrar la cimentación de una nueva entidad: el shen o supraconciente (infans solaris). La conclusión de todo este proceso es el nacimiento del redentor crístico que eventualmente alcanza el estado de budeidad, exonerándose del ciclo reencarnativo, a la par de alcanzar un nuevo estado de consciencia en la Cuarta Densidad: (6)
Los kahunas asociaron todos los procesos de pensamiento con el “mana.” La palabra mana-o significa “pensar,” y se agrega la “o” para demostrar que el proceso consiste en usar mana para producir consciencia.

La fuerza vital o mana de los kahunas tiene tres vertientes. Si es de naturaleza eléctrica, como lo han demostrado experimentos modernos, podemos decir con cierta seguridad que las tres fuerzas de
mana conocidas por los kahunas son semejantes a tres voltajes.

La semántica kahuna para los tres voltajes es la siguiente: para el bajo voltaje usado por el espíritu subconsciente es “mana,” pero para el voltaje medio, usado por el espíritu consciente como “voluntad” o fuerza hipnótica, se utiliza “mana-mana.” Por último, para el voltaje más alto conocido como “mana-loa” o “poderosa fuerza,” requerido únicamente por el supraconciente que, asociado finalmente a los dos espíritus menores, da cohesión definitiva al hombre trino.

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La ciencia secreta detrás del húmedo radical

La ceguera en la cual la humanidad se encuentra sumergida parece sostenerse principalmente sobre tres pilares erigidos bajo la cementación durante el umbral de la adolescencia: los sentidos, enfocados con exclusividad hacia la realidad material; la programación biológica, que dirige la maquinaria y conduce la urobórica química cerebral; y finalmente, la hipnosis endógena, fruto de la continua sumisión a la tiranía sensual del húmedo radical.

Pero cuando el decidido hermano en la Búsqueda de la Verdad logre asomarse, aunque más no sea por unos instantes, por encima de este infausto mecanismo de control y observar con ojos más despiertos a la realidad en la que se nos ha confinado aparecerá la componente exógena, presta a acudir ante cualquier posible insurrección gnóstica, con un etérico correctivo tras un velado proceso de abducción. Esta fuerza de choque será la más de las veces olvidada o confundida bajo lo que parecería ser un piadoso manto onírico, pero sus efectos nocivos continuarán operando en el trasfondo del subconsciente, incluso como animadas voces de susurros funestos y consejos nefastos. Es una parte relevante del programa de pacificación, como nos informa Marshall Vian Summers, y nos permitimos añadir, con vehemente asertividad, que estas dificultades no son razón para amedrentarse, tal como nos enseña el filósofo británico Edmund Burke: “Aquel que lucha contra nosotros refuerza los nervios y perfecciona nuestra habilidad. Nuestro enemigo es nuestro ayudante.”

“Así se apacigua
esta terrible tempestad”
Si se logra evitar sucumbir a la desesperación y a la manipulación, deberá apertrecharse de conocimiento, sin olvidar la irreemplazable pericia para aplicarlo, junto con una conducta que tanto Carlos Castaneda como Theun Mares coincidieron en caratularla como la impecable actitud del guerrero. Y aquí creemos beneficioso recordar las palabras aclaratorias del prestigioso Fulcanelli al tercer artesón en la séptima serie de El Maravilloso Grimorio del Castillo Dampierre: SIC.TRISTIS.AVRA.RESEDIT, pues la principal labor del novel artesano debiera ser aquella que logre calmar la tempestad de las constantes y regulares ebulliciones del compuesto hermético; sepa entonces, que nuestro mercurio, húmedo y frío, se coagula poco a poco en contacto y por efecto del azufre, que se aprecia en la forma de un ancla, agente de desecación y firmeza.

Herbert Thurston, denodado estudioso e investigador de lo paranormal, puede ayudarnos a comprender la importancia de esta ancla filosófica; en su relevante investigación sobre Los Fenómenos Físicos del Misticismo, el jesuita inglés propone cuantiosos ejemplos documentados de levitación, estigmas y telequinesia, aunque los que entendemos más relevantes corresponden a los místicos que cobijan casos de incorrupción post-mortem, incendium amoris, inedia y el olor a santidad. De este último caso, extremadamente relevante para los alquimistas, Thurston comenta sobre el médium Stainton Moses:
Estos aromas eran de varias clases, siendo los más favoritos los de rosa, sándalo y verbena. Son utilizadas todas las flores, y aspirado su perfume. Este es el caso notable del campo. Observemos cómo entonces la presencia de una flor particular en la sala determinaba un olor sobresaliente, perdiendo temporalmente los capullos particulares todo su perfume, aunque el olor volviera al día siguiente. Algunas veces, sin embargo, se aspiraba un aroma perfectamente distinto procedente de una flor, o más precisamente, se atribuía a otra diferente.
«Hace algunos meses observé que me envolvía una atmósfera perfumada, en particular, en momentos en que yo sufría dolor. Siempre fui propenso a la neuralgia y, en esas ocasiones, cuantos me rodeaban advertían la presencia de variados perfumes, de igual manera a como los observábamos en aquellas sesiones. Una tarde me hallaba ante una ventana abierta azotada por el aire; sin embargo, exhalaba un aroma tan marcado a rosa que mis amigos presentes trataron de localizarlo. En efecto, se descubrió que radicaba en un punto no más extenso que un chelín, en la coronilla de mi cabeza. El punto era perceptiblemente húmedo y perfumado, fluyendo más libremente al hacer presión.»
Las altas enseñanzas del daoísmo, nos orientan al informarnos que el centro yang corporal corresponde a la coronilla, atribuyéndole las propiedades celestes,(1) mientras que en la geografía opuesta, encontramos su contrapartida yin que oculta los atributos terrestres y que, entendemos a través de nuestra investigación, acaso guarde el más alto secreto de la Gran Obra: el Verbum dimissum de Trevisano, la Palabra perdida de los francmasones y las hermandades herméticas medievales; Fulcanelli en El Misterio de las Catedrales nos recuerda desde el magisterio alquimista:
Post tenebras lux: No lo olvidemos. La luz sale de las tinieblas; está difusa en la oscuridad, en la negrura, como el día lo está en la noche. De la oscuridad del Caos fueron extraídas la luz y sus radiaciones reunidas, y si, el día de la Creación, el Espíritu divino se movía sobre las aguas del Abismo —Spiritus Domini ferebatur super aquas—, este espíritu invisible no podía ser al principio distinguido de la masa acuosa y se confundía con ella.
Y, en veladas pero sensatas palabras, que sugieren en susurros el conocimiento prohibido de la Puerta de la Vida y de la Muerte, hallamos en el tratado hermético Las Cuatro Alas del Mercurio unos párrafos que nuestros Hermanos en la Búsqueda nos agradecerán por la claridad manifiesta sobre la Piedra Angular:
El avanzado investigador deberá descender hasta el fondo de sus aguas corrosivas, para vivenciar su alterada composición y es allí donde, en el centro del profundo pozo negro, está el contenido alquímico de la Piedra Angular, que es divinizada por el Mercurio y oscurecida por el Caos.
[...] En el mismísimo centro de tu Caos debes fundir y transmutar, una a una las gruesas capas terrosas que impiden tu liberación, permitiendo que sea la propia Tierra, auxiliada por lo Superior, quien ponga orden dentro de sí. Desde un principio la Tierra fue creada desde Dios, pero fuera de Dios, aunque vivió y vive en Dios.
Pero desconocer y no aplicar este sagrado conocimiento —ars goth: argot o arte divino—(2) puede acarrear severas dificultades al neófito. Nos referimos a que, carente del trabajo interior, la putrefacción alquímica del húmedo radical contenido y no sublimado, atrae mefíticas miasmas carentes de luz. Este reiterado hecho emanente de la mística y ascetismo riguroso, documentado en las tempranas hagiografías de los santos cristianos, fue analizado tanto por el erudito jesuita como por el ufólogo francés Aime Michel, quienes coincidieron en que la llana postura del suplicio físico o la conflagración de los “ardores emocionales,” produce fenómenos anómalos. En Story of St. Stanislaus Kostka, escrito por el padre Goldie, se nos refuerza la conexión del sufrimiento inconsciente con la putrefacción del orgón por carencia de sublimación:
Stanislaus era tan violentamente asaltado por el amor de nuestro Señor que, a consecuencia de ello, padecía desmayos y espasmos; se veía obligado a aplicar sobre su pecho lienzos mojados en agua fría para templar la violencia del amor que sentía.
Por supuesto que el párrafo citado, desprovisto de todo tinte religioso, sería visto como lo que fue: un ataque hiperdimensional de marcado trasfondo poltergeist. Siglos más tarde, durante 1880 Teresa Higginson, la maestra católica inglesa que había recibido los estigmas y las úlceras dactilares conocidas como desposorios o anillos de matrimonio místico, informaba a su director:
“Algunas veces acostrumbraba el demonio arrojarme completamente fuera de la cama, lanzar los objetos que estaban en el aposento, producir terribles ruidos, y yo temblaba en principio, que Miss Gallagher y la gente de casa pudiesen oirlos... Siempre que nuestro amado buen Dios aceptaba mis pobres oraciones en favor de los pobres pecadores, él, el demonio, se enfurecía, me golpeaba, arrastraba y casi me ahogaba... Solía hacerme golpear como he visto lo hacen los niños jugando unos con otros.”
El ojo entrenado no dudará ni por un momento en conectar estos estigmas y desposorios como la marca de propiedad de un eteriano con su fetiche humano. Parece que en particular la religión católica, con su marcada necesidad de pureza sexual —pero carente de técnica sublimatoria— ha sido la principal proveedora de ejemplares humanos sometidos a un ordeñe extático de distorsionada energía vital.

El otro grave riesgo que nuestra investigación nos ha develado consiste en la desequilibrada concentración del pervasivo agente celestial: el azufre de los filósofos, conocido en el daoísmo como el agente alquímico microcósmico externo, cuando el obrero apresurado se afane en intentar la obra breve, incrementando la velocidad en la ingesta del suministro externo y obteniendo una mezcla desproporcionada al no encontrarse en balance la mixtura con el agente alquímico microcósmico interno, suscitando así un compuesto hermético inestable, arrebatado y en extremo combustible; Fulcanelli nos previene:
Una advertencia semejante apenas se encuentra en los libros, en extremo sucintos, acerca de todo cuanto se refiere a la Obra Breve, pero que el adepto de Dampierre conocía tan perfectamente como Ripley, Basilio Valentín, Filaléteo, Alberto el Grande, Huginus à Barma, Cyliani o Naxágoras.
Sin embargo, y porque juzgamos útil prevenir al neófito, cometería un error si concluyera que tratamos de desalentarlo. Si desea arriesgarse en la aventura, que sea para él la prueba del fuego a la que debían someterse los futuros iniciados de Tebas y de Hermópolis, antes de recibir las sublimes enseñanzas. El brazo en llamas sobre el altar, ¿acaso no es un símbolo expresivo del sacrificio y de la renuncia que exige la ciencia? Todo se paga aquí abajo no con oro, sino con la dificultad y el sufrimiento, dejándose a menudo parte de uno mismo, y nunca podría pagarse demasiado cara la posesión del más pequeño secreto, de la verdad más ínfima. Si el aspirante, pues, se considera dotado de la fe y armado del coraje necesarios, le desearemos fraternalmente que salga sano y salvo de esta dura experiencia, la cual termina, lo más a menudo, con la explosión del crisol y la proyección del horno. Entonces, se podrá exclamar, como nuestro filósofo: ¡Feliz infortunio! Pues el accidente, obligando al aspirante a reflexionar sobre la equivocación cometida, le llevará a descubrir, sin duda, el medio de poder evitarla, así como el truco de la operación regular.
Pero a los fines de orientar claramente a nuestros bienamados buscadores de la Verdad, sin que por ello les exima de todos los peligros y eventuales tormentos en la consecución de la Gran Obra, nos permitimos sugerir el siguiente pasaje del renombrado maestro en que, con suma claridad, orienta al obrero hacia aquel sitio subterráneo donde yace la piedra angular que oculta la fuente y conecta las columnas gemelas, aquellos canales secretos que se erigen en esbelto ascenso, trepando hacia las regiones empíreas del templo:
Lo mismo que el alma humana tiene sus pliegues secretos, así la catedral tiene sus pasadizos ocultos. Su conjunto, que se extiende bajo el suelo de la iglesia, constituye la cripta (del griego κρύπτη «krýptē», oculto). En este lugar profundo, húmedo y frío, el observador experimenta una sensación singular y que le impone silencio: la sensación del poder unido a las tinieblas. Nos hallamos aquí en el refugio de los muertos, como en la basílica de Saint-Denis, necrópolis de los ilustres, como en las catacumbas romanas, cementerio de los cristianos. Losas de piedra; mausoleos de mármol; sepulcros; ruinas históricas, fragmentos del pasado. Un silencio lúgubre y pesado llena los espacios abovedados. Los mil ruidos del exterior, vanos ecos del mundo, no llegan hasta nosotros. ¿Iremos a parar a las cavernas de los cíclopes? ¿Estamos en el umbral de un infierno dantesco, o bajo las galerías subterráneas, tan acogedoras, tan hospitalarias, de los primeros mártires? Todo es misterio, angustia y temor, en este antro oscuro...

A nuestro alrededor, numerosas columnas, enormes, macizas, a veces gemelas, irguiéndose sobre sus bases anchas y cortadas en desigual. Capiteles cortos, poco salientes, sobrios, rechonchos. Formas rudas y gastadas, en que la elegancia y la riqueza ceden el sitio a la solidez. Músculos gruesos, contraídos por el esfuerzo, que se reparten, sin desfallecer, el peso formidable del edificio entero. Voluntad nocturna, muda, rígida, tensa en su resistencia perpetua al aplastamiento. Fuerza material que el constructor supo ordenar y distribuir, dando a todos estos miembros el aspecto arcaico de un rebaño de paquidermos fósiles, soldados unos a otros, combando sus dorsos huesudos, contrayendo sus vientres petrificados bajo el peso de una carga excesiva. Fuerza real, pero oculta, que se ejercita en secreto, que se desarrolla en la sombra, que actúa sin tregua en la profundidad de las construcciones subterráneas de la obra. Tal es la impresión que experimenta el visitante al recorrer las galerías de las criptas góticas.
La encumbrada pluma del maestro es discreta al describir la “bomba del sacro,” la “rueda hidraúlica” o el “fuelle de la fragua:” la velada región del perineo, ubicada en el centro yin corporal, que produce la separación del principio vital del húmedo radical en su ascendente órbita celeste; es a partir de esta fuerza real que se ejercita en secreto, por medio de la musculatura del bajo vientre, la arcana ciencia que se encarga de hacer girar la rueda del pozo para extraer los suministros energéticos y que, llegado el momento del nacimiento de nuestro filius philosophorum, transportará a través de los nadis la luz celestial que bañará el rosetón del palacio gótico.

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Los ingenieros y los labriegos de la granja humana

Los padres népticos (originario del griego nifalios νηφάλιος: sobrio, esclarecido), aquellos hesicastas occidentales cuya enseñanza asemejaba al estado de budeidad oriental (proveniente del pali pácrito buddha o bhutta: despierto, iluminado), poseían un intrincado arsenal de consejos para detectar y enfrentar la intrusión demoníaca en la mente de los practicantes. Para estos monjes del desierto que buscaban el silencio y la paz interior, las entidades parasitarias eran la principal fuerza de choque que los alejaban del ejercicio ascético y, principalmente, de la homeóstasis emocional, condiciones necesarias para acceder al estado de contemplación; en la colección de textos Filocalia, leemos:
Si los demonios amenazan aparecer de improviso desde el aire, y abatir y depredar tu mente, no te dejes aterrorizar por ellos ni te preocupes por sus amenazas, ya que te asustan para ver si les prestas atención o los has despreciado del todo.
Este es un consejo valioso dado que a través de nuestra investigación hemos concluido que el temor y la preocupación centrada en estas entidades es una forma de devoción inversa: “siempre nos defendemos de lo que tememos.” Así como la devoción es la cesión voluntaria de energía desde el feligrés hacia una entidad que se la entiende como superior; el temor reverente hacia los seres demoníacos también implica un drenaje de energía, y sería prudente trocar este miedo tan solo en cautela atenta.

La Granja Humana ha sido un blanco frecuente de entidades parasitarias de orden superior que vociferan a sus contactados con espectacularidad teatral, la necesidad de sumisión y devoción; estas majestades exógenas se presentan como dioses únicos, iracundos e impolutos con un mensaje que al ser analizado coincide en gran medida con aquel promulagado por dictadores con personalidades narcisistas y psicopáticas; el prestigioso ingeniero Jacques Vallée en su libro Mensajeros del Engaño (Messengers of Deception: UFO Contacts and Cults, 1979), especula:
Algunos investigadores —en particular Ray Palmer, John Keel, y Salvador Freixedo— han sugerido tanto en sus declaraciones públicas como en conversaciones privadas en que puede haber una relación entre los acontecimientos Ovni y los fenómenos del ocultismo. A primera vista, la mera sugerencia de tal relación es molesta para un científico. Sin embargo, los incidentes descritos en este libro ya han puesto de manifiesto las interconexiones entre la superposición de grupos de ocultismo y sectas, y las organizaciones que participan en la investigación Ovni. Muchos de los fenómenos reportados por testigos implican el efecto Poltergeist, levitación, control psíquico, la curación, y las experiencias extracorporales: cosas muy familiares para los que conocen de literatura ocultista. [...]

Supongamos, hipotéticamente hablando, que en el curso de sus investigaciones algún grupo ocultista haya tropezado con un método para la proyección de imágenes controladas mentalmente; tal vez incluso podría haber aprendido a extender la conciencia humana fuera del cuerpo, o crear distorsiones locales en el continuo espacio-tiempo: una manera de proyectar escenas a distancia, para controlar y amplificar las capacidades psicokinéticas de ciertos individuos, o para crear entidades similares a los “tulpas” del folclore tibetano. [...] ¿Es una hipótesis descabellada? Tal vez. Sin embargo, la Alemania nazi tenía varios institutos de investigación científica trabajando en esta línea desde hace una década, y dos naciones modernas, por lo menos —la Unión Soviética y los Estados Unidos— se sabe que están llevando a cabo programas agresivos de investigación sobre temas similares. La financiación que se requiere en esta área es pequeña; tal vez, varias organizaciones privadas e incluso personas adineradas podrían patrocinar una investigación significativa cuyos resultados podrían producir avances impredecibles. ¿Tales avances habrán ya ocurrido?
¿Y si los Ovnis son el resultado de su aplicación? Tal grupo podría operar a escala internacional, de manera independiente de los gobiernos locales. Podría contar con los recursos de empresas líderes. Se podría tratar de manipular a la opinión pública para sus propios fines. No podría controlar la Ciencia, pero sin duda podría influir en ella. Y podría producir muchos de los efectos que los Ovnis parecen capaces de manifestar. Las personas que controlan esa tecnología “psicotrónica” podrían incluso tener contacto con otras formas avanzadas de conciencia, y conocer la verdadera naturaleza de los Ovnis, o podrían tratar de convencer a los demás que así lo han hecho.
“... varios los describieron como
demonios, espíritus, o simples aliens,
”
del libro UFOs: The Psychic Solution
Este último comentario del doctor Vallée puede colocar las cosas con cierta perspectiva: por un lado existen humanos que siguen el camino de la impecabilidad, enfocándonse en la orientación del Balance y la Contemplación; en la otra vía, un grupo —que Eisenhower denominó como el Complejo industrial-militar (1) y las teorías conspirtativas describen hoy como el Gobierno Secreto Mundial— actúa de forma velada y parece poseer una tecnología que permite la manipulación y programación a gran escala de la humanidad. El primer grupo es asediado interna y externamente por lo que describen bajo el concepto cristiano de demonios o el taoísta de fantasmas hambrientos, mientras que el segundo grupo es beneficiado e incluso asistido por entidades que al manifestarse en el plano físico detonan toda clase de fenomenología anómala, que la Demonología y Ocultismo relacionan con seres detrimentales del plano parafísico, y que en la terminología ufológica se los describen en el apartado de alta extrañeza. En una carta que se expone en el epílogo del último libro del difunto investigador de lo paranormal Joseph Fisher, The Siren Call of Hungry Ghost (El Canto de Sirena de los Fantasmas Hambrientos), una ex-espiritualista comenta:
Tengo un pequeño cartel semejante al suyo 'Los Guías les Asistirán.’ Pero el mío dice ‘Es difícil luchar con un enemigo que ha acampado en tu cabeza.’ Y es precisamente allí donde yace su habilidad: ellos conocen a sus víctimas desde adentro. Conocen nuestras fortalezas, nuestras debilidades, y aquellos que nos hace porfiados. Por eso es tan fácil para ellos manipularnos. He leído con interés su punto de vista que estemos lidiando con ‘almas perdidas.’ Personalmente, entiendo que esto puede ser subjetivo. La típica imagen de un alma perdida es la de una entidad atrapada entre dos mundos, quizá aun ignorante de su muerte física, que le evita reconocer objetivamente su situación. Pero al comparar tal cuadro con las inteligencias arteras que ambos hemos experimentado, me parece que son maestras del engaño: son extremadamente astutas, seductoras y elocuentes, con vastos conocimientos sobre filosofía a su disposición, sean fabricados o no... están capacitados para cooperar enlazados con otros ‘guías,’ como si trabajaran dentro de un sistema global, instrumentado con la idea estratégica de entorpecer y manipular a la humanidad nutriéndola de desinformación y urdiendo engaños en las respuestas a nuestras inquietudes espirituales. Aparentemente tienen poderes ilimitados para la precognición y acceso irrestricto a las coordenadas de tiempo —pasado, presente y futuro— permitiéndoles, entre otras cosas, personificar a quienquiera que necesiten con facilidad. Y esta no es mi idea de una pobre alma perdida tropezándose en la oscuridad. [...]

Más allá de toda duda, de lo que podemos estar seguros es lo siguiente: son muy astutos. Extremadamente inteligentes. Cualquier alma perdida con estas habilidades y tal conocimiento no me cabe duda que encontraría su camino hacia la Luz. ¿Será entonces que no desean hacerlo? Porque si estas entidades son sólo maliciosas por no poder acceder a los planos celestiales, y por lo tanto carecen de conocimiento de un supuesto plano superior, ¿de dónde es que obtienen tan vastos conocimientos filosóficos? Seguramente no será de vivir atrapados en la oscuridad entre los reinos físico y espiritual. ¿Será entonces que no están atrapados?
Quizá la siguiente visión estratificada pueda ayudar al buscador de la Verdad: la manipulación de la humanidad es llevada a cabo por diferentes fuerzas de choque. Por un lado, y coincidiendo con el comentario previo, todos aquellos interesados en conocer la Verdad poseen una marca personal: un soldado de guardia implantado a nivel subconsciente que monitoriza el nivel de sintonía mental de la persona; este implante es perenne y quizá la única manera de desactivarlo sea orientándose plenamente al Balance, dado que se nutre de cualquier desestabilización emocional, y en realidad, fomenta y provoca desequilibrios en el portador al notar cualquier clase de “insurrección gnóstica.” (2) Para ser implantado no hace falta la parafernalia ufológica; sencillamente cualquier desvío profundo del FRV —es decir, de la frecuencia del alma— acarrea la posibilidad de introyectar parásitos etéricos; estos eventos ocurren la mayoría de las veces en las brumas y nieblas de una infancia violenta.

El ojo entrenado seguramente podrá relacionarlos con los agregados psicológicos (los “egos” del Cuarto Camino); nuestra investigación coincide en distinguir los “egos” de los “Grises,” entendiendo a los primeros como las “córtices” de las que se pronunciaba el rabino cabalista Isaac Louria, en una visión similar a la del doctor Carl Jung que los describe como los “seres de sombra destinados a la disolución;” en este sentido, los egos o córtices (3) se sustentan a través de los seres vivos que vibren en una baja frecuencia emocional. El caso de los Grises parece tener dos aristas: como marca personal y como extensiones bi-densidad a cargo de los procesos de abducción; a fines de ejemplificar este “rodeo humano,” traemos a mención el relato del capítulo X (Intelligent Animals) de Journeys Out of the Body del prestigioso Robert Monroe:
Caminando sobre un lado de mi cuerpo había una apariencia humana (sólo podía ver la mitad inferior de su cabeza). Estaba desnudo, sin ropa, y parecía ser masculino. Parecía del tamaño de un niño de unos diez años, de tres pies de alto, con piernas delgadas, poco vello púbico, y genitales subdesarrollados. Con total tranquilidad, como si se tratara de algo cotidiano —como un niño que monta su caballo favorito— pasó una pierna sobre mi espalda y se encaramó sobre mí. Podía sentir sus piernas alrededor de mi cintura, su pequeño cuerpo apretado contra mi espalda. [...] Sin duda era de forma humanoide, pero después de reflexionar, no tenía la percepción de una inteligencia humana: parecía más un animal, o algo cercano entre ambos. Me sentí insultado por la completa seguridad con la que se acercó y se adosó a mi espalda. Se mostró confiado en que no sería detectado, quizás a través de una larga asociación con los seres humanos a los que se acoplaba de manera invisible. [...]

Llegó a ser una gran contienda (aunque no percibí maldad de su parte, sólo un esfuerzo para volver a adosarse a mi), y estaba a poco de ingresar en estado de pánico. ¡Ya estaba sobre mi cabeza otra vez! Pensé en encender un fuego y tratar de quemarlo, hacer algo, cualquier cosa. Parecía no haber manera de evitar que subiera sobre mí hasta que ingresé en estado de furia; fue en aquel momento que ingresó en escena otro ser pequeño más
[...] Pero cambiaron su estrategia: intentaron camuflarse como la presencia de una de mis hijas, parecían saber de inmediato que este deliberado disfraz crearía confusión emocional en mí al asociar su presencia con el amor por mis hijas, y evitar así enfrentarme o deshacerme de ellos.

Cuando me di cuenta de su truco, los dos desistieron del camuflaje. Desesperado por una solución, pensé en el fuego, y esto parecía ayudar un poco. Sin embargo, tengo la impresión de que los dos estaban entretenidos, como si no hubiese cosa que pudiera hacer para hacerles daño.
Imagen del libro “Der Geheime Bund”
(El Pacto Secreto) de Mark Hedsel,
la percepción de los parásitos
etéricos en el arte medieval
Si consideramos que el nivel de consciencia de un alien Gris es similar al de un ser humano pero en distinto soporte de la materia (e.g. los humanos encarnados se encuentran en Tercera Densidad, mientras que los Grises parecen ser una construcción artificial con materiales híbridos de Tercera y Cuarta Densidad), podríamos entender a los implantes como parásitos etéricos invisibles a la percepción humana pero que influyen sutilmente a nivel emocional, mental y endócrino; estas entidades se adosan al periespíritu de un humano de quien necesitan nutrirse a partir de su orgón detrimental (fuerza vital distorsionada hacia las emociones negativas); esa es la razón de la “mala suerte” que los rodea, pues mucho de su trabajo consiste en manipular arteramente el área de influencia o esfera de dominio del individuo huésped, en especial sobre aquella área que obtenga el mejor “rinde emocional.” (4)

El siguiente nivel de manipulación es más enfocado: consiste en utilizar a estas inteligencias endosomáticas como interfaces con un nivel superior de consciencia. Si la subyugación del humano resulta efectiva, las fuerzas negativas obtienen una especie de “robot programado,” que puede actuar como una extensión terrestre de sus mensajes y caprichos. Este “robot programado” tiene habilidades psíquicas congénitas que de ser ejercitadas culminarán en el surgimiento de un médium, también denominado con el término “contactado,” y el procedimiento estándar consiste en la seducción y reclutamiento de seguidores que conlleva a la creación de una secta y más tarde en el establecimiento de una religión teócrata. No debemos desconsiderar la posibilidad de que todo un pueblo resulte sometido a una entidad entrópica y podamos argumentar entonces la propagación del programa exógeno a un “pueblo elegido.”

Tanto las inteligencias endosomáticas que han sido implantadas o introyectadas en los humanos, como las inteligencias exosomáticas (5) que administran y configuran a las primeras (de las cuales oímos sus voces a través de los médiums), las podríamos denominar como los labriegos: su tarea es manipular al ganado humano hacia un régimen estable de producción de loosh; y como sabemos el loosh fermenta a través de las emociones negativas, el sufrimiento inconsciente y la devoción. Cuando un humano descubre que es manipulado o logra cierto nivel de despertar, generalmente el labriego responsable ha fallado en su tarea y es “recompensado” con la encarnación física.

Por encima de este nivel de consciencia, escalonado varios pisos por encima de la humanidad, existe otro estadio aun más elevado; los textos rosicrucianos los señalan como los Arcontes del Destino y nosotros hemos elegido el título de ingenieros antropecuarios, dada su desconsideración supina a los seres de menor consciencia, que los habilita a manipulaciones masivas: tanto a nivel regional (guerras, enfermedades, hecatombes, etc.) o incluso en un contexto planetario (inundaciones globales o casos de extinción masiva). La capacidad de estos ingenieros dista de cualquier elucubración humana, siendo los responsables directos de la manipulación genética de la humanidad, al cegarnos de las posibilidades naturales de percibir reinos de consciencia superior, donde las restricciones entrópicas —los grises muros de nuestra realidad humana— son tan sólo un mal sueño.

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