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El proceso trogoautoegocrático del Askokin

Tras mucho deambular, el trasfondo de la ufología, concluye en una simple inferencia: la cadena trófica requiere de eslabones adicionales. Esta aseveración —desde lo humano funesta y molesta— en realidad no nos pertenece. Podemos dar rienda suelta a nuestra dispuesta memoria y comenzar a listar ilustres autores y magníficas obras que avalan tal afirmación. Pero resultará en un ejercicio vano y estridente pues aquellos que nos lean con cierta displicencia, lo encontrarán tedioso y tendencioso: es inútil sugerir la existencia de una realidad sutil y hostil sin pruebas materiales. No obstante, ¿y si las tuviésemos?

El doctor Jacques Vallée se encontró con ellas y las presentó en su obra Confrontations: A Scientist's Search for Alien Contact, cuando exploró una zona remota de Brasil para estudiar casos mortales de avistamientos: al menos cinco personas habían muerto cerca de Parnarama después de un encuentro cercano con lo que se describió como un OVNI con forma de caja, equipado con potentes haces de luz. En la noche, mientras los humanos intentaban cazar animales, estos curiosos artefactos voladores, bautizados como “chupas,” realizaban una tarea semejante para otro nivel del zigurat alimenticio; del capítulo The Price of Contact (El Precio del Contacto):
La gente del lugar son principalmente cazadores con excelentes dotes de observación. El crimen es prácticamente desconocido. No hay medios modernos de comunicación, y sólo los camiones madereros pueden transitar aquellos caminos de tierra. Allí, la principal religión es católica. La técnica de caza utilizada es única: los cazadores trepan de tres a cinco metros en los árboles, luego pasan la noche en una hamaca a la espera de un venado u otra presa. Llevan una linterna para apuntar a los animales. Una teoría entre la población local es que los chupas son atraídos por los haces lumínicos. Estos artefactos llegan a las hamacas y derriban a los cazadores con un haz concentrado. [...] En una entrevista, un testigo dijo que recordaba un “desagradable aroma” como un olor eléctrico (¿ozono quizá?), y entonces vio una luz cegadora, con colores pulsátiles en el interior, una descripción consistente con muchos otros avistamientos que he obtenido en Francia y Estados Unidos. Luego sintió un furioso calor. Varias personas informaron haber estado expuestas a los chupas a fines de 1982 cuando yacían en las hamacas de sus árboles. [...]

Las víctimas mortales fueron: Abel Boro, quien murió el 17 de octubre de 1981, mientras cazaba con Ribamar Ferreira; Raimundo Souza, quien murió el 19 de octubre de 1981, mientras cazaba con Anastacio Barbosa; José Vitorio y Dionizio General, que murieron en una fecha indeterminada, tres días después del encuentro con el OVNI; y un hombre llamado Ramón, que vivía en Parnarama. [Thomas] Muldoon y [Gary] Richman citan al alcalde de Parnarama confirmando los casos, junto al jefe de la policía, Geraldo dos Santos Magela, quien afirmaba haber examinado dos de los cuerpos, notando que la sangre había sido “absorbida por ellos.” Ribamar Ferreira describió cómo una luz venía tras él y su amigo Abel Boro: era tan brillante que convirtió la noche en día, dijo. Abel gritó cuando el objeto, que en este caso se parecía a un neumático gigante de camión, girando con luces encendidas, rodeó su cuerpo con un brillo resplandeciente. Ferreira corrió a la casa de Abel y regresó con su familia: encontraron a Abel Boro muerto, su cuerpo blanco “como si estuviese desprovisto de sangre.”
Más adelante en el libro, el doctor Vallée detalla su investigación presencial en la que recoge testimonios de compañeros y familiares de las víctimas fatales y otros numerosos casos que habían tenido consecuencias detrimentales en varias aldeas cercanas, desde erupciones a quemaduras cutáneas, enfermedades oculares, severos cuadros de disautonomía, ansiedad y fatiga crónica y, en algunos casos, notorias secuelas psicológicas: diestros cazadores que optaron por alejarse de su único medio de supervivencia tras una experiencia claramente traumática. Si bien fuerzas militares se habían dispuesto en el lugar, las mismas tenían orden estricta de sólo monitorear y documentar el fenómeno. Por último, el astrofísico francés se topa con que toda la documentación generada, incluyendo fotografías y filmaciones, habían sido adquiridas por una firma anónima norteamericana; en el capítulo XV: Ground Truth, el apesadumbrado autor hace algunas conclusiones sombrías:
No había nada elusivo en estos objetos. No se trataba de los efímeros fenómenos aéreos comúnmente descritos en la bibliografía norteamericana; ni tampoco eran experiencias oniriformes de contactados [...] Sencillamente lo que se vio en Colares fue un despliegue monumental de tecnología avanzada, y lo único que pudieron hacer los humanos fue filmarlo y observarlo con sobrecogimiento. [...]

La evidencia que ahora había sido obtenida de grandes poderes era tan evidente y con consecuencias tan desvastadoras para el futuro de los sistemas militares que la decisión final fue mantener todo bajo siete llaves, y confiar el estudio a grupos altamente especializados con un acceso rígidamente compartimentado. En mi opinión, el trabajo de estos grupos está destinado al fracaso, como lo ha estado desde 1953, a pesar de todos los recursos invertidos y a pesar de la absurda operación de desinformación que rodeó el asunto para alejar la verdad del público. [...] Verdad fundamental: lo que pasó en aquella aldea de Brasil puede volver a ocurrir en cualquier lugar, mañana. Detesto pensar que nos encontrará desprevenidos. Otra vez.
En la ríspida nomenclatura del prestigioso calvo enmostachado, encontramos la descripción del proceso trogo-auto-ego-crático como “la nutrición recíproca de todo lo existente.” Este proceso explica que la visión de la humanidad como cima de la pirámide alimenticia es espuria o, mínimamente, miope. Resulta molesto desprenderse de una mentira de tal magnitud y que acarrea desasosegadas consecuencias emocionales. Reconocerse como parte de un menú hiperdimensional no sólo es incómodo sino inoportuno: en la historia personal, muchas decisiones hubiesen sido diferentes partiendo del conocimiento de esta condición humana. Gurdjieff, en el capítulo XLIII: Opinión sobre la guerra de su obra Relatos de Belcebú a su Nieto, sostiene que la finalidad de la humanidad consiste “fundamentalmente en elaborar —por medio del proceso de su existencia— las vibraciones requeridas por la Naturaleza.” Más adelante habla ya no de producir vibraciones, sino una sustancia cósmica sagrada: Askokin. Parafraseando a Joseph Azize, tal vez no haya una diferencia relevante: acaso el Askokin sea tanto una vibración como una sustancia... quizá, la misma distinción que hacemos entre la líbido y la sangre.

Ahora bien, la amplia bibliografía del Cuarto Camino —a diferencia del sufismo, con su pleno conocimiento de los arteros Djinns,—(1) nunca menciona intrigantes artificios alienígenas que revolotean por encima de alarmados cazadores nocturnos: extractores de energía vital y productores de nefastos ultrajes y funestos decesos, ni tampoco habla de la aparición de extrañas entidades que abducen mujeres para efectuarles truculentos exámenes ginecológicos; estos relatos, marginales y fantasiosos a los ojos materialistas, con que algunos inadaptados sociales pierden su tiempo, mezclan la ufología con la demonología en un cóctel de donde surgen conclusiones que sólo podrían oirse a la sombra de un hediondo pabellón psiquiátrico; aunque no por ello menos ciertas. En sus obras, Gurdjieff habla de la interacción del Hombre (microcosmos) con la Naturaleza (macrocosmos), partiendo de la base que la humanidad es “alimento para la Luna:”
Y así, mi querido Hassein, cuando pareció que la necesidad instintiva de trabajos conscientes y sufrimientos voluntarios, con el fin de poder asimilar y transmutar en ellos mismos las sustancias sagradas Abrustdonis y Helkdonis y, por ende, liberar el sagrado Askokin para el mantenimiento de la Luna y de Anulios, había desaparecido finalmente del psiquismo de tus favoritos, entonces la Gran Naturaleza Misma se vio obligada a adaptarse para extraer esa sustancia sagrada por otros medios, uno de los cuales es, precisamente, el terrible proceso periódico de destrucción recíproca.
El sacrificio de Isaac
Juan de Valdés Leal
(siglo XVII)
Si en efecto nuestro planeta Tierra fue reconfigurado por entidades de consciencia superior para que toda destrucción de sus seres vivientes resultase en un sacrificio hierático,(2) podemos hallar una asociación interesante tras la aparición de estos punitivos objetos luminosos y los conceptos centrales del Cuarto Camino. De hecho, identificar al Askokin junto al Paradigma del Loosh de Robert Monroe y relacionarlo con la energía vital u Orgón de Wilhelm Reich puede simplificarnos mucho las cosas. Es más, brinda una lúgubre explicación al proceder pendenciero descrito por Vallée: estos OVNIs operan de manera ostensible sobre poblaciones rurales de pocos habitantes —aldeas remotas alejadas de las comodidades y del caos intrínseco de la vida mundana— cuyos habitantes son cazadores por necesidad y que, evidentemente, no crían ganado y, si lo hicieran, su número sería tan limitado que no podrían darse el lujo de sacrificarlos a estas extrañas entidades, incompatibles con el sistema de creencias de su gregaria religión católica. Pero este detalle sobre los sacrificios de sangre no pasó desapercibido bajo el inquisidor mostacho del Pintor de Gorriones,(3) pues entendió que operaban como un trueque energético, algo que los rituales y ceremonias de las religiones abrahámicas, con sus “sacrificios de chivos expiatorios” y la famosa “sangre del cordero que quita el pecado del mundo,” nos recuerdan siempre: (4)
«Escuchad ahora lo que debemos hacer para lograr dicha finalidad. Los resultados de todas mis investigaciones prueban claramente que la Naturaleza exige que, durante ciertos períodos, se produzca en la Tierra cierto número de muertes; y, al mismo tiempo, he logrado establecer que para las necesidades de la Naturaleza, es indiferente de qué muertes se trate, sean las de las propias personas o las de las vidas de otras formas de seres.»
Más tarde nos aclararía Mouravieff que esta falsa «Naturaleza» es en realidad la «Ley General» impuesta por las Autoridades del Mundo. Desdeñando entonces la óptica estrictamente antropocéntrica, pretendemos abordar todo este sinsentido haciendo uso de la frase del matemático John Bennett: “una energía baja no puede dirigir el funcionamiento de una energía más alta.” Note el aspirante que la contracara de esta afirmación puede resultar provechosa.

De acuerdo a Gurdjieff, en una instancia previa a esta humanidad, ya existía una arcana disciplina la cual eximía de estas obligaciones contractuales con las Autoridades del Mundo. Aunque no se lo afirma explícitamente en su obra, las extrañas sustancias o vibraciones: Askokin, Abrustdonis y Helkdonis son derivados del elemento activo Exioëhary; recordemos que este último puede usarse tanto para la continuación de la especie como para el autoperfeccionamiento. ¿Diremos más? El objetivo final del ejercicio del harnelmiatznel consciente resulta en el acopio de hidrógenos sutiles que resultarán en la famosa “semilla de mostaza” de la parábola cristiana —el germen de nuestra Piedra;— leemos en Mateo 13:31-32:
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: “El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.”
Abrustdonis y Helkdonis, son transubstanciados por medio del trabajo consciente y mediante sufrimientos intencionales, siendo el material del cual se forman y perfeccionan los cuerpos sutiles, estos son, “el cuerpo Kesdjan” o “vasija del Alma” —la consolidación del Sub-Mayordomo del Cuarto Camino: el centro operador de la Gran Obra— y “el cuerpo del Alma,” es decir, el Maestro investido con el “Don de Dios.” Durante este proceso de transubstanciación, el Askokin es liberado. Animamos a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad a que conecten la transubstanciación de los derivados del Exioëhary con los Tres Tesoros del Tao (en chino tradicional: 三宝, San Bao) y la liberación del Askokin, la noche oscura del alma o putrefacción alquímica, con la desintegración positiva resultante del proceso catártico del Nigredo.

En términos alquímicos, formar estos dos cuerpos requiere de acumular y transmutar la sustancia primera. Gurdjieff daba como ejemplo los cálculos que se forman en los riñones o la sal que se cristaliza con la saturación o por la evaporación. En ese sentido, “las sustancias psíquicas” pueden, si saturan el cuerpo, cristalizar. Además, una sustancia como la sal, cuando se cristaliza, posee cualidades de las que carece la sal disuelta en agua. Un líquido salado vertido en un río se esparcirá rápidamente con el fluir de sus aguas, y aunque uno podría detectar algo de sal quince metros río abajo, no quedará rastro alguno kilómetros más adelante. Sin embargo, si la sal se pudiese cristalizar y colocar aislada de la corriente, entonces “una nueva octava se desarrolla dentro del organismo y no afuera: es el nacimiento del cuerpo astral.”

El río es la vida mundana: el trajín cotidiano que se lleva las energías elaboradas y acopiadas interiormente; es la energía vital que se disipa incesantemente como Askokin y nutre a las Autoridades del Mundo. Si de alguna manera pudiéramos mantener separadas de la vida las sustancias superiores formadas por los trabajos conscientes, éstas se cristalizarían rápidamente y, al igual que los cristales de sal, conservarían su integridad. Una vez formada, esta “nueva octava desarrollada” tiene su propio destino y es autónomo del proceso trogoautoegocrático, independizándose de la Ley General o Sistema de Control Hiperdimensional. Gurdjieff daba el ejemplo final del pan: una vez que ha sido horneado adecuadamente, éste ya no puede reducirse a harina: “una vez hecho, el pan tiene un destino propio.”

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La evolución de la oriflama tripartita

En aras de generalizar positivamente nuestra ciencia, perdiendo cierto tinte alquímico pero sin desmerecer la arcaica tradición, podemos ofrecer algún marco biopsíquico al “proceso de ascensión,” que reviste de tres regímenes canónicos: el Nigredo, el Albedo y el Rubedo; aunque ampliados con la fase intermedia Citrinitas que se sintetiza en la enigmática frase “la Tierra es negra, el Agua es blanca; el Aire se vuelve más amarillento cuando más se acerca al Sol; el Éter es completamente rojo.” Pero el enigma quedará resuelto si se la interpreta considerando el acopio y sublimación del qi, como una fase de fuerte inversión y grandes condicionamientos bioenergéticos: el organismo afronta un cambio dramático durante el templado del atanor de manera de acondicionar la región del plexo solar que se convertirá en el repositorio del jing sublimado, conjuntamente con la erradicación de los estupefacientes endógenos que acompañan la usual pérdida del húmedo radical, sumándose la labor esforzada del centro cardiorespiratorio donde se produce la mixtura de los agentes que desencadenan el harnelmiatznel consciente para la producción del compuesto alquímico microcósmico.

¿Cuál es la bioquímica subyacente en este excepcional compuesto? Aun no podemos más que brindar una ristra de teorías y débiles deducciones; empero, podemos aventurar que no existe análsis clínico que pueda ofrecer una conclusión médica nueva: no se aprecian cambios mensurables en la química de la sangre o en los residuos de la orina. Por lo tanto, concluimos en que el proceso alquímico impacta, al menos en un principio, sobre el cuerpo energético. Quizá explique el por qué de los cambios iniciales comiencen siempre por sutiles variaciones del tono psíquico que luego alcanzan un denodado acento, y más tarde se somatizan, modificando la cronotropía e inotropía cardíaca para finalmente aquejar el ritmo respiratorio y la secreción gástrica; del libro El Tercer Ojo y Kundalini del doctor Bhim Sain Goel:
Desde el mismo día del despertar de Kundalini, mi respiración se había alterado considerablemente. No sólo solía cansarme con mucha facilidad, sino que también tenía dificultades para inhalar con cierta relajación. La inhalación y exhalación eran a menudo tan rápidas que cualquiera a mi lado se daría cuenta de inmediato. La respiración solía funcionar como si estuviera siguiendo una muy conocida técnica de pranayama, llamada bhastrika. Personalmente, creo que durante la activación de Kundalini que no es otra cosa que fuego, uno requiere más oxígeno y que, por ende, respira tan rápido.
Si durante el promedio del primer régimen del mercurio, pareciera que todo el sistema autónomo se rebelara contra la concentración del compuesto, la fría oscuridad que precede al moroso amanecer se intensifica cuando el aparato nervioso se ve sobreestimulado, perdiendo periódicamente el control en las reiteradas y embravecidas tormentas del mar endócrino, cuando las secreciones internas lleven al organismo a desasosegados cuadros de disautonomía durante la batalla de los opuestos: el enfrentamiento que se produce entre el sistema simpático y el parasimpático; en Histoire des Oiseaux en l'Autre Monde, el poeta francés Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac nos describe en singular prosa el combate que irrumpe —a condición de haber mantenido el principio hermético por más de un año— entre el cálido Vaso Gobernador (Tu-Mo daoísta o Pingala hindú) y el frío Canal de Función (Jen-Mo o Ida):
Caminé aproximadamente el espacio de cuatrocientos estadios, al final de los cuales advertí, en mitad de una campiña muy grande, cómo dos bolas que, tras haber girado una en torno a la otra durante mucho tiempo ruidosamente, se acercaban y, luego, retrocedían. Y observé que cuando se producía el encuentro se oían aquellos grandes golpes, pero a fuerza de caminar más adelante reconocí que lo que de lejos me habían parecido dos bolas eran dos animales, uno de los cuales, aunque redondo por debajo, formaba un triángulo por en medio, y su cabeza, muy elevada, con su roja cabellera que flotaba hacia atrás, se agudizaba en forma de pirámide, su cuerpo aparecía agujereado como una criba, y a través de esos orificios menudos que le servían de poros, veíanse deslizarse llamitas que parecían cubrirlo con un plumaje de fuego.

Paseándome por los alrededores, me encontré con un anciano muy venerable que contemplaba este famoso combate con tanta curiosidad como yo. Me hizo signo de acercarme, obedecí y nos sentamos el uno junto al otro [...]

Al comienzo del combate, la salamandra [sistema simpático], a causa de la vigorosa contención de su primer ardor, había hecho sudar a la rémora [sistema parasimpático], pero a la larga, este sudor se enfrió y esmaltó toda la llanura de una costra de hielo tan resbaladiza, que la salamandra no podía acercarse a la rémora sin caerse. El filósofo y yo nos dimos cuenta de que a fuerza de caerse y levantarse tantas veces, se había fatigado, pues los estallidos de trueno, antes tan espantosos, a que daba lugar el choque con que embestía a su enemiga, ya no eran más que el ruido sordo de estos golpecitos que marcan el fin de una tempestad, y este ruido sordo, amortiguado poco a poco, degeneró en un bufido semejante al de un hierro al rojo que se sumerge en agua fría. Cuando la rémora comprendió que el combate tocaba a su fin por el debilitamiento del choque a causa del cual ella se sentía apenas quebrantada, se levantó sobre un ángulo de su cubo y se dejó caer con todo su peso encima del estómago de la salamandra, con tal éxito que el corazón de la pobre salamandra, donde se había concentrado todo el resto de su ardor, se quebró y dio un estallido tan espantoso que no sé nada en la Naturaleza que se le pueda comparar. Así murió la bestia de fuego, bajo la perezosa resistencia del animal carámbano.
Cyrano de Bergerac describe el trayecto del fuego secreto por el plexo solar —la campiña muy grande— a medida que atraviesa los tres granthis: los nudos psíquicos donde Pingala, Ida y la médula espinal, el canal central Sushumna se entrecruzan con estentóreas consecuencias para el organismo, y hábilmente se adelanta a la siguiente etapa de la Obra Magna, presentando al anciano y venerable filósofo quien contempla pero no interviene aun en las batallas. El filósofo no es otro que el sub-mayordomo del Cuarto Camino, el centro mental de la incipiente supraconsciencia, todavía en vías de desarrollo, que sólo puede observar los acontencimientos durante la etapa del Nigredo, ya sin los topes psicólogicos (buffers) que previamente amortiguaban las impresiones y ahora desencadenan una acentuada reactividad emocional a las vicisitudes terrenales, pues el obrero del arte se ve privado de la anestesia endógena, producto del implacable mantenimiento del principio hermético.

Nuestro apreciado John Ronald Reuel Tolkien ejercita con esmerada vehemencia la encumbrada pluma del arte al describir la batalla del iatromantis Gandalf el Gris, quien enfrenta al poderoso y demoníaco Balrog en el ascendente viaje desde las extremas fundaciones de piedra en los oscuros abismos, escalando a través de la pétrea escalera en espiral hasta los nevados picos de la sombría montaña de Moria,(1) triunfando sobre la potestad draconiana pero, no obstante, muriendo tras la contienda: “... me envolvieron las tinieblas —hace decir al entrañable mago itinerante, cuando reaparece como el Caballero Blanco— y me extravié fuera del pensamiento y del tiempo, y erré muy lejos por sendas de las que nada diré.”

Esta muerte iniciática es temporal, sin embargo, la conciencia vigílica lleva un claro recuerdo de todo lo acontecido en las densidades superiores, y su subsecuente «resurrección» constituye el segundo nacimiento neotestamentario del que nos habla Jesucristo; se trata, en definitiva, del resultado directo del nacimiento de la supraconsciencia: el anciano y venerable filósofo, ahora principio operador o Mayordomo de la Gran Obra, toma las riendas y se convierte, en las palabras de Mathurin Eyquem De Martineau, en el Piloto de la Onda Viva.

Lumen Coeli del artista
ruso Nikolai Roerich
La iluminación produce el blanco de la obra. Aunque, hemos de prevenir a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad, que el régimen del albedo no es el momento de completo sosiego ni la hora de escatimar en esfuerzos. Son todavía comunes las tormentas inusitadas aunque efímeras; y serán aun frecuentes algunos desequilibrios nerviosos, dado que la limpieza de la médula ósea es reciente y la comunicación entre los centros psíquicos superior e inferior es débil; se requerirán de grandes dosis del ens seminis para la labor intensificada del nuevo centro nervioso, así que las molestias del bajo vientre pueden intensificarse. El adepto ha de nutrir al “bebé shen” con dedicación y esmero, oficiando como nodriza de nuestro “infans solaris,” también conocido como la “Shekinah” o carroza divina de la Kaballah, el “Hijo del Hombre” del cristianismo, la “Sakina” del sufismo o la caperuza “Mukalinda” del budismo que recuerda a las conchas de Santiago de Compostela de celebrada aparición en la iconografía alquímica. Gopi Krishna en su libro Kundalini: el Yoga de la Energía nos relata su experiencia:
Hago sólo una simple exposición de los hechos cuando digo que durante años me sentí como si estuviera atado de pies y manos a un tronco que corría enloquecido por un torrente, salvado milagrosamente una y otra vez, por un escaso margen y justo a tiempo, de morir estrellado contra las muchas rocas que sobresalían del agua que se arremolinaba por todas partes, dando vueltas y serpenteando en todas direcciones, como si fuese guiado por una mano maravillosamente rápida y diestra, infaliblemente precisa en sus movimientos. Durante años, cuando de noche estaba tendido y despierto en la cama esperando que llegase el sueño, a menudo sentía cómo la nueva y poderosa energía vital se extendía como una tempestad por las zonas abdominales y torácicas al igual que por el cerebro con un bramido en los oídos, una lluvia centelleante en el cerebro y un movimiento febril en la zona sexual y alrededor de ella, en la base de la espina dorsal, tanto delante como detrás, como si estuviese haciendo un esfuerzo supremo para combatir una emergencia causada por algún veneno u obstrucción en el organismo que amenazaba el estado suprasensible y extremadamente delicado del sistema cerebro-espinal.

En esos momentos sentía instintivamente que se estaba produciendo una lucha a vida o muerte dentro de mí, en la que yo, el dueño del cuerpo, no podía tomar parte, y me veía obligado a quedarme quieto y observar como espectador el extraño drama que se desarrollaba en mi propia carne. Nada podría expresar mi estado tan gráficamente como la representación de Shiva y Shakti, pintada por un antiguo maestro, en que el primero se representa tumbado impotente y supino mientras la segunda, en un estado de ánimo de total imprudencia, baila alegremente sobre su cuerpo abatido. El observador agazapado en mí, el supuesto poseedor del cuerpo carnal, ahora completamente sojuzgado y apartado a un segundo plano, se encontraba a merced, literalmente bajo los pies, de un poder atemorizador indiferente a lo que pensaba y sentía, y que procedía, impasible, a tratar el cuerpo como quería sin concederle el derecho de saber lo que había hecho para merecer ese ultraje. Tenía motivos para creer que dicha representación fue diseñada para ilustrar un estado exactamente como el mío por un iniciado que también había pasado por la misma dura prueba.
Si hemos de aceptar los tiempos que ofrece el experimentado doctor Jwing-Ming Yang, el período que cubre el régimen del albedo se prolonga por tres años, cuando el bebé yin shen evoluciona hacia yang shen. La visión daoísta concuerda en la duración y sostiene que el crecimiento del embrión áureo involucra su pérdida del principio negativo en pos del positivo siempre a través de la nutrición del caldo aurífero, razón por la cual se enfatiza el crucial mantenimiento de las reglas del arte; el doctor B.S. Goel continúa:
Con el paso del tiempo, descubrí que las sensaciones dolorosas en [la región kanda del cuerpo: en los nervios y venas situados debajo de los testículos] se aminoraban. No obstante, los efectos secundarios de la descarga aparecían en la mente en la forma de una profunda depresión. Y no sólo la depresión, sino que constataba que incluso mi irritación e ira también aumentaban. Si esta descarga sexual no se producía en varios días, invariablemente me sentía, en gran medida, pleno de felicidad y estabilidad. Me dio también una clara señal en cuanto a que los antiguos nervios y las formaciones conductuales contenidas en ellos se quemaban más fácilmente y aumentaba la velocidad de la evolución. Basado en estas observaciones, deduje que la preservación del semen es una de las cosas más importantes para todos aquellos que deseen seguir la senda de la meditación y el yoga, en especial para aquellos cuya Kundalini se haya activado.
Según distintas escuelas de pensamiento, la consecución de esta fase logra la santidad y la emancipación casi completa del sistema de control hiperdimensional, es decir, de los vaivenes de la Rueda de la Fortuna que denuncia el ocultismo. La distinguida académica inglesa Frances Yates en su obra Giordano Bruno y la tradición hermética, explica en el cap. II: El Pimander de Ficino y el Asclepius, la traducción que hace el filólogo renacentista Marsilio Ficino al tratado de regeneración egipcio: El discurso secreto de Hermes Trismegisto a su hijo Tat en la montaña, y formula el siguiente acertado comentario sobre el resultado de la transmutación de los “ultores,” que hoy la ufología reconocería como “implantes:”
Al comentar este tratado, Ficino confronta la expulsión de los ultores y su sustitución por las Potestates Dei [poderes deíficos] con la experiencia cristiana de la regeneración en Cristo, el Verbo y el Hijo de Dios. En efecto, tal como pone en evidencia Festugiére, esta experiencia gnóstica parece ser algo similar a la gracia que actúa cancelando la predestinación impuesta por las estrellas. Reproduzco acto seguido una lista de las Puniciones y las Potestades según la traducción latina de Ficino [...]:
PUNICIONESPOTESTADES
Ignorantia [ignorancia]Cognitio Dei [conocimiento de Dios]
Tristitia [tristeza]Gaudium [alegría]
Inconstantia [inconstancia]Constantia [constancia]
Cupiditas [deseo]Continentia [continencia]
Luxuria [lujuria]Castitas/Fortitudo [castidad/fortaleza]
Injustitia [injusticia]Justitia [justicia]
Deceptio [engaño/mentira]Veritas [verdad]
Invidia [envidia]Bonum [bondad]
Fraus [fraude]Lumen [luz]
Ira [ira/violencia]Vit [vida]
Temeritas [miedo/temor]-
Malitia [aflicción]-
De exponer una explicación que nos oriente a una visión más positiva del fenómeno, el régimen del nigredo parece poner en funcionamiento un núcleo neuronal preexistente pero inactivo en el hombre mundano, mientras que durante el albedo todo indica que este centro desarrolla astrocitos gliales que sirven de sede a nueva y flamante materia gris, (2) y que finalmente comienza a sincronizarse con la neocortex, dirigiendo de ahora en más toda la orquesta cerebral. Este nuevo centro indudablemente es el rector del tercer ojo o visión interior —un órgano atrofiado que recupera su actividad a través del ens seminis sublimado— y que amplía la interpretación del entorno a la Cuarta Densidad. En un terreno totalmente hipotético, este centro incipiente parece recibir una influencia regente completamente diferente a la del cerebro reptiliano (complejo-R), que explicaría la autonomía frente a la manipulación hiperdimensional que caracteriza a la humanidad dormida.

Una vez desarrollado y consolidado el centro mental de la supraconsciencia, se ingresa al régimen citrinitas, del cual nuestro respetado Fulcanelli nos certifica la obtención de la serenidad tan anhelada (Las Moradas Filosofales, cap. El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre):
Este criterio es, pues, insuficiente, aunque justifica este axioma conocido de que toda materia seca se disuelve y se corrompe en la humedad que le es natural y homogénea. Es la razón por la cual ponemos en guardia al principiante y le aconsejamos, antes de entregarse a los transportes de un gozo sin mañana, aguardar prudentemente la manifestación del color verde, síntoma del desecamiento de la tierra, de la absorción de las aguas y de la vegetación del nuevo cuerpo formado.

Así, hermano, si el cielo se digna bendecir tu labor, y, según la palabra del adepto, si te fata vocant, obtendrás primero la rama de olivo, símbolo de paz y unión de los elementos, y, luego, la blanca paloma que te la haya traído. [...]
Completado este régimen, la «mente zen» o, en términos taoístas, de verdadera serenidad, tiene la capacidad de mover el punto de encaje, del que hablaba el antropólogo peruano Carlos Castaneda, desde el centro de atención vigílico en Tercera Densidad hacia la supraconsciencia en Cuarta Densidad, generando a voluntad el estado de samādhi.

Del régimen del rubedo poco diremos; tan solo que la completitud de la etapa previa, citrinitas, y la evolución al centro púrpura cubre un total de nueve años. Y añadimos una advertencia que hemos hallado en múltiples tratados budistas: si bien ya es posible realizar viajes astrales prolongados, se advierte el evitar a las entidades parasitarias, pues los procesos de abducción siguen siendo un peligro, hasta completar la maduración total de la supraconsciencia; además, se debe considerar el riesgo que el embrión desarrollado no desee retornar al cuerpo físico, encontrándolo como un hábitat despreciable y hediondo, e intentando emanciparse antes de tiempo; por lo cual se aconseja reiteradamente cumplimentar la cantidad total de años para obtener de manera definitva las facultades taumatúrgicas (el bienaventurado “don de Dios”), y erradicar cualquier peligro en Cuarta Densidad.

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La Gran Obra: paralelismos entre sufismo y taoísmo (II)

Cobijándose tras un prudente pudor, los tratados orientales describieron una arcana ciencia que velaba sus enseñanzas reseñando un metal extraño y volátil al que denominaron mercurio, que se distinguía del plomo, sólo cuando éste abandonaba la vasija filosofal y se derramaba imprudentemente; cualquier ojo entrenado lograría tras una lectura atenta asociar con rapidez al húmedo radical alquímico, tratándose del ens-seminis, y su distinción de la fuerza generativa, aquella que coincide con el potencial energético jing —uno de los Tres Tesoros Sagrados del daoísmo,— y que merma al derramarse en la tierra, durante cualquier mundana ebullición del destilado precioso.

Utilizamos la palabra destilado, pues es a través de la explicación que nos brinda el sufismo sobre el procesamiento sutil de los alimentos, que podemos comprender el mecanismo del refinamiento de los hidrógenos encerrados tras la digestión de las vituallas materiales. Las enseñanzas taoístas toman como punto de partida al erario orgánico del jing —la elan vitae de Henri Bergson y el orgón de Wilhelm Reich,— pero sin embargo, sin la elucidación sufista, careceríamos de la clarificación del proceso con que nuestro organismo confecciona los vitales hidrógenos sutiles.(1) Debemos agradecer al matemático ruso Piotr D. Ouspensky (en ruso: Пётр Успе́нский) la claridad con que resumió las enseñanzas de su mentor, nuestro prestigioso calvo enmostachado, George I. Gurdjieff (en armenio: Գեորգի Գյուրջիև), quien más tarde las expuso, bajo un ornamentado glosario de arduos términos, en su libro Relatos de Belcebú a su Nieto.

Para lograr la conexión entre ambas explicaciones creemos beneficioso que se tenga en mente algunos conceptos y axiomas que El Cuarto Camino da por sentado: anteriormente vimos que tras el rebuscado término harnelmiatznel, se escondía algo tan simple como “lo que está arriba se conecta con lo que está abajo y se une en el medio,” y matemáticamente correspondería a la media ponderada, siendo el concepto central para entender el trasfondo alquímico que juega el Alkahest, es decir, el segundo elemento eseral. Otro concepto clave es el de stopinder o intervalo, esto es una fase a la que se arriba a través del uso de determinada energía, pero para superarla, se requiere de otra distinta, más concentrada y proveniente del exterior del organismo, y que puede provocar y desencadenar un shock emocional al ser aplicada en un punto clave: un mdnel-in. También nos toparemos con las famosas octavas musicales del heptaparaparshinock, es decir, la Ley de Siete que se representa con las notas musicales y todo aspirante a la Obra debería conectar sin demasiadas dificultades con los respectivos regímenes de la Piedra Cúbica;(2) el notable maestro Fulcanelli nos recuerda asociar la alquimia con el arte de la música en una nota del cap. Louis D’Estissac de Las Moradas Filosofales:
No es raro encontrar en los textos medievales la alquimia calificada de arte de música. Esta denominación motiva la efigie de los dos músicos que se advierten entre los balaustres que terminan el piso superior de la casa de la Salamandra de Lisieux. Los hemos visto igualmente reproducidos en la casa de Adán y Eva, en Le Mans, y podemos hallarlos otra vez, tanto en la catedral de Amiens (reyes músicos de la galería alta), como en la residencia de los condes de Champaña, llamada comúnmente maison des musiciens, en Reims. En las hermosas láminas que ilustran el Amphitheatrum Sapientiæ Aeternæ, de Enrique Khunrath (1610), hay una que representa el interior de un suntuoso laboratorio. En medio, hay una mesa cubierta de instrumentos de música y de partituras. El griego μουσικός procede de μούσες: musa, palabra derivada de μύθος: fábula, apólogo, alegoría, que significa también el espíritu: el sentido oculto de una narración.
Por último, las tres fuerzas subyacentes dentro del microcosmos humano siendo las mismas que operan en todo el macrocosmos: creación, destrucción y sostenimiento —descritas como Carbono, Oxígeno y Nitrógeno— (3) y que en las Sesiones Cassiopaea se adivinan respectivamente como las orientaciones STA, STS y STO, con una conexión directa con la Santísima Trinidad cristiana:
Los dos axiomas subyacentes en la realidad son la Ley de las Tres Fuerzas y la Ley de las Octavas. Todo fenómeno en el Universo es, inevitablemente, la manifestación de tres fuerzas; y cada proceso tiene lugar de acuerdo a una estructura simbolizada por la escala musical de siete tonos, con escalones tanto ascendentes como descendentes y con rellanos, o intervalos, en los que se requiere del desarrollo de una fuerza especial para atravesarlos.
Este sistema enseña que todo en el universo es material —con lo cual también se puede sostener que es totalmente espiritual,— incluso los “quantos,” como el pensamiento y la emoción, que no se acostumbra a considerar como tales. Sin embargo, la importancia relativa de la sustancia varía mucho de acuerdo con la Escala de los Hidrógenos. Toda la materia consiste en vibraciones, y la densidad de la materia se encuentra en proporción inversa a su frecuencia vibratoria; usando los términos de las canalizaciones Cassiopaea: cuanto más sutil la materia, más alto su FRV. Aunque la bibliografía no lo precisa puntualmente, resulta útil asociar el refinamiento superior o H1 con la Gravedad, esto es, la materia irreductible, última e indivisa que penetra todas las demás densidades materiales, cuyo dinamismo inherente es el Pensamiento, y que correspondería a la Séptima Densidad o Tao. H1 se asocia con sí misma —en términos de la Kabbalah, el Absoluto se condiciona a sí mismo para manifestarse— desarrollando todas las demás materias densas:

NivelGurdjieffOuspenskyObservaciones
AbsolutoH1-Gravedad (materia sometida a una única ley)
EspiritualH3-
EspiritualH6-
EspiritualH12(¿h3?)(¿shen?)
EtéricoH24h6Impresiones de nivel sutil (qi)
EtéricoH48h12Impresiones intermedias superiores (jing)
EtéricoH96h24Impresiones intermedias inferiores (jing)
EtéricoH192h48Impresiones inferiores (¿enzimas?)
FísicoH384h96Fuego (¿adenosín trifosfato?)
FísicoH768h192Aire
FísicoH1536h384Agua
FísicoH3072h768Alimento
FísicoH6144h1536Madera
BasamentoH12288h3072Metales/minerales
Tabla comparativa de hidrógenos: entre Gurdjieff y Ouspensky hay 2 niveles de diferencia
(los niveles superiores a H24 (h6) no son claramente especificados en la bibliografía)

Asimismo, el modelo de realidad sufista propone la extensión de la cadena trófica, descartando la visión antropocéntrica y considerando al ser humano como un mero eslabón intermedio. No profundizaremos excesivamente en el proceso digestivo del harnelmiatznel mecánico, proponiendo un resumen drástico al decir que h768 requiere de tres octavas en h192 y una de h48 para mecánicamente alcanzar el destilado h12.(4) Como se desprende de la tabla previa, esta clase de hidrógenos son impresiones que resultan de alimento para el centro psíquico superior, aunque resulta también un caldo suculento para otras entidades. Curiosamente, se puede asociar fácilmente con las afirmaciones de Robert Monroe sobre la DLP (distilled loosh producers) formula, aquella que se obtiene a partir del sufrimiento de las unidades terrestres 4M (type 4M units), diseñadas por los Antiguos Sembradores para su propia siega energética de la Granja Antropecuaria, y en directa relación a la advertencia chamánica expuesta en los libros de Carlos Castaneda:
La revolución de los chamanes es que se rehúsan a honrar acuerdos en los que no han participado. Nadie me preguntó si consentía ser comido por seres de otra clase de conciencia. Mis padres me trajeron a este mundo para ser comida, sin más, como lo fueron ellos; fin de la historia.
El sufismo: el camino
esotérico del Islam
El destilado h12, la energía jing del daoísmo, es un suministro precioso tanto para el propio organismo como para los eslabones siguientes de la cadena alimenticia. Sin embargo, es un compuesto perecedero: no es recomendable que se atesore sin previa sublimación durante un período prolongado pues llega a atraer entidades parasitarias (el concepto budista de fantasmas hambrientos es apropiado en este caso) y es un foco potencial para disturbios poltergeist; esto explica la conexión de fenómenos anómalos que rodean las hagiografías de aspirantes cristianos a la santidad al considerar que el proceso de harnelmiatznel sólo avanza mecánicamente hasta cierta etapa del refinamiento vibratorio; es necesario aplicar concientemente mdnel-in adicionales con el fin de trascender el respectivo stopinder energético. Pero aun sublimando el jing y atesorándolo como qi, sigue existiendo el riesgo de disminuirlo o perderlo a través de las emociones negativas:
P. ¿Cuál es la relación entre si 12, mi 12 y sol 12?
R.
[...] puedo decir que mi 12 se refiere al centro emocional, sol 12 al centro instintivo, y si 12 al centro sexual. Sólo podemos trabajar sobre mi 12. Tenemos demasiado poco si 12, y sol 12 pasa a mayor altura a una pequeñísima cantidad de h6 que, aunque es tan pequeña, mantiene vivos los centros superiores. [...] El estudio de los hidrógenos y su relación de uno con otro nos ayuda también a entender los centros y sus diferentes velocidades. El centro intelectual trabaja con h48; los centros motor e instintivo, con h24; el centro emocional ha de trabajar con h12, pero jamás recibe el combustible correcto y jamás trabaja como debería. Si pudiéramos hacerlo trabajar más rápido, eso constituiría una gran diferencia para nuestras percepciones y nuestras facultades.
P. ¿Cuál es la característica de
mi 12? ¿Cómo reconocerla?
R. Como ya lo expliqué, es la energía detrás de las emociones negativas. Esto no significa que todas las emociones negativas lleguen a la intensidad de h12, pero pueden alcanzarla, y las emociones negativas incendian a mi 12.
A primera vista, podemos concluir por la respuesta de Ouspensky que no estaba seguro del procedimiento de atesoramiento o sublimación del destilado si h12, y es claro que comprendía que en la sociedad occidental era un bien escaso. No obstante, es evidente, a través del siguiente pasaje de Fragmentos de una Enseñanza Desconocida, que Gurdjieff comprendía claramente el procedimiento de acopio y cultivo del qi para la formación del embrión áureo:
Traten de comprender lo que quiero decir. La mecanicidad es particularmente peligrosa cuando la gente no la quiere tomar por lo que es y trata de explicarla como otra cosa. Cuando el sexo es claramente consciente de sí mismo, cuando no se refugia detrás de pretextos, ya no se trata de la mecanicidad de la cual hablo. Por el contrario, el sexo que existe por sí solo y que no depende de otra cosa ya es un gran logro. Pero ¡el mal estriba en esta mentira perpetua a sí mismo!

—¿Y a qué conclusión llega usted? preguntó alguien. ¿Debemos dejar las cosas así, o cambiarlas?

G. sonrió. —Esto es lo que siempre se pregunta. Cualquiera sea el asunto de que se habla, la gente pregunta: «¿Es admisible que sea así? y ¿no se puede cambiar este estado de cosas?» ¡Como si fuera posible cambiar cualquier cosa, o hacer cualquier cosa! Ustedes al menos ya deberían haber visto la ingenuidad de tales preguntas. Fuerzas cósmicas han creado esta situación y fuerzas cósmicas la rigen. Y ustedes preguntan: ¿debemos dejar las cosas así o cambiarlas? ¡Vamos! Dios mismo no podría cambiar nada. ¿Se acuerdan de lo que se ha dicho sobre las cuarenta y ocho leyes? Éstas no se pueden cambiar, pero uno puede librarse de un gran número de ellas, quiero decir que hay una posibilidad de cambiar el estado de las cosas para uno mismo. Se puede escapar de la ley general, pero la ley general no puede ser cambiada ni en este ni en ningún otro. Pero un hombre puede cambiar su propia situación respecto a esta ley: puede escapar de ella. Tanto más cuanto que la ley de la cual hablo, es decir el poder del sexo sobre la gente, ofrece muy diversas posibilidades.
El sexo es la principal razón de nuestra esclavitud, pero también nuestra principal posibilidad de liberación. El «nuevo nacimiento» del cual hemos hablado depende tanto de la energía sexual como el nacimiento físico y la propagación de la especie. El si h12 es el hidrógeno que representa el producto final de la transformación del alimento en el organismo humano. Es la materia a partir de la cual el sexo trabaja y produce. Es la «semilla» o el «fruto.» [...] la posibilidad de crear una nueva vida dentro del organismo donde si h12 ha sido elaborado, pero esta vez sin la unión de los dos principios masculino y femenino. Desde entonces una nueva octava se desarrolla dentro del organismo y no afuera. Es el nacimiento del «cuerpo astral.» Deben comprender que el «cuerpo astral» nace de la misma manera que el cuerpo físico. Sólo difiere el proceso. El cuerpo físico entero en todas sus células es penetrado por así decirlo, por las emanaciones de la materia si h12. Y cuando la saturación ha llegado a un grado suficiente, la materia si h12 comienza a cristalizarse. La cristalización de esta materia equivale a la formación del «cuerpo astral.» El pasaje de la materia si h12 al estado de emanaciones, y la saturación gradual de todo el organismo por estas emanaciones, es lo que la Alquimia llama transformación o «transmutación.» Es justamente esta transformación del cuerpo físico en cuerpo astral lo que la Alquimia llama la transformación de lo grosero en sutil o la transmutación de metales viles en oro.
La conexión con el cristianismo es bastante evidente: esta “nueva octava que se desarrolla dentro del organismo,” es el famoso “Hijo del Hombre” o, en términos alquímicos, el “andrógino” o “rebis filosofal.” Desprendiendo el polvo del dogma eclesiástico de nuestras cansadas gafas y leyendo ahora con ojos más despiertos, el evangelio (del griego: εὐ, «buen», y -αγγέλιον «mensaje») realmente promulga una Buena Nueva (Juan 3:3-7):
Respondió Jesús y le dijo: “de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Nicodemo le dijo: “¿cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Respondió Jesús: “de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de Agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo.”
En efecto, el filius philosophorum nace del “Agua” y del “Espíritu,” es decir, desde nuestro mercurio y del ubicuo Alkahest. El mercurio de los sabios, el componente sutil que se extrae desde el húmedo radical, el legendario Azoth de los alquimistas, es el elemento clave que, a través de las bodas químicas junto al pervasivo segundo elemento eseral, da inicio al proceso moroso que en el daoísmo encontramos como el nei-dan, y que la alquimia occidental ha caratulado como la agricultura celeste, pues desde el centro terrestre del organismo se pretende arrancar de su ganga arsenical al tesoro hermético para conducirlo en su órbita microcósmica hacia la bóveda celestial, en un principio, a tráves de aquellas columnas gemelas que marcan la entrada del templo sagrado. Apiano León de Valiente en Las Cuatro Alas del Mercurio lo resume con elegancia:
La mercurización de cada individuo es lenta y en ocasiones, debe vencer segmentos oscurecidos que ocasionan al aprendiz enormes pérdidas de energía y dificultan la consecución de las acciones del trabajo alquímico. El mismo discípulo, con su inexperiencia, hace aún más lento este proceso, pues el avance de hoy lo dilapida en los errores de mañana. De no ser así, la Alquimia tendría efectos rápidos. Los Adeptos que conocen esta tarea, atestiguan lo difícil que es practicar este Arte Real. Ello porque puede transcurrir un largo período sin que se manifiesten los efectos deseados, puesto que el Alkahest trabaja imperceptiblemente en la limpieza de las heces contenidas en la Piedra. Durante ese lapso el cuerpo es acosado y agitado por la tenebrosidad. Evidencia persistentes alteraciones y retrocesos (aparentes) motivados por la tenaz resistencia que oponen los sectores oscuros de su cuerpo a la filtración y penetración de la Luz que invade sus dominios.
Es importante destacar que la Iluminación es tan sólo el paso que despeja las tinieblas del Nigredo; pero es requerida la Piedra de tercer orden, libre al fin de toda mácula, para obtener la oriflama tripartita: la Piedra Filosofal a través de la cual el adepto puede prever todo lo que es capaz de amenazar su existencia: las enfermedades, los accidentes y, sobre todo, la violencia criminal. El filósofo que no ha triunfado, por muy cerca de la meta que se encuentre, aun no se encuentra exonerado de la Rueda de la Fortuna ni de sus Cisnes Negros. (5)

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La Gran Obra: paralelismos entre sufismo y taoísmo (I)

Si se nos preguntase cuál es la principal característica que comparten el sufismo y el taoísmo nuestra respuesta, sin excesivos rodeos, indicaría en que ambos consideran al humano como un ser incompleto: en el cuerpo de un adulto, la personalidad mundana quizá haya logrado cierta maduración psicológica, pero la esencia permanece todavía en su estado embrionario. Sólo una disciplina férrea pero astutamente ejercida puede iniciar el desarrollo moroso para concretar la primer iluminación de la Gran Obra.

Aquellos que conozcan el tratado sobre El Cuarto Camino, explicado por el matemático P. D. Ouspensky en base a las enseñanzas de G. I. Gurdjieff, no se sorprenderán cuando se tilde de máquina al ser humano promedio. Si se nos permite introducir las teorías gnósticas y ufológicas, el Hombre Edénico era libre hasta que cortó su conexión con el Ser Esencial, (1) lo que le convirtió en un robot: un instrumento manipulado genética y psicológicamente por supinos intereses, cuya finalidad cósmica consiste en procesar recursos orgánicos para producir un refinamiento energético con que alimenta veladamente a la siguiente densidad: sus pasiones y emociones negativas producen el caldo gordo con que nutre al arcontado etérico.

Según el sufismo —del que emana la disciplina del Cuarto Camino,— el hombre es un ser hipnotizado: una máquina orgánica que posee cuatro centros que trabajan torpemente debido a la ignorancia de su poseedor. Cada centro requiere una clase particular de energía, pero con el excesivo consumo o derroche durante la vida mundana, los núcleos psíquicos se roban la energía entre sí, llevando a cabo tareas incorrectas y de manera ineficiente. Hemos visto anteriormente una división similar de los tipos de energía tanto en el saber secreto de los kahunas como en los Tres Tesoros del magisterio daoísta; Ouspensky señala:
Cada centro está adaptado para trabajar con cierto género de energía, y recibe exactamente la que necesita; pero todos los centros se roban uno al otro, y, de ese modo, un centro que necesita un género superior de energía es reducido a trabajar con un género inferior, o un centro adaptado para trabajar con una energía menos potente usa una energía más potente, más explosiva. He aquí cómo trabaja la máquina en la actualidad. Imagínese varios hornos: uno tiene que trabajar con petróleo crudo, otro con madera, y un tercero con gasolina. Suponga que al diseñado para madera, se le da gasolina: no pueden esperarse sino explosiones. Y luego imagínese un horno diseñado para gasolina, y verá que no puede trabajar apropiadamente con madera o carbón.
Esta idea de los hornos luego se la verá en el taoísmo y, por supuesto, es un concepto clave dentro de la alquimia occidental, donde los regímenes del mercurio hacen ascender el fuego secreto de los sabios a través de los distintos centros psíquicos hasta alcanzar el ápice del palacio celestial, donde la sublime roseta se iluminará a través de la gracia divina del esclarecimiento. Pero el sistema del Cuarto Camino, y en especial Gurdjieff, son críticos al advertir sobre los intentos de iluminación sin haber transitado las fases de depuración instintiva, emocional e intelectual: (2)
Si el conocimiento se desarrolla más allá del ser, el resultado será un “yogui débil,” un hombre que lo sabe todo y no puede hacer nada. Si el ser se desarrolla más allá del conocimiento, el resultado es un “santo estúpido,” un hombre que puede hacerlo todo y no sabe qué hacer.
Una de las premisas iniciales de esta disciplina resulta en clasificar a la personalidad según su inclinación natural hacia uno de los núcleos psíquicos, en hombre 1, 2 ó 3. El primero, el camino del faquir, se enfocará en sus centros psíquicos inferiores: el motriz e instintivo, mientras que el segundo, el camino del monje, lo hará sobre su centro medio emocional; por último, el camino del yogui, evoluciona a través del centro superior intelectual. Ninguno es mejor que otro y cada camino tiene su propia dificultad inherente. El Cuarto Camino, a diferencia de los caminos singulares, propone dos momentos durante la etapa inicial: la observación, es decir, un trabajo minucioso de relevamiento del funcionamiento de la máquina humana y luego la fase de aplicación multidisciplinar, orientada al trabajo sobre todos los centros de manera simultánea: (3)
El yogui llega a alcanzar “la cuarta habitación” al desarrollar su intelecto, pero su cuerpo y sus emociones quedan sin desarrollarse y, como el faquir y el monje, es incapaz de sacar partido de su victoria. Lo sabe todo pero no puede hacer nada. Para ser capaz de hacer debe conquistar el dominio sobre su cuerpo, sobre sus emociones, es decir, sobre la primera y la segunda habitación. Para lograr esto, le es necesario comenzar a trabajar de nuevo, y no obtendrá resultados sin esfuerzos prolongados. En este caso, sin embargo, él tiene la ventaja de comprender su posición, de conocer lo que le falta, lo que debe hacer, y la dirección que debe seguir. Pero, así como en el camino del faquir o del monje, también en el del yogui son muy escasos los que adquieren tal conocimiento, es decir, obtienen el nivel en el que un hombre puede saber a dónde va. La mayoría se detiene en un cierto grado de desarrollo y no va más lejos.
La tarea hercúlea, enteramente propia y personal, de mantener una continua observación de sí, evitando la identificación y aboliendo la expresión de las emociones negativas (y esto implica disminuir los aportes de loosh), convierte lentamente al aspirante del trabajo esotérico en un Hombre 4, esto es, en un Iniciado, pues para toda escuela valedera del Cuarto Camino, la iniciación no es otra cosa que lisa y llana labor propia.

Entendemos que para el aspirante será de suma utilidad asociar la identificación con el malgasto de hidrógenos sutiles al forzar la rueda del pozo en sentido horario (rechtläufig), es decir, cuando las pulsiones del subconsciente se enmascaren dentro del centro emocional y sean entonces las propias emociones las que conmuevan y arrastren al centro intelectual a la consecución de actos abyectos, miserables y aun estúpidos. Resultará provechoso para el ojo entrenado considerar el relato de la Caída Edénica, ponderando a Adán como el Centro Intelectual, a Eva como el Centro Emocional y a la Serpiente como las fuerzas arcónticas que incitan mediante las pulsiones subconscientes a la indulgencia hacia actos impulsivos, egocéntricos y que en retrospectiva se observan como detrimentales. Asumir un papel conciente, tomando distancia para evaluar de manera crítica los propios actos, será la forma de recuperar las riendas de la situación, y se constatará entonces que la observación de sí es asumir el arquetipo deífico de la narración bíblica; de esta manera y poco a poco se logrará la liberación de la tiránica identificación con uno o determinados yoes, lo que decanta en que la rueda del pozo suministre los hidrógenos sutiles al centro intelectual.

Esta etapa de transmutación emocional coincide de alguna manera con el régimen del Nigredo alquímico, siendo el momento de mayor vulnerabilidad de la Obra pues el individuo toma real consciencia de su situación de desamparo cósmico dado que “el hombre nada puede hacer, sino que todo le sucede, estando sujeto a la Ley del Accidente.” Aquí el ojo entrenado sin duda conectará la teoría del Sistema de Control Hiperdimensional, pues si observamos la décima carta del Tarot: La Rueda de la Fortuna, representando la Eternidad, sin principio ni fin —en términos orientales, el ciclo incontrolable del nacimiento y muerte,— quien preside la rueda es visto con una apariencia dracomonoide, símbolo universal de aquellos que detentan el poder.

La parábola del Carruaje: el Amo, el Cochero y los egos o agregados psicológicos
(nótese que no todos los egos poseen rasgos humanos)
Sin duda, una de las visiones más generalizadas en las sectas masónicas, rosacruces y neognósticas —que hacen uso y abuso de la disciplina del Cuarto Camino sin siquiera mencionar sus orígenes y atribuyéndose el mérito de sus enseñanzas— sea la analogía del cochero y la carroza, que Ouspensky menciona con la metáfora del sub-mayordomo. Esta idea surge casi sin diferencias de su par en Oriente y esotéricamente consiste en que, promediando el trabajo de la estricta observancia mental y recuerdo de sí para morigerar la imaginación y la expresión de emociones negativas, se logra cierta fusión de los egos disociados y que se fortalece con el nacimiento de un nuevo centro magnético permanente; en este momento clave, se eleva el estado de consciencia del individuo y se extiende su funcionalidad mental: a partir de este momento, se logra el nivel de un Hombre 4:
Lo que era el centro magnético antes que [...] se encontrara con [este sistema de enseñanza] puede convertirse después en el sub-mayordomo, el cual significa una personalidad que vence a las otras personalidades y las conduce, pero eso no ocurre de repente. El sub-mayordomo es mucho mayor que el centro magnético. El centro magnético se forma a partir de las influencias B, mientras el sub-mayordomo se forma a partir de los propios esfuerzos. El centro magnético es la semilla, el germen del sub-mayordomo.
El mayordomo es el resultado final de la “fricción” entre la personalidad terrena y la esencia celestial. ¿Pero cómo se observa esta “fricción?” Los yoes o egos de la personalidad simbolizan los caballos en la analogía de la carroza; será común hallar algún corcel que tome los bríos ante una situación desencadenante. Esta pulsión responde a un mecanismo de protección, generalmente cuando se detecta alguna amenaza o una injusticia que avasalla imprevistamente al centro intelectual, puesto que este centro tiene un tiempo de reacción mayor que el emocional: esencialmente, se trata de una respuesta mecánica y reactiva, carente de una ponderación inteligente.

Cuando el sub-mayordomo comienza a aparecer con mayor duración y frecuencia, el corcel-guía intentará retomar el control a la fuerza. Los aspectos fisiológicos serán cuadros de angustia y ansiedad que pueden degenerar en síntomas físicos como gastritis y arritmias; este fenómeno, alquímicamente conocido como la batalla de los Principios Opuestos,(4) comienza a ser reconocido en las terapias cognitivas como el “síndrome Kundalini.” Ciertamente, esta “fricción” provocará un incremento del loosh, no obstante, es posible sublimar desde este exceso energético y alimentar al centro magnético incipiente: es aquí cuando las riendas conscientes deben ser tensadas y la principal herramienta será la respiración. El encabritado corcel puede ser disciplinado con la aplicación de una respiración que balancee el desequilibrio que provoca la pulsión subconsciente. La aparición autónoma de esta “penitencia” aplicada al suministro del segundo elemento eseral para morigerar y subordinar al subconsciente será la clara evidencia de cristalización del ahora mayordomo. El maestro alquimista Fulcanelli nos proporciona el concepto equivalente al “piloto” en su obra Las Moradas Filosofales (cap. El maravilloso grimorio del castillo Dampierre):
Ese es nuestro precioso azufre, el niño recién nacido, el reyecito y nuestro delfín, pez simbólico llamado por otro nombre echeneis, rémora o piloto, Perseo o pez del mar Rojo (en griego: Περσέας), etc.
Peregrinación hacia el Oeste
Se debe considerar entonces que la evolución del centro psíquico del sub-mayordomo hacia el mayordomo es un proceso cargado de penurias, drásticos cambios psíquicos y que puede acarrear trastornos físicos. En las entregas siguientes veremos que en el taoísmo se ha comparado este período como un embarazo y gestación que culmina en la “iluminación” de la supraconciencia: el nacimiento del Mayordomo, que en los años siguientes evolucionará como el Maestro. Así, tendremos el cuadro completo: la carroza motriz e instintiva, los caballos del núcleo emocional, el cochero: piloto o mayordomo del centro intelectual, y el amo o maestro que indica el verdadero camino. La versión daoísta la vemos reflejada en el famoso cuento chino Peregrinación hacia el Oeste, donde se aprecia a los personajes emparejados según los distintos centros psíquicos: el instintivo del Cerdo, la personalidad que piensa y siente del Mono y el Escudero orientado a servir al centro esencial del Maestro.

La llegada del Mayordomo durante la iluminación requiere de extremar cuidados para garantizar la evolución hacia la adultez de la todavía embrionaria supraconciencia, el centro psíquico en “la cuarta habitación,” que la alquimia occidental conoce como infans solaris; este renovado centro psíquico, una vez maduro y desarrollado, permite la emancipación total de la Rueda de la Fortuna o Sistema de Control. Tanto el magisterio budista como el taoísta consideran que una vez “nacido,” es decir, lograda la primer iluminación, se requiere más de una docena de años —tres de cuidados o “labor de mujeres” y nueve de educación o “juego de niños”— para la correcta utilización de los poderes divinos o taumatúrgicos; el historiador del arte Jörg Völlnagel comenta:
Los topoi «labor de mujeres» y «juego de niños» son fundamentales para la alquimia y eran conocidos ya por los herméticos alejandrinos. Igual que la alegoría del juego de niños, la de la tarea de mujeres aparece en numerosos tratados alquímicos y se interpreta de distintas maneras. Esta imagen, que ilustra el pasaje correspondiente del Splendor Solis, simboliza las operaciones alquímicas de sublimación y destilación. Mediante la sublimación se logra el estado de blancura perfecta, el penúltimo estadio de la obra, por lo que este arte se compara con la labor de mujeres, como indica el texto: «Por lo cual comparan este arte con el trabajo de las mujeres, esto es lavarlo hasta dejarlo blanco, cocerlo y asarlo hasta que esté listo.» Salmon ve la tarea de las mujeres como metáfora para la creación de la piedra filosofal, que debería ser cuidada por el alquimista de la misma manera que una madre cuida y alimenta a su hijo recién nacido. En la representación pictórica de la labor de mujeres, de la que el Splendor Solis es el ejemplo más antiguo conocido, se transpone principalmente el aspecto del albedo, la fase blanca, que se logra mediante la cocción o la destilación de la materia.
Esta creación de la piedra filosofal o nacimiento del filius philosophorum, que el alquimista francés Eugène Léon Canseliet, discípulo de nuestro respetado Fulcanelli, denominó magistralmente en los prólogos de las obras de su maestro como la teofanía mineral, implica una clase de muerte para el cuerpo físico. Biológicamente, el despertar de kundalini —y esto es, establecer la conexión de lo inferior con lo superior— requiere de una enorme cantidad de energía refinada.(5) El vaciado de los meridianos extraordinarios —los acumuladores orgánicos del sistema energético sutil— es el costo de dar inicio a los centros psíquicos elevados del supraconsciente, y conlleva un eventual arrebato del estado vigílico y al mismo tiempo origina una trascendental experiencia en las densidades superiores. Jesús dice en Juan 3:3 “en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios,” y Filaléteo lo postula como “matar al vivo a fin de resucitar al muerto.”

El ojo entrenado seguramente podrá, y sin excesivo esfuerzo, comprender que el resucitamiento de Lázaro de la literatura bíblica neotestamentaria por parte de nuestro amado Redentor, evoca en realidad un proceso usual del daoísmo, cuando un maestro asiste al adepto luego del shock nervioso y estado comatoso provocado por la subordinación de los centros psíquicos inferiores al nuevo centro supraconsciente a través del canal Sushumna —el ahora reverdecido árbol seco de la tradición cabalista, esto es, la Médula Ósea luego de aplicar la disciplina Qigong del Xi Shui Jing— y que provoca la apertura de la visión interna: aquel famoso espejo del reino del azufre que evocaba el alquimista Alexander Seton, el Cosmopolita.

Los restantes años del proceso evolutivo interior parecen coincidir con el recorrido e integración de los planos o densidades de consciencia. En la obra del catedrático japonés Toshihiko Izutsu, Sufismo y taoísmo: estudio comparativo de conceptos filosóficos clave, se puede establecer una equivalencia entre los distintos planos que lograr intergrar el ser o «ipseidad» durante el desarrollo evolutivo que atraviesa el nivel de consciencia del Maestro interno:
Para esclarecer este punto, hay que mencionar la concepción ontológica característica de Ibn 'Arabi y su escuela respecto a los «cinco planos del Ser.» Al-Qāsāni explica sucintamente la estructura de dichos «planos» (hadarāt) de la siguiente manera. En la cosmovisión sufí, se distinguen cinco «mundos» ('awālim) o cinco planos básicos del Ser, representando cada uno de ellos una Presencia o modo ontológico de la Realidad absoluta en su manifestación.
  1. El plano de la Esencia (dāt), el mundo de la absoluta ausencia de manifestación (al-gayb al-mutlaq) o el Misterio de Misterios.
  2. El plano de los Atributos y Nombres, la Presencia de la Divinidad (ulūhiyya).
  3. El plano de las Acciones, la Presencia del Señorío (rubiubiyya).
  4. El plano de las Imágenes (amtāl) y la Imaginación (jayāl).
  5. El plano de los sentidos y la experiencia sensible (musāhada).
Estos cinco planos constituyen un conjunto orgánico, actuando las cosas de un plano inferior como símbolos o imágenes de las cosas de los planos superiores. De este modo, según al-Qāsāni, cada cosa perteneciente al plano de la realidad corriente (que, de todas las Presencias divinas, es la inferior) es una ejemplificación simbólica (mitāl) de algo existente en el plano de las Imágenes, y cada cosa perteneciente al mundo de las Imágenes es una forma que refleja un estado de cosas en el plano de los Nombre divinos y de los Atributos divinos, mientras que todo Atributo, a su vez, es un aspecto de la Esencia divina en su acto de manifestación.
Si cruzamos estos planos del Ser con el modelo provisto por las canalizaciones Cassiopaea y la nomenclatura esotérica rosacruz, la correspondencia es prácticamente directa si se entiende que el plano musāhada de la experiencia sensible representa el plano físico (las tres densidades físicas de la realidad terrenal tridimensional):

Región Plano del Ser sufista Densidad de consciencia Concepción taoísta
Absoluta Esencial (dāt) Séptima Tao
Divina Divinidad (ulūhiyya) Sexta Inmortales celestiales
Espiritual Señorío (rubiubiyya) Quinta Inmortales espirituales
Etérica Imaginación (jayāl) Cuarta Inmortales/fantasmas terrenales
Física Sensible (musāhada) Tercera Mortales terrenales


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