Esquizofrenia: el demonio al control

Cuando concluía el que sería su último libro, Disneyland of the Gods, nuestro respetado John Keel buscaba con desesperación alguna obra que lograse derrocar la negligente creencia en que el hombre es el dueño de sus actos:
Los años setenta fueron llamados “Década del Ego” porque el egoísmo y la avaricia se convirtieron de repente en cualidades aceptadas. Esta obsesión por el ego fue aún más destructiva que la manía de “Pensamiento Positivo” que barrió la década de los cincuenta y destruyó el razonamiento crítico: una habilidad muy importante y necesaria en este mundo moderno. En un lapso de veinte años nos convertimos en un grupo sin facultades críticas, dedicado enteramente a los intereses personales y descartando todo lo demás. Era natural que hubiera una búsqueda frenética de creencias factibles en los años ochenta y noventa. Las personas con mentalidades tan limitadas de la era de la televisión, necesitaban de alguien que les dijese qué hacer ya que no tenían la capacidad del razonamiento crítico necesario para ponderar la validez de los sistemas de creencias que perseguían.
Somos robots bioquímicos controlados desesperadamente por fuerzas que pueden azuzar nuestros cerebros, destruir nuestros recuerdos y usarnos de la manera que ellos consideren conveniente. Ellos han estado haciéndolo desde siempre. Estamos atrapados en un juego de póquer que se juega con las cartas marcadas. Sin embargo, en los últimos años de este siglo, somos como el jugador inveterado que, cuando se le informa de que el juego es una trampa, se encoge de hombros y dice: “Ya lo sé ... ¡pero es el único juego en la ciudad!”
Como nuestro deber es, ante todo y en palabras del ilustre Fulcanelli, ayudar a los que no se nutren de quimeras, escribiendo sólo para ellos, sin preocuparnos lo más mínimo de los demás, pretendemos profundizar en la mafia del casino donde se desarrollan estos juegos de póquer, introduciendo un extraño libro, vedado y olvidado, como toda obra que arroja luz sobre la ergástula humana; el relato llamado Operators and Things —escrito por una mano que se recupera de la esquizofrenia— (1) comienza con una alegórica anagogía a lo que hoy entenderíamos bajo el fenómeno de Visitantes de Dormitorio:
Digamos que cuando mañana despierte, encuentra al lado de su cama a una extraña entidad con piel de escamas púrpuras que le informa que acaba de arribar de Marte, que se encuentra estudiando a la especie humana y que ha seleccionado su mente para una clase de examen que quiere hacer.

Mientras intenta sosegar su terror, este ser camina con toda tranquilidad hacia la silla donde cuelga su ropa, arroja su enroscada cola sobre ella, y le informa que sólo será usted quien pueda verle y oírle. Al fijar sus afilados ojos en usted, le advierte que no revele su presencia: si intenta hacerlo, sencillamente lo asesinará en el acto.
[...]

Si goza de cierto temperamento y control, tal vez pueda llevar su secreto con usted durante algún tiempo, antes de que alguien sospeche que algo inusual le ha sucedido. Un amigo puede notar que parece un tanto angustiado y quizá le sugiera que le prestará una oreja para que descargue sus problemas. Rechazará su consejo. Obviamente, tal acción resultaría solamente en su muerte instantánea y en la de su confidente. En cambio, se vuelve más cuidadoso en su comportamiento y el recogimiento se convierte en su estrategia; no cesa de rezar desesperadamente para que la entidad de Marte complete su investigación y todo vuelva a ser como era.
¿Obra de ficción? Tal vez. ¿Quimera? Quizás. ¿Locura? Puede ser una muy especial: aquella que delate sin tapujos a los invisibles guardias que pululan por los penumbrosos pasillos y sombríos recovecos, encargados del despliegue argumental en la tragedia de enredos que entendemos como realidad humana. No obstante, el atento lector ya recordará que oportunamente habíamos comentado sobre los parásitos de la mente; los denunciamos como la velada legión que actúa en la confección de los sincronismos negativos; incluso hablamos sobre su nivel de consciencia, que no siempre se ajusta a la antropocéntrica idea de una larva astral o alma perdida; nos permitimos informar y alertar que eran astutos, inteligentes y maestros de las subrepción: su necesidad de sustento y la amenaza a volver a encarnar son argumentos suficientes para que su trabajo lo desarrollen, cobijados entre los oscuros intersticios del subconsciente, con sumo cuidado. Quizá, el desaparecido Joseph Fisher corrió finalmente hacia al precipicio de Elora Gorge con esa inquietud en su mente: (2)
A menudo las diversas entidades respondieron a sus clientes que tenían muchos guías trabajando a su alrededor: se dijo que había operadores especializados en los hechos de salud, en la carrera laboral, cierto grupo específico en los asuntos de romance y orquestación de relaciones de pareja, y otros aplicados en la creatividad y demás. Esto contradecía un tanto las enseñanzas de nuestros guías que sostenían que cada uno de nosotros tenía sólo un guía personal, aunque se aclaró que era asistido por un séquito de aprendices.
Pero el escenario que desea transmitirnos este extraño libro es un tanto más oscuro; el ojo conspiranoico brillará extasiado al destilar del relato su pálpito confirmado que nuestra realidad es una falsedad: un espejismo de ensueño que arrastra al hipnotizado rodeo humano de un cotidiano ordeñe emocional hacia un triste y lamentable matadero de ilusiones. ¿Acaso en los niveles superiores de consciencia, las supinas entidades negativas han confeccionado una industria de la manipulación humana?

Nuestra investigación nos ha conducido a considerar que la manipulación hiperdimensional es gestada a través de una estratificada pirámide de control; para el ojo entrenado nos complace informar que, los temidos reptoides de la parafernalia ufológica —aquellas entidades negativas de consciencia superior cuya proyección en tercera densidad se aprecia como “dracomonoide”— parecen ser sólo las mascotas de otro afilado y menos rudimentario nivel superior, investidos en prendas que a primera vista podrían parecer dignas e impolutas pero que por debajo esconden las más profanas de las visiones; más abajo del zigurat cósmico, pero aun en las brumas y nieblas de la Cuarta Densidad, existen varias fuerzas de choque, que se ajustan de acuerdo al encabritado nivel de voluntad del ser humano a doblegar; Trevor James Constable en su inspirado libro The Cosmic Pulse of Life nos alienta en este sentido:
[...] el Dr. José Delgado en la década de 1960 demostró como lograr el “control” sobre los seres humanos inyectando diminutas corrientes eléctricas en áreas específicas del cerebro. Prácticamente cualquier tipo de respuesta emocional podría ser evocada por estímulos eléctricos, que van desde el placer a través del miedo y la rabia. Crudo pero significativo, estos experimentos requirieron la inserción en el tejido cerebral de finos alambres, semejantes a un cabello, para transportar los impulsos eléctricos. No obstante, la radiónica, aun en su infancia, evita la necesidad de cables. El tejido cerebral puede sintonizarse directamente desde cualquier punto del mundo: o también, desde el espacio exterior. [...]
Una capacidad mucho más allá de esto debe atribuirse a los operadores de los OVNIs que han sido vistos, rastreados y fotografiados en nuestra atmósfera y más allá. Un análisis experto revela a estos visitantes como maestros de la propulsión etérica. Habiendo observado estas capacidades bioenergéticas, se podrá concluir que su tecnología nos supera [...] imagínense lo mal preparados que estamos para tratar con estas entidades, que pueden sintonizar bioenergéticamente la médula oblonga de cualquier ser humano: el switch central de nuestro cerebro. Estas entidades carentes de cualquier ética pueden, y de hecho así lo hacen, manipularle arteramente para que usted piense literalmente lo que ellas pretenden: esa es su forma de operar... los seres humanos estamos bajo su control.
Aquí deseamos volver a introducir un comentario bastante escondido del libro El canto de sirena de los fantasmas hambrientos de nuestro respetado y tempranamente desaparecido Joseph Fisher, pero que nos parece de suma importancia para dilucidar —aunque más no sea una ínfima parte— el oculto mecanismo de la canalización mediúmnica bajo trance; no obstante, considere el lector que lo expuesto a continuación proviene de una entidad descarnada, un “guía” u “operador:” (3)
[...] después de dos meses de mensajes transmitidos por Russell [el “guía” anfitrión], el cuerpo de Aviva [la medium] se retorció y comenzó a expresarse con un pomposo acento inglés a través de sus labios. Evidentemente, Ernest [otro “guía”] estaba contento de estar hablando con su propia voz:
“Creo que tal vez haya llegado a dominar el truco. Se necesita un buen montón de energías. Aunque espero perfeccionar con maestría este arte. Ah, esto es un poco más difícil de lo que pensaba. Ciertamente no es como volar un avión, ¿no es verdad?”
La habitación estaba en silencio por la nueva presencia vocal. Sorprendido de ver movimiento en el diafragma durante el trance de Aviva, Tony le dijo a Ernest lo que había visto y le preguntó si su inexperiencia era la culpable:
“Bien,” respondió Ernest, “se podría decir que hice algo que no estaba en los manuales. Hice un descenso un tanto pronunciado hacia eje del encargo de Russell.”
El “descenso hacia el eje” era una referencia a la cámara central de la mente de Aviva, que los guías habían mencionado muchas veces. Esta cámara central conectada con el “cuarto nivel de la mente,” era el área específica utilizada para la toma de contacto.
Cura de dos poseídos
(θεραπεία δύο δαιμονιζομένων)
Ante tal cuadro boschiano y conspiranoico que denuncia a humanos interconectados con patéticos cables y enchufes etéricos, los doctores de la mente, desde su elevado sitial provisto por las anquilosadas instituciones académicas, nos regalarán una mueca divertida y estarán prestos a socorrernos con el disciplinario cilicio psicotrópico, apadrinados por las altas asociaciones farmaceúticas. Por supuesto, los “Operadores” de O'Brien son todavía más explícitos llegando a una hipérbole un tanto cínica pero no carente de lapidaria objetividad sobre nuestro ejercicio cotidiano de la libertad:
Ustedes son “Cosas.” Sí, por supuesto. Piense en la palabra con una inicial en mayúscula, si lo prefiere; tal vez, pueda ayudar un tanto a su ego. Todas las personas como tú son Cosas para nosotros. Cosas cuyas mentes se pueden leer y cuyos pensamientos pueden ser iniciados y cuyas acciones pueden ser manipuladas. ¿Esto te sorprende? Pasa todo el tiempo. Aunque es cierto que tienen algo, pero mucho menos de lo que imaginan, de libre albedrío. Una Cosa hace lo que los Operadores quieren que haga, sólo les queda la impresión de que sus pensamientos se originan en su propia mente. En realidad, tú por el sólo hecho de saber esto, tienes ahora más libre albedrío que la mayoría de tu clase nunca ha tenido jamás. Por lo menos sabes que lo que estamos diciendo viene de nosotros, y no de ti.
[...] todos los Operadores juegan con sus Cosas el “Juego del Gancho.” No hay una mejor manera de mantener tu ingenio afilado. Dos Operadores tratan de ponerse en una posición en la que uno de ellos termine en una situación complicada y deba pagar a su oponente para sacarlo. Por ejemplo, [...] el otro día una Cosa fue asesinada en un accidente ordinario. Cayó escaleras abajo y se rompió el cuello. [un Operador] le apostó a otro para que pareciera que su Cosa la había asesinado. [El Operador] maniobró a la Cosa para que hiciese determinados comentarios que realmente hicieron parecer como si hubiera tenido algo que ver con la muerte de la otra Cosa [...] Si hubiese tenido más tiempo, [el Operador] habría tratado de incriminar a alguien más y salirse del juego. Ese tipo de maniobra se permite en todas los “Juegos del Gancho.” Ahora, si [el Operador] no hubiera podido enganchar el anzuelo, habría tenido que pagarle a su contrincante veinte puntos. Esa es la forma en que funciona el juego y en el cual se pueden ganar o perder Cosas para afrontar las deudas.
Desestimamos seguir pregonando argumentos para animar a la lectura de esta obra singular y brillante. El ojo entrenado comprenderá que es inútil hacer el trabajo por el otro; aunque nuestra estima y consideración esté siempre con aquellos infatigables buscadores de la Verdad, entendemos que cada uno debe hacer su insustituible labor, cargando la mítica cruz del esfuerzo como nos enseña el simbolismo sagrado de nuestro amado redentor. No obstante ello, pretendemos no dejar cabos sueltos y reanudar el sentido de ganancia de este juego de póker donde, no se equivoque el lector, sólo somos las fichas; por lo tanto, no se desestime rápidamente el concepto que hemos comentado en varias oportunidades sobre el loosh:
El ganador en este juego resulta ser el Operador que puede obtener la mayor reacción emocional de una Cosa, es por ello que parte de su entrenamiento consiste en extraer el terror y pavor hasta el colapso de un sistema nervioso. Una buena estrategia resulta entonces en controlar las propias reacciones, [...] en particular aquellas en las que se es excesivamente mecánico.
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La canalización como hilo conductor del ocultismo

La posibilidad de un Cosmos tripartito hereda la inquietud de la comunicación entre sus diferentes estratos. Ahora bien, la inquietud se aclara al considerar el concepto de las Densidades de Consciencia: en este sentido y utilizando el vocabulario matemático de Teoría de Conjuntos, como las consciencias inferiores tienen una relación de inclusión frente a las superiores, estas últimas —dada su graciosa posición en las escalinatas de la Creación— podrán conocer y estar al tanto de lo que ocurre en las primeras. Asimismo, haciendo uso de las séfiras del árbol cabalístico —semejante al Irminsul sajón, siendo el arte-facto de la Kabbalah de la tradición judía— el fenómeno de canalización, visto desde una óptica informática, se puede considerar como el pasaje de información desde una sefira hacia otra inferior.

Citando los impecables trabajos de la catedrática inglesa Frances A. Yates, la filosofía isabelina se vio nutrida de una enorme cantidad de material canalizado, en especial mucha de la tradición oculta rosicruciana provista por John Dee. No obstante, nuestra investigación nos conduce a incluir indirectamente los trabajos del sacerdote católico Marsilio Ficino, filólogo renacentista de elevado prestigio en las órdenes masónicas —en particular la Golden Dawn y no es un dato menor que según Jean-Michel Angebert en su obra Hitler y la tradición cátara la tildara como la compañera británica de la Sociedad Vril alemana— por su traducción, entre otros textos, de la Teología Platónica, pero sin desconsiderar el resplandeciente trabajo del siglo XIII del filósofo sefardí Moisés de León: El Zohar, que dio origen a la tradición cabalística, y que más tarde fue enriquecido y sistematizado por el rabí Isaac Luria.

Es así que la tradición rosacruz y masónica inglesa está basada íntegramente en material canalizado por diferentes médiums, camuflados bajo la intachable mística religiosa y ocultista, vistiendo desde pulcros hábitos sacerdotales, reverentes kipás y culiminando en el extraño contactismo de Edward Kelley. No obstante, con la excepción de los textos platónicos, las vasijas para la recepción de estos mensajes superluminales siempre correspondieron a feligreses de credos teocráticos, correctamente dicho, el establishment anglo-sionista. Un vislumbre de este cruce de tradiciones que tienen a Dee como compilador final podemos leer en La Filosofía Oculta en la Época Isabelina:
[Dee] había sembrado potentes semillas que crecerían y darían una extraña cosecha, pues ha sido demostrado que los llamados “manifiestos rosacruces” publicados en Alemania a principios del siglo XVII tienen una fuerte influencia de la filosofía de Dee, y que en uno de ellos figura una versión de las Monas Hieroglyphica. (1) Los manifiestos rosacruces exhortan a llevar a cabo una reforma universal en todo el mundo por medio de la magia y de la Kabbalah. La apertura de la mágica tumba del mítico “Cristián Rosa Cruz” (Christian Rosencreutz) es la señal del principio de la reforma general. Este personaje, en uno de sus aspectos, es quizás un recuerdo teutonizado de John Dee y de su Kabbalah cristiana, lo cual confirmaría la hipótesis, ya anteriormente expuesta, de que “Kabbalah cristiana” y “pensamiento rosacruz” pudieran ser sinónimos.
Llegados a este punto, intentar introducir la componente ufológica (y por consiguiente la demonológica) pareciera contaminar la exquisita pero no tan bien conocida historia del dogma subyacente tras los rituales y ceremonias que se destilan en las sociedades secretas: la alta alcurnia que detenta el poder tras varias instituciones que claramente forman parte de las extensiones sociales del sistema de control hiperdimensional. Recordemos, en palabras de nuestro respetado John Keel, la síntesis sobre el fenómeno ufológico (Mothman Prophecies, 1975):
En lugar de pensar en términos de extraterrestres, he adoptado el concepto de ultraterrestres: seres y fuerzas que coexisten con nosotros, pero están en otro marco de tiempo; es decir, operan por fuera de los límites de nuestro espacio-tiempo continuo pero tienen la capacidad de cruzar hacia nuestra realidad. Ese otro mundo no es un lugar, tal como Marte o Andrómeda son lugares, sino más bien, un estado de energía.
[...] En otras épocas fueron considerados como el diablo encarnado: vestidos de oscuros hábitos y montando caballos negros. Más tarde aparecieron en carretas siniestras e incluso en coches fúnebres. Hoy su atuendo son los platillos voladores que aterrizan durante la noche en remotos lugares.
[... estas apariciones] son transmogrificaciones de energía bajo el control de algunas inteligencias extra-dimensionales desconocidas. Estas inteligencias controlan eventos importantes manipulando mediante el fenómeno de la iluminación mística. Nuestras religiones se basan en el antiguo conocimiento de estas inteligencias y nuestra lucha por reducirla a términos humanamente aceptables.
Pero si asociamos estas inteligencias desconocidas con un nivel superior de consciencia que tiene a la humanidad como sustrato alimenticio, podemos hallar una respuesta esclarecedora a la manipulación que han recibido los contactados a lo largo de la historia. En la introducción de su libro John Dee's Five Books of Mystery, Joseph H. Peterson formula un acertado comentario al respecto:
El accionar de Dee y Kelley puede ser comparado con los recuerdos recuperados de los abducidos por OVNIs, en los que un “hipnotizador” coloca al “testigo” en un estado sugestionable y, a través de preguntas directas, logra llegar a todo tipo de “recuerdos.” [...]
Otra similitud con los fenómenos OVNIs es la aparente naturaleza tramposa de las entidades. Parecen combinar elementos convincentes con aparentes tonterías de una manera que ha llevado a algunos investigadores a teorizar una manipulación psicológica profunda. La sospecha de Uri Geller de que sólo había un “maldito payaso que estaba jugando con nosotros” suena de manera inquietante y similar a muchas de las quejas de Kelley.

Otra evidencia significativa reside en las diversas predicciones precisas (por ejemplo, la decapitación de María Antonieta, la Armada Española, la vuelta de los judíos a su tierra). Sin embargo, estos deben ser sopesados con las predicciones que no fueron precisas (por ejemplo, las profecías apocalípticas, el futuro de Laski). Otro acontecimiento que merece ser mencionado es una conversación secreta entre Dee y los
entidades, realizada en griego para evitar que Kelley la comprendiera. Aparte de este incidente, el uso de los entidades del latín parece reflejar la educación limitada de Kelley en ese idioma. Cuando usan el latín, tienden a entregar respuestas fijas y evitar el discurso. También, como notó Calder, las entidades “aumentan su fluidez a través de los años.”
La canalización desde las distintas
orientaciones de las séfiras:
siniestra, balanceada y diestra
El ojo entrenado podrá observar varias cuestiones que se han repetido en la actualidad en el material canalizado de la New Age: en primer lugar, los mensajes parecen tener un propósito oculto y, luego de un análisis crítico, es evidente que provienen de más de una fuente con diferentes objetivos. En segundo lugar, las predicciones tienen un bajo umbral de ocurrencia (es como si se predijeran todos los futuros posibles, no sólo los futuros probables). Y en tercer lugar, las fuentes encumbradas y orientadas al Balance son las que formulan las respuestas más elaboradas conteniendo una aparente esteganografía semántica que aporta capas de significado adicionales de acuerdo al nivel de conocimiento del lector. (2) Para reforzar este punto de vista, considérese la respuesta que la fuente Cassiopaea indica sobre el material isabelino de John Dee (sesión del 22 de Noviembre de 1997): (3)
P: (Laura) John Dee supuestamente tuvo una visión del Ángel Uriel quien le brindó una piedra negra muy pulida, en la que miraba para comunicarse con otros reinos. Esto suena muy parecido a la psicomancia. Bien, estos seres aparecerían en la superficie de la piedra y le revelaban todos los secretos del futuro. Esta no era una piedra imaginaria porque ahora reside en el Museo Británico. Sin embargo, John Dee se contactó más tarde con Edward Kelly que era, al parecer, un completo estafador. ¿Qué tipo de seres canalizaron Dee y Kelly al conjurar a través de su piedra pulida?
R: Cuarta Densidad.
P: ¿SAS
[Servicio A Sí mismo] o SAD [Servicio A los Demás]?
R: Ambos.
Dicho esto, y sólo con vistas en ampliar la visión antropocéntrica, entendemos que la canalización es la única herramienta para obtener información de realidades superiores. Pero permítasenos distinguir la usual canalización mediúmnica de la iatromántica: en la primera se es poseído (¿o abducido?) en mayor o menor medida por una entidad de consciencia superior, mientras que en la segunda, la incubación solar facilita el acceso a estas sublimes realidades, y al tener una mayor consciencia —es decir, reteniendo la capacidad crítica y no actuando de manera pasiva— la posibilidad de una interferencia detrimental es minimizada. Nuevamente la máxima resulta evidente: el conocimiento protege, la ignorancia desvalida.

Para concluir este análisis inicial, traemos nuevamente a mención el trabajo del difunto investigador de lo paranormal Joseph Fisher, The Siren Call of Hungry Ghost (El Canto de Sirena de los Fantasmas Hambrientos), cuando se le brinda un acertado consejo durante las transmisiones iniciales:
Me encorvé sobre la figura dormida de Aviva [la médium]. Roger [el facilitador] se sentó en su posición habitual, sus manos cruzadas sobre la espalda del sofá. La consciencia de Aviva se había extinguido en el letargo y Russell [el “guía” canalizado] estaba al mando, pronunciando cada sílaba de manera vehemente en su selecto inglés. Su confianza en sí mismo me ponía nervioso.
“¿Crees,” le pregunté, “que sería una buena idea ponerme a escribir un libro sobre los guías?”
“En este momento no,” replicó Russell abruptamente, “no tienes suficiente conocimiento.”
“Me refiero a comenzar la investigación para escribir un libro.”
“Si comienzas ese libro e investigas a fondo y si, por supuesto, no das por sentado nada. Y si, cuando estés satisfecho con tu investigación, e indagues en tu investigación… sí, tal vez para ti, por la naturaleza de tu trabajo, los temas en los que has estado involucrado, esto sería una buena cosa. Pero yo diría que tal vez estás entrando en terreno peligroso. En la medida que continúes con las preguntas, siempre y cuando continúes con tu propio desarrollo, mientras no impidas el trabajo avanzado de los guías, sí, esto podría ser muy bueno para ti. Pero…”
Supe, por el tono de voz de Russell, que una advertencia era inminente.
“… quisiera advertirte que no hay nada que se pueda tomar como valor aparente. Si es sencillo de creer o de ser sostenido con fe por su valor aparente, entonces quizás sea algo que... carece de valor.”
“¿Tienes el pálpito que debería ir con todas esas personas que afirman estar en contacto con sus guías y establecer cuál es el papel de un guía?”
“Quizás lo primero que debas esclarecer es si se trata realmente de un guía, en realidad, un guía o un espíritu juguetón que no es un guía en absoluto.”
Naturalmente, deseaba conocer la diferencia entre uno y otro.
“Te encontrarás que donde hay espíritus juguetones, o incluso lo que podría llamarse impostores, hallarás más Almas, confianza ciega, aceptación sin cuestionamientos. Si no puedes reconocer uno del otro con rapidez, puedes encontrarte en una situación de trampa de almas... Eres un hombre inteligente. Has elegido bien. Pero debo advertirte: incluso el más inteligente entre nosotros será, y lo seguirá siendo, capturado por una trampa de almas.”
Le pregunté a Russell por algunos consejos sobre cómo evitar esta suerte que sonaba tan miserable. Me respondió advirtiéndome vehementemente que antes de llevar a cabo mi investigación, me armara de una gran actitud autocrítica y un aluvión de perspicaces preguntas.
“Debes proceder en el campo de trabajo —si tienes la intención de proseguir con ello— con una cantidad deliberada de escepticismo, una vasta provisión de conocimientos y una enorme lista de preguntas precisas que, de hecho, separará lo real de aquello que es creencia básica, misticismo o falsedad. ¡No aceptar respuestas aparentes! ¡Cuestiona! ¡Pregunta todo el tiempo! Y si las preguntas no son respondidas de manera satisfactoria, pregunta y vuelve a indagar nuevamente.”
Russell hizo una pausa. Cuando volvió a hablar, su voz era más suave, más simpática.
“Puedes agitar el avispero y molestar a unos cuantos con este trabajo. Sin embargo, ya has molestado mucho antes y seguramente lo harás de nuevo. Has alterado las apariencias anteriormente con la naturaleza de tu trabajo. El lápiz tiene un mensaje poderoso.”
No olvidemos la suerte final que corrió el autor luego de haber descubierto quiénes eran los “guías” y qué papel desempañaban en la vida de los contactados. Entendemos como útil para nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad que logren conectar la investigación de Joseph Fisher con los trabajos del doctor Jacques Vallée, en especial, sus libros Messengers of Deception y The Invisible College.

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Kabbalah: los senderos de la rayuela cósmica

Cuando nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad se adentren por el incierto sendero que los logre exiliar definitivamente de la confinación física, deberán proveerse no sólo de la luz del conocimiento, sino de un mapa que los guíe hacia la Vía Sublime distinguiéndola de las rutas accesorias del Laberinto del Aprendizaje. Bajo este mapa místico, existen tres tentaciones las que debieran ser sopesadas a la luz del balance:
La Kabbalah como una exégesis
del microsmos humano
  1. la influencia biológica nos conmina a perpetuar la especie, cuando en realidad esconde el hecho de seguir nutriendo de esclavos a los directores del plano físico; pocos humanos, aun aquellos en los que pareciera arder el fuego de la rebeldía e independencia, logran superar esta valla astutamente introyectada
  2. el condicionamiento social y religioso junto a la manipulación psíquica son los obstáculos más comunes en los que se trastabilla emocionalmente: la egrégora humana desvía la independencia y anquilosa las posibilidades, simulando la seguridad que emana de la multitud y la costumbre secular; pero cuando se logra asomar la cabeza por encima de estos mecanismos sociales, surge sin demora el control hiperdimensional, en un marco de ataque bajo la apariencia onírica; el Buscador sólo tendrá vagos recuerdos del incidente, pero su cuerpo se lo recordará cada noche subsiguiente;
  3. finalmente, el aspecto que nos compete ahora analizar, es la orientación espiritual que luego de sortear las duras pruebas anteriores pueda distorsionarse hacia el desbalance, ya sea del sendero siniestro de servicio al ego (considerándose superior a los demás) o del sendero diestro, sirviendo indiscriminadamente a los demás (desconsiderándose a uno mismo); la senda media es aquella que aplica discernimiento, balanceando el servicio de ayudar a otros sin perjudicarse a uno mismo.
Para aquellos Buscadores que han comenzado a despabilarse y entender que la vida en el plano físico no es más que una artera invención de reingeniería hiperdimensional, diseñada para obtener velados réditos de una descomposición orgánica controlada, entenderán que tal cuadro boschiano puede acarrear más de una disonancia cognitiva. Nuestra visión, empero, contempla que el plano físico es tan sólo el lúgubre sótano de un Cosmos con pisos superiores menos restringidos y más iluminados, en donde otras formas de vida basadas en materia no corpuscular —o, desde nuestra perspectiva, en estados energéticos o plásmicos— pueden elegir con más facilidad orientarse hacia un sendero no predatorio que los encamine hacia la omnisciencia espiritual; en Secret of the Saucers se le informa a Orfeo Angelucci:
“Es todo una cuestión de la escala vibratoria en la que se esté operando,” explicó. “La frecuencia de vibración de la materia densa, que constituye el sustrato del planeta Tierra, es extremadamente baja, por lo tanto, los cuerpos terrenales son lentos, densos y pesados. La tasa vibratoria aquí es bastante más alta y la materia tan tenue que parece, desde un medio físico denso como el vuestro, inexistente; pero como ahora te encuentras en un cuerpo con una escala vibratoria acorde, los fenómenos de este mundo te son tan reales como en tu mundo: la Tierra.”
En cierto sentido, deseando comunicar cierta paz de espíritu con vehemencia pero sin exageración, es el Buscador quien ha resuelto someterse a los desasosegados fuegos de la inclemencia corpórea para convertirse —de contar con el conocimiento, la disciplina interna y la pericia externa, y la irreemplazable actitud— en su conquistador y vencedor.

La fuente Cassiopaea ha brindado una estratificada visión del Cosmos en siete densidades: (1) la primera, la más material y entrópica; la séptima, la consciencia pura creativa. Si fusionamos esta visión con el modelo provisto por el magisterio taoísta, observamos una compartimentación de tres “reinos,” donde las dualidades del Yin-Yang actúan articuladas en diferentes graduaciones: el plano físico, con la más marcada influencia de la energía Yin; el plano etéreo, con una dualidad en balance; y el plano espiritual con la supremacía de la energía Yang.

Síntesis de las enseñanzas místicas
orientales y occidentales
(2)
En la literatura mística judía hallamos en El Zohar una resplandeciente exégesis que se podría resumir con la frase: “Los seres que viven Debajo, dicen que Dios está en las Alturas; mientras que los Ángeles en el Cielo, dicen que Dios habita en la Tierra.” Y desde la colegiatura occidental rosacruz vemos algo semejante: Robert Fludd, médico, filósofo y reconocido cabalista de la época isabelina, nos brinda una explicación del Cosmos que es a la vez el Aleph Luminoso y el Aleph Tenebroso, fragmentado en tres grandes reinos:
  1. el mundo empíreo (el Cielo), donde la luz excede a las tinieblas;
  2. el mundo etéreo, donde la luz y las tinieblas se equilibran en forma de éter;
  3. el mundo elemental, donde las tinieblas dominan sobre la luz y producen los cuatro elementos.
Desde este enriquecido punto de vista, podemos entender mejor al arte-facto de 22 aristas y 10 vértices que es el árbol cabalístico, observándolo como un grafo de dependencias cognitivas de una academia cósmica: cada escalón sefirótico representaría un nivel de consciencia, donde las entidades necesitan encarnar para obtener, una vez trascendido, el título correspondiente de la respectiva orientación espiritual; Thomas Minderle, en su tratado sobre Principios para la Evolución Espiritual, explica:
Dentro de la jerarquía negativa, los seres se obligan mutuamente a evolucionar a través de la competencia constante, la manipulación, el engaño, la extorsión y la violencia. Dentro de la red positiva, los seres se ayudan entre sí y evolucionan a través de la creatividad, la compasión, la enseñanza, el intercambio y el aprendizaje.
Lograr la integración consiste en dos cualidades: obtener las lecciones necesarias para interactuar armónicamente dentro de la polaridad intrínsecamente propia, y posteriormente haber ganado las lecciones necesarias para interactuar conscientemente con la polaridad opuesta.
Entendida nuestra concepción, el objetivo que pretendemos no será abrumar con otra exégesis teñida de misticismo sobre el Arbol del Cosmos; tan sólo nos permitimos brindar un panorama que integre la Kabbalah con las orientaciones espirituales, ya sea que se elijan los senderos iterativos de la piedad (sefirótica) o severidad (klifótica), o se opte por la integración inteligente de ambas que nos exonera de la necesidad de reencarnar, y sobre la que toda entidad orgánica deberá polarizarse para abandonar con “vida” la realidad física.

Los senderos del Árbol Cósmico:(3)
el siniestro de la severidad klifótica,
el recto de la piedad sefirótica, y la
trascendencia a través de la integración
En este sentido, el centro mental de la humanidad terrestre reside en la sefira siniestra del tercer nivel de consciencia, y en la enorme mayoría de los casos, se encuentra desconectado de las emanaciones en los niveles superiores. Empero, esto no la aisla de comunicaciones esporádicas: ciertas sefiras pueden actuar como resortes y contrapesos que la afecten ya sea para influenciarla en una u otra dirección. Una abducción extraterrestre podría verse como una sefira siniestra superior que desconsidera el libre albedrío de una sefira inferior, afectando la línea de continuidad en la experiencia humana e inyectando patrones psíquicos para amoldarla a sus designios. Del mismo modo, una intervención divina sería la respuesta de una sefira trascendente a una solicitud que respeta y honra la libertad de una sefira inferior.

Asimismo, el fenómeno de la canalización —ya sea que el médium permanezca en trance inconsciente, o por el contrario, cuando efectúe una comunicación iatromántica, por medio de los centros psíquicos superiores en los opera el discernimiento— puede verse como el intercambio de información entre sefiras, aunque, y sobre todo en el caso de la primera, no necesariamente en su orientación más trascendente. Pero enfocándonos en la canalización iatromántica, es decir cuando la consciencia ordinaria sube a niveles superiores, es enriquecedor lo que Warren Kenton (Z'ev ben Shimon Halevi) tiene para ofrecernos en su libro La Obra del Cabalista:
La idea de un maestro interior no es ajena a la Cábala. Muchos cabalistas han hablado a lo largo de los siglos de su maggid o instructor celestial. [...] Con frecuencia, el que dirige al cabalista es un instructor interior —cuando es necesario,— y lo aconseja sobre cuestiones de las que no puede leer o tener acceso en la Tierra. Afirman las leyendas que a los más grandes cabalistas les enseñó el mismo Elías, que es el responsable de la dirección espiritual de la Tradición. Otras historias nos cuentan que Elías no sólo se presenta con muchos disfraces en ayuda de los que han emprendido el camino interior, sino que se manifiesta como el Khidr o “el Verde,” en la tradición sufí, en la que desempeña el mismo papel. De acuerdo con el folklore, Elías no tenía padre ni madre, como Melquisedec, que inició a Abraham a principios de la tradición. Todo esto sugiere que otros personajes extraños como Hermes Trismegistro o Thoth no eran otro que Enoc, el Iniciado, el primer ser humano plenamente realizado, aunque en diferentes formas.
Pero no desconsideremos otorgar cierta licencia a esta posibilidad de un daemon interno que desde una sefira trascendente ofrezca una guía discreta para elevar nuestra consciencia a las regiones empíreas del Cosmos; parafraseando a Fulcanelli, esta “élite” humana —descendiente de Elías— en verdad pertenece al Pueblo de Guachos: es “guacha,” en palabras del psicólogo argentino Roberto Torres, de padre y madre terrena. Ahora bien, el profeta Elías —en griego «Ηλίας»: Solar—, que en las Escrituras dice ser arrebatado hacia el Cielo, como un espíritu puro, en un carro de luz y fuego, nos hace recordar al catedrático Peter Kingsley quien, en su obra En los Oscuros Lugares del Saber, estudia a los iatromantis: los sanadores seguidores de Apolo Oulios, (4) aquellos que incuban al infans solaris:
Así pues, Parménides viaja a los infiernos, a las regiones del Hades y del Tártaro, allí de donde no regresa casi nadie. [...] Parménides viajaba en dirección a su propia muerte de manera consciente y voluntaria:
Las yeguas que me llevan tan lejos como el anhelo alcanza avanzaron, después de venir a recogerme, hacia el legendario camino de la divinidad que lleva al hombre que sabe a través de lo desconocido vasto y oscuro. Y adelante me llevaron, mientras las yeguas, que sabían dónde ir, me llevaban y tiraban del carro; y unas jóvenes indicaban el camino. Y el eje de los cubos de las ruedas silbaba, ardiendo con la presión de los dos ruedas bien redondas, una a cada lado, que veloces avanzaban; las doncellas, hijas del Sol, que habían abandonado las moradas de la Noche hacia la luz, se apartaron los velos de la cara con las manos. [...]

Y la diosa me dio la bienvenida amablemente, me cogió la mano derecha entre las suyas y me dijo estas palabras: “Seas bienvenido, joven, compañero de inmortales aurigas, que llegas a nuestra casa con las yeguas que te llevan. Porque no ha sido hado funesto el que te ha hecho recorrer este camino, tan alejado del transitado sendero de los hombres, sino el derecho y la justicia. Y es necesario que te enteres de todo: tanto del inalterado corazón de la persuasiva Verdad como de las opiniones de los mortales, en las que no hay nada en que confiar. Pero aprenderás también esto: cómo las creencias basadas en apariencias deben ser verosímiles mientras recorren todo lo que es.”
Para concluir, deseamos enfatizar que el macrocosmos del árbol cabalístico, por el principio de correspondencia, es una representación del microcosmos en el ser humano; en un contexto ecuménico, la famosa frase “hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza,” cobra un sentido bastante práctico: los tres dan-tiens —los recintos del cinabrio o campos del elíxir— poseen una relación unívoca con las tres regiones cósmicas:

  • el dan-tien inferior con el reino físico: el centro motriz e instintivo;
  • el dan-tien medio con el reino psíquico: el centro emocional, y
  • el dan-tien superior con el reino espiritual: el centro intelectual.

Esta desconexión de las emanaciones superiores puede religarse, esto es, reintegrarse: este es el olvidado objetivo trascendental de las religiones (del latín religare: volver a unir). Pero para respetar, al menos de cierta manera, el gesto de silencio harpocrático que nos exige el argot, sólo diremos, en vista de ayudar a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad, que el arte consiste en hacer ciclar dentro del árbol microcósmico la energía de la vida, evitando que ésta se disperse del dan-tien falso inferior, en la búsqueda del placer para el ego... y no hemos de olvidar que durante las horas de reposo, habrá salteadores emboscados en los linderos de los caminos oníricos que intentarán arrebatarlo con nefastas promesas lujuriosas.

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