Kabbalah: los senderos de la rayuela cósmica

Cuando nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad se adentren por el incierto sendero que los logre exiliar definitivamente de la confinación física, deberán proveerse no sólo de la luz del conocimiento, sino de un mapa que los guíe hacia la Vía Sublime distinguiéndola de las rutas accesorias del Laberinto del Aprendizaje. Bajo este mapa místico, existen tres tentaciones las que debieran ser sopesadas a la luz del balance:
La Kabbalah como una exégesis
del microsmos humano
  1. la influencia biológica nos conmina a perpetuar la especie, cuando en realidad esconde el hecho de seguir nutriendo de esclavos a los directores del plano físico; pocos humanos, aun aquellos en los que pareciera arder el fuego de la rebeldía e independencia, logran superar esta valla astutamente introyectada
  2. el condicionamiento social y religioso junto a la manipulación psíquica son los obstáculos más comunes en los que se trastabilla emocionalmente: la egrégora humana desvía la independencia y anquilosa las posibilidades, simulando la seguridad que emana de la multitud y la costumbre secular; pero cuando se logra asomar la cabeza por encima de estos mecanismos sociales, surge sin demora el control hiperdimensional, en un marco de ataque bajo la apariencia onírica; el Buscador sólo tendrá vagos recuerdos del incidente, pero su cuerpo se lo recordará cada noche subsiguiente;
  3. finalmente, el aspecto que nos compete ahora analizar, es la orientación espiritual que luego de sortear las duras pruebas anteriores pueda distorsionarse hacia el desbalance, ya sea del sendero siniestro de servicio al ego (considerándose superior a los demás) o del sendero diestro, sirviendo indiscriminadamente a los demás (desconsiderándose a uno mismo); la senda media es aquella que aplica discernimiento, balanceando el servicio de ayudar a otros sin perjudicarse a uno mismo.
Para aquellos Buscadores que han comenzado a despabilarse y entender que la vida en el plano físico no es más que una artera invención de reingeniería hiperdimensional, diseñada para obtener velados réditos de una descomposición orgánica controlada, entenderán que tal cuadro boschiano puede acarrear más de una disonancia cognitiva. Nuestra visión, empero, contempla que el plano físico es tan sólo el lúgubre sótano de un Cosmos con pisos superiores menos restringidos y más iluminados, en donde otras formas de vida basadas en materia no corpuscular —o, desde nuestra perspectiva, en estados energéticos o plásmicos— pueden elegir con más facilidad orientarse hacia un sendero no predatorio que los encamine hacia la omnisciencia espiritual; en Secret of the Saucers se le informa a Orfeo Angelucci:
“Es todo una cuestión de la escala vibratoria en la que se esté operando,” explicó. “La frecuencia de vibración de la materia densa, que constituye el sustrato del planeta Tierra, es extremadamente baja, por lo tanto, los cuerpos terrenales son lentos, densos y pesados. La tasa vibratoria aquí es bastante más alta y la materia tan tenue que parece, desde un medio físico denso como el vuestro, inexistente; pero como ahora te encuentras en un cuerpo con una escala vibratoria acorde, los fenómenos de este mundo te son tan reales como en tu mundo: la Tierra.”
En cierto sentido, deseando comunicar cierta paz de espíritu con vehemencia pero sin exageración, es el Buscador quien ha resuelto someterse a los desasosegados fuegos de la inclemencia corpórea para convertirse —de contar con el conocimiento, la disciplina interna y la pericia externa, y la irreemplazable actitud— en su conquistador y vencedor.

La fuente Cassiopaea ha brindado una estratificada visión del Cosmos en siete densidades: (1) la primera, la más material y entrópica; la séptima, la consciencia pura creativa. Si fusionamos esta visión con el modelo provisto por el magisterio taoísta, observamos una compartimentación de tres “reinos,” donde las dualidades del Yin-Yang actúan articuladas en diferentes graduaciones: el plano físico, con la más marcada influencia de la energía Yin; el plano etéreo, con una dualidad en balance; y el plano espiritual con la supremacía de la energía Yang.

Síntesis de las enseñanzas místicas
orientales y occidentales
(2)
En la literatura mística judía hallamos en El Zohar una resplandeciente exégesis que se podría resumir con la frase: “Los seres que viven Debajo, dicen que Dios está en las Alturas; mientras que los Ángeles en el Cielo, dicen que Dios habita en la Tierra.” Y desde la colegiatura occidental rosacruz vemos algo semejante: Robert Fludd, médico, filósofo y reconocido cabalista de la época isabelina, nos brinda una explicación del Cosmos que es a la vez el Aleph Luminoso y el Aleph Tenebroso, fragmentado en tres grandes reinos:
  1. el mundo empíreo (el Cielo), donde la luz excede a las tinieblas;
  2. el mundo etéreo, donde la luz y las tinieblas se equilibran en forma de éter;
  3. el mundo elemental, donde las tinieblas dominan sobre la luz y producen los cuatro elementos.
Desde este enriquecido punto de vista, podemos entender mejor al arte-facto de 22 aristas y 10 vértices que es el árbol cabalístico, observándolo como un grafo de dependencias cognitivas de una academia cósmica: cada escalón sefirótico representaría un nivel de consciencia, donde las entidades necesitan encarnar para obtener, una vez trascendido, el título correspondiente de la respectiva orientación espiritual; Thomas Minderle, en su tratado sobre Principios para la Evolución Espiritual, explica:
Dentro de la jerarquía negativa, los seres se obligan mutuamente a evolucionar a través de la competencia constante, la manipulación, el engaño, la extorsión y la violencia. Dentro de la red positiva, los seres se ayudan entre sí y evolucionan a través de la creatividad, la compasión, la enseñanza, el intercambio y el aprendizaje.
Lograr la integración consiste en dos cualidades: obtener las lecciones necesarias para interactuar armónicamente dentro de la polaridad intrínsecamente propia, y posteriormente haber ganado las lecciones necesarias para interactuar conscientemente con la polaridad opuesta.
Entendida nuestra concepción, el objetivo que pretendemos no será abrumar con otra exégesis teñida de misticismo sobre el Arbol del Cosmos; tan sólo nos permitimos brindar un panorama que integre la Kabbalah con las orientaciones espirituales, ya sea que se elijan los senderos iterativos de la piedad (sefirótica) o severidad (klifótica), o se opte por la integración inteligente de ambas que nos exonera de la necesidad de reencarnar, y sobre la que toda entidad orgánica deberá polarizarse para abandonar con “vida” la realidad física.

Los senderos del Árbol Cósmico:(3)
el siniestro de la severidad klifótica,
el recto de la piedad sefirótica, y la
trascendencia a través de la integración
En este sentido, el centro mental de la humanidad terrestre reside en la sefira siniestra del tercer nivel de consciencia, y en la enorme mayoría de los casos, se encuentra desconectado de las emanaciones en los niveles superiores. Empero, esto no la aisla de comunicaciones esporádicas: ciertas sefiras pueden actuar como resortes y contrapesos que la afecten ya sea para influenciarla en una u otra dirección. Una abducción extraterrestre podría verse como una sefira siniestra superior que desconsidera el libre albedrío de una sefira inferior, afectando la línea de continuidad en la experiencia humana e inyectando patrones psíquicos para amoldarla a sus designios. Del mismo modo, una intervención divina sería la respuesta de una sefira trascendente a una solicitud que respeta y honra la libertad de una sefira inferior.

Asimismo, el fenómeno de la canalización —ya sea que el médium permanezca en trance inconsciente, o por el contrario, cuando efectúe una comunicación iatromántica, por medio de los centros psíquicos superiores en los opera el discernimiento— puede verse como el intercambio de información entre sefiras, aunque, y sobre todo en el caso de la primera, no necesariamente en su orientación más trascendente. Pero enfocándonos en la canalización iatromántica, es decir cuando la consciencia ordinaria sube a niveles superiores, es enriquecedor lo que Warren Kenton (Z'ev ben Shimon Halevi) tiene para ofrecernos en su libro La Obra del Cabalista:
La idea de un maestro interior no es ajena a la Cábala. Muchos cabalistas han hablado a lo largo de los siglos de su maggid o instructor celestial. [...] Con frecuencia, el que dirige al cabalista es un instructor interior —cuando es necesario,— y lo aconseja sobre cuestiones de las que no puede leer o tener acceso en la Tierra. Afirman las leyendas que a los más grandes cabalistas les enseñó el mismo Elías, que es el responsable de la dirección espiritual de la Tradición. Otras historias nos cuentan que Elías no sólo se presenta con muchos disfraces en ayuda de los que han emprendido el camino interior, sino que se manifiesta como el Khidr o “el Verde,” en la tradición sufí, en la que desempeña el mismo papel. De acuerdo con el folklore, Elías no tenía padre ni madre, como Melquisedec, que inició a Abraham a principios de la tradición. Todo esto sugiere que otros personajes extraños como Hermes Trismegistro o Thoth no eran otro que Enoc, el Iniciado, el primer ser humano plenamente realizado, aunque en diferentes formas.
Pero no desconsideremos otorgar cierta licencia a esta posibilidad de un daemon interno que desde una sefira trascendente ofrezca una guía discreta para elevar nuestra consciencia a las regiones empíreas del Cosmos; parafraseando a Fulcanelli, esta “élite” humana —descendiente de Elías— en verdad pertenece al Pueblo de Guachos: es “guacha,” en palabras del psicólogo argentino Roberto Torres, de padre y madre terrena. Ahora bien, el profeta Elías —en griego «Ηλίας»: Solar—, que en las Escrituras dice ser arrebatado hacia el Cielo, como un espíritu puro, en un carro de luz y fuego, nos hace recordar al catedrático Peter Kingsley quien, en su obra En los Oscuros Lugares del Saber, estudia a los iatromantis: los sanadores seguidores de Apolo Oulios, (4) aquellos que incuban al infans solaris:
Así pues, Parménides viaja a los infiernos, a las regiones del Hades y del Tártaro, allí de donde no regresa casi nadie. [...] Parménides viajaba en dirección a su propia muerte de manera consciente y voluntaria:
Las yeguas que me llevan tan lejos como el anhelo alcanza avanzaron, después de venir a recogerme, hacia el legendario camino de la divinidad que lleva al hombre que sabe a través de lo desconocido vasto y oscuro. Y adelante me llevaron, mientras las yeguas, que sabían dónde ir, me llevaban y tiraban del carro; y unas jóvenes indicaban el camino. Y el eje de los cubos de las ruedas silbaba, ardiendo con la presión de los dos ruedas bien redondas, una a cada lado, que veloces avanzaban; las doncellas, hijas del Sol, que habían abandonado las moradas de la Noche hacia la luz, se apartaron los velos de la cara con las manos. [...]

Y la diosa me dio la bienvenida amablemente, me cogió la mano derecha entre las suyas y me dijo estas palabras: “Seas bienvenido, joven, compañero de inmortales aurigas, que llegas a nuestra casa con las yeguas que te llevan. Porque no ha sido hado funesto el que te ha hecho recorrer este camino, tan alejado del transitado sendero de los hombres, sino el derecho y la justicia. Y es necesario que te enteres de todo: tanto del inalterado corazón de la persuasiva Verdad como de las opiniones de los mortales, en las que no hay nada en que confiar. Pero aprenderás también esto: cómo las creencias basadas en apariencias deben ser verosímiles mientras recorren todo lo que es.”
Para concluir, deseamos enfatizar que el macrocosmos del árbol cabalístico, por el principio de correspondencia, es una representación del microcosmos en el ser humano; en un contexto ecuménico, la famosa frase “hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza,” cobra un sentido bastante práctico: los tres dan-tiens —los recintos del cinabrio o campos del elíxir— poseen una relación unívoca con las tres regiones cósmicas:

  • el dan-tien inferior con el reino físico: el centro motriz e instintivo;
  • el dan-tien medio con el reino psíquico: el centro emocional, y
  • el dan-tien superior con el reino espiritual: el centro intelectual.

Esta desconexión de las emanaciones superiores puede religarse, esto es, reintegrarse: este es el olvidado objetivo trascendental de las religiones (del latín religare: volver a unir). Pero para respetar, al menos de cierta manera, el gesto de silencio harpocrático que nos exige el argot, sólo diremos, en vista de ayudar a nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad, que el arte consiste en hacer ciclar dentro del árbol microcósmico la energía de la vida, evitando que ésta se disperse del dan-tien falso inferior, en la búsqueda del placer para el ego... y no hemos de olvidar que durante las horas de reposo, habrá salteadores emboscados en los linderos de los caminos oníricos que intentarán arrebatarlo con nefastas promesas lujuriosas.

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Dracomaquia: la sublimación de los instintos

Hemos elegido utilizar el término dracomaquia con la intención de explicar la disciplina que se esgrimía (¿o aun se esgrime?) en las escuelas mistéricas templarias y gnósticas, sin necesidad de recurrir a su núcleo dogmático ni ritual. Asimismo, es posible rastrear en el magisterio budista, taoísta e hinduísta el correlato alquímico a la limpieza de la simiente metálica prácticamente con la misma nomenclatura.

La idea que se destila desde las altas enseñanzas orientales, sufistas (como la disciplina del Cuarto Camino) y cristianas (como el Hesicasmo y la Filocalia) es la optimización del rinde energético: si se nos permitiese utilizar la jerga ingenieril, la resultante final de una inversión energética siempre debiera ser positiva. ¿Pero de qué inversión energética hablamos? En términos contables, todo capital que se coloca dentro de una inversión de riesgo, corre el peligro de pérdida y licuefacción de activos; en pocas palabras, si el pronóstico es equivocado, las pérdidas superan con creces a las ganancias. Poniéndonos un tanto eclesiásticos, leemos del Nuevo Testamento a Mateo 25:14-30 (Reina-Valera 1960):
Porque el Reino de los Cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.

Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
Vista la Parábola de los Talentos desde la óptica scientológica, cuando un thetan (entidad espiritual de Quinta Densidad, esto es: el Reino de los Cielos) impacta en busca de conocimiento sobre un universo MEST (realidad física de Tercera Densidad), estamos frente a una clara inversión de riesgo. Parafraseando a Rudolf Steiner, la oculta regla del inseguro juego consiste en capitalizar sufrimiento cristalizándolo en sabiduría. Y aquí, en la ecuación del sufrimiento, debemos incluir a la energía orgón: podemos, al menos en un principio, equiparar la líbido con la energía sexual carente de cualquier distorsión pasional. Permítasenos entonces proponer que la líbido es el impulso vital resultante del harnelmiatznel mecánico entre los alimentos y unos ciertos hidrógenos sutiles —en sus octavas energéticas más refinadas, que los maestros taoístas denominaron como Esencia del Cielo Prenatal— y consiste en el capital de riesgo proveniente del plano espiritual.

El truco del juego es que, debido a la astuta modificación operada por supinas manos tenebrosas sobre el homo sapiens, la tiranía hormonal del cuerpo, luego de iniciada la adolescencia, degrada sistemáticamente la líbido orientándola hacia la reproducción de la especie, es decir, hacia la satisfacción del deseo sexual. Gurdjieff comentó que “el sexo es la principal fuente de energía de toda la mecanicidad: todo sueño, toda hipnosis, deriva de este.”
Cada hombre tiene en él tres excrementos que elabora en él mismo y que deben ser rechazados. El primero es el resultado de la alimentación ordinaria y se elimina naturalmente, y esto debe hacerse cada día, de lo contrario, pueden aparecer todo tipo de enfermedades.
Por la misma razón que usted va al baño para esta actividad, debe ir al baño para el segundo excremento, que es rechazado por la función sexual. Es necesario para la salud y el equilibrio del cuerpo y, ciertamente, es necesario en algunos a hacerlo cada día, en otros, cada semana, en otros, cada mes o cada seis meses. Es subjetivo. Para ello debe elegir un cuarto de baño apropiado. Uno que sea bueno para usted.
Un tercer excremento se forma en la cabeza, por los deseos, las impresiones y asociaciones sexuales, cuyos desechos se acumulan en el cerebro. Su eliminación se realiza con el uso correcto de la respiración.
El ojo entrenado no dudará en relacionar dos elementos clave en este análisis: en primer lugar, se observa que de no mediar el proceso de sublimación, los hidrógenos contenidos en las esencias sexuales decantan en la ruta mecánica de la putrefacción alquímica —esto es, que los hidrógenos en cambio de refinarse decrementan su octava,— pero en segundo lugar, pueden existir elementos exógenos que aceleran la degradación y orienten el proceso hacia una indefectible perversión sexual: es interesante entonces volver la vista hacia la ufología y demonología, al considerar la posibilidad de implantes etéricos.

Hemos de recordar que la disciplina del Cuarto Camino considera que la humanidad ha sido hipnotizada por el astuto pastor;(1) actualmente, las modernas corrientes rosicrucianas y ufológicas han denominado a estas entidades como Arcontes o Reptoides. En cualquier caso, se trata de seres en un nivel de materia y consciencia superior que, de la misma forma en que la humanidad detenta el poder sobre la flora y fauna, ejercen su dominio para manipular a la granja humana con objeto de extraer energía emocional. John Baines comenta al respecto:
Es así como el sapiens es despojado inadvertidamente del producto más noble producido por él mismo, el destilado final de la experiencia humana... el “caldo aurífero” de su vida. El sapiens es, por lo tanto, un esclavo a perpetuidad. No obstante, ejemplares individuales o aislados (segregados del grupo), pueden llegar a ser libres.
Urbi et Orbi
Este “caldo aurífero” rosacruz es, en la complicada geografía literaria de Relatos de Belcebú a su Nieto, el exioehary del Cuarto Camino que, de no abandonar el cuerpo orgánico, puede ser sublimado en hidrógenos “más refinados” y converger en la confección de las prendas solares. Por lo tanto, la “vía de salida” del juego —esto es, escapar con vida del plano terrenal, conservando el capital y las ganancias— consiste entonces en maximizar la energía vital, en primer lugar para robustecer el organismo (que se podría ver como la cáscara del “huevo filosofal”) y en segundo lugar, sublimar y atesorar dicha energía —Ouspenski y Gurdjieff mencionaban esto como sutilizar los famosos hidrógenos Si12 o las sustancias sagradas Abrustdonis y Helkdonis respectivamente— para finalmente desarrollar los centros superiores y lograr la comunicación con el Ser Esencial.

Aquí nos permitimos presentar una graciosa elaboración de la Alquimia: tenemos, por un lado, el ego consciente y por otro el subconsciente. Si hiciésemos uso de la nomenclatura presente en el Material Ra y Cassiopaea, el consciente sería un centro mental de Tercera Densidad (humano), mientras que el subconsciente se trataría de un centro de Segunda Densidad (animal). El objetivo de la Alquimia resulta en alimentar y formar un centro de Cuarta Densidad, esto es, el supraconsciente o infans solaris.

Pero la energía se atesora en un centro ligado al subconsciente —como el Dr. Yang Jwing-Ming nos informa en su esclarecedor libro La Respiración Embriónica, en el dan-tien falso inferior— y el sufrimiento, tanto físico como psíquico, proviene de la extracción de energía líbido distorsionada por una herida corporal o una úlcera emocional. Entendemos que sólo el ojo entrenado —a diferencia de uno somnoliento que aun tropieza en la habitación en tinieblas— comprenderá que la satisfacción carnal es, en efecto, sufrimiento velado a través de una anestésica pérdida de orgón.(2) Para reforzar esta graciosa idea, traducimos un momento de color en las transcripciones Cassiopaea (Sesión del 10 de diciembre de 1994):
P: (Laura) ¿Qué ocurre físicamente en el momento del orgasmo?
R: ¿Para quién?
P: Para cualquiera. De manera genérica. ¿Le ocurre algo físicamente a una persona cuando llega al clímax sexual?
R: Respuesta abierta.
P: ¿Es diferente para cada individuo?
R: Puede ser.
P: ¿Es diferente para el hombre y la mujer?
R: En general.
P: La razón por la que pregunto es porque Wayne Cook trabajó con radiestesia y encontró que el cuerpo humano, luego del clímax sexual, irradia de manera similar a un cadáver. ¿Por qué ocurre esto? (Terry) Vaciado de energía.
R: Así es.
P: Está bien, entonces ¿hacia dónde se drena la energía?
R: Hacia el plano etérico.
P: ¿Puede ir la energía hacia el otro individuo?
R: Tal vez.
P: ¿Es posible, que durante la actividad sexual, los Reptoides y otras entidades estén dando vueltas en los alrededores para extraer esta energía?
R: Sí.
P: Entonces, en el caso general, ¿es esto lo que ocurre?
R: Sí.
P: Es esta una de las razones por las cuales el sexo es animado y promocionado hasta el hartazgo en nuestra sociedad...
R: Sí, sí, sí.
Pero las entidades parasitarias necesitan que el centro mental crítico de Tercera Densidad haga la “vista gorda” de esta petite mort y asocie la descarga de estupefacientes endógenos —que terminarán por reforzar la adicción a la pérdida del húmedo radical— como “placentero” o, al menos, “necesario.” Entendemos entonces que de allí proviene toda esta programación biológica, psicológica y religiosa, orientada a justificar la locura de la actual civilización, el desenfreno emocional y pasional, y, por supuesto, el sufrimiento devocional... ¿qué nos muestra la efigie de cualquier iglesia cristiana? ¿acaso hemos sido cegados de ver al cadáver torturado en dos maderos?

De continuar esta hebra de conocimiento, tanto Cristo (Jesinavarah) como Budha (Siddharta) fueron yoguis esclarecidos. Entendemos la palabra yogui en su significado más arcaico de re-unión, semánticamente similar al concepto original de religión o de re-ligare: lograr la reunión o religadura con el Ser Esencial.

Volviendo a nuestra elaboración sobre la Alquimia, consiste entonces en una “evolución acelerada” de los centros de Segunda y Tercera Densidad, al nutrirse de la elan vitae atesorada y sublimada, logrando finalmente desarrollar el centro embrionario de Cuarta Densidad, desanclando la “mente del predador,” el supraconsciente atávico, subyugado y manipulado por el Sistema de Control Hiperdimensional, por uno autónomo e independiente. Como curioso corolario, dentro de los objetivos del Cuarto Camino figura el prevenir el gasto exagerado de los hidrógenos Si12 necesarios para la construcción del alma. Al ser reemplazado el centro supraconsciente exógeno por nuestra alma, empezaríamos realmente a crear nuestra propia realidad: es la verdadera Lapis Exilis, la piedra que nos exilia de la realidad entrópica.

Para el ojo entrenado, esto resonará intrépidamente con la imaginería de matraces alquímicos en donde acontecen repetidos “solve et coagula” sobre la sustancia primera; pero para el oriental, esto no se distingue de la “órbita microcósmica,” punto de partida para el Nei Dan del magisterio taoísta: la disciplina del qi (qigong o chikung), que ha sido provista por medios de canalización iatromántica; de hecho, el iatromantis griego (aquel que yace incubando) es semejante al hesicasta occidental o al practicante oriental en contamplación meditativa, y ambos buscan la misma clase de “iluminación.”

En la entrega siguiente sobre dracomaquia, analizaremos el velado proceso del harnelmiatznel consciente, correspondiente a la etapa alquímica del Nigredo.

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La coagulación de la santidad

En realidad, una óptima forma de ver el plano físico podría arriesgarse al contemplarlo como el campo de cultivo de los Retoños de la Luz. Aquellos que hayan descubierto la Clave del Arcano, entenderán nuestras palabras y sabrán entonces la necesidad imperiosa de coagular el suministro celestial con la vida infusa en la materia, que no es otro que el fuego contenido en el agua de vida.

Pues donde hay vida, hay esperanza, y necesidad de vituallas solía agregar como epíteto el Escudero de la Comarca. Y esta es una realidad palpable: de manera velada, los seres orgánicos somos procesadores de alimentos, es decir, nuestra subsistencia está basada en el continuo procesamiento y extracción de energía orgónica de la materia burda que ingerimos; al consumir el orgón diseminado en las cadenas de polisacáridos que formaron parte de otro ser vivo, realizamos un sacrificio hierático a las entidades inorgánicas. Robert Monroe obtuvo esa confesión de los iluminados seres que acompañaban sus viajes oníricos a través de las densidades de consciencia que la humanidad tiene un escaso conocimiento; en su libro El Viaje Definitivo (Ultimate Journey), formuló una guía para trascender la maya hindú, o el ahora occidental, sistema de control hiperdimensional (que Monroe denominaba como Sistema de Vida Terrestre):
Como es el jefe, el hemisferio derecho del cerebro a menudo obliga al cerebro izquierdo a desempeñarse de una manera que tiende a destruir miles de años de evolución. Mientras tanto, nuestro cerebro izquierdo intenta tomar las ideas útiles e inspiraciones del hemisferio derecho y convertirlos en algo de utilidad. Tolera los patrones cerebrales no productivos del hemisferio derecho, siempre y cuando no se interpongan en el camino. También distorsiona denodadamente algunos patrones del cerebro derecho para convertirlos al paradigma de supervivencia-depredación que rige el Sistema de Vida Terrestre. Desde un Punto de Vista Alternativo, tenemos entonces dos definiciones:
  • Cerebro izquierdo = Mente Humana modificada por el Sistema de Vida Terrestre
  • Cerebro derecho = Expresión del Núcleo del Ser, la parte física atemporal, nuestra parte sutil, inmaculada y desafectada del Sistema de Vida Terrestre.
El truco es conseguir un balance del hemisferio izquierdo y del derecho de manera que actúen simultánea y sincrónicamente, animando a que el cerebro izquierdo tome una participación cada vez más activa en el Mas Allá [Densidades Superiores de Consciencia]. Nunca se debe abandonar el uno por el otro. Y una vez logrado todo esto, es posible que los siguientes puntos ayuden:
  1. Siempre reconozca y recuerde que se es “más que un cuerpo físico.” Esto le proporcionará una perspectiva más objetiva de cualquier actividad en el Sistema de Vida Terrestre: la agonía se vuelve tolerable; el éxtasis más profundo; los miedos inducidos de forma local se evaporan.
  2. Reconozca y controle su instinto de supervivencia. Úselo en lugar de que este lo use a usted. Aquí hay algunas sugerencias:
    a. Una parte de la fórmula (la vida física = bueno) es necesaria para el Sistema de la Tierra Terrestre y es aceptable durante su estancia. La otra parte (la muerte física = malo) se puede descartar dado que en su momento lo entenderá mejor.
    b. Recuerde que su objetivo final no es la supervivencia física. Por lo tanto, si bien es válido estar aquí para hacer ciertas cosas y que hay acciones que se deben efectuar para estar aquí, no se debería desesperar si no es así. Los accidentes pueden ocurrir, pero aun así, tampoco perderá, pues ha tenido la experiencia de ser humano.
    c. El instinto de reproducción sexual es el más poderoso instinto animal del Sistema de Vida Terrestre. Diseñado específicamente para la supervivencia física de la especie, fue diseñado y es manipulado exógenamente para el control de la mayoría de los aspectos de la conducta humana. Puede disfrutarlo, pero no hay necesidad de vivir o morir por el; y es posible disfrutar de las manipulaciones por lo que son, sucumbir solamente a sabiendas.
    d. Los activos físicos (materiales, alimentos, herramientas, juguetes) son excelentes para el uso local, pero la propiedad es sólo una cuestión de conveniencia temporal. No sólo no se pueden poseer, tampoco se los podrá llevar, ni siquiera se es dueño del cuerpo físico.
  3. Mantenga un estado de turista transitorio. En definitiva se está siendo humano por propia elección. Esa opción se mantiene en vigor durante su visita. Usted puede empacar su experiencia y abandonar su estadía cuando y donde quiera sea cual sea su razón, sin censura o sanciones de cualquier índole. Si su Mente Humana es satisfecha con su pasar terrestre, considere que también le abandonará más allá de cualquier esfuerzo que haga. Es probable que los adictos al Sistema de Vida Terrestre no lo entiendan, pero eso es problema de ellos.
  4. Disfrute de la vida en el Sistema de Vida Terrestre, maximice los altos y bajos: pero no se vuelva adicto. Supere las emociones de enojo ante la forma en que funciona el Sistema: cuando se observe aparentes desigualdades, ventajas injustas, brutalidades, insensibilidad y engaño. Es un mundo depredador por diseño: y es una máquina de enseñanza por excelencia.
  5. Ejercite su mente humana tanto como sea posible, a sabiendas de que es sólo un ejercicio. Construya bellos artefactos, resuelva “problemas,” disfrute el olor de las flores y admire las puestas de sol, componga música, explore los “secretos” del universo físico, saboree el aporte de sus cinco sentidos, absorba los matices de sus afectos y situaciones personales, sienta la alegría y la tristeza, la risa, la empatía, la compasión a fin de meter toda esta memoria emocional en su bolso de viaje.
  6. Lo más importante, brinde a su Mente Humana aquello que busca, la experiencia, y el flujo de conciencia donde y cuando la encuentra. Sature su sed de sensaciones, pero tenga cuidado con la tendencia a revolcarse en ella, debido a las reminiscencias del Hogar [de planos superiores] que pueda contener. Tenga cuidado con las ilusiones y la colusión que hacen a veces difícil de resolver lo real en un medio ambiente como el Sistema de Vida Terrestre.
  7. Su mente humana tiene una tendencia natural y normal para tratar de hacer las cosas en el Sistema de Vida Terrestre de la forma en que está acostumbrado en el Más Allá [los planos superiores]. La historia está llena de tales intentos, pero al final el Sistema siempre gana. Se puede desbastar una parte, pero la bestialidad depredadora simplemente vuelve, a veces un poco más inteligente que antes. Eso no significa que no se debe intentar y es posible que pueda cambiar una parte de ella, pero nunca va a lograrlo completamente; el Sistema no lo permitirá. ¿Aunque quién sabe cuánto tiempo más existirá de todos modos?
Monroe se esfuerza en sostener una visión taoísta, identificando las dos mentes: el Ego o Animus con su orientación crítica y egocéntrica (aspecto de servicio a sí mismo: STS o SAS) y el Anima que carece de discriminación alguna (aspecto de servicio a todos: STA o SAT), con el objetivo de lograr una integración de ambos hemisferios, es decir, lograr el Balance (también conocido como STO o SAD). Esta conclusión sobre la integración de dos aspectos contrapuestos que subyacen en la extraña naturaleza humana, fue vista en varias disciplinas esotéricas: la vinculación entre la alquimia occidental y el yoga oriental es más que evidente. Georg Feuerstein, erudito indólogo y sanscritista, al respecto del Hatha Yoga concluyó:
La sílaba “ha” en la palabra hatha representa la fuerza solar [masculina: aspecto de servicio a sí mismo] del cuerpo, y la sílaba “tha” representa la fuerza lunar [femenina: aspecto de servicio indiscriminado]. El término “yoga” [reunión e integración] representa su conjunción, que es el estado extático de identidad entre el sujeto y el objeto.
Jesús, investido de las
prendas solares
Pero nuestra visión discrepa, al menos en parte, con la última aseveración de Robert Monroe: entendemos que han habido logros completos de individuos a lo largo de la historia; cierto es que el Sistema de Vida Terrestre posee un refinado control de daños y si alguien escapa de sus muros, rápidamente intenta destruir o distorsionar los permenores del incidente; la imagen de lo infranqueable e imposible no debe dejar de machacarse en la gris mente de los prisioneros.

Ahora bien, cerremos por un momento nuestros ojos a los terribles muros, no malgastemos nuestra esencia ígnea en las impresiones con que desea empaparnos la funesta visión del laberinto, sus errantes prisioneros y los nefastos custodios. Puesto que la nutrición del embrión áureo, conforme a la simbología alquímica que lo representa como el Ave Fénix o el pelícano ígneo, resulta de la derivación de la energía orgónica de su biológico patrón terrestre hacia una sublimación solar, resulta esclarecedor el pasaje que Fulcanelli nos brinda en una nota aparte de Las Moradas Filosofales (cap. El maravilloso grimorio del castillo Dampierre):
El pitpit de los prados (Anthus pratensis) es un pajarillo parecido a la alondra. Hace su nido en la hierba. Los griegos lo llamaban Ανδος, pero esta palabra tiene otro significado de carácter netamente esotérico. Ανδος designa asimismo la flor y la parte más perfecta y distinguida de una cosa. También es la eflorescencia, la espuma de las soluciones cuyas partes ligeras ascienden y van a cristalizar a la superficie. Ello basta para dar una idea clara del nacimiento del pajarillo cuyo único huevo debe engendrar a nuestro Fénix.
Para el ojo entrenado, la semántica esotérica de Ανδος no tardará en ser conectada con los conocimientos vertidos en el libro de sabiduría taoísta El secreto de la Flor de Oro que Richard Wilhelm intentó plasmar como la guía práctica hacia la integración de la personalidad; ahora bien, la necesidad de integración nos lleva a plantearnos si existirán componentes que se encuentran fracturados en nuestra psique. ¿Es que acaso la mente humana se encuentra fragmentada? La conclusión, o más bien, el punto de partida de las disciplinas sufistas, encaramadas en las enseñanzas del Cuarto Camino, nos alientan en este sentido: los egos o agregados psicológicos son fragmentos distorsionados y hasta pervertidos que navegan en las peligrosas aguas de la psique traumatizada, cada uno pugnando por prevalecer en la toma de decisiones y haciendo uso indiscriminado y carente de economía del orgón o libido sexual.

Bien sabemos que esta libido, de dejarse operar por los antagonistas deseos de la carne, no tardará en verterse en fluídos lujuriosos, como nos advierte Cyrano Bergerac en El otro mundo: los Estados de la Luna, “estas llamas incombustibles —dice, haciendo hablar a su daemon— nos servirán mejor que vuestros enjambres de gusanos.” El pensamiento que indaga nos hace denostar la arrogancia del género humano con la frase genial de Gurdjieff: “somos alimento para la Luna.” De acuerdo a lo programado en nuestro manipulado ADN, el orgón que mantiene nuestra vida orgánica, sin la mediación del trabajo interno en la rueda del pozo, no demora en decantar en la putrefacción, que culmina alimentando a los ingenieros antropecuarios; desde su nefasta visión, tan sólo para ello fuimos creados.