El folklore, los aliens y las religiones teocráticas

Cada ser humano posee un sentimiento íntimo sobre la realidad en la que vive. Las religiones, o más bien, el enfoque que éstas pueden ofrecer, son el reflejo de tal sentimiento. Si nos situamos en la cultura oriental, el Shintoísmo al igual que nuestro Cristianismo pretende vivir en armonía con los espíritus; en cambio, en el Taoísmo y en ciertas ramas del Budismo, se establece una postura más radical como la ofrecida por el Gnosticismo y el Maniqueísmo.

El punto en cuestión parece ser siempre si el tributo que ha de pagarle el ser humano a los dioses puede ser negociado en cómodas cuotas —con veneración y sometimiento, por medio de sacrificios simbólicos o materiales,— antes que sea aplicada una forzosa retención unilateral del impuesto emocional que se manifiesta, casi siempre, como un abrupto cambio de suerte a través de un desgraciado incidente sentimental, económico o corporal.

Los servicios religiosos de las distintas corrientes cristianas consisten en programar ceremonias grupales, en particular los días Domingo, en los que se pretende la comunión con entidades benignas, protectoras y redentoras de la humanidad, representadas en el catolicismo como vírgenes, santos y mártires; en particular, hallamos el sacramento de la eucaristía donde se consagra pan y vino, un ritual que se arrastra desde los primeros versículos bíblicos cuando un extraño personaje aparece, sin pasado ni linaje, para iniciar al que será conocido como el patriarca Abraham (en hebreo: אַבְרָהָם) dando origen, o tan sólo nueva apariencia, a las religiones teocráticas (Genésis 14:18): “Y Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, le llevó pan y vino a Abram.” No debiera desestimarse que estas dos particulares ofrendas sean las mismas que más tarde se le atribuyen neotestamentariamente a Jesús durante la supuesta última cena.(1) Y subrayamos la idea subyacente del “tributo” simbolizados en la comunión a través de los alimentos como algo llamativo y quizá preocupante; del libro Extraterrestrials Among Us, un esclarecido George C. Andrews nos comenta:
La proyección de energía psíquica que periódicamente emanamos en forma de devoción religiosa puede ser como la miel que fortalece y sostiene a las deidades a la que se dirige la ceremonia. En esta etapa de nuestro desarrollo, la adoración ciega ya no es lo que se busca, sino la comprensión consciente de nuestra relación simbiótica con las entidades multidimensionales que plantaron a nuestros antepasados ​​en este planeta.
La corriente Shinto japonesa promulga la veneración de los espíritus de la naturaleza: los kami (en japonés: 神), entidades a las que se les ofrece tributo, veneración y ceremonias para que logren apartar y proteger de la frecuente ira de los demoníacos tengu y yōkai (respectivamente: 天狗 y 妖怪) seres antropófagos que acostumbran a poseer personas, en especial jóvenes y niñas, para comunicarse a través de ellas. Curiosamente, en occidente, las apariciones marianas también surgen alrededor de Contactados preadolescentes —por ejemplo, los fenómenos ufológicos confundidos como apariciones de la Beata Virgo Maria de Fátima y Lourdes— refuerzan la idea que el fenómeno extraterrestre tiene particular predilección por vírgenes, sospechamos, para acelerar o desencadenar su Síndrome Kundalini con el fin de nutrirse con su energía vital e incluso manifestarse a través de ellas. Las palabras de John Keel pueden leerse con cierto desasosiego pues se agitan con la severidad de la certeza:
Como la mayoría de los investigadores OVNI, he leído las Sagradas Escrituras cuidadosamente varias veces. En vista de lo que ahora sabemos, o sospechamos, sobre la ufología, muchos de los relatos bíblicos de cosas en el cielo adquieren un nuevo significado e incluso corroboran algunos de los fenómenos que suceden hoy en día. Se les dio una interpretación religiosa en aquellos tiempos antiguos cuando todos los fenómenos naturales y todas las catástrofes se culparon a un Ser Superior.
Tengu de Kawanabe
Kyosai, obra del s. XIX;
notar las semejanzas con los
farfadets del folklore francés
En las historias del folklore japonés, los híbridos han'yō usualmente nacen de relaciones amorosas entre los humanos y los yōkai. Este extraño vínculo también se observa en el Islam —palabra cuya semántica es sumisión o posternación— con los sombríos genios del Koran: la Sharia o Ley Musulmana dedica una parte a regir la herencia de descendientes producto de relaciones maritales entre humanos y djinns (en árabe: جن), pues se da a entender que los híbridos no pueden habitar por mucho tiempo nuestra densidad física; en Daemonolatreiae (Demonolatry) de Nicholas Remy leemos:
Una de las cuestiones que resultan más penosas de entender es el bronco silbido que estos niños emiten en lugar de llorar, su andar atolondrado y su manera de buscar en lugares ocultos... Debemos confesar que los demonios intervienen activamente y se introducen en las madres o en sus hijos no natos dotándoles de poderes que son completamente sobrenaturales.
Otro interesante sincronismo lo hallamos de la mano del folklorista Lafcadio Hearn quien en su obra Glimpses of Unfamiliar Japan comenta que “las historias de posesión indican que hablaban y escribían en idiomas que ellos no conocían antes de ser poseídos.” Nos resulta entonces llamativo que entre los cristianos aun se valore el misterio de hablar en lenguas ignorando los riesgos de posesión espiritual que corren los extasiados glosolaliastas. Como corolario, invitamos a la siguiente reflexión del esclarecedor artículo de Bronte Baxter sobre la Unificación de la Nueva Era donde menciona:
La Guerra de los Principados de la Luz y la Oscuridad no son otra cosa que una estratagema del policía bueno y del policía malo, pero llevando el juego a niveles celestes. Muy semejante a la eterna guerra irreal entre los demócratas y los republicanos: una cortina de humo diseñada para velar donde efectivamente la acción real ocurre. Tanto Lucifer como Jehová están del mismo lado: buscando el control de la humanidad; los “dioses” y “demonios” de la India se encuentran en idéntico bando. Mientras que la humanidad ofrezca su loosh [energía vital] a los mundos [hiper]dimensionales, ya sea través de la adoración o el sufrimiento, en la Cuarta Densidad están todos contentos.
Deteniendo el tour de force religioso e intentando centrar nuestro marco de estudio en la ufología no es difícil deducir que el sistema de control, por medio de una aplicación metódica, sistemática y prolongada ha fermentado desde los mitos folklóricos un producto más elaborado y refinado: el devocionalismo ceremonial. Douglass Price-Williams, profesor del departamento de psiquiatría de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) —uno de los ocultos miembros del Colegio Invisible que encabezaba el ufólogo francés Jacques Vallée, a quien había compartido de su detallado análisis de mitos— concluyó en que la base de datos sobre avistamientos y encuentros cercanos con OVNIS mostraba una “estructura de «onda» como un patrón de aprendizaje no cíclico [que] parecía un programa de refuerzo [y] que podría llevar a la retención de imágenes y a cambios irreversibles en el marco mitopoéico de la humanidad.” Pero fue a partir del estudio de las teorías del compositor y ufólogo francés Paul Misraki y la monumental obra del antropólogo Evans-Wentz: The Fairy-Faith in Celtic Countries que el doctor Vallée concibió un corolario de inquietudes que desenmascara el origen alienígena de las religiones organizadas: (2)
¿Cuál puede ser el propósito para tan elaborado engaño a escala mundial? ¿Quién puede darse el lujo de inventar un esquema tan complejo, para tan aparentemente pequeño resultado? ¿La imaginación humana es capaz por sí sola de producir estos trucos? ¿O deberíamos establecer una hipótesis que una raza avanzada en algún sitio del universo o quizá en algún momento del futuro ha estado elaborando representaciones teatrales tridimensionales por los últimos dos mil años, en un esfuerzo de guiar a nuestra civilización? ¡Si así fuera, seguramente no se merece nuestro agradecimiento!
Muchos de los cuestionamientos del doctor Vallée encuentran respuesta si consideramos a los fenómenos anómalos aéreos como parte de un proceso de programación planetaria para la obtención de algo, en un principio digamos de “manera voluntaria,” que se requiere del animal social que es el Hombre. El adoctrinamiento, además de la teatral representación que las presuntas naves extraterrestres pueden orquestar para sus renuentes espectadores, tiene aristas adicionales entre los Contactados, ya sean médiums con un moderado séquito de acólitos,(3) representantes de flamantes nuevas religiones, o casos puntuales de alta extrañeza, a veces denominados Contactismo Silencioso,(4) requisito ineludible para impartir correctivos hiperdimensionales ante una posible insurrección gnóstica de algún peregrino que comience a abrir los ojos. El investigador Thomas Minderle expone en su libro Transcending the Matrix Control System:
Debido a que las fuerzas hostiles hiperdimensionales tienen un interés personal en mantener la ignorancia sobre la existencia del Sistema de Control, pueden tomar medidas extraordinarias para suprimir cualquier factor de inestabilidad que podría develar su naturaleza detrimental y su capacidad de manipulación, afectando así su fuente alimenticia: el suministro de energía emocional o Loosh. Cualquier persona que inicie el proceso del despertar, recuperando su poder personal e incrementando su libertad individual, es seleccionada de manera inmediata como blanco para ataques encubiertos. El objetivo buscado es someterla nuevamente a la ignorancia, dejarla expuesta e indefensa, o eventualmente, contribuir a su autodestrucción.

Cuando se produce un impulso hacia la libertad personal, una fuerza igual y opuesta se pone en movimiento, que atrae hacia el individuo diversos sincronismos negativos para desencadenar ataques puntuales y descompensar así su impulso hacia la libertad. Estos incluyen situaciones que tienen por objeto inducir miedo, distracción, sufrimiento, duda, depresión, indulgencia hacia bajos impulsos, y comportamiento auto­destructivo.
El sociólogo francés Bertrand Méheust,(5) subrayó la teatralidad de estas experiencias de contactismo: las abducciones están presentes en el remanente arcaico colectivo y se articulan como dramáticos eventos ofrecidos a una reducida y particular audiencia —como los sucesos relatados por el granjero brasileño Antônio Vilas-Boas o por el matrimonio estadounidense Betty y Barney Hill— pero difíciles de ser explicados o transmitidos al resto de la humanidad, como fue el caso de Moisés al bajar del monte Sinaí. Al diseccionar estos acontecimientos, cuya primera apariencia sugiere la representación de naves futuristas y tecnológicamente superiores, se observa que decantan en elementos que nos remontan a una imaginería más antigua: hacia temas del folklore medieval o aun, hacia crónicas bíblicas y narraciones legendarias. No es casual que los encuentros cercanos se produzcan casi siempre al costado de un camino poco transitado pues precisamente era allí donde los demonios precristianos, los farfadets,(6) diablos sin rostro y siniestros encapuchados emboscaban a los desventurados viajeros. Y es no menos llamativo que todas las supuestas abducciones extraterrestres siempre posean un trasfondo sexual; el joven desaparecido ufólogo Mac Tonnies desencadenaba esta interesante cuestión en su libro póstumo The Cryptoterrestrials (cap. The Abduction Epidemic):
Un motivo central en los informes sobre abducciones, como también en los relatos folklóricos de secuestros por seres no humanos, es el objetivo de producir un vástago “híbrido,” un niño humanoide con la posibilidad de actuar como puente entre la sociedad humana y la exógena. [...]

El “programa de hibridación” recopilado de estos casos implica algo alarmante: su avanzado conocimiento en genética. Si ellos fuesen un aspecto desconocido de nosotros mismos, su habilidad en la genética no tendría que adelantarse a la nuestra propia. Y lo que se vislumbra más enervante es que seamos genéticamente compatibles. [...]

Bajo la hipótesis criptoterrestre, el “programa de hibridación” bien podría consistir en desarrollar híbridos “réplicas,” adaptados a tareas orientadas a la supervivencia, como ser infiltrarse en la sociedad humana. Y esto plantea una más interesante inquietud: si los típicos encuentros cercanos involucran criptoterrestres parecidos a los humanos, como los Grises, ¿quién puede decir que no habría una galería de villanos progresivamente más extraños al acecho detrás del telón?
Marshall Vian Summers denomina a parte de este vasto plan de adoctrinamiento global como el programa de pacificación; a nuestro criterio este plan incluyó además la incorporación de paradigmas mentales como el principio de escasez que se introdujo junto al monoteísmo. En el libro The Curse of Cain: the violent legacy of monotheism (La Maldición de Caín: el legado violento del monoteísmo), Regina M. Schwartz prologa:
¿Pero por qué la violencia? ¿Por qué el clamar por una identidad colectiva es tan importante como para generar violencia? He hallado una respuesta a esta pregunta en el principio de escasez que infecta a todo el pensamiento sobre pertenencia. Cuando algo es escaso se debe competir por ello: por la tierra, por la prosperidad, por el poder, por el favoritismo, incluso por la propia identidad. En muchas narraciones bíblicas, el único Dios no es imaginado como un dador infinito, más bien como extrañamente miserable. No todos reciben la bendición divina; muchos son maldecidos —con escasez, miseria, enfermedad, agonía y muerte— como si hubiese un bloqueo cósmico a la prosperidad. Y es aquí, en el principio trágico de la escasez, que encuentro problemático aquello que el legado del Antiguo Testamento le ofreció a nuestra cultura. Aunque me he sentido alentada al encontrar algunos destellos de abundancia en el monoteísmo —como cuando cae maná del cielo para alimentar a todos— esos momentos no han proporcionado el mismo empuje a nuestra política, a nuestra cultura o a nuestra imaginación como sí lo ha hecho el principio de la escasez. La escasez fue codificada en la Biblia junto al principio de Unicidad (una tierra, un pueblo, una nación) y en el pensamiento monoteísta (una Deidad), se convierte así en una demanda de lealtad exclusiva que amenaza con la violencia de la exclusión. Cuando ese pensamiento es trasladado a las formaciones seculares de personas, “una nación bajo un único Dios,” se vuelve menos reconfortante que amenazante.
El amable lector llegado a este punto pretenderá sin duda que elaboremos alguna conclusión... ¿la habrá? Nos permitimos concluir citando a Michael Topper, autor de varios artículos de la colección de libros Matrix, para que cada individuo realice su necesaria e imprescindible labor personal:
En las densidades superiores, “Consciencia” es el nombre del juego. Esto sencillamente quiere decir que en los niveles superiores de existencia, sean de orientación positiva o negativa, todos comprenden que el negocio de todo ser y la existencia de todo lugar está en función de la Consciencia... estando más y más “alerta.” Estar despierto se relaciona con la “densidad de consciencia,” por así decir.

Las entidades negativas consiguen mayor nivel de consciencia al “ganar peso” por medio de la asimilación de otras unidades conscientes. [...] Las entidades positivas piensan de otra forma: al integrar dentro de su conocimiento a los demás seres —el hecho de reconocer la consciencia de otro ser— éstos formarán entonces parte de la propia consciencia; luego, reconocer la Pluralidad de la Creación es crecer en Consciencia. [...] Los seres negativos desarrollan un juego de dominación, subyugación y absorción de otras consciencias en un solitario “Uno.” Pero ellos comprenden que la absorción completa sólo es posible a través del convencimiento de las otras consciencias: que otros deben elegir el camino del “engrandecimiento del ego.” Una “comida” reacia no es nutritiva, y se transforma en veneno para la consciencia que trata de asimilarla. [...]

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El paradigma del Loosh y las potestades teocráticas

Entender a la humanidad como un mero experimento de una raza de consciencia superior es, para ponerlo en una única palabra, incómodo. Defenestra nuestra concepción antropocéntrica de la realidad, quitándonos la corona soberana que nos ciñeron en los primeros versículos del Génesis; es más, nos rebaja a la misma altura con la que consideramos a los animales y vegetales de los que nos alimentamos o con los que experimentamos.

Pensar en la existencia de entidades que gocen de mayor libertad de la que poseemos y que ésta sea usada en pos de nutrirse o investigar con nosotros resulta inquietante; es indiscutiblemente más sencillo creer en un relato como el de las Sagradas Escrituras... allí se nos trata mejor, se nos coloca en el lugar adecuado para nuestra paz de espíritu: ¡somos los soberanos de la creación! Baste inclinar la cabeza, cumplir con algunas leyes, no trabajar en día sábado y ante cualquier inconveniente, ofrecer algún sacrificio de sangre. En un contexto que quizá resulte menos histriónico, Mangasar Mangasarian, autor de How the Bible was invented (Cómo fue elucubrada la Biblia), tiene algo interesante que aclararnos:
La Biblia es un libro extraordinario; cualquier libro que declare completa infalibilidad, que aspire a la absoluta autoridad sobre mente y cuerpo, que exija rendición incondicional a todas sus pretensiones so pena de eterna condenación, necesariamente es un libro extraordinario, y uno que, por tanto, debe ser sometido a evaluaciones extraordinarias. Pero no lo es. Ni los sacerdotes cristianos, ni los rabinos judíos aprueban el someter la Biblia a las mismas evaluaciones a las que deben someterse otros libros. ¿Pero por qué? ¿Tal vez esto podría ayudar a la Biblia? Esa no puede ser la razón. ¿Por qué podría dañarla? No se nos ocurre ninguna otra explicación. La verdad es que la Biblia es una colección de escritos de autoría desconocida y fecha incierta, traducidos a partir de dudosas copias de supuestos originales desafortunadamente perdidos.
Sin embargo, existe hoy alguna certidumbre académica sobre el material que pudo haber dado origen al Pentateuco: desde la publicación de la obra Epic of Gilgamesh del asiriólogo George Smith, quien a fines del siglo XIX la tradujo a partir de las tablillas cuneiformes que relatan el Diluvio Universal, en donde se identifica con suma sencillez al Utnapishtim acadio con el Noé bíblico; el aretalogista David Cangá Corozo en su libro La Conspiración del Ángel Gabriel conecta este relato con otros poemas mesopotámicos:
En el Enuma Elish se relatan sucesos cósmicos ocurridos durante la creación del sistema solar, en el Atrahasis se nos relata los sucesos ocurridos desde las actividades de los anunnaki en este planeta antes y durante la creación del hombre, hasta el diluvio, y en la Lista Real Sumeria, se nos dan detalles de las primeras civilizaciones de humanos. Combinando los relatos de estos tres poemas épicos mesopotámicos, se puede armar una historia paralela a la historia de la creación del Génesis bíblico, de hecho, George Smith publicó en el año 1876, su hoy famoso libro “The Chaldean Genesis” (El Génesis Caldeo), en donde sugiere que, por las varias similitudes, el poema épico Enuma Elish, y el Génesis hebreo, se refieran a la misma historia de la creación. Según estas tablillas, hace miles años, de alguna parte —especulamos que del cosmos, o de alguna otra dimensión— llegaron unos seres a la Tierra, con la intención de extraer minerales. A estos seres se les denomina los anunnaki, que significa “aquellos que del cielo a la tierra bajaron.” Los anunnaki estaban regidos por un sistema jerárquico basado en el linaje, en donde el líder de todos era An (Anu), el cual tenía dos hijos: Enlil y Enki, los cuales eran los líderes de la misión planeta Tierra.
El relato del Atrahasis puede resultar más que interesante, sobre todo, si se logra conectar su contenido legendario con la óptica ufológica; de hecho, es un relato que podría considerarse gnóstico e incluso, ponderando su exquisita veta literaria, de un notable trasfondo lovecraftiano: unos seres llegan a la Tierra a realizar ciertos trabajos de “extracción de materiales.” Los había de diferentes categorías: los dioses líderes, entre los que hallamos a Anu, Enlil y Enki, y sus subordinados trabajadores, denominados genéricamente como las deidades Igigi.(1) Después de un tiempo, ocurre una revuelta y estos últimos se quejan de las condiciones extenuantes y rehusan continuar con sus labores; luego que las negociaciones con los Igigi fueran agotadas, Enki resuelve el problema diseñando un obrero especializado, haciendo uso del cuerpo de un Igigi sacrificado desde donde se extraen genes anunnaki, y de Belet-ili, la “diosa matriz,” para que finalmente: “un dios y un hombre se mezclan conjuntamente en arcilla.” Resulta llamativo hallar un punto de contacto con la obra del antropólogo Carlos Castaneda, El Lado Activo del Infinito, cuando Don Juan le dice que, “los depredadores nos dieron su mente, que se convirtió en nuestra mente.” Si leemos el primer volumen de Textos Gnósticos: Biblioteca de Nag Hammadi (cap. Sobre el Origen del Mundo) también nos topamos con algo semejante:
Cuando (los arcontes) hubieron terminado a Adán, (el príncipe) lo colocó en una vasija, pues había tomado la forma de un aborto carente de espíritu. A causa de esto, cuando el gran arconte se acordó de la palabra de Pistis, temió que el hombre verdadero penetrara en su criatura y se constituyera en señor (del arconte) [...]

Llegados cabe Adán, cuando vieron que Eva hablaba con él, se dijeron [entre los Arcontes]: «¿Qué es esta cosa luminosa? Pues se parece a la semejanza que se nos manifestó en la luz. Ea, capturémosla y vertamos nuestra simiente en ella, a fin de que quede mancillada y ya no pueda regresar a su luz. Además, los que nazcan de ella quedarán bajo nuestra obediencia.»
De lograr ver este relato desde una perspectiva ufológica o hiperdimensional podríamos proponer una concepción más amplia: unas entidades extraterrestres arriban a un planeta para explotar sus recursos; estos seres, organizados bajo una férrea jerarquía, envían a sus operarios subordinados a efectuar una labor engorrosa y fatigosa: mientras los dioses superiores permanecen en el plano celestial (en Cuarta Densidad) la labor de los Igigi, en cambio, acontece en la realidad física (en Tercera Densidad). ¿Qué labor es la que extenúa a las deidades Igigi? El Atrahasis nos informa que: “Los dioses tuvieron que cavar canales. Tenían que limpiar los canales, las líneas de vida de la tierra. Los dioses excavaron el río Tigris y luego excavaron el Éufrates.” ¿Es que acaso estuvieran terraformando? La referencia a las líneas de vida de la tierra nos puede conectar rápidamente con las Líneas Ley: las famosas alineaciones energéticas que los druidas denominaban Nwyvre (dragón terrestre) donde encontramos emplazados los antiguos monumentos, las construcciones megalíticas junto a los lugares sagrados. (2)

Robert Monroe, en su libro Far Journeys, hace mención a un planteo semejante: los Sembradores, unas entidades de un nivel de realidad superior, en su afán de obtener un “bien escaso” que se encontraría dentro de las moléculas orgánicas diseminadas a lo largo de la galaxia, realizaron una serie de experimentos biológicos, comenzando por los Cultivos Primero y Segundo, es decir, los Estacionarios o vegetales y los Móviles o animales; este “bien escaso,” denominado Loosh,(3) podía ser recolectado fácilmente en una situación de conflicto, en especial, durante el deceso de un organismo viviente:
Así como el Segundo Cultivo se volvió escaso, los requerimientos energéticos para las unidades Móviles se volvieron una seria restricción en el Jardín de las Deidades. Era frecuente que dos unidades Móviles se vieran en la necesidad de ingerir el único remanente del Segundo Cultivo; y esto creaba conflicto que devino en luchas entre las hambrientas unidades Móviles. Los Sembradores observaron estas luchas, en un principio perplejos con el problema, pero luego con gran interés: ya que a través del conflicto, las unidades Móviles comenzaron a generar grandes cantidades de Loosh, de una altísima puerza.

Fue entonces cuando los Sembradores pusieron una nueva teoría en práctica: alteraron a los Móviles de manera que fuesen más pequeños, pero a su vez que necesitaran alimentarse de otros Móviles o de otra forma perecerían. Esto resolvía el problema de la sobrepoblación de Móviles, pero a su vez se generarían grandes cantidades de Loosh fruto del conflicto y muerte en pos de la supervivencia.
En este paradigma, el conflicto en la vida orgánica de la Tierra —el Jardín de las Deidades, que nuestro John Keel bautizó convenientemente como Disneyland of the Gods,— genera un manantial de energía vital, surgida a partir de la lucha por la supervivencia; estos Sembradores o granjeros cósmicos, equiparon a los animales con colmillos, garras, celeridad y destreza con el fin de prolongar el combate víctima-depredador y así incrementar la recolección de Loosh. Pero finalmente dieron con un prototipo novedoso que les había llevado gran esfuerzo en diseñar y un considerable tiempo en perfeccionar: el Cuarto Cultivo, el ser humano, aquel modelo experimental que superaba a todos los demás Cultivos anteriores:
El Cuarto Cultivo excedió las expectativas de los Sembradores. Resultó en una producción consistente y utilizable de loosh que fue obtenido desde el Jardín. El balance de “vida” operaba de manera perfecta, con el Factor de Conflicto produciendo inmensas cantidades de loosh manando de manera permanente a través de las constantes muertes y destrucciones de todo tipo de organismos: Móviles, Estacionarios y el nuevo Cuarto Cultivo.

Para manejar la recolección, los Sembradores crearon unos recolectores especializados para ayudar durante la cosecha. Crearon entonces canales para recolectar el loosh en bruto desde el Jardín hacia su Residencia. Desde entonces, nunca más se necesitó depender del loosh en estado salvaje. El Jardín [el Plano Físico] fue una fuente inagotable para los Sembradores.

Para optimizar la recolección, los Recolectores generaban turbulencia y caos en la envoltura gaseosa y en el núcleo que forma la base del Jardín. Estas hecatombes tienen el efecto de culminar con la vida de multitudes de sembradíos, dado que son aplastados por los movimientos telúricos, el fuego emanado de los terremotos o el agua que ha sido agitada.
Hallamos entonces una interesante explicación al origen y caída de las civilizaciones humanas, lejos de cualquier cosmovisión antropocéntrica y en línea con el pensamiento gnóstico del cristianismo primitivo. Asimismo, se comprende que el trabajo que despreciaron hacer los Recolectores —los anunnaki: las deidades Igigi del poema Atrahasis— era estar, de alguna manera, “encarnadas” en el plano físico de Tercera Densidad para procesar la materia prima en componentes más elaborados de Loosh: resulta más conveniente diseñar autómatas Estacionarios que conviertan la energía solar en azúcares y luego que otros robots con mayor movilidad, a través de su necesaria subsistencia, cosechen los polisacáridos y sean a su vez alimento de otros autómatas más sofisticados que se nutran de sus reservas grasas y proteicas: con cada herida, fagocitación o muerte, se libera energía sutil aprovechable para los Sembradores —los dioses líderes de la jerarquía extraterrestre— en Cuarta Densidad. Bajo este marco, es fácil comprender las insaciables necesidades de Yahweh y sus tenaces reclamos de sacrificios de sangre; de hecho, también se explican los conflictos, batallas y guerras a los que sometió a su pueblo elegido e ilustran el adecuado mote de El Señor de los Ejércitos.

Prometeo, del pintor barroco
Theodoor Rombouts
(siglo XVII)
Pero al arribar a la explicación del Cuarto Cultivo es natural deducir que el Loosh de alta pureza es, en definitiva, aquello que los psicólogos identificaron como la libido, la pulsión sexual freudiana que más tarde el doctor Carl Gustav Jung señaló como la fuerza o energía psíquica, el pulso vital de la subsistencia, y que, por supuesto, el psicoanalista Wilhelm Reich razonó como la energía orgónica: el qi (chi) de los orientales; en definitiva, el Cuarto Cultivo es el eslabón final en la cadena trófica que completa la “extracción de materiales,” desde los rudimentarios azúcares y almidones de los Estacionarios, las proteínas y grasas de los Móviles hasta la fórmula del Loosh destilado de la humanidad: las energías sutiles que surgen del orgasmo, el sufrimiento, la ansiedad y la melancolía; es más, determinados humanos, abyectos a los ojos del sistema de control alienígena, pueden ser endilgados con ultores o implantes, que operen como disciplinantes cilicios psíquicos. Nuestros bienamados hermanos en la Búsqueda de la Verdad quizá intenten conectar esta hebra de conocimiento con el acopio y preservación de los hidrógenos sutiles en los centros instintivo y emocional como llave de la ergástula. Monroe, más tarde concluiría en que:
El concepto de Loosh explicó todo claramente. Y lo más importante: declaró el propósito, la razón de todo, el por qué de la existencia física. Este factor se me había escapado durante mucho tiempo. La respuesta del Loosh era simple y evidente. La razón estaba allí, de una manera muy prosaica. Se nos ha facilitado lo que entendemos como civilización pues producimos de hecho algo de valor: Loosh. Si finalmente uno era capaz de superar las barreras emocionales asociadas, era fácil, casi obsceno, entender la razón de nuestra existencia en la Tierra. Una explicación completa sobre la conducta humana y sobre la historia de nuestra civilización.

Loosh es una energía generada por toda la vida orgánica en diversos grados de pureza, la más destilada y potente proviene de los seres humanos —engendrada por la actividad humana que provoca la emoción, la más alta de dichas emociones— el instinto de reproducción y supervivencia.
Al igual que las antiguas enseñanzas gnósticas de las escuelas cópticas tempranas, la moderna New Age observó algo similar al paradigma que presentó Robert Monroe. En su material canalizado, Barbara Marciniak facilitó una explicación sorprendentemente análoga, datando el comienzo de la manipulación genética hace aproximadamente 300.000 años —una fecha cercana a la brindada en las Sesiones Cassiopaea: 309.000 años— que, si se la divide por la medida de un año platónico (25.776 años), se obtiene un guarismo cercano a 12 que representaría, para nuestro momento presente, el fin de una era o ciclo mayor:
La conciencia se comunica continuamente. La conciencia vibra, o puede ser llevada a vibrar, con ciertas frecuencias electromagnéticas. Las energías de conciencia electromagnéticas pueden ser influenciadas para que vibren de cierta manera con el fin de crear una fuente de alimento. Así como podemos preparar y comer las manzanas de muchas maneras, la conciencia también puede ser preparada e ingerida de muchas formas. Algunas entidades, en el proceso de su propia evolución, empezaron a descubrir que, mientras creaban vida y dotaban de consciencia a las cosas mediante la modulación de frecuencias de las formas de consciencia, podían alimentarse; podían mantenerse en control. Empezaron a darse cuenta que era así como el Creador Principal se nutría, el Creador Principal encarga a otros la tarea de crear una frecuencia de consciencia electromagnética que le sirve de alimento. Los nuevos propietarios del planeta tenían un apetito diferente y otras preferencias que los antiguos propietarios. Se nutrían a través del caos y del miedo: esto los alimentaba, los estimulaba y los mantenía en el poder. Estos nuevos propietarios que llegaron hace 300.000 años, son los magníficos seres que se manifiestan en los relatos bíblicos, en las tablas babilónicas y sumerias y en los textos de todo el mundo. Vinieron a la Tierra y volvieron a ordenar a la nativa especie humana. Volvieron a ordenar vuestro ADN con el fin de que el hombre transmita dentro de una cierta banda de frecuencia limitada, cuya frecuencia los pudiera alimentar y mantener en el poder.
La colegiatura rosacruz ya había descubierto este asunto siglos atrás pero lo mantuvo en secreto, sólo revelándolo a sus adeptos más avanzados, seguramente debido al shock ontológico que podía producir en una mente no preparada. Antes de sumergirnos en el análisis de sus conocimientos, quisiéramos parapetarnos previamente en los trabajos de Kyle Griffith, los cuales hemos comentado previamente y vaya nuestra advertencia no porque los consideremos a pies juntillas, sino porque una atenta lectura permitirá observar que las dos facciones que se aprecian en su obra, War in Heaven (Guerra en el Cielo), tienen parecidas tácticas hiperdimensionales, esgrimiendo una espuria consideración por el libre albedrío de los humanos. Si el ojo entrenado puede conectar al Colegio Invisible con las sectas del iluminismo europeo (herméticas, masónicas, rosacruces y demás peculados energéticos), gran parte de nuestra tarea profiláctica podrá entenderse como cumplida. (4)

Bajo la égida de los excelentes trabajos de la acádemica inglesa Frances Yates, el movimiento rosacruz nace durante los siglos XV y XVI en el seno de la religión católica de mano de dos tonsurados renacentistas: Marsilio Ficino y Giordano Bruno; ambos cultivaron sus estudios a la sombra del venerable Corpus Hermeticum, obra del supuesto sacerdote egipcio Hermes Trismegisto —aunque ninguno de los dos se percató que había sido fraguado por monjes cristianos,— con la adición de tratados sobre Kabbalah y Alquimia medieval.(5) Dejando los detalles históricos para otra ocasión, el paradigma rosacruz —a diferencia del masónico que se somete al Gran Arquitecto o Demiurgo— expone a los Decanos, los demonios caldeos o los Señores del Zodíaco, que rigen con frialdad el plano físico a los que se debe apaciguar con frecuentes sacrificios; hoy en día, las órdenes herméticas los denominan Arcontes del Destino, es decir, aquellos que detentan el poder. En definitiva, los Arcontes hacen uso y abuso del ser humano, como un esclavo orgánico diseñado para recolectar y cosechar a través de su experiencia terrena un producto energético útil a nivel cósmico llamado askokin, de similares propiedades al loosh. El desaparecido maestre de la orden rosacruz chilena y director del Instituto Filosófico Hermético, John Baines (Dario Salas Sommer), comentaba:
Si fuéramos dioses perversos o expoliadores inmorales, no podríamos idear nada mejor para hacer trabajar tranquilos a un grupo de esclavos que hacerles creer por medio de hipnosis colectiva que son felices e importantes. Contaríamos con perfectos autómatas de protoplasma que laborarían incansablemente produciendo aquello que a nosotros nos interesara. Por añadidura, estos robots se fabricarían y mantendrían a sí mismos.
Para culminar esta entrega y volver a encausar nuestro análisis bíblico en relación a la teocracia mosaica, en su libro El Hombre Estelar, Baines se refiere a la fallida labor de Moisés durante la liberación de los judíos de su esclavitud en Egipto, puesto que su accionar, haciendo un ritual de invocación mediante el uso de las sagradas artes egipcias, atrajo a una entidad demoníaca a la que, curiosamente, sólo menciona con una Y.:
Todos conocen la aparición de Moisés flotando en una cesta en el río, y su posterior adopción, circunstancia que indujo a engaño a los sacerdotes egipcios de aquella época, quienes tomándolo por egipcio llegaron a iniciarlo en los misterios de la magia ritual, que es un método para hacer vibrar notas claves de la naturaleza y producir así ciertos fenómenos que el operador desea lograr. El estudio de la física atómica nos muestra en teoría que es posible producir cambios o transmutaciones en la materia, por lo que no tiene nada de milagroso que estas mutaciones se lleven a cabo por procedimientos secretos. A pesar de su identificación esotérica con la magia egipcia, Moisés siempre permaneció fiel a la sangre de sus ancestros, por lo cual su más fuerte deseo era el de constituirse en el líder que liberara a su pueblo de la esclavitud, conduciéndolo a la tierra prometida. Guiado por este deseo, Moisés, consciente de las poderosas fuerzas que había aprendido a manejar, concibió una audaz idea: realizar un pacto o alianza mágica con un ángel, criatura divina que se encargaría de darle el poder y la ayuda del cielo para salvar a sus hombres.

Después de una larga preparación llevó a cabo, en la más profunda soledad, la ceremonia ritual con las palabras mágicas e invocaciones correspondientes. En medio de impresionantes fenómenos atmosféricos y telúricos hizo su aparición un ser de impresionante presencia, que hizo temblar de pánico a Moisés por la tremenda fuerza que proyectaba. Jamás sabremos ni nos será posible imaginar las condiciones en las cuales se llevó a cabo el pacto entre el hombre y el cielo. El ángel accedió a todo lo que Moisés le solicitaba y prometió su ayuda, exigiendo en cambio una irrestricta obediencia. Le reveló su nombre que era Y., y le pidió que en señal de unión todos sus seguidores debían experimentar una pequeña operación quirúrgica de tipo ritual, con leve derramamiento de sangre. Todo hombre que pasaba por esto llegaba a ser hijo de Y. La sangre que se derramaba sellaba este pacto.

A partir de este día, Moisés, revestido de un poder sobrehumano comienza a realizar toda clase de actos de magia, convirtiendo en el centro de su poder al “Arca de la Alianza.” Toda clase de plagas y calamidades fueron enviadas sobre Egipto e incrédulos y rebeldes eran fulminados por la ira de Y. De esta manera el pueblo de Moisés iniciaría el éxodo que habría de durar 40 años. Posteriormente, Y., el poder oculto tras el líder, comenzó a cambiar súbitamente su manera de proceder, empezando a formular extrañas exigencias, cuyo común denominador era el derramamiento de sangre. Moisés, sobrecogido, empezó a darse cuenta de la magnitud del error cometido, al comprender que el “ángel divino” era en verdad “ángel de las tinieblas,” polo opuesto al de la potencia luminosa que él había pretendido evocar. Este “ángel infernal” era uno de los integrantes de las huestes de las sombras, vampiro que para mantener su poder y fortaleza necesitaba beber sangre humana, esencia cargada de la vitalidad que otorga la chispa divina. Es por eso que a lo largo del éxodo se producen tantos incidentes de sangre, provocados por el oculto dictador.

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Las religiones teocráticas y el Señor de los Ejércitos

El punto de inicio de un trabajo de metanoia (del griego μετανοῖεν: metanoien, más allá de la mente) consiste en estudiarse de una manera integral y profunda para lograr un reconocimiento cabal de nuestras fortalezas y debilidades, aceptando con humildad que en un principio tan sólo somos una pieza en el ajedrez hiperdimensional jugado por manos y garras expertas que nos manipulan en elaboradas estrategias con el sólo objeto de ordeñarnos energía vital.

Nuestra visión de la redención crística por medio de la concepción, nacimiento y nutrición del embrión áureo —consistente en el despertar y educación de la supraconsciencia para convertirnos en seres autónomos e independientes del sistema de control hiperdimensional,— puede confundir a cualquier aspirante que provenga de las religiones teocráticas y pecaríamos contra su libertad si no aclarásemos nuestra profunda discrepancia con el dogma mosaico: las arteras manipulaciones de una peyorativa voluntad exógena que se aprecian en los textos del Antiguo Testamento y que irremediablmente se arrastraron dentro de muchos pasajes del Nuevo, sólo nos hacen coincidir con las visiones del reciente desaparecido John Baines,(1) el rebelde ex-jesuita Salvador Freixedo y los recientes trabajos del aretalogista David Cangá Corozo sobre la entidad detrimental conocida como el Señor de los Ejércitos: Yahveh/Al-lāh, la artera inteligencia tras los Elohim veterotestamentarios. No olvidemos entonces las palabras del escritor Salman Rushdie: “la única gente que ve el cuadro entero es la que se sale del marco.”

El análisis forense de los sucesos anómalos aéreos junto a su correlato con la mutilación de ganado e integración con los relatos de abducciones que se inició a mediados del siglo pasado y que hoy se conoce como ufología, nos provee de una perspectiva que ninguna otra disciplina social pudo lograr: la refrescante visión de la realidad humana fuera del marco antropocéntrico. Empero no ignoramos que durante las últimas décadas, algunas, sino muchas, de las contribuciones que ha recibido la ufología fueron a través de información canalizada como el Material Ra provisto por el respetado ingeniero Don Elkins, las enseñanzas pleyadianas de Mensajeros del Alba facilitadas por Barbara Marciniak y, sin duda alguna, las Sesiones Cassiopaea a través de Laura Knight-Jadczyk quien, junto a Fredric Grant Irland, sentaron las bases de la serie La Onda. Y si algo podemos subrayar como denominador común de sendos materiales es el delicado papel que juega la humanidad en la economía cósmica.

Sirva entonces de marco reflexivo que nuestra comprensión de los fenómenos de extorsión espiritual, manipulación psicológica y adulteración genética narrados en la Torah, en la Biblia y en el Corán que afectó a los pueblos hebreos, cristianos y musulmanes, se aprecian con mayor claridad cuando se observan partiendo de la visión ufológica de los hechos. Entendemos perfectamente la ansiedad, desdicha y desasosiego que puede padecer un creyente al leernos, pero queremos recordarle que aquí se trata siempre de conocer y la fé se reserva sólo para aquello incognoscible.

Hemos hecho oportunamente nuestro análisis sobre el fenómeno de la canalización como un ingrediente fundamental de la New Age, del que omitimos ofrecer las características positivas que se han logrado obtener, merced de habernos topado con que los mensajes están casi siempre sujetos a una supina manipulación; en una visión muy general de los textos, las sesiones iniciales proveen de un cuadro estructural: un contexto cognitivo que proveerá de infraestructura para el material que se recibirá en las sesiones siguientes, donde se irán acomodando las revelaciones y nuevas explicaciones. Los alarmados creyentes ante esta referencia al Espiritismo deberían reconocer que gran parte del material bíblico proviene de oráculos y profetas: aquellos humanos que lograban “sintonizar” metalmente con el Señor de los Ejércitos y recibir mensajes del siguiente tenor (Reyes I, 22:19-22):
Luego dijo Micaías: −Escucha, pues, la palabra de Yahvé: Yo he visto a Yahvé sentado en su trono; y todo el ejército de los cielos estaba de pie junto a él, a su derecha y a su izquierda. Entonces Yahvé preguntó: “¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?” Y uno respondía de una manera, y otro respondía de otra manera. Entonces salió un espíritu, se puso delante de Yahvé y dijo: “Yo le induciré.” Yahvé le preguntó: “¿De qué manera?” Y él le respondió: “Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas.” Y Yahvé dijo: “Tú lo inducirás, y también prevalecerás. Sal y hazlo así.”
La típica mecánica de manipulación hiperdimensional a lo largo del Pentateuco consiste en que la entidad caótica de jerarquía superior elabore un plan de acción para oprimir al pueblo elegido, en general, de manera velada o a través de un tercero; hecho esto, presenta la solución por medio de un profeta: el médium bajo trance, declara que el alivio vendrá a través de un escogido, es decir, un humano modificado genética y psicológicamente mediante reiterados procesos de abducción —en general, su madre no ha logrado concebir de manera natural: casos como los de Sara, Raquel, y varios otros más— y una vez lograda la liberación exige una serie de sacrificios y holocaustos. En el caso citado, es claro que Yahveh convoca a un operario de menor jerarquía, que se denomina Ángel, Espíritu o Demonio, para llevar a cabo la operación de falsa bandera; la “inducción” o manipulación, en este caso, consiste en intervenir la comunicación que establecen los médiums o profetas con otros dioses: este hackeo etérico proporciona una serie de mensajes fraudulentos que desencadenan la toma de una decisión bélica equivocada.

Bajo la teoría ufológica del Sistema de Control Hiperdimensional, que hace énfasis en advertir sobre la existencia de un elaborado plan de manipulación del género humano a través de una tecnología parafísica instrumentado por entidades exógenas que se hacen pasar por dioses pero que sin embargo exigen una primitiva servidumbre emocional basada en una incondicional posternación y adoración junto a la puntillosa realización de sacrificios y rituales de sangre, se puede apreciar con mayor claridad la programación que ha padecido la humanidad; Cangá Corozo en La Conspiración del Angel Gabriel sostiene:
La manipulación que se llevaba a cabo es evidente. A Enoc se le estaba implantando la idea que, a los que siguen las disposiciones de Dios, les espera un lugar lleno de dicha, y a los que hacen los que desagrada a Dios, les espera un lugar lleno de suplicio, pero es obvio que Enoc estaba dentro de la nave nodriza, y que cada uno de los cielos que vio y describe, eran seguramente algún tipo de proyección holográfica. Enoc fue regresado a su casa para que cuente a sus hijos lo que había visto, y luego fue llevado de regreso al cielo. El segundo libro de Enoc nos cuenta que, después de haber instruido a sus hijos, Enoc fue llevado nuevamente al cielo. Esto fue presenciado por sus hijos, quienes luego de esa abducción...:
Matusalén y sus hermanos, y todos los hijos de Enoc, se dieron prisa y erigieron un altar en el sitio llamado Achuzan, desde dónde Enoc fue tomado hacia el cielo. Y ellos sacrificaron bueyes y convocaron a todas las personas, y compartieron el sacrificio delante del rostro del Señor. (2-Enoc 68: 6-7)
El ojo entrenado estará de acuerdo en que tanto la Religión como la Ciencia han coincidido en ignorar desde sus comienzos al fenómeno ufológico; si ha de surgir una disciplina que supla esta falta, deberá contar con las mejores características de ambas, considerando como timón intelectual la pura y simple Búsqueda de la Verdad, sin tendencias y con plena objetividad, descartando la pasión, la adoración sumisa junto a la veneración acrítica y cualquier fanatismo petulante; el investigador Morris K. Jessup lo resumió elegantemente en su introducción al libro UFO and the Bible:
El alcance y extensión del fenómeno Ovni lo hace el más profundo y desafiante de los problemas a los que se ha enfrentado la humanidad, siendo quizá el más notable el que su área de estudio haya pasado desapercibido por tantos siglos. El problema de los Ovnis es tan amplio y quizá tan relacionado al estudio etnológico, debido a los concurrentes especialidades relacionados al estudio del Hombre. En efecto, lo subyacente en la ufología son los problemas de una raza: una raza de entidades cuya naturaleza no ha sido comprendida de manera definitiva. [...]

Mientras que muchos competentes investigadores han estado reportando las últimas manifestaciones de los Ovnis, el propósito de este libro es mostrar que no hay nada nuevo bajo el Sol. Y para lograrlo con cierto éxito, he recorrido los innumerables registros de la antigüedad, eventos que han sido registrados de manera fiel pero carentes de la perspectiva correcta de su significado: me refiero a la Santa Biblia, que comparten las tres principales religiones del planeta. Este libro es un tesoro de conocimientos sobre la manipulación de seres extraterrestres sobre la temprana humanidad, que no ha podido ser interpretado correctamente por las escuelas de pensamiento que establecieron los estratos subyacentes del saber humano.
Moisés, sus cuernos
y el decálogo.
Como se entenderá de esta primera entrega, sólo presentaremos suscintamente las piezas de un rompecabezas que pensamos comenzar a unir en artículos posteriores, y de ninguna forma poner a prueba la paciencia del lector en conocer los pormenores del análisis que desencadenan nuestra hipótesis final: que gran parte de la humanidad ha adorado a lo largo de la historia a una Potestad de la Entropía que sólo ha detonado guerras y matanzas, peor aun, la continúa adorando incluso luego que Cristo intentó escindir a través de las enseñanzas de su ministerio en pos del servicio al prójimo. En pocas palabras, cristianos, judíos y musulmanes están siendo sometidos, manipulados y ordeñados energéticamente por una entidad autodenominada como “Señor de los Ejércitos” o “El Amo de los Espíritus,” asunto que lamentablemente no termina allí, puesto que todo humano que logre la iluminación bajo este programa de adoctrinamiento extraterrestre, corre el riesgo de ser poseído por una entidad negativa, formando entonces parte de su ejército: dicho de otra forma la Tierra es una granja antropecuaria, donde el cultivo más excelso es un ser bi-densidad, ignorante de su servicio a una entidad del Caos. Salvador Freixedo convenientemente apunta en su obra de 1984: Defendámonos de los Dioses:
La experiencia de haber sido «adoptados» por un «dios,» es casi común a todos los pueblos de la antigüedad, con la circunstancia de que esta adopción conllevaba ciertas condiciones que eran también comunes a todos los pueblos: la exigencia de sacrificios sangrientos de una u otra clase, a cambio de una protección (que resultaba ser tan mentirosa y, a la larga, tan poco eficaz como la que Yahvé dispensó al pueblo hebreo). [...]

Nos imaginamos el pasmo de Moisés cuando tras haberle preguntado a Yahvé cómo quería ser adorado, oyó que éste le contestó dándole una serie de pormenores y de órdenes minuciosas de cómo debía degollar a los diferentes animales, qué es lo que debería hacer con las diferentes vísceras, y sobre todo cómo tenía que manipular la sangre. Moisés, que seguramente conocía muy bien cómo eran los sacrificios que los egipcios y los pueblos mesopotámicos hacían constantemente a sus respectivos dioses, debió quedarse de una pieza, viendo que su «Único Dios» le pedía exactamente lo mismo que los otros «falsos» dioses pedían.
Años más tarde, el ex-jesuita profundizó aun más y descubrió que la manipulación hiperdimensional no había cesado con la aparición del Redentor Crístico. Efectivamente, el plan de control global había pasado de una fase inicial de divulgación pública, donde las canalizaciones mediúmnicas que efectuaba un profeta eran cuidadosamente registradas y luego iban a formar los libros de erudición, pues ahora había adoptado una fase “top-secret,” donde el material quedaba a resguardo del gobierno secreto, también conocido como el “Estado Profundo.” Hemos de reconocerle a Freixedo el logro de una conexión brillante al relacionar el fenómeno ufológico de la mutilación de ganado con los sacrificios rituales exigidos por los dioses bíblicos y, curiosamente, con las ceremonias satánicas; de su libro La Amenaza Extraterreste:
Yahvé no pedía directamente sacrificios humanos. Pero los pedía indirectamente cuando le decía a Moisés antes y después de las batallas que no dejara a nadie de los vencidos con vida: «Encendióse la ira de Yahvé porque los guerreros habían dejado con vida a las lactantes con sus hijos.» Pero si no se atrevía a pedir directamente sangre humana, la pedía por toneladas de animales: «El día de la consagración del templo Salomón ofreció 20.000 bueyes en sacrificio y 200.000 ovejas.» Todo un río de sangre que había que derramar con un rito especial alrededor del altar y que nadie podría tocar bajo ningún concepto, «porque la sangre es sólo para Yahvé.» Y por lo que vemos hoy, a los EBEs [entidades biológicas extraterrestres] también les gusta la sangre.

En páginas anteriores nos decían que el número calculado de reses aparecidas muertas y desangradas en los últimos años sólo en los Estados Unidos se aproxima a las 300.000, mientras que en el mundo entero pasa de los dos millones.
Sólo agregamos a las palabras del ex-jesuita español que, a nuestra visión, la circuncisión —el berit milah practicado al octavo día sobre el varón pero también la clitoridectomía reclamada en el Islam— se trata efectivamente de un sacrificio humano de sangre: una diabólica extorsión de las deidades hacia los padres de recién nacidos (Jubileos [Leptogénesis] 15:25-26):
Esta es ley perpetua para todas las generaciones; no hay circuncisión temporal, ni cabe pasar un solo día de los ocho, pues es norma establecida eternamente y escrita en las tablas celestiales. Todo nacido a quien no se corte la carne del miembro en el octavo día no será hijo de la ley que el Señor pactó con Abraham, sino hijo de corrupción; en él no estará la señal de pertenencia al Señor. Está destinado a la ruina y a desaparecer de la tierra y a ser desarraigado de ella, pues habrá violado la alianza con el Señor.
Debemos una vez más considerar lo siguiente: si entendemos la existencia de un ser único, omnisciente y todopoderoso, éste no es otro que el Todo. El Todo no busca afecto, posternación, adoración ni mucho menos sacrificios de sangre; el Todo brinda Libertad. Y dicha Libertad puede ser mal utilizada en detrimento de seres de menor consciencia como los seres humanos. Nos damos el lujo de concluir con dos frases del genial investigador francés Jacques Vallée de su libro Forbidden Science:
La noción del “Dios bueno pero terrible” de la Biblia y de los Evangelios me parece un fraude: es el juego de sumisión más grande y cruel de la historia. ¿Se supone que debemos tenerle miedo a algún dios de yeso rodeado de pequeños ángeles azules? La simple dignidad humana debiera hacernos rechazar todo esto con indignación. Eso no significa que deberíamos avergonzarnos de arrodillarnos en la tierra y llorar como niños cuando contemplamos los males de la humanidad y nuestra patética debilidad.

Si hay un Dios, entonces lo más importante que nos ha dado es nuestro cerebro. Creo que Él quisiera que lo usáramos para interrogarlo, en lugar de desechar nuestras maravillosas habilidades de investigación para revolcarnos en fe ciega. Cuestionar el plan divino sería el mayor cumplido que uno podría pagarle a un Creador.

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